MEDITACIONES SOBRE LAS LETANIAS

DEL CARDENAL NEWMAN

(TERCERA PARTE)

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VIRGEN PRUDENTÍSIMA

Con este título, la Iglesia tributa a María un gran elogio, pues la prudencia es la primera de las virtudes cardinales y es la virtud moral que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno para seguirlo o malo para apartarse de él. Prudencia es cautela, es moderacion, sensatez, buen juicio … además, es la que dirige y regula todas nuestras acciones.

La vida cristiana sin la prudencia pierde toda belleza, toda fecundidad de bien. La prudencia, virtud moral se adquiere de ordinario con los años. María es tanto más digna de alabanza porque fue prudentísima desde su tierna edad; excepcional prudencia más celestial que terrena, más infundida por Dios que adquirida con el estudio, con la práctica o con la edad.

San Bernardo no acaba de admirar la prudencia de Maria en el coloquio que tuvo con el Arcángel Gabriel, y con la prudencia, todas las virtudes cardinales. Ante el anuncio de que concebirá al mismo Hijo de Dios, permanece constante en la resolución de su virginidad. Ella no es incrédula como Zacarías, sabe por el Profeta Isaías que el Divino Mesías prometido ha de nacer de una virgen, pero pregunta el cómo, requiere una explicación, ésta es prudencia sobrenatural y divina.

Concluye San Bernardo que Ella fue prudente en su interrogatorio. Por este solo rasgo de la vida de María conocemos que era poseedora perfecta de la prudencia y de todas las demás virtudes cardinales y como consecuencia también de las virtudes morales.

¡Oh Virgen PRUDENTÍSIMA, derrama un rayo de tu prudencia sobre nosotros, que ilumine nuestro obrar y nos guíe al hablar. ¡Oh Madre Santísima!, enséñanos a callar, cuando debemos ser prudentes.


VIRGEN VENERABLE

La veneración es aquel honor y reverencia que se le da a una persona en testimonio de su excelencia, de su virtud sobrenatural, de su santidad y consiste en una gran consideración de nuestra mente hacia la persona dotada de estas cualidades en un correspondiente afecto del corazón, estima y aprecio.

Por consiguiente la santidad es objeto de veneración. Si queremos conocer por que merece María el título de Venerable hemos de considerar la grandeza de su santidad.

Muchos cristianos confunden la perfección cristiana o la santidad con los medios para obtenerla; otros hacen consistir la santidad en las penitencias exteriores; otros en largas oraciones; otros en despojarse de toda cosa por amor al prójimo y así por el estilo. Estas y semejantes prácticas son medios muy útiles para llegar a la santidad; serán, con la gracia Divina, principio y señal, fruto y efecto de la santidad, pero no son la santidad esencial. De hecho ha habido santos que no lo dieron todo a los pobres, que no practicaron penitencias extraordinarias, que no hicieron largas oraciones. La santidad es la perfección en el amor.

La esencia de la perfección evangélica consiste en la unión con Dios. Dios es santo por naturaleza; nosotros cuando estamos unidos a El, somos santos por gracia. La unión con Dios es efecto de la caridad, cuando el cristiano observa y vive perfectamente el precepto básico de la ley evangélica: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» y el segundo: «Ama al prójimo como a ti mismo» (cfr. Marcos 12.28-34) (cfr. Mateo 22.37-40), está viviendo la santidad.

La medida de la santidad de María es su ardiente Caridad de Madre de Dios.

Para conocer lo digna que es de VENERACIÓN, sería necesario profundizar en los abismos inaccesibles de su corazón y medir su amor y esto solo Dios puede hacerlo.

La gracia de Dios es la que nos hace santos, es por eso que la plenitud de la gracia confiere la plenitud de la santidad. La gracia, semilla y fruto de la santidad, hace que Dios esté en nosotros y nosotros en Dios.

María fue declarada y proclamada solemnemente de parte de Dios, por medio del Arcángel Gabriel: LLENA DE GRACIA Y POSEEDORA DEL SEÑOR.

¡Cuán SANTA y VENERABLE ERES, OH MADRE!.

VIRGEN DIGNA DE ALABANZA

Debemos imitar las virtudes de la Virgen María y procurar que los demás también lo hagan y que se conozca y admire su singular santidad. Es una exigencia del amor, que es difusivo por naturaleza, propagar, glorificar, hacer conocer a la persona amada. Este es el sentido de esta invocación VIRGEN DIGNA DE ALABANZA.

María vivió en la piadosa sombra de una oscuridad que conmueve, en profunda y perfecta humildad. Aparece en la primera parte del Evangelio y después solamente reaparece en el Calvario cuando participó en las penas de la Cruz.

Después de Jesucristo, el alma más santa y más excelsa fue sin duda la de María Santísima, por eso debe ser, la más exaltada y colmada de alabanzas.

Estas alabanzas y esta gloria tuvieron principio antes que Ella estuviera sobre la tierra participando del privilegio del Hijo. Fue exaltada mucho antes de nacer.

La Iglesia en su Liturgia, ha coronado a María con las fiestas en su honor introducidas en el año eclesiástico, los oficios, los himnos, las Letanías, las procesiones, la solemne coronación de sus imágenes, etc., que manifiestan el amor de la Iglesia hacia su Madre Celestial.

Para Ella, el genio de los grandes Doctores de la Iglesia, la pluma de los Teólogos, la palabra enamorada de los oradores sagrados y la oración confiada de todos los que la aman.

Bienaventurada la boca que habla de María Santísima frecuentemente y con reverencia.

Bienaventurada la persona que a través de la pluma celebra y escribe con santo entusiasmo las grandezas y la gloria de tan excelsa Madre. VIRGEN DIGNA DE ALABANZA.

VIRGEN PODEROSA

Se distinguen dos clases de poder: propio y participado.

Sólo Dios es PODEROSO por virtud propia, Aquellos (as) a quienes Dios les comunique poder es por voluntad de El (poder participado)

Cuando decimos que María Santísima es omnipotente, no la igualamos a Dios, ni decimos que Ella lo sea por sí misma, este poder, del cual Ella está revestida le viene de Dios, le fue comunicado por gracia especial de Dios.

María es poderosa porque su poder se asocia al de su Hijo Jesucristo. Su divina Maternidad es el fundamento principal de su poder.

Es imposible determinar los límites de esta omnipotencia participada.

Existen dos mundos: el mundo de la materia y el mundo sobrenatural de las almas.

Dos órdenes de omnipotencia: La omnipotencia de Dios Creador y la omnipotencia de Dios Redentor y Santificador.

La omnipotencia participada de María brilla principalmente en el universo sobrenatural en el cual Ella ha sido constituida Madre espiritual de los redimidos, cooperadora de Cristo en la redención y en la salvación de las almas. Decimos principalmente, porque también en el orden físico Ella ejerce un gran poder, como lo prueban las numerosas curaciones que concede a sus devotos. Basta recordar los milagros de Lourdes.

El poder de María Santísima tiene por fin cooperar a la obra de la Redención, a la cual están llamados todos los seres humanos sin distinción y, a alcanzar los bienes de los que tienen necesidad, ej. La perseverancia final, don que corona, según San Agustín, todos los dones, y una santa y muchas veces, alegre muerte.

VIRGEN CLEMENTE

La clemencia según Santo Tomás de Aquino es aquella virtud que templa el rigor de la justicia con la misericordia; que concede y obtiene el perdón o la disminución del castigo merecido. Comparte con la mansedumbre el cometido de poner un justo y racional freno a los ímpetus de la ira y si la mansedumbre frena el afecto interno, que es la raíz o el principio, la clemencia modera el afecto exterior.

Esta hermosa y amable virtud, prosigue Santo Tomás, nace del amor. Quien ama a una persona no quiere que ésta sea castigada..

De esto se sigue que cuando el perdón total o la disminución de la pena son compatibles con el verdadero bien, entonces la amorosa clemencia perdona o impetra el perdón.

La clemencia, resplandece en María Santísima más que en cualquier otra persona. Ella se ocupa y se preocupa de impetrar el perdón para los pecadores. Por eso la Iglesia la honra con el título de Virgen Clemente.

De esta virtud de María vamos a tratar en la invocación «Refugio de los pecadores», aquí hablaremos solamente de su fundamento, esto es, de su tierno amor a la humanidad.

Nuestra Madre Santísima nos ama porque ama a Dios. El amor de Dios y el amor del prójimo son dos amores inseparables y nadie nos ama como Ella.

No se puede medir el amor Infinito del Corazón de Jesús, aquel Corazón inflamado con las llamas del Amor Divino y que fue atravesado por la lanza. Ningún otro corazón está tan cerca del amor de Jesús, como el de su Madre. Ninguno alcanza tan encendida caridad. Ella nos ama en Cristo, ama en nosotros la Sangre del Hijo derramada en el Calvario y aplicada en los Sacramentos. Ella más que nadie conoce en Dios el altísimo valor de un alma.

No hay otro amor más hermoso y más fuerte que el de María porque brota de la purísima fuente del amor de Dios.

Por dos títulos María es nuestra Madre:

• Ante todo porque ES LA MADRE DE JESUCRISTO.
• Porque Ella nos engendró al pie de la Cruz sobre el Calvario, allí fuimos confiados a Ella como hijos en la persona de Juan.

Los dolores que no tuvo en el divino parto natural, debió sufrirlos en el parto espiritual cuando fue constituida Madre de todos nosotros.

De la misma forma que Dios adornó a María con la santidad más eminente, así la dotó de un corazón, en profundidad y en extensión, el más amante de todos los corazones; con el que nos ama a todos, justos y pecadores, aquellos que aunque estén en pecado buscan salir de él y se proponen dejarlo. Ella escucha sus súplicas y los reconcilia con Dios y lo hace como una madre que tiene más cuidado de un hijo enfermo que de un hijo sano … como deja el buen pastor las noventa y nueve ovejas para ocuparse de aquella que huyó del redil.

VIRGEN FIEL

En dos sentidos puede entenderse este título.

La palabra fidelis o deriva de Fides (FE) y entonces alabamos a la Bienaventurada Virgen porque se distinguió en la fe y ejerció perfectamente esta primera Virtud Teologal o la palabra fidelis que es adjetivo de fidelitas (FIDELIDAD) y en este caso se da gloria a la Virgen María porque fue muy fiel a las Promesas que le hizo a Dios y a los deberes que Jesús le asignó. ¡Con qué fidelidad respondió a los planes de Dios y con cuánto amor aceptó de su Divino Hijo ser nuestra Madre!.

Procuraremos conocer una y otra virtud de esta Virgen Fiel.

La fe, con relación al entendimiento, debe tener dos cualidades principales: ser sencilla y firme.

La sencillez exige nuestro pronto asentimiento, a todas las verdades propuestas por la fe, aún a los más inaccesibles misterios, asentimiento que se apoya únicamente en la autoridad de Dios revelante.

Para introducirnos en el mundo de la materia, Dios nos dio los ojos del cuerpo; para introducirnos en el mundo de los principios, de la ciencia, de las leyes que gobiernan todo lo creado, nos dio la luz de la inteligencia; para introducirnos en el mundo sobrenatural, nos dio la luz de la fe y puso como Maestra a su Iglesia que, con autoridad materna e infalible, nos introduce en este tercer mundo que supera infinitamente en magnitud y magnificencia a los otros dos.

Debemos ir a través de la vida con la sencillez de un niño conducido de la mano de su madre. Jesús dijo: «quien no acoge el reino de Dios como un niño no entrará en él» (Lc. 18;17).

No olvidemos que la fe es un don de Dios que se manifiesta a los humildes y a los sencillos: «Te doy gracias Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños». (Mt. 11:25).

• La fe debe ser firme, no dudosa ni vacilante. Esta certeza inmutable, que debe extenderse a todas las verdades reveladas, tiene un fundamento más sólido e infalible que cualquier testimonio de la razón, de los sentidos o de la experiencia, porque estos elementos de certeza humana pueden ser débiles y falibles, mientras que el fundamento de la veracidad de Dios es luz eterna, indefectible e inmutable.

¿Dónde estaría el mérito de la fe, sí se apoyase, no sobre la autoridad de Dios, sino sobre la razón y sobre el testimonio de los sentidos?

Nuestra fe está fundada, además, sobre la infalibilidad de la Iglesia, columna y fundamento de verdad, a la cual Jesucristo ha prometido asistir hasta la consumación de los siglos.

FE

— María Santísima poseyó en grado heroico todas las virtudes y debió poseer en grado singular la Fe, que es la primera de todas ellas; Ella llevó a la máxima altura su propia santidad, y debió poner el más sólido fundamento. Ella agradó a Dios más que ninguna criatura porque tuvo muy viva la fe … fe formada por la mas ardiente caridad.

• El Arcángel le anuncia el altísimo misterio y Ella da el humilde y dócil asentimiento de su Fe y exclama «he aquí la esclava del Señor, HÁGASE en mí…»

• El mismo Mensajero le anuncia la maternidad milagrosa de Isabel, Ella lo cree y va solícita para asistir a su anciana prima.

• En la pobreza de la gruta de Belén nace el Hijo de Dios como el más pobre de los niños. Ella es la primera en adorarlo.

• El Rey de Reyes debe huir al destierro, escondido bajo el velo de la Madre y sustraerse a la ira de un rey terrenal y Ella, adora el misterio de la aparente debilidad del Omnipotente.

• Los habitantes de Nazaret verán durante treinta años, en Jesús, a un joven humilde y lo creerán hijo del carpintero. La fe de María ve y adora en El al Divino Artífice del cielo, de la tierra y de los siglos.

• Ella ve a su Hijo perseguido, calumniado, condenado, llevado a la cruz, traicionado por un discípulo, negado por otro, abandonado de todos (menos San Juan), comparado con vulgares ladrones, crucificado, muerto. Ella se mantuvo en la sombra y no quiso mostrarse como Madre del triunfador (durante la vida pública de Jesús … cuando hizo milagros) pero su Fe la llevó al Calvario como Madre del Condenado, y adora en el Altar de la Cruz, al Pontífice Eterno, al triunfador de la muerte y del mal.

¡Qué fe la de María Santísima!, sencilla, firme, constante, vivísima, hecha más espléndida por el dolor.

El Espíritu Santo hizo a María depositaria de esta fe y Ella instruyó en esta virtud a los Apóstoles durante el tiempo que transcurrió entre la Ascensión de Jesús y la de su propia, amorosa y gloriosa muerte.

FIDELIDAD

La fidelidad es aquella virtud que nos inclina a mantener, a cumplir las promesas hechas. Es una virtud afín a la justicia.

María poseyó eminentemente también esta virtud; Ella fue constante y perfectamente fiel a Dios y a nosotros. Fue siempre toda de Dios, atenta a cumplir su voluntad.

Fiel en el gozo y en el dolor, en el oprobio y en la gloria, en Nazaret y en Belén, en Judea y en Egipto, durante el triunfo del Hijo y en su muerte sobre la Cruz en el Calvario.

Imitemos esta admirable fidelidad en nuestros deberes, en la fidelidad a la voluntad Divina en nuestra sublime misión, a nuestra vocación a la santidad, a los designios que sobre nosotros tiene la paternal Bondad del Señor.

María Santísima, Virgen fiel a nosotros. Atendiendo a las palabras de su Hijo moribundo, Ella es Madre para todos, nos ama, nos favorece, nos obtiene el perdón de los pecados, la perseverancia en el bien y la vida eterna. Ella es la Madre de la santa esperanza.

Pongamos primero en Dios nuestra esperanza y luego en Ella y jamás seremos confundidos.

ESPEJO DE JUSTICIA

Hemos de considerar, en primer lugar, lo que debemos entender por JUSTICIA, porque esta palabra, tal como se emplea en el lenguaje de la Iglesia, no tiene el sentido que el lenguaje ordinario le atribuye.

Por justicia no debemos entender aquí la virtud de la lealtad, de la equidad (dar a cada uno lo que merece), de la rectitud en la conducta sino más bien la justicia o perfección moral, en cuanto abarca, a la vez, todas las virtudes y significa un estado del alma virtuoso y perfecto, de tal manera que el sentido de la palabra JUSTICIA es casi equivalente al sentido de la palabra santidad.

Por esto, al ser llamada María, espejo de justicia, lo hemos de entender en el sentido de que es espejo de santidad, de perfección y de bondad sobrenatural.

¿Qué se entiende al compararla con un espejo? Un espejo es una superficie que refleja algo, como el agua inmóvil, el acero pulido, la luna, etc..

Ella reflejaba a nuestro Señor, que es la Santidad Infinita … Divina Santidad, por lo cual es llamada Espejo de la Santidad, o como se dice en las Letanías ESPEJO DE JUSTICIA.

María llegó a reflejar la santidad de Jesús viviendo con El. ¡Cuán semejantes llegan a ser los que se aman y viven juntos!. Cuando reina el amor entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos, (as), amigos, con el tiempo se produce un maravilloso parecido que llega a manifestarse en la expresión de los rasgos de la voz, en el lenguaje y algunas veces hasta en carácter, opiniones, gustos. Esto también sucede, sin duda, en el estado invisible de las almas, en las cuales, para bien o para mal, se realiza esta transformación y semejanza.

Hemos de considerar ahora que María amaba a su Divino Hijo con un amor indecible ya que lo tuvo consigo durante treinta años. Si estuvo llena de gracia antes de haberlo concebido en su Seno, debió alcanzar una santidad incomprensiblemente mayor después de haber vivido tan íntimamente con El durante aquellos treinta años. Santidad que reflejaba los Atributos de Dios, con una plenitud de perfección, de la cual ningún santo puede damos una idea. Ella es el ESPEJO DE LA DIVINA PERFECCIÓN.

TRONO DE LA SABIDURÍA

La palabra Sabiduría tiene en la Sagrada Escritura varios significados: en primer lugar la Sabiduría personal o subsistente, esto es, el Verbo Divino, y Jesucristo como Hombre, ya que en El a Humanidad creada estaba unida a la Divinidad en unidad de persona; en segundo lugar, la Sabiduría impersonal, hábito o cualidad de los seres inteligentes, y por último, la Sabiduría, Don del Espíritu Santo.

Bajo estos tres significados la Virgen María es llamada y es verdaderamente Trono o Sede de la Sabiduría.

María Santísima, Trono de la Sabiduría, de la Sabiduría personal. El Verbo es el perfecto y subsistente conocimiento de todo el ser Perfectísimo e Infinito que es el Padre.

El Verbo Divino se encamó en el seno purísimo de María, así vino al ser Madre de Dios, Madre del Verbo, Madre de Cristo Hombre, Madre de la Sabiduría.

Por eso, principalmente se le invoca como Trono de la Sabiduría porque puso el Verbo su sede en las Purísimas entrañas de Ella.

El se hizo para Sí, en el seno Virginal, una morada muy digna y escogida, habitó en Ella, y después de nacer fue llevado en sus brazos durante sus primeros años y estuvo sentado sobre sus rodillas. Siendo realmente también, por decirlo así, el Trono humano de Aquel que reina en el Cielo.

• María Santísima, Sede de la virtud de la Sabiduría.- El hábito de la Sabiduría reside en el entendimiento del ser humano y tiene por objeto propio el conocimiento de las cosas naturales y sobrenaturales y sus causas, se eleva al conocimiento y contemplación de la Causa primera e increada, necesaria, absoluta, es decir, Dios; ve y contempla a Dios en todas las cosas de la naturaleza, todo lo refiere a Dios, se remonta hasta Dios y en El descansa; de todo lo creado toma base para admirar, bendecir y amar a Dios, último término al cual están dirigidas todas las cosas. Y es así como esta Sabiduría, de especulativa se hace práctica, de estéril se convierte en operativa, del entendimiento pasa al corazón y lo ensancha y lo consuela y le infunde un gozo, un sabor y una unción, por lo cual precisamente se llama Sabiduría.

Por encima de todos los santos, María poseyó en grado perfecto la virtud de la Sabiduría, más aún, Ella es la Sede de la Sabiduría. Fue dotada por Dios de un entendimiento naturalmente perfecto, ejercitado y enriquecido por la continua y altísima contemplación y por el conocimiento de la Escritura.

María, después de Jesucristo, tuvo el corazón mejor dispuesto para la gratitud, para la admiración, para el amor: disposición acrecentada hasta el máximo por la fiel correspondencia a la obra de la gracia que la llevó al más perfecto conocimiento de Dios posible a una mente creada.

• María, Sede del Don de Sabiduría. Hay una Sabiduría que no se adquiere con los recursos humanos, sino que es un Don sobrenatural infundido por el Espíritu Santo.

Este Don, como enseña Santo Tomás de Aquino, es distinto en su naturaleza del hábito de la Sabiduría.

Este Don consiste en un profundo conocimiento de Dios y de sus altísimos misterios, conocimiento encaminado no tanto a satisfacer la inteligencia que contempla, cuanto a alimentar y atraer la voluntad con la fuerza del amor. El alma en la que se ha desarrollado este Don se sumerge y se abisma enteramente en Dios, en sus perfecciones Infinitas y en sus Misterios, y allí se goza de tal manera que todo lo que no es de Dios o no conduce a Dios se le hace pesado y enojoso, le resulta insípido.

En los treinta años que vivió en íntima unión con la Sabiduría Encarnada, cuántas veces recibiría María en el secreto de la Casa de Nazaret los vívidos rayos de la Sabiduría Eterna en los que Ella recogía hechos y misterios; palabras y recuerdos en el santuario de su corazón y los conservaba. Era el tesoro de las diversas riquezas que, pasando por su alma de Madre, se convertían en leche de vida, de sabiduría y de gracia para sus hijos. Ella más que ninguna criatura angélica o humana, penetró en los profundos Misterios de la Divinidad, rozando, por decirlo así, los confines de lo Infinito.

María llevó en su seno a la Sabiduría Increada pero su mente y su corazón fueron más anchos y capaces que su mismo seno, dice San Buenaventura. Con toda razón, la Iglesia la invoca Trono de la Sabiduría.

CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA

Jesucristo fue y es causa fundamental y primera de nuestra alegría. María es causa secundaria e instrumental.

Nosotros amamos la alegría porque es un bien y amamos la felicidad de la cual la alegría es un fruto. También Dios quiere que estemos alegres pues El «Ama al que da con alegría» (cfr. 2ª. Cor. 9.7).

Existen dos clases de alegría:

Una, la de aquellos que encuentran alegría donde tendrían motivo para entristecerse, esto es, en el pecado.

También la de quienes aunque no ponen su alegría en el pecado, pero sí se deleitan en los honores, en las riquezas, en las comodidades de la vida y en todo aquel cúmulo de frivolidades que un refinamiento insaciable va acumulando sobre los grandes caminos del progreso.

Esta alegría, aún la menos culpable, es frívola, falsa, momentánea.

Es frívola porque satisface más a los sentidos que al alma.

Es falsa, parece alegría, pero no lo es, llena el corazón por breves momentos, pero pronto lo deja vacío y descontento.

Es momentánea, fugaz. La vida del ser humano es muy breve y con frecuencia regada de lágrimas.

Los bienes materiales no pueden damos la felicidad.

• La otra clase de alegría ES LA CRISTIANA y es muy distinta porque más allá de las sombras del misterio y tras el velo de las lágrimas, alcanza y saborea una alegría verdaderamente tranquila, veraz y duradera, como los bienes en los que se funda: la tranquilidad de conciencia, la AMISTAD CON DIOS la justa apreciación de los bienes de esta vida, la paciencia en las adversidades, la esperanza de los bienes eternos, son fuentes inagotables de indecible y sólida alegría. No haz fuerza humana o de acontecimientos que pueda arrebata esta perfecta alegría que anida en las íntimas profundidades del alma y que se identifica con el amor de Jesucristo.

María es CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA porque nos dio a Jesús el Verbo Encarnado.

VASO ESPIRITUAL

El primer sentido, inmediato y literal, de la palabra VASO indica un recipiente de cualquier materia y forma, apto para recibir y retenes cualquier cosa, especialmente líquida.

En sentido más extenso y metafórico, la Sagrada Escritura llama vaso a toda cosa, aún a la persona humana, porque toda criatura en las manos de Dios es como un vaso en la mano del alfarero En las Letanías, María es honrada tres veces con este nombre de VASO. Vaso espiritual significa pues, Persona o Mujer espiritual.

Enseña Santo Tomás de Aquino que en la Sagrada Escritura los hombres son comparados a los vasos, o se llaman vasos bajo cuatro aspectos: por la constitución, por el contenido, por el uso para el cual sirven y por el fruto que traen.

• Por la constitución, esto es por la materia y por la forma que el artífice le imprime; tanto más noble y precioso cuanto más preciosa es su materia.

María VASO de ORO purísimo, bella y hermosa de alma, la más preciada perla, la gema inapreciable del universo.

Dios trabajó esta materia con exquisito cuidado, arte y habilidad y le dio la más hermosa y preciada forma. Dios manifestó en esta singular criatura toda su Sabiduría y Poder Infinito.

• Por su contenido. El vaso es tanto más estimable en cuanto que está más lleno.

Ninguna criatura, ni angelical ni humana es más apreciable que María. Dotada por la generosidad divina de gracias, dones y privilegios, desde el primer instante de su vida; llena la mente y el corazón de Dios, no menos que su purísimo Seno Virginal.

Ella fue, después de la humanidad creada de Jesucristo, el VASO más grande y más capaz. Y tanto más estuvo llena de Dios, cuanto más perfectamente estuvo vacía de si misma.

Nosotros, no estaremos llenos de Dios mientras estemos llenas de nosotros mismos.

• Por el uso. La nobleza del vaso se revela además por el uso al cual se destina.

El uso más digno y más glorioso es al que fue predestinada la Virgen María. La Divina Maternidad es la cumbre de la nobleza y de la gloria. A este fin Dios ordenó todos los dones singularísimos del cuerpo y del alma, aquellos especiales privilegios y dones de los cuales la dotó, para que fuera digna de concebir en su seno al Verbo de Dios.

• Por el fruto. Esto es por las ventajas y los bienes que nos aportó este Vaso de Elección. Fruto suyo fue Jesucristo, la Redención del género humano y la santificación de las almas.

Para realizar todos estos bienes fue requerido el consentimiento de Ella.

Fruto de este Vaso son las gracias que Dios nos concede: la conversión, el arrepentimiento de los pecadores, la perfección y la perseverancia de los justos: fruto suyo son también los triunfos de la Iglesia, en resumen, todo cuanto tenemos de bueno en este mundo y tendremos en el otro. Así como es en primer lugar, gracia de Dios. merecida para nosotros por Jesucristo, es en segundo lugar, fruto del virginal instrumento y preciosísimo Vaso, es decir es fruto de María.

VASO HONORABLE

Vaso digno de honor. El honor es la expresión o testimonio exterior que se da a una persona por sus virtudes o por su dignidad. Expresión o testimonio que se rinde con palabras o con hechos. Llamar a María, Vaso Honorable equivale a testimoniar su dignidad y sus virtudes.

Acerca de las virtudes, dignidad y excelencia de Ella, se ha dicho suficientemente en las Invocaciones anteriores. Aquí para honrar y glorificar a la excelsa Madre de Dios, consideraremos cuánto quiso honrarla el mismo Dios.

Retrocediendo en el camino de los siglos y aún más allá de los días solemnes de la creación, detengámonos mentalmente en la eternidad. Dios infinitamente feliz en sí mismo, ve presentes en el fulgor de su omnisciencia (=conocimiento de todas las cosas reales y posibles. Atributo exclusivo de Dios), a todos los seres que tendrán vida por su poder Creador. En su Presencia está todo lo que experimentarán las criaturas que El vivificará con su soplo inmortal … los seres humanos que vivirán en un contraste de luces y sombras: las sombras de la culpa con las que se irán manchando y las luces de la gracia con las cuales SU Misericordia Divina los irá revistiendo.

Y en esta luz de liberación que el mismo Dios va a extender sobre la humanidad caída, resplandece ante sus divinos ojos el esplendor de todos los esplendores, la epopeya de LA REDENCIÓN, y recibiendo luz y a su vez reflejandola como estrella de primera magnitud UNA MUJER María. Que será la MADRE DE DIOS. para darlo a la humanidad y redimirla del pecado. En estos esplendores de gracia y de belleza, Ella es adoptada desde toda la eternidad, por el Padre como Hija escogida por el Espíritu Santo como Esposa, elegida por el eterno y Divino Hijo como MADRE; Hija, Esposa y Madre respectivamente de las Augustas Personas de la Santísima Trinidad, que la harán digna por la inagotable generosidad de Ellas; y así María de una realeza sin nombre, de una pureza sin medida, de una santidad sin igual, después de la de Dios, avanza triunfadora del mal, hacia el Trono del Altísimo y es saludada por el Padre: ¡llena de gracia!, por el Hijo: ¡el Señor es contigo!, por el Espíritu Santo: ¡Bendita eres entre todas las mujeres!

Así es saludada y bendecida por Dios Padre, por Dios Hijo, por Dios Espíritu Santo, por los ángeles, por los pecadores y también por todas las criaturas.

Esta admirable elección y exaltación de María le abrió los tesoros inagotables de las gracias, de los dones y de los privilegios, con los que Dios quiso ensalzarla y honrarla: la Inmaculada Concepción, la Purísima Virginidad unida a la Divina Maternidad, la Asunción en cuerpo y alma al cielo, la gloria triunfal que la coronó Reina del Cielo y de la tierra.

Hay más todavía: quiso Dios mismo el consentimiento de la Virgen María para cumplir el decreto o Misterio establecido desde toda la eternidad y esperar que Ella consintiera libremente y así depender de alguna manera de María … y habiéndose hecho Hombre, quiso durante treinta años obedecerla y estarle sometido.

No faltan quienes, mostrando un falso celo de la Gloria de Dios y de Jesucristo, censuran el honor que nosotros los católicos rendimos a la Madre Amorosa. Pero por más que la honremos, no podemos honrarla tanto como la Santísima Trinidad y Jesucristo, así que no erramos puesto que seguimos el ejemplo del mismo Dios y las enseñanzas y decretos de la Santa Iglesia.

El honor que se tributa a la Madre redunda ciertamente en el Hijo, en el honor de Quien la hizo tan hermosa.

VASO INSIGNE DE DEVOCIÓN

O sea, Persona de insigne devoción.

La devoción, según Santo Tomás es la pronta voluntad de entreqarse más, para hacer todo aquello que corresponde al servicio de Dios: es un dedicarse y consagrarse al servicio de Dios con ánimo alegre y con perfecta voluntad ..- de todo corazón.

La historia de todos los Santos está llena de ejemplos y aún puede afirmarse que esta prontitud en seguir al Señor o esta devoción es la condición necesaria para la santidad. También en esto María Santísima es maestra soberana; no sólo fue devota, sino modelo perfecto de insigne devoción.

• Dios para la realización de sus fines, quiso que se uniera en matrimonio al glorioso y castísimo San José, y Ella se amolda a este querer de Dios, aunque había elegido otro estado María no se opone; consiente, dejando a Dios el cuidado de guardar su pureza virginal.

• La ley mosaica manda a las madres hebreas que han concebido según el modo ordinario, que se purifiquen. Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo, sin embargo, la cumple con la mayor exactitud, aún a costa de aparecer una mujer como todas las demás.

• Dios ordena que la Madre del Hombre de los dolores sea Reina de los dolores, que después del Hijo participe más que nadie de los afanes, de los sufrimientos y de la Cruz. Ella como Jesús, obedece, «como un cordero sin voz delante de quien lo esquila». (Is. 53,7).

• Después de la Ascensión del Hijo, la Madre permanece en este mundo, desea el Cielo y unirse a su Amado: pero Dios quiere que permanezca todavía en la tierra por algunos años como Directora de los Apóstoles y corno Fundadora secundaria de la Iglesia. María se somete a los designios de Dios.

Estos son algunos rasgos de la sin par devoción de María. Ella es verdaderamente VASO INSIGNE DE DEVOCIÓN

2 comentarios sobre “MEDITACIONES SOBRE LAS LETANIAS

  1. Cardenal NEWMAN quisiera que me diera una sola muestra de que los cristianos primitivos adoraron a maria, de donde saca uds. que es virgen ,digame de donde nasieron , Santiago, Judas, y por lo menos dos hermanos mas de Jesus sin contar sus hermanas, si uds. sabe perfectamente que Dios no aprueva la adoracion de imagenes por que las sigue promobiendo . dejeme adivinar, por las grandes ganancias economicas que generan a la iglesia? o por las fuentes de trabajo que probeen a los fabricantes de tales cosas como en el tiempo de los Efesios como lo relata la biblia en el libro de hechos 19:24,25,26 grande es Artemis de los catolicos , grande en oro y plata por que redictua grandes ganancias a los templos, ya deje de tratarnos como ignorantes , la epoca de la inquisicion y el santo oficio ya paso , la epoca en que se prohivia leer la biblia , en que las misas de oficiaban en latin para un pueblo ignorante , por favor purifiquen su adoracion hasia Dios y limpien sus templos de toda inmundicia buelvanse a la adoracion pura la que es asepta a Dios, dejen de imponer las estupideses impuestas por los papas y sigan las enseñanzas de Jesus y los cristianos primitivos , (abstengase de la idolatria y de la sangre como lo recomendo el Apostol Pablo) o acaso sus enseñanzas tienen la capasidad de invalidar las que Cristo nos dio , jamas suseda eso primero se uds. mil veces maldito, aun que se que a uds. eso no le importa , uds. solo puede ver el signo de $ EN LA RELIGION bueno que dios de pague conforme a sus actos.

  2. PIDO ORACION . PARA MI FLIA. SALUD PROSPERIDAD. PAZ . TRABAJO. QUE DIOS NOS PROTEJA HOY Y SIEMPRE….
    HERMANOS DE HAITI. QUE DIOS LES DE SALUD. PROSPERIDAD… Y QUE TODO EL MUNDO LLEGOMOS. A COLABARAR. ECONOMICAMENTE… … DIOS MIO. PROTEJALOS..Y LOS VOLUNTARIOS QUE LLEGAN A HAITI… PARA QUE DIOS LES DE SALUD. Y HAGAN TODO. CON LA AYUDA DE DIOS….

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