
PARA AQUELLOS QUE NO TIENEN LA POSIBILIDAD DE ASISTIR A LA SANTA MISA
Recordamos a nuestros queridos lectores la posibilidad de santificar el día Domingo a través de Nuestro Blog.
En la parte superior del mismo se encuentra una pestaña o página donde están los diferentes medios para realizar la Santificación del Día Domingo o Fiestas de Precepto, además de contar con los Sermones de los Queridos Padres: Juan Carlos Ceriani y Basilio Méramo.
A continuación, los propios del:
FIESTA DE TODOS LOS SANTOS
Con Conmemoración del XXIII Domingo de Pentecostés
Introito
Gocémonos todos en el Señor, celebrando esta fiesta en honor de todos los Santos, de cuya solemnidad se alegran los Ángeles, ensalzando al Hijo de Dios. Regocijaos, oh justos, en el Señor; a los rectos es a quienes está bien el alabarle. Gloria al Padre…
Colecta
Oh Dios omnipotente y sempiterno, que nos concedéis la gracia de celebrar los merecimientos de todos los Santos juntos en una misma solemnidad; os rogamos que derraméis la deseada abundancia de vuestra propiciación en atención a tanta multitud de intercesores como ruegan por nosotros. Por N.S.J.C.
Conmemoración del XXIII Domingo de Pentecostés
Os rogamos, Señor, que perdonéis las ofensas de vuestro pueblo, a fin de que seamos por vuestra benignidad libres de la servidumbre de los pecados que hemos cometido por nuestra fragilidad. Por N.S.J.C.
Epístola.
(Apocalipsis de San Juan, VII-2-12)
En aquellos días: He aquí que yo, Juan, vi a otro ángel que subía del Oriente y tenía el sello del Dios vivo, y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes había sido dado hacer daño a la tierra y al mar; y dijo: “No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado a los siervos de nuestro Dios en sus frentes.” Y oí el número de los que fueron sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel; de la tribu de Judá doce mil sellados, de la tribu de Rubén doce mil, de la tribu de Gad doce mil, de la tribu de Aser doce mil, de la tribu de Neftalí doce mil, de la tribu de Manasés doce mil, de la tribu de Simeón doce mil, de la tribu de Leví doce mil, de la tribu de Isacar doce mil, de la tribu de Zabulón doce mil, de la tribu de José doce mil, de la tribu de Benjamín doce mil sellados. Después de esto miré, y había una gran muchedumbre que nadie podía contar, de entre todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, que estaban de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos de túnicas blancas, con palmas en sus manos; y clamaban a gran voz diciendo: “La salud es de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero.” Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron sobre sus rostros ante el trono y adoraron a Dios, diciendo: “Amén, la alabanza, la gloria, la sabiduría, la gratitud, el honor, el poder y la fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.”
Gradual
Temed al Señor, todos sus Santos, porque nada falta a los que le temen. Los que buscan al Señor, no les faltará bien alguno
Aleluya.
Aleluya, aleluya. Venid a Mí todos los que os halláis en trabajos y agobiados con cargas, y yo os aliviaré. Aleluya.
Evangelio
(San Mateo, V, 1-12)
En aquel tiempo: Al ver Jesús las multitudes, subió a la montaña, y habiéndose sentado, se le acercaron sus discípulos. Entonces, abrió su boca, y se puso a enseñarles así: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque a ellos pertenece el reino de los cielos. Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán hartados. Bienaventurados los que tienen misericordia, porque para ellos habrá misericordia. Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque a ellos pertenece el reino de los cielos. Dichosos seréis cuando os insultaren, cuando os persiguieren, cuando dijeren mintiendo todo mal contra vosotros, por causa mía. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos.”
Credo
Ofertorio.
Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no podrá llegar a ellas el tormento de la muerte eterna; a los ojos de los insensatos pareció que morían; mas ellos, en verdad, descansan en paz.
Secreta.
Os ofrecemos, Señor, los dones de nuestra devoción: los cuales os sean gratos en honor de todos los justos, y por vuestra misericordia nos sean saludables. Por N.S.J.C.
Conmemoración del XXIII Domingo de Pentecostés
Os ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza para aumento de nuestra servidumbre, a fin de que perfeccionéis propicio, lo que sin merecerlo nos habéis dado. Por N.S.J.C.
Prefacio
Prefacio Común
Latín
Vere dignum et justusn est, æquum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, æterne Deus: per Christum Dominum nostrum. Per quem majestatem tuam laudant Angeli, adorant Dominationes, tremunt Potestates. Cæli, cælorumque Virtutes, ac beata Seraphim, socia exsultatione concelebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admitti jubeas, deprecamur, supplici confessione dicentes:
Sanctus Sanctus Sanctus
Castellano
En verdad es digno y justo, equitativo y saludable que en todo tiempo y lugar te demos gracias, Señor santo, Padre todopoderoso, Dios eterno por Jesucristo Nuestro Señor. Por Quien los Ángeles alaban a tu Majestad, las Dominaciones la adoran, tiemblan las Potestades; los Cielos y la Virtudes de los cielos, y los bienaventurados Serafines la celebran con recíproca alegría. Te rogamos que, con sus alabanzas, recibas también las nuestras, cuando te decimos con humilde confesión:
Sanctus Sanctus Sanctus
Comunión.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Poscomunión.
Concedednos, os rogamos, Señor, a vuestros fieles la gracia de celebrar con alegría la fiesta de todos los Santos, y la de que éstos nos protejan con sus continuas oraciones. Por N.S.J.C.
Conmemoración del XXIII Domingo de Pentecostés
Os rogamos, Dios todopoderoso, no permitáis que éstos a quienes habéis concedido la dicha de participar de vuestros santos misterios, queden expuestos a los humanos peligros. Por N.S.J.C.
Evangelio del XXIII Domingo de Pentecostés
(San Mateo, IX, 18-26) En aquel tiempo: Estando Jesús hablando a las turbas, llegó un hombre principal o jefe de sinagoga, y adorándole le dijo: Señor, una hija mía acaba de morir; pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá. Levantándose Jesús, le iba siguiendo con sus discípulos, cuando he ahí que una mujer que padecía flujo de sangre, vino por detrás, y tocó el ruedo de su vestido. Porque decía ella entre sí: Con que pueda solamente tocar su vestido, me veré curada. Mas volviéndose Jesús y mirándola, dijo: Hija, ten confianza, tu fe te ha curado. En efecto, desde aquel punto quedó curada la mujer. Venido Jesús a casa de aquel hombre principal y viendo a los tañedores de flautas o música fúnebre y el alboroto de la gente, decía: Retiraos, pues no está muerta la niña, sino dormida. Y hacían burla de Él. Expulsada la gente, entró, la tomó de la mano, y la niña se levantó. Y divulgóse el suceso por todo aquel país.
