PADRE LEONARDO CASTELLANI: UN RELENTE DE ROSAS

Conservando los restos

PRIMER MISTERIO GOZOSO

LA ANUNCIACIÓN A NUESTRA SENORA

El Anuncio del Ángel a Nuestra Señora nos anuncia a nosotros el misterio de la Encarnación.

Decir la Encarnación del Hijo de Dios o la Redención del género humano, es decir lo mismo: La Redención es el fin, la Encarnación es el medio; y ambas son una misma cosa.

La Encarnación es el misterio central de nuestra Religión, en el cual se cifran todos los otros, desde el Pecado Original hasta la Segunda Venida de Cristo.

Los quince misterios del Rosario están elegidos para que los fieles contemplen la Redención; agrupados en tres series, los “Gozosos” que contienen la Encarnación, los ‘‘Dolorosos” que contienen la Pasión y Muerte; y los “Gloriosos” que contienen nuestra esperanza, la Resurrección y el Triunfo de Cristo y su Santísima Madre; la cual con mucha razón es llamada la Corredentora.

San Lucas dice en su capítulo primero:

“Y entonces… envió Dios a Nazaret de Galilea al ángel Gabriel —
A una virgen desposada
Con un varón llamado José
De la estirpe de David
Y María era el nombre de la Virgen”.

Viene después la salutación del Ángel, que nosotros repetimos ahora cincuenta veces:

“Salud, oh Agraciadísima
Dios contigo
Bendita sobre todas las mujeres”.

Sigue el anuncio de parte de Dios de que iba a dar a luz, si ella consentía, al Rey Mesías, que sería el Hijo de Dios, ambos títulos repetidos dos veces:

“Dios le dará el trono de David su padre; reinará eternamente; será el Hijo del Altísimo; será el Hijo de Dios”.

La pregunta de María y la respuesta del Ángel nos revelan el misterio de la Concepción virginal de Jesucristo, que no es lo mismo que la Inmaculada Concepción de María; algunos confunden.

El profeta Isaías y el profeta Jeremías habían vaticinado que una mujer virgen daría milagrosamente a luz un varón, permaneciendo virgen. El Ángel asegura a María que ella es; y la pregunta discreta de María: “¿Cómo podrá ser eso?”, nos revela que la hija de Joaquín y Ana había hecho voto de virginidad perpetua; cosa muy conocida hoy día, pero desconocida entre los judíos.

“Esta es la esclava del Señor; hágase en mí como lo has dicho”. Este consentimiento de la Virgen es una cosa tan grande como la creación del mundo: como el “Fiat” (hágase) que pronunció Dios siete veces en el comienzo de todas las cosas.

Ahora comienza otro mundo, invisible y sobrenatural: el mundo de la Gracia de Dios, de la cual la Virgen fue proclamada, la cumbre: “Oh Agraciadísima”, que nosotros decimos “Oh llena de gracia”.

La gracia es un don gratuito de Dios que nos pone en el camino de la vida eterna; nos hace merecedores y capaces de la vida eterna.

Por ser llena de Gracia, María Santísima no heredó el pecado original; por ser llena de Gracia tuvo que resucitar y subir al cielo como su hijo; por ser llena de Gracia es ahora la intercesora de todas las gracias.

Todas “las glorias de María”, que dicen, están contenidas en el Saludo del Ángel; que en la lengua griega (en la cual se escribieron los Evangelios) tiene siete palabras solamente.

San Alfonso María de Ligorio glosó en un libro entero estas siete palabras: “Las glorias de María”.

Dios se hizo hombre. El Hijo de Dios, asumió una naturaleza humana completa, cuerpo y alma de hombre, y se llamó Jesús de Nazareth.

Esto presupone el misterio de la Trinidad divina: Dios es Unotrino, hay en Dios tres núcleos de vida personal en una sola naturaleza o esencia divina. ¿Cómo qué, por ejemplo? Como nada en todo el mundo visible; no hay otro ejemplo en toda la Creación.

“Para Dios no hay nada imposible” —dijo el Ángel a Nuestra Señora. Pero Dios hacerse hombre permaneciendo Dios parece imposible a la mente, más imposible que concebir una mujer sin acción de varón: durante unos treinta años una sola persona en el mundo supo eso, la Virgen Santísima: —y San José.

Cristo lo dijo claramente al final de su predicación, y lo fue diciendo implícitamente durante toda ella. Tuvo que proceder pedagógicamente, pues el mundo no tenía orejas para soportar semejante trueno, el misterio del Poder Absoluto y del Amor Absoluto del que creó de la nada el Universo. Si hubiese dicho al principio: “Yo soy Dios”, eso podría ser terriblemente malentendido; como lo fue de hecho por algunos incluso al final, cuando ya sus milagros lo habían vuelto un ser digno de todo crédito, “un hombre que vino de Dios”, como dijo el Ciegonato.

Cuando Cristo dijo las tres tremendas palabras: “Yo y mi Padre somos una misma cosa”, “Antes que Abrahán existiese, yo Existo”, y “Todo lo que el Padre hace, lo hago yo al mismo tiempo” a todo el pueblo, y en él a sus enemigos, estos quisieron darle muerte por blasfemo; y al final se la dieron. Ante el Gobernador Romano, los Fariseos lo acusaron así: “Según nuestra Ley, este hombre debe morir, porque siendo hombre pretende ser Dios”.

Eso no le importaba al pagano Pilato, pues los dioses paganos como Júpiter, Apolo y Venus, tenían según ellos hijos en la tierra; al revés, Pilatos se asustó. Entonces, para conseguir su muerte, los enceguecidos judíos recurrieron a una enorme mentira: “Este hombre se ha rebelado contra el Emperador; niega el tributo al César y anda promoviendo sublevaciones por Galilea”.

Hoy día el mundo actual está abocado a la misma pregunta que hace veinte siglos los judíos de Jerusalén: “¿Cristo es Dios o Cristo no fue Dios?”

Desde la ciudad de San Juan hasta el Camerún, la Sierra Leona o las islas de la Oceanía. Hasta el último rincón del mundo ha llegado la noticia de que Jesús de Nazareth dijo que Él es Dios, y que unos quinientos millones de hombres lo han creído; y durante veinte siglos todo el mundo civilizado lo ha creído.

Nosotros hemos respondido a esa pregunta afirmativamente, y todo hombre tiene que responder uno u otro; porque si no responde por sí mismo, responden otros por él, y se lo llevan a empujones, a la Cortina de Fierro, por ejemplo.

De la respuesta afirmativa o negativa depende el destino de la época actual; lo mismo que dependió el destino de la ciudad de Jerusalén en el año treinta del siglo primero de nuestra era. Jerusalén —o los que en ella mandaban— escogió la negativa. Jerusalén por eso justamente, y no por otra cosa, fue destruida a sangre y fuego, como su Mesías Jesús de Nazareth le había predicho —llorando.

ANUNCIACIÓN

La esbeltez de su cuerpo flexible se ha plegado
como el tallo de alguna misteriosa azucena.
Se recoge y entorna su mirada serena
que el cielo del Oriente guardó maravillado.

Y cuando escucha arrullos y responde al Amado
en la quietud del éxtasis feliz que la enajena
cual madrigal excelso el AVE GRACIAPLENA
por vez primera un Ángel reza quedo a su lado.

Aliento de perfumes y claridad de gozo
inundan el retiro de la mujer sin mancha.
La humanidad desborda con un filial sollozo

centurias de esperanza. Y la Virgen María
al decir; “soy la esclava de mi Señor”, ensancha
lo creado con gracia de perdón y alegría…

Bernardino Abarzúa Troncoso (Chileno – Siglo XX)

AVEMARÍA

Salud, plenagraciada
Dios es contigo, onmigraciosa. Eres
La bendita entre todas las mujeres
Por la fruta en tu vientre bienhadada.

Tu intacta flor la fruta más sagrada
La sombra del Espíritu si quieres
Hará; y el Rey Eterno de los seres
Se hará criatura en ti, fuente sellada.

Madre de Dios, Santa María, a tu Hijo
Ruega por mí y los otros pecadores
Ahora y en la hora de la muerte

Conforme a lo que Él dijo
Ven a buscarme Tú, flor de las flores:
Se cerrarán mis ojos para verte.