Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús -Día 29

Padre Juan del Corazón de Jesús Dehon: Coronas de amor al Sagrado Corazón

Extraídas del libro

“CORONAS DE AMOR AL SAGRADO CORAZÓN”

del Reverendo Padre Juan del Corazón de Jesús (León Gustavo Dehon),

Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.






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Día 29

QUINTO MISTERIO: VIDA DE ACCIÓN DE GRACIAS

QUINTA MEDITACIÓN: María hará de nosotros discípulos perfectos del Sagrado Corazón

Al terminar este mes eucarístico, no nos podemos olvidar de hablar de María. Está en los designios de Dios que todas las gracias nos vengan por María, sean las gracias de la Eucaristía y del Sagrado Corazón, sean todas las demás.

Fue por la Santa Virgen que la Beata Margarita María llegó al Sagrado Corazón y, muchas veces, en sus escritos la sierva de Dios nos invita a seguir el mismo camino.

I. Es María quien tiene la misión de conducirnos al Sagrado Corazón

Desde su infancia, la Beata había escuchado a Nuestro Señor decirle: “Te puse como depósito en manos de mi santa Madre, para que te modele según mis designios. Desde entonces, había prometido a María el ayuno del sábado y algunas oraciones cotidianas.

Un día en el que le ordenaban que pidiese la salud a Nuestro Señor, fue la Santa Virgen quien respondió a su oración, yendo a decirle: “Toma ánimo en la salud que te doy de parte de mi Hijo, porque tienes aún un largo y penoso camino que recorrer.”

Más tarde, Nuestro Señor le hizo ver tres corazones indisolublemente unidos: los corazones de Jesús y de María, y un tercero más pequeño, el suyo. Era hacerle ver que en su amor no debía separar el Corazón de Jesús del de María. Nunca más lo olvidó.

No sabríamos hacer un acto más agradable a Dios, escribía, que honrar a su Madre; María nos vuelve discípulos perfectos del Sagrado Corazón de Nuestro Señor. Este Divino Corazón quiere que se pida a la santa Virgen para emplear su crédito junto a Él”.

II. El amor del Corazón de Jesús es el más bello fruto de la devoción a María

Es por intercesión de la Virgen sagrada, cuenta la Beata, que nuestro Padre S. Francisco de Sales, obtuvo para nuestro Instituto el Sagrado Corazón de Jesús como poderoso protector”.

Ella vio también a la Santa Virgen triunfar sobre el demonio, arrancándole los corazones de las religiosas que faltaban a la caridad y al buen espíritu. – ¡Qué ejemplo para las comunidades religiosas! Por intercesión de esta buena Madre, obtendrán el Corazón de Jesús como protector especial y serán defendidas contra los esfuerzos del demonio.

Es preciso, todavía, que las almas correspondan a los esfuerzos de María, sobre todo desprendiéndose de las criaturas. La Santa Virgen mostró a la Beata una corona de almas que quería llevar al cielo. Varias quedaron aferradas a la tierra. Solo quedaron quince, de las cuales, solamente cinco fueron recibidas como esposas de su Hijo. – ¡Cómo es importante dar todo nuestro corazón a Jesús, con la ayuda de María!

III. Homenajes a prestar a la Santísima Virgen

Señalemos solamente algunas prácticas especialmente aconsejadas por la Beata Margarita María.

La Beata recomienda particularmente tres cosas: la ofrenda de nosotros mismos a María, la unión a la Santa Virgen en nuestros ejercicios de piedad y el Rosario. “De mañana, dice ella, después de habernos puesto bajo la protección de María, le pediremos ofrecernos a Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar”. Puede decirse por esta intención la oración muy conocida: O Domina mea, sancta Maria…

La Beata recomendaba también a sus novicias el Rosario como muy agradable a Nuestro Señor, y la Santa Virgen un día la censuró por recitarlo sentada.

En cuanto a la unión a María, en su vida interior y en los ejercicios de piedad, podemos practicarla en nuestros ejercicios piadosos de las 9.00 y las 3.00. A las 9.00, nos trasladamos a Nazaret y, con María, saludamos a Jesús y le prometemos imitar su vida de oración, de trabajo y de sacrificio. A las 3.00, regresamos al Calvario y, con María, ofrecemos al Corazón de Jesús nuestra compasión y nuestras reparaciones. “Hagamos todos los días, decía la Beata, una visita interior a la Santa Virgen sobre el Monte del Calvario, para pedirle su protección para llevar bien la cruz y morir a nosotros mismos”.

Para la Santa Misa, sea en la preparación sea en la acción de gracias, recordaremos la relación de María con el sacerdocio de Jesús.

María, transportando a Jesús en su seno o en sus brazos, ¿no es como el altar sobre el cual el Corazón de Jesús se ofrecía a Dios por nosotros?

María, ¿no fue también víctima con Jesús? No solo dio a Jesús la Carne y la Sangre de su Sacrificio, sino que también compartió verdaderamente sus dolores. La espada, de la que habló Simeón el día de la Presentación, no era un símbolo vacío. El Corazón de María fue realmente lacerado, torturado. Ella sufrió con Jesús, sufrió sufrimientos de Jesús, y ella misma se ofreció al Padre eterno, para compartir las amarguras del Sacrificio Redentor.

María no puede desinteresarse del Sacrificio de la Misa, que es el mismo que el de la cruz. Ella está allí en espíritu, incluso ofrece a Jesús, tiene más parte en el sacrificio que el mismo sacerdote. Ella se une al sacerdote. Con él adora, agradece, repara, pide.

¿Cómo podríamos olvidarnos de María en el altar?

Resolución. – María, mi madre amada, me consagro a ti para siempre. Tómame bajo tu protección. Preséntame a tu Divino Hijo y pídele para mí la gracia de un amor ardiente y fiel por Él y por tí.