Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús -Día 26

Padre Juan del Corazón de Jesús Dehon: Coronas de amor al Sagrado Corazón

Extraídas del libro

“CORONAS DE AMOR AL SAGRADO CORAZÓN”

del Reverendo Padre Juan del Corazón de Jesús (León Gustavo Dehon),

Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.






Día 26

QUINTO MISTERIO: VIDA DE ACCIÓN DE GRACIAS

SEGUNDA MEDITACIÓN: La acción de gracias en unión con el Sagrado Corazón de Jesús

Tras la comunión, nos dice el P. Croiset, debemos entrar en este Corazón Sagrado que nos fue abierto, para aprender a orar, a agradecer a nuestro Dios, a alabarlo, a anonadarnos en su presencia, pero, sobre todo, a amarlo. ¡Qué maravillas no hace Jesucristo en esos preciosos momentos en un alma pura que tiene una tierna devoción al Sagrado Corazón y que lo ama verdaderamente! Aprovechemos la divina presencia, conservémonos en un gran recogimiento, escuchemos a Nuestro Señor y dejemos a la gracia actuar”.

I. Abandonarse al amor divino: callarse, admirar, amar, alegrarse

La primera ocupación de un alma, en ese tiempo, debe ser la de abandonarse enteramente al amor de su Divino Salvador y alegrarse dulcemente en su presencia.

Habitualmente, callarnos ante Jesús, cuando lo amamos mucho, y contentarnos en testimoniarle nuestro amor con actos interiores y fervorosos. Santa Magdalena, en admiración a los pies del Salvador, es el modelo de un alma que acaba de comulgar. Si este alma habla, es preciso que sus palabras no sean sino expresiones de su amor, de su admiración y de su alegría, como estas: “Encontré a aquel que mi corazón ama, lo guardo y jamás me separaré de Él”. – “¡Mi Dios y mi todo!”- Mi Bienamado es para mí y yo solo para Él”.

Después, el alma se mantiene en adoración, con un profundo respeto mezclado de espanto, por ver a este Dios de majestad, ante el cual los Serafines tiemblan, a abajarse hasta venir a habitar en el corazón de un pobre pecador. “Después de la recepción de este pan de amor, dice la Beata, permanezco anonada ante mi Dios, pero con una tan grande alegría, que paso a veces medio cuarto de hora, durante el cual todo mi interior está en silencio y en un profundo respeto para escuchar la voz de Aquel que hace todo el contento de mi alma. Nada es capaz de dar una mayor alegría sensible que este pan de amor.”

II. Dar gracias por el Sagrado Corazón y por su amor

Ofrécelo a su Padre eterno, dice la Beata, para tu acción de gracias, como agradecimiento, alabanza, adoración y amor, pidiéndole reparar en ese momento todos los defectos de tu vida pasada, para consumar en ti todos sus designios y a realizar todas sus bondades.

Después invitaréis a todas las criaturas a bendecirlo con vosotros; ofrecedle el amor que tienen por Él todos los Bienaventurados y el fervor con el cual tantas santas almas comulgan.

Procurando entrar en los sentimientos del Corazón de Jesús, consideraréis: lo que puede encontrar en vosotros que le desagrade, cuáles son los designios que tiene sobre vosotros, lo que quiere que hagáis y lo que puede impedir que no hagáis su voluntad.”

III. Pedid sobre todo la gracia de amar al Sagrado Corazón

Expongamos al buen Maestro con mucha confianza y sinceridad nuestras debilidades, nuestras miserias y nuestras necesidades: “Aquel que os ama está enfermo”, podemos decirle con Marta. “Señor, ¿puedo dudar de tu amor, después de lo que hiciste por mí, después de lo que acabas de hacer? Si me amas, ¿puedes ver mis enfermedades sin curarlas? Pero, sobre todo, ¿puedes ver que te amo tan poco, sin abrasar mi corazón con el fuego sagrado de tu amor? Cuando quieras rechazarme todo lo demás, ¿podrías dejar de concederme tu amor? Sé que puse grandes obstáculos a los designios que tienes para hacerme bien, pero comienza, por favor, por retirar tú mismo estos obstáculos”.

En fin, no dejemos nunca, en cada comunión, de ofrecer al Corazón de Jesús algún sacrificio que le pueda ser agradable, prometiéndole aplicarnos en corregir algún defecto que sabemos que le desagrada más.

Acordémonos también de que no sentiremos nunca los efectos sensibles de la comunión, si no tuviésemos el cuidado de pasar el resto del día en un gran recogimiento interior.

¡Felices, mil veces, los que se aproximan a la Mesa santa con estas disposiciones!

¡Cómo van a consolar sus comuniones al Corazón de Jesús! Y ¡qué frutos maravillosos de santificación han de producir en ellas!

Una vez, Nuestro Señor mostró a la Beata tres personas que iban a comulgar con fervor, y les dice: “Dales tres besos: de paz, de amor y de confianza”. Son los tres principales frutos de la comunión.

Resolución. – Salvador mío, regularé mi acción de gracias sobre estos consejos. Y Tú, dame tu amor, dame amarte tierna y fuertemente, concédeme estos tres besos, de paz, de amor y de confianza.