Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús -Día 3

Padre Juan del Corazón de Jesús Dehon: Coronas de amor al Sagrado Corazón

Extraídas del libro

“CORONAS DE AMOR AL SAGRADO CORAZÓN”

del Reverendo Padre Juan del Corazón de Jesús (León Gustavo Dehon),

Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.

Día 3

PRIMER MISTERIO: VIDA DE AMOR DEL SAGRADO CORAZÓN EN LA EUCARISTÍA

TERCERA MEDITACIÓN: El Sagrado Corazón De Jesús en la Santa Eucaristía renueva su Pasión

Segundo carácter de la vida de amor: un amor fuerte y generoso

Que la santa Eucaristía renueva, en cierto modo, los misterios de la Pasión es una verdad de fe, porque San Pablo dice: “Todas las veces que comieras de este pan y bebiereis de este cáliz, anunciaréis la muerte del Señor”. Y la Iglesia nos enseña que el Sacrificio de la Misa es sustancialmente el mismo que el de la Cruz, que veremos más en detalle al meditar este adorable misterio. Aquí, nos contentaremos con observar que el Sagrado Corazón de Jesús renueva, de cierto modo, su divina Pasión, sea en la Eucaristía conservada, sea en la santa Comunión, y que nos muestra, no solamente el más tierno, sino también el más fuerte de los amores.

I. Jesús en la santa Eucaristía está en el estado y en el espíritu de víctima

Varios autores místicos no prestaron suficiente atención a esto. No ven sino casi exclusivamente en la santa Eucaristía, entendido el sacrificio de la misa, sino la extensión de la Encarnación. Pero este amor encarnado es también el mismo amor que sufrió por nosotros, y este Corazón se nos aparece precisamente en la santa Eucaristía encumbrado por la Cruz, la señal y el instrumento de la Redención.

Es verdad que las circunstancias accidentales y pasajeras de la Pasión desaparecieron; el sufrimiento ya no existe, pero lo esencial está ahí: este Corazón que me amó y que por amor se entregó por mí: “Christus dilexit me et tradidit semetipsum pro me”. Es precisamente este Corazón que lloró por nuestras ingratitudes en el Huerto, este Corazón que fue partido por nuestros pecados, este Corazón es el del amor mayor, el que la lanza hirió en el Calvario. Él ya no sufre, es verdad, pero se alegra por haber sufrido por nosotros, por haber muerto por nosotros, por haber compadecido nuestras miserias y por haber llevado todas nuestras flaquezas y todas nuestras enfermedades.

Se presta tan poca atención a la alegría que experimenta ahora el Sagrado Corazón de Jesús por haber sufrido por nosotros y, mientras tanto, ¡Él lo indica con tanto amor a la Beata Margarita María! Le aseguró que perseveraría siempre en la intención de sufrir y de morir aún por aquellos que ama, pero esto ya no es necesario y, sin embargo, esta afirmación de Nuestro Señor prueba que, en su Corazón Sagrado, la disposición de inmolación por amor persiste siempre. Y es por medio de esta disposición que Él ofrece siempre a Dios Padre sus méritos, sus sufrimientos y su muerte por nosotros, y que renueva incesantemente el espíritu de la Pasión, igual si no renueva el exterior sangriento que, además, era solo accidental y pasajero. Pero esta oblación constante de sus sufrimientos pasados, esta alegría morosa de haber sufrido y de haber muerto por nosotros, continúa, constituyen el Sagrado Corazón de Jesús todo alegre y glorioso como es, en el estado perpetuo de víctima eucarística, igual fuera del santo Sacrificio de la misa.

II. Debemos unirnos a esta disposición de inmolación

Nuestra unión a este estado sublime, sobre todo en la santa Comunión, hace decir a San Pablo que debemos, entonces, anunciar la muerte del Señor, y he aquí como: el Sagrado Corazón de Jesús se alegra por haber sufrido por nosotros, por tanto, debemos también sufrir por Él con alegría, no escogiendo este o aquel género de cruz según nuestra voluntad, sino aceptando generosamente, alegremente todo lo que él apruebe escoger para nosotros. Porque Él se complace de vernos renovar sobre la tierra su vida mortal y sufrida; se alegra, cuando, por amor a Él, nosotros llevamos la misma cruz que Él llevó por nuestro amor. No somos nosotros mismos los que la escogemos, porque la víctima no se inmola a sí misma, sino que se deja inmolar, pero aceptémosla con la mayor alegría, tal como está expresado en el retiro de la Pasión. ¿Cuál será esta cruz?

Será para todos la de la vida de amor y de inmolación, tal como la consideramos y, para cada uno en particular, la que el Sagrado Corazón de Jesús tenga a bien escoger, sea ella interior o exterior.

Hay una diferencia notable entre la víctima de justicia y la víctima eucarística. La primera es escogida por el divino Salvador con el fin especial de expiación y es relativamente muy rara, pero la disposición de inmolación eucarística debe existir en todo corazón consagrado al Sagrado Corazón, tal como diremos más largamente cuando hablemos de la vida de sacrificio.

III. Adquiriremos en esta disposición una fuerza heroica

Esta disposición, que fortifica aún la santa Comunión, alcanzamos del Sagrado Corazón las mayores gracias. Sí, fue solamente el divino Sacramento, no solamente honrado y amado, sino también recibido, que produjo en la Iglesia estos prodigios de fuerza y de generosidad que nos llenan de admiración. Los mártires, dice San Juan Crisóstomo, comían la Carne de Cristo y mataban su sed con su Sangre, y salían de la santa Mesa como leones. El Sagrado Corazón sufría en la persona de aquellos que estaban dispuestos a todo a sufrir por Él y el vino del amor los hacía insensibles a los más terribles tormentos. Era así que el heroico San Lorenzo afrontó sobre la parrilla todos los suplicios del infierno; fue así que en Lyon, Póntico, un niño de quince años, asustado primero por el horror de los tormentos, habiéndose incorporado el Corazón eucarístico de Jesús, acabó afrontando animosamente el martirio, incluso animando a los ancianos y a los hombres fuertes. No son, por tanto, solo las alegrías inefables del banquete divino las que nos han de dar la participación en el Corazón eucarístico de Jesús, es el heroísmo del martirio. El Divino Corazón de Jesús, embriagado por nuestro amor, pudo sufrirlo todo por nosotros, y nosotros, tras embriagarnos con su amor, ¿no podemos soportar nada por Él? El Corazón amable hace la Pasión presente en la Eucaristía. El cáliz de los sufrimientos de esta vida se mezcla con el cáliz de su sangre y de su amor. ¡Ah! ¡Qué embriagante y delicioso es este cáliz divino! ¡Puedan los verdaderos discípulos del Sagrado Corazón beberlo y darlo a beber al mundo debilitado! Todo lo que hay de fuerza y de energía en la Iglesia viene hoy, como siempre, de la Mesa eucarística; si todos se aprovechasen de ello tanto como debieran, eso es porque la comunión no es bastante frecuente y también porque los que comulgan, muchas veces no piensan bastante en el Corazón eucarístico, no tienen confianza en Él y se olvidan de darse, de entregarse enteramente a su amor, del mismo modo como Él se da enteramente a nosotros.

¡Ah! ¡Que la caridad del Sagrado Corazón de Jesús nos tome y nos abrace! Y, entonces, nada nos asustará; superaremos todo, como dice S. Pablo, porque el amor es más fuerte que la muerte e incluso más fuerte que el infierno.

Resolución.- Me alimento muchas veces de tu Carne y de tu Sangre, mi buen Maestro, debo alimentarme también de las disposiciones de tu Corazón eucarístico. Le humillo con la tibieza con que hasta ahora había en mis comuniones. Perdóname. Cambia mi debilidad en fuerza y en coraje.