CUANDO LA HIGUERA REVERDECIÓ…

LA HISTORIA DE LA HIGUERA DE SAN FELIPE DE JESUS, PRIMER SANTO MEXICANO

Se dice que Felipe era un niño inquieto y en su infancia tenía una nana negra, a usanza de esa época, que era víctima de todas sus travesuras, pero que lo amaba a pesar de todo.

Cuentan que la mamá de Felipe, exasperada por las travesuras de su hijo, exclamaba: “¡Ay mi Felipillo santo!”. Y la nana contestaba: “¿Felipillo santo?; ¡cuando la higuera reverdezca!”

El joven inquieto ingresó al noviciado franciscano, pero lo abandonó. Después su padre lo envió a Filipinas para que se dedicara al comercio, allá reconsideró su vocación y volvió a la orden franciscana.

Felipe recibió el ofrecimiento de terminar sus estudios en México y se embarcó con otros frailes hacia el país, pero una tormenta los desvió hacia Japón donde se dedicaron a hacer misión.

Taicosama era emperador de Japón cuando Felipe naufragó en sus costas. Este emperador estaba decidido a erradicar el cristianismo y en 1587 ordenó la expulsión de los jesuitas. Pero los misioneros decidieron no abandonar a sus comunidades apenas nacientes.

En 1593 recibieron el refuerzo de quince franciscanos españoles. El emperador tomó esto como un reto y en 1596 mandó matar a todos los cristianos.

Arrestaron a 24 cristianos: tres hermanos jesuitas japoneses presididos por Pablo Miki; tres sacerdotes franciscanos, tres frailes, entre ellos Felipe; y quince laicos terciarios franciscanos.

Felipe y los otros fueron llevados en procesión a pie, por un mes y en pleno invierno por pueblos y ciudades de Japón, para ser objeto de burla y escarmiento, un auténtico Vía Crucis. En la ciudad de Kyoto, a cada uno le cortaron la oreja izquierda. Las orejas fueron exhibidas en las calles. Cuando se vieron a lo lejos en una colina las cruces para el tormento que les tenían destinado, los 26 religiosos y laicos cristianos se llenaron de júbilo; pero al contarlas se turbaron, pues les pareció que sólo había 25. Entonces, Felipe corrió presuroso y abrazó fuertemente su cruz y no quería que nadie se la arrebatara.

Finalmente, en el “Monte de los Mártires” a las afueras de Nagasaki –la ciudad que en 1945 sufrió la terrible destrucción de la bomba atómica–, fueron crucificados de cara al mar, pues sí, eran 26 las cruces. Felipe de Jesús fue el primero entre aquellos mártires en ser crucificado. Muere en la cruz, atravesado por ambos costados por dos lanzas; otra más le atravesó el pecho. Sus últimas palabras fueron: “Jesús, Jesús, Jesús”. Era el 5 de febrero de 1597 y Felipe contaba con apenas 23 años.

Se cuenta que ese mismo día, la higuera seca de su casa paterna reverdeció de pronto y dio fruto. Felipe había llegado a la santidad más heroica. Fue beatificado, juntamente con sus compañeros mártires el 14 de septiembre de 1627 y canonizado el 8 de junio de 1862.

Cuentan que en la casa paterna, la nana negra de Felipe entró llena de gozo a la casa gritando “¡Felipillo es santo, Felipillo es santo!” La higuera había reverdecido.

Gran número de las higueras que existen en México provienen de la legendaria higuera de san Felipe de Jesús, ya que de ésta se sacaron acodos para multiplicar el arbusto en Nueva España.

Es patrono de la Ciudad de México y de su Arzobispado.

“¡Por la cruz en que expiraste, san Felipe de Jesús, haz que el pueblo Mexicano su gloria encuentre en la Cruz”