ESTEBAN SÁNCHEZ MALAGÓN: EL REINICIO BERGOGLIANO

Misterios de iniquidad

LA ECONOMÍA DE FRANCISCO

El Creador provee las condiciones para la vida humana y todo lo que existe sobre la Tierra. “Todo en la Tierra fue creado para el beneficio del hombre”. Al mismo tiempo, la gente debe respetar la naturaleza, de acuerdo con los principios del Cielo y de la Tierra.

Después de la Revolución Industrial, la sociedad ha reconocido ampliamente el grave daño ecológico causado por la contaminación y comenzó a tomar conciencia. Con Occidente como pionero, el daño se compensó parcialmente al implementar leyes y normas para proteger el medio ambiente. En la mayoría de los países ya se reconoce hoy ampliamente la importancia de proteger la naturaleza.

Lo que no es ampliamente reconocido es cómo el discurso ambientalista que domina en la sociedad ha sido moldeado y manipulado por el comunismo.

Aunque la lógica de proteger el medio ambiente es legítima, y muchas personas tienen un deseo genuino de mejorarlo y de proteger la prosperidad futura de la humanidad, los elementos comunistas se han apoderado de gran parte del movimiento ambientalista para impulsar sus propios planes políticos y económicos. La infiltración del comunismo en el ambientalismo ha estado en marcha prácticamente desde el comienzo de dicho movimiento.

Las “ciencias” ambientales son un campo de estudio complejo, con investigaciones que están lejos de ser concluyentes en temas como el cambio climático. Sin embargo, bajo la influencia de la ideología de izquierda, muchos activistas y organizaciones “verdes”, han simplificado y convertido la protección del medio ambiente en una lucha en contra del otrora ORDEN SOCIAL CATÓLICO, empleando a menudo métodos extremos y discursos radicales, hasta el punto del “fervor” ANTI-religioso.

En lugar de seguir las antiguas enseñanzas de la doctrina católica, de moderación y conservación, los ambientalistas radicales de izquierda evaden la moral y la tradición en su cruzada contra todo lo que consideran el “enemigo” del ambientalismo, desde la propiedad privada (empresas, bienes e inmuebles etc.) hasta la doctrina social Católica poniendo el mayor énfasis en la no procreación (aborto, anticonceptivos, homosexualismo zoofilia etc.).

Mezclada con otros movimientos radicales, (New Age, esoterismo, chamanismo, brujería, satanismo etc.), la causa verde ha llegado a ser conocida por su propaganda engañosa y medidas políticas autoritarias, convirtiendo al ambientalismo en una especie de “comunismo light”; de este modo, el ambientalismo como ideología se terminó vinculando con el comunismo, mientras que el movimiento ambientalista fue apropiado y manipulado para servir a los fines del comunismo.

Tras la trampa del colapso de la Unión Soviética y del bloque comunista de Europa del Este, los comunistas comenzaron a propagar su influencia en la sociedad occidental “cristiana”. También recayó en sus espaldas establecer un gobierno global, que será controlado por el Anticristo.

Para lograr este objetivo, el comunismo debió crear o usar unos “enemigos” que amenacen a toda la humanidad e intimide al público de todo el mundo para que entregue tanto su soberanía nacional como su libertad individual.

Crear pánico global por inminentes desastres ambientales, ecológicos y sanitarios, es la ruta perfecta para alcanzar ese objetivo.

La formación y el desarrollo del movimiento ambientalista están estrechamente relacionados con el comunismo. Su desarrollo puede desglosarse en cuatro etapas.

La primera etapa

La primera etapa es el “período de gestación”, teórico; que puede considerarse desde la publicación del Manifiesto Comunista por Karl Marx y Friedrich Engels (satanistas los dos), en 1848, hasta el primer Día de la Tierra, en 1970.

Marx y sus seguidores no consideraban al ambientalismo como el foco de su discurso teórico, pero el ateísmo y el materialismo marxista eran naturalmente consistentes con la tendencia principal del movimiento ambientalista moderno. Marx declaró que el capitalismo se opone a la naturaleza (esto es, el medio ambiente). Los marxistas idearon el término “ecosistema”, y silenciosamente llenaron al ambientalismo de diversas cuestiones públicas.

Desde 1960 hasta 1970, dos libros bestsellers —Primavera silenciosa (1962) y La Bomba P (1968)— metieron al ambientalismo en la esfera pública.

El primer libro planteó preocupaciones legítimas sobre el daño que producen los pesticidas químicos al ambiente natural, mientras que el segundo promovió un control de la población inmediato y generalizado, sembrando las semillas para el trasfondo antihumano del movimiento ambientalista influenciado por el comunismo.

En la década de los 80 se destapa el mito del deterioro de la capa de ozono, es donde se empieza a gestar LA GRAN MENTIRA DEL CALENTAMIENTO GLOBAL.

Los clorofluorocarbonos (CFC) y los hidroclorofluorocarbonos (HCFC)

Los clorofluorocarbonos y los hidroclorofluorocarbonos, también son comúnmente conocidos por la marca DuPont como Freón. El representante más común es el diclorodifluorometano (R-12 o Freón-12).

Muchos CFC se han utilizado ampliamente como refrigerantes, propulsores (en aplicaciones de aerosoles) y disolventes. Debido a que los CFC contribuyen al agotamiento del ozono en la atmósfera superior, la fabricación de dichos compuestos se han “eliminado” gradualmente en virtud del Protocolo de Montreal y se están reemplazando por otros productos como los hidrofluorocarbonos (HFC), incluidos el R-410A y el R-134ª, propiedad también de DuPont.

El freón, un gas refrigerante desarrollado por la empresa DuPont resultó ser un “producto dañino” para la capa de ozono. En realidad, la patente obtenida en 1887 vencía en 1987, una empresa india se alistaba a poner en el mercado el freón 11 al quedar “libre”, con un costo de un 80 % menos del valor comercial del de Du Pont.

Es cuando los “científicos” realizaron muestras de ozono en el Polo Norte, pero, ¡oh sorpresa!, el ozono es un gas inestable a bajas temperaturas, obteniendo, por lógica, lecturas “alarmantes”. El Protocolo de Montreal prohibió el uso de los CFC, dejando el camino libre a Du Pont para una nueva patente y un “nuevo producto” ecológico y, por consiguiente, más caro…

Este es el inicio del mito del calentamiento global.

Segunda etapa

A nivel macro, la contracultura de los años 60 funcionó casi como un desfile militar de elementos comunistas en Occidente. Entraron en escena apropiándose de los movimientos de derechos civiles y antiguerra, y luego se esparcieron rápidamente a otras formas de batallas contra el “sistema”, como el movimiento feminista, naturista, nudista (la revolución sexual) y el ambientalismo. Esta es la raíz del incremento de la ideología y la agitación relacionada al ambientalismo.

El primer Día de la Tierra, que tuvo lugar en 1970, marcó el comienzo de la segunda etapa. Poco después, en 1972, se celebró la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, en Estocolmo.

Se formaron rápidamente una serie de organizaciones y grupos de supervisión. En Estados Unidos y Europa, estos grupos presionaron a los gobiernos con propaganda, protestas y activismo bajo el disfraz de investigación científica, hasta llegar a la cumbre de Rio en 2000 con la aprobación de la Carta de la tierra y 2015 con Laudato sí.

La tercera etapa

La tercera etapa comenzó en la víspera del fin de la Guerra Fría, cuando el comunismo estaba en pleno colapso político en Europa del Este. En esa época, los comunistas comenzaron a cambiar su táctica, imponiendo el discurso de “salvar al mundo”.

En 1988, la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente crearon un Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, sus siglas en inglés), y el concepto de calentamiento global comenzó a ingresar en el ámbito político. En 1990, unos meses antes del “colapso” de la Unión Soviética, se celebró una conferencia ambiental internacional en Moscú. En un discurso, el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, abogó por el establecimiento de un sistema internacional de monitoreo ambiental y por un pacto para proteger “zonas ambientales únicas”. También expresó su apoyo a los programas ambientales de la ONU y a una segunda conferencia, que tuvo lugar en junio de 1992 en Río de Janeiro, Brasil.

Aparentemente, la mayoría de los ambientalistas occidentales aceptaron estas propuestas y pasaron a considerar al cambio climático producido por el hombre como la amenaza principal de la humanidad.

De repente hubo un incremento de la propaganda que usaba a la protección del medio ambiente como excusa para aplicar políticas de mano dura, y las leyes y regulaciones ambientales proliferaron rápidamente.

La cuarta etapa

La cuarta etapa aparece por “obra de la casualidad”, es en este momento cuando se produce el nuevo paradigma Covid-19 (CONTROLA VIRUS), una impresionante y efectiva maquinaria propagandística que, mediante el terror social, consigue el control prácticamente total sobre la población, que se deja pacíficamente encerrar en sus casas, se deja arrebatar su libertad y se resigna incluso a perder su medio de subsistencia (trabajo).

Porque lo que el PLAN-DEMIA en realidad persigue es precisamente eso: dejar a las personas endeudadas, sin recursos y sin medios de subsistencia como consecuencia de la brutal crisis económica provocada por ese “parón” de la vida económicamente productiva, de modo que la subsistencia llegue a depender de un sistema de esclavitud comercial, prácticamente el subsidio de un estado totalitario, proyecto del NOM, y la obtención de lo indispensable para vivir, estaría supeditado a una marca o contra-seña visible.

Y es ahí donde entra el Gran Reinicio; porque, tras sus bellas palabras y promesas, él consiste en arrasar hasta los cimientos el sistema económico como lo conocemos actualmente y construirlo de nuevo según los intereses del Gobierno Mundial.

Esta maquinaria infernal tiene el poder de “crear” como ellos mismos dicen, una economía sin dinero.

Las raíces marxistas de los movimientos ambientalistas vienen de la tradición oriental, que considera al ser humano como el alma de toda las cosas y uno de los Tres Talentos (Cielo, Tierra y seres humanos); mientras que la Religión Católica enseñan que el hombre fue creado por Dios a su imagen y semejanza. Es decir, la vida humana está dotada de un valor, un propósito y una dignidad más altos. La naturaleza existe para sustentar a la humanidad, y el hombre tiene la obligación de cuidar, sin exageraciones, el ambiente natural.

No obstante, a los ojos de los ateos y materialistas, la vida humana no tiene esa cualidad especial. Engels escribió en uno de sus ensayos: “La vida es el modo de existencia de los cuerpos proteicos”.

Desde esta perspectiva, la vida humana no es más que una configuración de proteínas, sin ninguna diferencia esencial con los animales o las plantas. Puesto así, es lógico que los humanos puedan ser privados de su libertad, e incluso de sus vidas, en nombre de la supuesta causa de proteger a la naturaleza.

El Gran Reinicio: la repetición de la Gran Depresión de 1929 a nivel global

Mientras que los banqueros (judería) y los industriales trabajaban con impaciencia para desarrollar el régimen soviético, planearon secretamente dejar en la miseria a la gente americana.

Después de un funcionamiento de prueba, en el año 1920, ellos fueron bien preparados para el derrumbamiento de 1929 y la gran depresión en los años siguientes.

Los banqueros judíos fueron los que “advirtieron” el 9 de marzo de 1929. Paul Warburg aconsejó, como sigue en el Financial Chronicle: “el sí de las orgías de especulaciones desenfrenadas nos permiten ampliarnos y mirar demasiado lejos, el derrumbamiento final vendrá seguramente. Durante los seis meses próximos de iniciados los acuerdos, tienen bastante tiempo de vender sus partes en los precios más elevados y de invertir su dinero en plata y oro”.

Cuando todo estuvo listo, los soportes financieros de New York decayeron y comenzaron a parar los corredores sus préstamos diarios. Eso tenía la consecuencia que los corredores de bolsa tuvieran que lanzar sus partes sobre el mercado, al no poder pagar los créditos. Así la bolsa los arruinó naturalmente, y esto causó que muchos de los bancos en el país entero se fueran al derrumbamiento, principalmente los bancos que no pertenecían a la oligarquía judía, y que trabajaban casi solamente con préstamos diarios; muchos tuvieron que cerrar; y cuando el funcionamiento se reactivó muy pronto los bancos agotaron su fuente de efectivo. El sistema de reserva federal no vino a asistirles, aunque según la ley tuvo que mantener una modernidad flexible.

No era ninguna coincidencia. Los títeres trabajadores en Washington, Roosevelt y Eisenhower (Trump y Biden también son títeres), sugirieron tanto que fuese Rusia, después de que la guerra hubiera terminado, la potencia que controlase en Europa. Esto contradijo todas las declaraciones públicas de los “líderes” americanos sobre esta pregunta.

Los hombres que condujeron los E.E.U.U. exteriormente, Roosevelt y Eisenhower, tenían instrucciones terminantes de sus amos invisibles, de conducir la fase de cierre en el “teatro-guerra de Europa” de una manera tal que fuera favorable a las metas de la judería internacional.

A los distribuidores internacionales de la energía no les importó en todos los sentidos que se alargase el final de la guerra, aunque esto significara la muerte innecesaria de centenares de millares de seres humanos y del gasto innecesario de muchos miles de millones de dólares. El judío ve en los seres humanos, como se los indica el talmud, solamente carne de cañón, que necesitan para alcanzar su meta satánica.

¿Por qué los Estados Unidos rindieron una ayuda tan substancial a los rusos en la segunda guerra mundial?  ¿Por qué los Estados Unidos están rindieron ayuda tan substancial al Nuevo Orden Mundial con esta patraña de elecciones presidenciales? ¿Era eso apenas otra de esas “equivocaciones”, en que el gobierno americano ha incurrido?

Tal conclusión sería la más ingenua. No es uniforme, no es digno de ella considerarla seriamente.

Los que dirigen las cosas en los E.E.U.U. (la judería) sabían y saben qué es y cuáles serían las consecuencias del comunismo; lo que hoy quiere poner en marcha (2021) el partido demócrata con Biden–Harris al frente. Ellos, sus confederados y sus amos, ellos mismos han creado al monstruo rojo. Sabían exactamente qué es lo que hicieron; su impaciencia, viniendo del fanatismo, demostró en su ayuda sin restricción al sangriento régimen soviético, a expensas del contribuyente americano, su convicción política e ideológica. “La Rusia soviética era y es una herramienta claramente reconocible en su plan para esclavizar el mundo entero debajo de la bandera del nuevo orden del mundo”…, dijo Winston Churchill…

“Los banqueros internacionales invirtieron cantidades enormes de dinero en la revolución Bolchevique y en el régimen totalitario que se derivó de ella. Durante los 70 años pasados utilizaron la dictadura roja sin piedad como su espada en su plan para conquistar el mundo para el Anticristo”.

Luego de que Lenin y su Partido Bolchevique lanzaron su golpe de Estado en Rusia, en 1917, rápidamente promulgaron el Decreto sobre la Tierra y el Decreto sobre los Bosques para nacionalizar los recursos de la tierra, los bosques, el agua, los minerales, los animales y las plantas, e impedir que el público los utilizara sin autorización.

El escritor estadounidense Brian Sussman escribió en su libro de 2012, Ecotiranía – Cómo la agenda verde de la izquierda roja desmantelará a Estados Unidos, que las ideas de Marx y Lenin conforman la base de las ideas de los ambientalistas de hoy. Desde su punto de vista, nadie tiene el derecho a beneficiarse de los recursos naturales: “Ya sea salvar bosques, ballenas, caracoles o el clima, todo vuelve a la profunda creencia de que la búsqueda de un beneficio tal es inmoral y que, en última instancia, destruirá al planeta a menos que se lo detenga”.

El movimiento ambientalista global ha involucrado a una gran cantidad de pensadores, políticos, científicos, activistas sociales y personalidades de los medios de comunicación.

Este trabajo no tiene suficiente espacio como para enumerar completamente sus pensamientos, discursos y acciones, pero hay una figura que no puede ser ignorada: el fundador y primer director ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Maurice Strong.

La Carta de la Tierra, madre de Laudato Sí, es un documento pensado en el seno mismo de la ONU por medio del Consejo de la Tierra que presidía Maurice Strong, ex-subsecretario general de la ONU, conocido impulsor de políticas compulsivas de control de natalidad.

Del mismo consejo formaba parte el ex presidente soviético, Mijaíl Gorbachov, fundador de la organización Cruz Verde Internacional.

También intervinieron, entre otros, en su redacción el ex-Director General de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, Leonardo Bofe, Mercedes Sosa, Paulo Freire y Bella Abzug, ex presidente de WEDO, (Organización para el Desarrollo de las Mujeres y el Medio Ambiente), una de las poderosas ONG’s con status consultivo en las Naciones Unidas, que busca, entre otras cosas, el reconocimiento mundial del aborto como derecho humano y la equiparación de las parejas homosexuales a las heterosexuales.

Strong, originario de Canadá, también organizó conferencias de la ONU, incluyendo la Conferencia sobre el Medio Humano de 1972 y la Conferencia de Medio Ambiente y Desarrollo de 1992. Su prima, Anna Louise Strong, una conocida periodista procomunista, tuvo una gran influencia sobre él. Strong se describía como “un socialista en ideología y un capitalista en metodología”.

Maurice Strong llegó a ocupar un lugar importante en el movimiento ambientalista global. Las perspectivas que apoya la agencia de la ONU que él lideraba parecen ser casi idénticas a la teoría marxista.

El preámbulo del informe de la Conferencia Mundial sobre Asentamientos Humanos de 1976 dice: “La propiedad privada de la tierra es un instrumento principal para acumular riqueza y por lo tanto contribuye a la injusticia social. El control público del uso de la tierra es por ello indispensable”. Strong vivió en Beijing luego de retirarse y falleció en Canadá en 2015.

Natalie Grant Wraga, experta en tácticas de desinformación de la Unión Soviética, escribió en un artículo de 1998: “La protección del medio ambiente se ha convertido en la principal herramienta para atacar a Occidente y a todo lo que representa. La protección del medio ambiente puede ser usada como pretexto para adoptar una serie de medidas diseñadas para socavar la base industrial de las naciones desarrolladas. También puede servir para introducir malestar bajando su estándar de vida e implantando valores comunistas”.

Socialismo ecológico

Como lo sugiere su nombre, el socialismo ecológico es una ideología que combina la ecología y el socialismo. Insertar los típicos reclamos socialistas, como la “justicia social”, a los asuntos ecológicos es un intento por avanzar con la ideología socialista por nuevos medios.

Una buena ilustración del socialismo ecológico es el Manifiesto ecosocialista, escrito en 2001 por Joel Kovel y Michael Löwy.

Kovel era un activista contra la Guerra de Vietnam y luego fue profesor de psiquiatría, se postuló a candidato a la presidencia por el Partido Verde en el año 2000.

La Convención Nacional Verde del 2000 se llevó a cabo del 23 al 25 de julio en Denver, Colorado. La convención fue convocada por la Asociación de Partidos Verdes del Estado, que más tarde pasaría a llamarse Partido Verde de los Estados Unidos.

Löwy es sociólogo y miembro de la Cuarta Internacional Trotskista.

En el manifiesto, los autores se proponen “construir un movimiento que pueda reemplazar al capitalismo con una sociedad en la que la propiedad común de los medios de producción reemplace la propiedad capitalista, y en la que la preservación y restauración de los ecosistemas será una parte fundamental de toda actividad humana”.

Ellos no consideraban al socialismo ecológico como una mera rama del socialismo, sino como el nuevo nombre del socialismo en la nueva era.

Marxismo ecológico

En la transición entre el siglo XIX y el siglo XX, en Gran Bretaña se desarrolló la idea de ecología y ecosistema.

Arthur Tansley fue el primer presidente de la Sociedad Británica de Ecología, y cuando estudiaba en el University College de Londres fue profundamente influenciado por el zoólogo darwinista Ray Lankester. Ambos eran socialistas fabianos. Lankester era amigo de Marx y frecuentaba su casa; una vez le escribió a Marx que estaba estudiando El Capital (el texto de 1867 de Marx) “con el más grande placer y provecho”.

Los vínculos entre las ideas ecológicas y el marxismo parecen emerger de esta conexión entre Lankester, Tansley y Marx.

Ecología y ambientalismo no son lo mismo. El ambientalismo es una ideología enfocada en proteger el medio ambiente contra diferentes daños, mientras que la ecología es la relación entre los seres vivos y el medio ambiente, y así provee la base teórica para definir los daños provocados al medio ambiente.

El marxismo ecológico es un paso más allá de estas ideas, y agrega el concepto de crisis ecológica para intensificar sus argumentos sobre el colapso económico del capitalismo. Busca expandir el supuesto conflicto entre la burguesía y el proletariado agregando un conflicto inherente entre la producción y el medio ambiente. Esta es la teoría de la doble crisis o el doble conflicto.

En la teoría marxista, el conflicto primario del capitalismo es entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción (el capitalismo en relación a la riqueza), mientras que el conflicto secundario ocurre entre el ambiente de producción (el materialismo en relación al medio ambiente). En la perspectiva marxista, el conflicto primario lleva a la crisis económica, mientras que el conflicto secundario lleva a la crisis ecológica.

El último siglo ha demostrado que la predicción marxista de que el capitalismo colapsaría (que es lo que está por ocurrir) bajo su propio peso era correcta.

El verde es el nuevo rojo

Cuando el ambientalismo entró en la política, nació la política verde o la ecopolítica.

El Partido Verde, ahora establecido en muchos países, es el resultado de la política verde, que típicamente va más allá de la protección ambiental e incluye programas de izquierda como la justicia social (envidia social), el feminismo, el activismo antiguerra y el pacifismo.

Por ejemplo, Global Greens es una organización internacional asociada con el Partido Verde, y su acta de 2001 está altamente influenciada por la ideología marxista. Tras la caída de los regímenes comunistas en Europa del Este, muchos ex miembros del partido comunista y fuerzas comunistas residuales establecieron o se unieron a los partidos verdes, reforzando el carácter izquierdista de la política verde.

El ex líder soviético Gorbachov también intentó y fracasó en volver a entrar en la política. Luego pasó al ambientalismo y estableció la Cruz Verde Internacional. Gorbachov promovió repetidas veces el establecimiento de un gobierno mundial a fin de evitar un desastre ecológico.

Muchos partidos comunistas en Occidente están directamente involucrados en movimientos de protección del medio ambiente. Jack Mundey, sindicalista y uno de los fundadores del movimiento Green Ban de Australia, era miembro del Partido Comunista de Australia. Su esposa fue presidente nacional del Partido entre 1979 y 1982.

Iniciar movimientos de masas para manipular la retórica del ambientalismo es una de las estrategias del comunismo para propagar su influencia en las naciones y todo el mundo.

Muchas organizaciones ambientales movilizan a un gran número de personas para realizar campañas de protección del medio ambiente. Han presionado y se han apropiado de instituciones gubernamentales para formular e imponer acuerdos y regulaciones poco razonables. También han provocado incidentes violentos para silenciar al público en general.

Como declaró el izquierdista radical Saul Alinsky, es necesario ocultar los verdaderos propósitos de un movimiento y movilizar a la gente a gran escala para que actúe en apoyo de objetivos locales, temporales, plausibles o benignos. Cuando la gente se acostumbra a estas formas moderadas de activismo, es relativamente fácil conseguir que actúen en favor de objetivos más radicales. “Recuerda: una vez que organizas a la gente en torno a algo tan comúnmente acordado como la contaminación, entonces un pueblo organizado está en marcha. De ahí es un paso corto y natural a la contaminación política, a la contaminación del Pentágono”, escribió Alinsky.

Una variedad de grupos de izquierda usan el ambientalismo como un envase ideológico para llevar a cabo acciones callejeras que abogan por la revolución.

Por ejemplo, si un país tiene un “movimiento popular del clima”, se puede inferir que es un producto de los partidos comunistas.

En Estados Unidos, las organizaciones involucradas incluyen el Partido Comunista de Estados Unidos, Acción Socialista, el Partido Comunista Revolucionario Maoísta de Estados Unidos, la Sociedad Ecológica de América, el Partido Socialista de los Trabajadores, Alternativa Socialista, los Socialistas Democráticos de América, y así sucesivamente.

Tales grupos organizaron la Marcha Popular por el Clima, desfilando con un mar de banderas rojas por las principales ciudades estadounidenses, incluida la capital de la nación. Los lemas en estos eventos incluyeron “Cambio del sistema, no cambio climático”, “El capitalismo nos está matando”, “El capitalismo está destruyendo el medio ambiente”, “El capitalismo está matando el planeta” y “Lucha por un futuro socialista”. https://pjmedia.com/zombie/2014/9/23/climate-movement-drops-mask-admits-communist-agenda.

Con más y más elementos comunistas y socialistas para fortalecer el ambientalismo, la “paz verde” de Ratzinger y de Decimejorge han hecho una transición completa hacia la revolución roja.

Debido a sus influencias izquierdistas, el ambientalismo ha sido relativamente radical desde sus inicios. Hay muchas ramas, entre ellas la ecología profunda, el ecofeminismo, la ecología social y el biorregionalismo, y algunas son extremadamente radicales. Entre las más conocidas están grupos como Earth First y el Frente de Liberación de la Tierra, que utilizan acción directa –por lo general, actos destructivos conocidos como ecoterrorismo– para detener actividades que consideran dañinas para el medio ambiente.

El grupo Earth First fue así nombrado en 1979 y su lema es “¡No cedemos en la defensa de la Madre Tierra!”. El grupo apunta a operaciones de explotación forestal, construcción de presas y otros proyectos, y utiliza acciones directas y “desobediencia civil creativa”. Una de las tácticas conocidas del grupo se llama “sentada de árbol”: se sientan debajo o trepan árboles para evitar que los talen. Estas operaciones atrajeron a muchos izquierdistas, anarquistas y otros que buscan rebelarse contra la sociedad predominante.

En 1992, algunos de los miembros más radicales comenzaron una rama llamada Frente de Liberación de la Tierra. Sus siglas en inglés, ELF, imitan las del grupo Fuerza de Vida Ambiental (Environmental Life Force) establecido en 1978, y también adoptaron sus tácticas de guerrilla, en particular, la provocación de incendios.

En diciembre del año 2000, ELF perpetró una serie de crímenes en Long Island, Nueva York. Los radicales rompieron cientos de ventanas y pintaron graffitis en una zona residencial y en las oficinas corporativas de McDonald’s, y prendieron fuego a dieciséis edificios en un bloque de apartamentos en construcción y a al menos cuatro casas de lujo. La justificación principal para provocar los incendios fue que estas casas eran las “futuras guaridas de la élite rica” y estaban siendo construidas sobre un bosque y un pantano. Al cometer estas acciones directas, el Frente de Liberación de la Tierra usó el lema “Si lo construyen, lo quemaremos”.

En 2005, el FBI anunció que el Frente de Liberación de la Tierra y otras organizaciones fundamentalistas eran una seria amenaza terrorista para Estados Unidos, dado que se habían adjudicado la participación en más de 1200 incidentes criminales que causaron daños materiales por decenas de millones de dólares desde 1990. Desde entonces las acciones de la organización excedieron por mucho los límites de la protesta política normal y de la diferencia de opiniones. La ideología comunista se aprovechó del odio para convertir a algunos ambientalistas en terroristas.

Greenpeace: no es una organización pacifista

Greenpeace fue establecido en 1971 y es la organización ambientalista más grande del mundo, con oficinas en más de cincuenta países e ingresos anuales por más de USD 350 millones. También es una de las organizaciones ambientalistas más radicales.

El cofundador de Greenpeace, Paul Watson, que dejó la organización en 1977, dijo: “El secreto del éxito de David McTaggart (el expresidente) es el secreto del éxito de Greenpeace: no importa qué es verdad, solo importa lo que la gente cree que es verdad… Eres lo que la prensa define que eres. Greenpeace se convirtió en un mito, y en una máquina generadora de mitos”. https://www.heartland.org/_template-assets/documents/publications/the_not_so_peaceful_world_of_greenpeace.pdf.

Patrick Moore, otro cofundador de Greenpeace, estaba comprometido con la protección del medio ambiente, pero se fue de la organización después de 15 años diciendo que esta había tomado “un giro brusco hacia la izquierda política”. Se había convertido en una organización extremista que mostraba hostilidad hacia toda producción industrial y reflejaba una agenda basada más en política que en ciencia sólida. http://www.dailymail.co.uk/sciencetech/article-2569215/Humans-not-blame-global-warming-says-Greenpeace-founder-Patrick-Moore.html#ixzz2vgo2btWJ

En 2007, seis miembros de Greenpeace irrumpieron en una planta de energía a carbón de Gran Bretaña y luego fueron demandados por causar daños materiales por valor de unas 30.000 libras esterlinas. Ellos admitieron haber intentado apagar la planta de energía pero alegaron que lo hicieron para evitar daños aún mayores (una crisis ambiental debido a los gases de invernadero). El tribunal les retiró todos los cargos. Antes de esto, Greenpeace ya tenía varios antecedentes de victorias en los tribunales por acciones como dañar un avión de combate y el equipamiento de un submarino nuclear y ocupar el incinerador de basura más grande de Gran Bretaña. https://www.theguardian.com/environment/2008/sep/11/activists.kingsnorthclimatecamp

La estrategia de las organizaciones ambientalistas radicales como Greenpeace es usar cualquier medio que sea necesario para lograr sus objetivos.

En este punto, el ambientalismo radical es altamente consistente con el comunismo. El marxismo-leninismo usa la promesa de una eventual utopía para justificar el asesinato, el incendio intencional y el robo. De manera similar, bajo la bandera del ambientalismo, los comunistas ponen el énfasis en crisis ambientales para legitimar las tácticas violentas e ilegales.

En el ejemplo de arriba, los abogados de los seis integrantes de Greenpeace lograron persuadir al jurado para que acepte su comportamiento criminal como legítimo, demostrando que la sociedad puede ser engañada para aceptar argumentos falaces y sin fundamento. Todo esto es parte del abandono de los valores universales, y es un signo de la decadencia moral de la sociedad.

El “consenso” en las ciencias del clima

En 1988, se estableció el IPCC de la ONU para recopilar y sintetizar el conocimiento científico relacionado con el cambio climático. Una de sus misiones es evaluar las investigaciones científicas existentes y publicar un informe cada varios años.

Estos informes están pensados para proveer una base científica a fin de que los gobiernos puedan establecer sus políticas.

Suelen tener cientos de científicos como autores y son revisados por miles más. De ahí que las conclusiones de los informes suelen ser descritas como el consenso de miles de los mejores científicos del mundo.

En 1992, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) estableció como objetivo estabilizar las concentraciones de los gases de invernadero en la atmósfera a un nivel que evite una interferencia antropogénica (provocada por el hombre) del sistema climático. Comenzó afirmando que el cambio climático era causado por los seres humanos y era peligroso. https://docs.house.gov/meetings/SY/SY00/20170329/105796/HHRG-115-SY00-Wstate-CurryJ-20170329.pdf.

Por lo tanto, la CMNUCC debe operar bajo la suposición de que los humanos son los culpables del peligroso cambio climático, ya que eso es necesario para la existencia y el mantenimiento de la misma organización. Esta suposición también restringió el foco y el alcance de la investigación del IPCC.

Antes de que el IPCC publicara su Segundo Informe de Evaluación en 1995, el Dr. Frederick Seitz, físico mundialmente reconocido, recibió una copia del mismo. Seitz luego descubrió que el informe publicado no era la misma versión que los científicos habían aprobado. Todas las declaraciones que expresaban dudas sobre los efectos de las actividades humanas en el cambio climático habían sido eliminadas.

El artículo de Seitz en The Wall Street Journal afirmaba: “En mis más de 60 años como miembro de la comunidad científica estadounidense, incluyendo mi función como presidente tanto de la Academia Nacional de Ciencias como de la Sociedad Americana de Física, nunca he visto una corrupción más perturbadora del proceso de revisión por pares que los hechos que llevaron a este informe del IPCC”. https://www.wsj.com/articles/SB834512411338954000

Entre las declaraciones eliminadas están las siguientes:

“Ninguno de los estudios citados más arriba mostraron evidencia clara de que podamos atribuir los cambios [climáticos] observados a la causa específica del aumento de los gases de invernadero”.

“Ningún estudio hasta la fecha atribuyó ciertamente todo o parte del cambio climático observado hasta la fecha a causas antropogénicas (producidas por el hombre)”.

“Cualquier afirmación de detección positiva de un cambio climático significativo probablemente continúe siendo controvertida hasta tanto se reduzcan las incertidumbres en la variabilidad natural total del sistema climático”.

El IPCC afirmó que todas las modificaciones fueron aprobadas por los autores, pero los cambios revelan cómo los informes del IPCC han sido influenciados por la política.

El informe principalmente resume estudios existentes, sin realizar una investigación original. Debido a que las investigaciones existentes contienen tantas perspectivas diferentes, llegar a un consenso significa que el IPCC simplemente se deshizo de las perspectivas que se interponían en su camino.

En abril de 2000, el primer borrador del Tercer Informe de Evaluación del IPCC decía: “Hubo una influencia humana discernible en el clima global”. En octubre, el segundo borrador decía: “Es probable que las crecientes concentraciones de gases de invernadero antrópicos hayan contribuido significativamente al calentamiento observado en los últimos 50 años”.

En la conclusión oficial final, la declaración fue aún más fuerte: “La mayor parte del calentamiento observado en los últimos 50 años probablemente se debe a un aumento de las concentraciones de gases de invernadero”.

Cuando New Scientist le preguntó al portavoz del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Tim Higham, sobre la base científica que provocó esos cambios, este respondió: “No había ciencia nueva, pero los científicos querían presentar un mensaje claro y fuerte a los formadores de políticas”. https://www.forbes.com/sites/larrybell/2013/08/21/the-new-york-times-global-warming-hysteria-ignores-17-years-of-flat-global-temperatures.

Dicho de otro modo, la CMNUCC asignó tareas al IPCC, dejando en claro cuál era la respuesta que esperaba. El IPCC luego entregó lo que se le pidió.

El informe del IPCC exageró el “consenso sobre el desastre”

Paul Reiter, profesor de entomología médica en el Instituto Pasteur de Francia, es un destacado experto en malaria y otras enfermedades transmitidas por insectos. Él discrepaba con el informe del IPCC y tuvo que amenazar con tomar acciones legales contra el IPCC para que quitaran su nombre de la lista de los mejores dos mil científicos que según el IPCC respaldaban el informe. Dijo que el IPCC “hace parecer que todos los mejores científicos están de acuerdo, pero no es verdad”.

En su testimonio ante el Senado de Estados Unidos el 25 de abril de 2006, Reiter dijo: “Un aspecto irritante del debate es que esta ‘ciencia’ espuria es respaldada en el foro público por paneles influyentes de ‘expertos’. Me refiero particularmente al Panel Intergubernamental en Cambio Climático. Cada cinco años, esta organización con sede en la ONU publica un ‘consenso de los mejores científicos del mundo’ en todos los aspectos del cambio climático. Aparte del dudoso proceso por el que estos científicos son seleccionados, tal consenso es una cosa política, no científica”.

Por ejemplo, los ambientalistas han estado promoviendo la teoría de que las enfermedades transmitidas por insectos, como la malaria, causarían un caos si el clima se vuelve más cálido. “El calentamiento global pondrá a millones de personas más en riesgo de malaria o fiebre del dengue, según un informe de Naciones Unidas que insta a una urgente revisión de los peligros para la salud que conlleva el cambio climático”, decía un artículo de Bloomberg del 27 de noviembre de 2007. https://www.forbes.com/sites/jamestaylor/2011/10/05/mosquitoes-ignore-global-warming-predictions/#20938da66c1b.

Pero Reiter no está de acuerdo con esta simple correlación, y señaló que la malaria no está limitada a zonas tropicales. A fines del siglo XIX y principios del XX, en el Imperio Ruso y la Unión Soviética murieron hasta cinco millones de personas por año debido a la enfermedad. Según un estudio de 2011 publicado en Biology Letters, contrario a lo que la mayoría supone, las altas temperaturas disminuyen la capacidad de contagio de los mosquitos, lo que aminora la transmisión de la malaria. https://www.nature.com/news/global-warming-wilts-malaria-1.9695.

Otro científico que se retiró del IPCC acusó a la organización de usar el supuesto consenso en desastre como parte de su cultura operativa. El meteorólogo Christopher Landsea, ex investigador de huracanes de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE. UU. Y uno de los autores principales del cuarto informe de evaluación del IPCC, se retiró del organismo en enero de 2005. En una carta abierta, afirmó: “Personalmente no puedo continuar contribuyendo de buena fe a un proceso que percibo está motivado por planes preconcebidos y es científicamente poco sólido”. También instó al IPCC a confirmar que el informe se acataría más a la ciencia que al sensacionalismo. https://www.heartland.org/news-opinion/news/climate-scientist-quits-ipcc-blasts-politicized-preconceived-agendas?source=policybot.

Landsea criticó al autor principal del capítulo sobre actividad ciclónica del informe del IPCC por ignorar los estudios científicos que no pudieron demostrar que una mayor actividad de huracanes estuviera relacionada con el calentamiento global provocado por el hombre.

En cambio, el autor principal del informe habló en una conferencia de prensa de gran convocatoria en la que afirmó que el calentamiento global “probablemente continúe provocando más olas de actividad ciclónica intensa” y dio varias entrevistas antes de que se publicara el informe diciendo lo mismo.

David Deming, geólogo y geofísico de la Universidad de Oklahoma, estudió núcleos de hielo y obtuvo los datos de las temperaturas históricas de 150 años en Norteamérica, y luego escribió un artículo sobre su investigación, el cual fue publicado en Science.

Después de su publicación, Deming testimonió ante el Senado de Estados Unidos en 2006, allí expresó que “un importante investigador en el campo del cambio climático” le envió un email diciendo: “Tenemos que deshacernos del período cálido medieval”.

El período cálido medieval hace referencia a una época de clima inusualmente cálido que comenzó alrededor del año 1000 y duró hasta un periodo frío del siglo XIV conocido como “pequeña edad de hielo”.

En los últimos 20 años, más de 780 científicos de 462 instituciones de 40 países contribuyeron a artículos científicos que dicen que el periodo cálido medieval sí existió, según testificó Deming.

Sin embargo, borrar este periodo de la curva histórica del cambio climático fortalece la afirmación de que el calentamiento actual no tiene precedentes.

https://www.epw.senate.gov/public/index.cfm/hearings?ID=BFE4D91D-802A-23AD-4306-B4121BF7ECED.

Aunque cientos de artículos científicos refutan el supuesto consenso que alega el IPCC, sus afirmaciones han sido marginadas en el actual ambiente académico y mediático.

Una dictadura sin ética

La nueva ideología se “preocupa” de las víctimas de la violencia, refugiados, prófugos, excluidos y migrantes (normalmente musulmanes), sin tomar en cuenta que se ponga en jaque “la gobernabilidad global”.

Por su ecologismo, la nueva ideología está impedida para distinguir entre el ser humano y la bestia. No es infrecuente, por ejemplo, que en documentales de televisión sobre la vida silvestre, producidos por Nacional Geographic, Audubon Society, la BBC, etc., se llame al chimpancé “nuestro hermano” o “nuestro primo” y, en general, no sólo se culpe al hombre de algunos desmanes, sino que se lo presente por definición como el enemigo número uno de la naturaleza (el máximo depredador), sin reconocer su dignidad trascendente y poniéndolo en absoluta desigualdad con los otros seres vivos, distinto de ellos sólo por pequeños porcentajes de ADN.

La nueva ideología rompe lanzas por mantener la naturaleza intacta, bosques, mares y montañas, pero desconoce las naturales diferencias entre hombre y mujer, tratando de imponer nuevos derechos, contrarios a la naturaleza misma, basados en la teoría de la ideología de género, como también la libre opción sexual.

La nueva ideología predica incansablemente que el ser humano tiene como fin elevar la propia calidad de vida, aún a costa de la libertad. Busca una utópica felicidad intramundana, “un mundo feliz” del que nos habla Aldous Huxley, que el hombre sólo con sus fuerzas nunca podrá alcanzar.

Así, reedita las teorías sobre el progreso promiscuo, sin fin, de la humanidad.