LOS SANTOS Y EL PECADO QUE CLAMA AL CIELO

Misterios de iniquidad

¿QUÉ DICEN LOS SANTOS SOBRE EL NEFANDO PECADO DE LA SODOMÍA?

Ya hemos considerado la enseñanza de las Sagradas Escrituras sobre la homosexualidad. Ver Aquí

El Catecismo de San Pío X enseña que pecado impuro contra el orden de la naturaleza es uno de los cuatro pecados que claman al Cielo. Y aclara que se dice que estos pecados claman al Cielo porque su iniquidad es tan grave y manifiesta que provoca a Dios a castigarlos con las más severas puniciones.

A modo de argumento ad hominem, digamos que hasta el mismo Catecismo de la iglesia conciliar mantiene la inclusión de la sodomía entre los pecados que claman al Cielo.

Y agrega: “apoyándose en la Sagrada Escritura, que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados; son contrarios a la ley natural, cierran el acto sexual al don de la vida, no proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera y no pueden recibir aprobación en ningún caso”.

Por supuesto que, siguiendo la conducta de los modernistas denunciados por San Pío X, “tropezamos allí con textos que los católicos aprueban completamente, mientras que en la siguiente página hay otros que se dirían dictados por un racionalista”…

Y si pasamos a su práctica, comprobamos que los admiten a los sacramentos, les lavan los pies el Jueves Santo y los invitan a leer lecturas y oraciones en sus “celebraciones eucarísticas”…

Leamos, pues, con atención algunos textos de Santos, muchos de ellos Doctores de la Iglesia, sobre el pecado contra la naturaleza que clama venganza al Cielo.

Valoremos lo que dicen los Santos sobre este pecado; vicio que hoy nos quieren imponer a toda costa como algo natural, como cosa que debemos aceptar; perversión detestable que, como enseñan nuestros verdaderos Hermanos Mayores, los Bienaventurados del Cielo, tiene un sufrimiento mayor en el infierno.

SAN JUAN CRISÓSTOMO

(347 – 407)

SAN JUAN CRISOSTOMO

Comentando la Epístola a los Romanos (1: 26-27), el gran Doctor y Padre de la Iglesia San Juan Crisóstomo dice que el acto de sodomía es una ofensa contra la naturaleza imperdonable.

De hecho, argumentó que no había ningún acto más depravado que este:

“Todas las pasiones son deshonrosas, porque el alma es más dañada y degradada por el pecado que el cuerpo por la enfermedad. Pero la peor de todas las pasiones es la lujuria entre los hombres”.

“Los pecados contra la naturaleza son más problemáticos y menos satisfactorios; tanto es así que ni siquiera se puede decir que procuran placer, ya que el verdadero placer es sólo aquello que es conforme a la naturaleza”

“Cuando Dios abandona a un hombre, todo se vuelve patas arriba. Por lo tanto, tales pasiones [homosexuales] no sólo son satánicas, sino que sus vidas son diabólicas … Entonces, les digo que ellos [los homosexuales] son incluso peores que asesinos, y que es mejor morir que vivir en tal deshonra. Un asesino sólo separa el alma del cuerpo, mientras que éstos [homosexuales] destruyen el alma dentro del cuerpo … No hay nada, absolutamente nada, más absurdo o dañino que esta perversidad”.

“Los placeres de la sodomía son un delito imperdonable de la naturaleza y son doblemente destructivos, ya que amenazan a la especie por la desviación de los órganos sexuales fuera de su fin primario procreativo y siembran la discordia entre los hombres y mujeres, que ya no se inclinan por el deseo físico para vivir juntos en paz”.

SAN AGUSTÍN

(354 – 430)

SAN AGUSTIN1

El gran Obispo de Hipona, Padre y Doctor de la Iglesia, fue categórico en la condena de la sodomía y vicios similares. También nos recuerda que las naciones pueden ser culpables de transgredir la ley de Dios contra los vicios antinaturales y que, al igual que los individuos, también tendrán que rendir cuentas ante Dios:

“Los pecados contra la naturaleza, como el pecado de Sodoma, son abominables y merecen castigo cuando y dondequiera que se cometan. Si todas las naciones los cometieran, todos serían considerados culpables por igual del mismo cargo contra la Ley de Dios, porque nuestro Creador no prescribió que debemos usarnos unos a otros de esta manera. De hecho, la relación que debemos tener con Dios se viola en sí misma cuando nuestra naturaleza, de la que él es Autor, es profanada por la lujuria pervertida”.

Más adelante reiteró la acusación de que con este pecado el hombre corrompe y pervierte su propia naturaleza:

“Tus castigos, oh Dios, son por los pecados que los hombres cometen contra sí mismos, porque, aunque pecan contra Ti, hacen mal en sus propias almas y su malicia es auto-traicionera. Corrompen y pervierten su propia naturaleza, que Tú hiciste y por lo que Tú modelaste las reglas, ya sea haciendo un mal uso de las cosas que permites, o inflamando la pasión de hacer un uso antinatural de las cosas que no permites (Rom. 1: 26)”.

SAN PEDRO DAMIÁN

(1007 – 1072)

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San Pedro Damián, Doctor de la Iglesia, ayudó a poner en marcha la reforma gregoriana en la Iglesia, que se ocupó de las transgresiones morales que se estaban produciendo en ese momento entre el clero.

Escribió el Libro de Gomorra contra el pecado de la sodomía, y ofreció el trabajo al Papa San León IX, que lo alabó en términos muy entusiastas. Se considera la obra principal sobre el tema en la enseñanza católica.

Transcribimos aquí algunas de sus palabras como un ejemplo de un lenguaje muy diferente del que se utiliza hoy en día, empleado por un gran Santo para exterminar este vicio detestable:

“De hecho, este vicio no puede de ninguna manera ser comparado con cualquier otro; debido a su enormidad sustituye a todos. De hecho, este vicio provoca la muerte de los cuerpos y la destrucción de las almas. Se contamina la carne, se apaga la luz de la razón, y expulsa al Espíritu Santo desde su templo en el corazón del hombre, introduciendo en su lugar el diablo que es el instigador de la lujuria”.

“Precipita al alma en el error, destierra toda la verdad del alma engañada, pone trampas para los que caen en ella, y luego pone tapas al pozo para evitar que los que caen en ella puedan salir”.

“Abre las puertas del infierno y cierra las puertas del Cielo a ellos, que se convierten de ciudadanos de la Celeste Jerusalén en herederos de la infernal Babilonia, transformándolos de una estrella del cielo en una paja para el fuego eterno. Arranca un miembro de la Iglesia y lo sumerge en las voraces llamas del fuego de la Gehena”.

“Este vicio se esfuerza por derribar los muros de la Patria Celestial y reconstruir los de Sodoma, arruinado de hecho; viola la templanza, mata la pureza, sofoca la castidad, y corta la cabeza de la virginidad, que es irrecuperable. Con la unión más infame infecta todo, lo mancha todo, todo lo contamina, sin dejar nada puro, nada más que suciedad, nada limpio. Todas las cosas son puras a los puros, como dice el Apóstol, salvo a aquellos que se han corrompido; y para los incrédulos nada es limpio, pues hasta su mente y su conciencia están contaminadas (Tit. 1: 15)”.

“Este vicio expulsa a uno del coro de la acogida y de las fuerzas eclesiásticas, para unirse a las filas de los poseídos y de los que trabajan en la liga con el diablo. Se separa el alma de Dios y se la relaciona con los demonios”.

“Esta reina Sodomita, la más pestilente, a los que obedecen sus leyes tiránicas los hace repugnantes para los hombres y odiosos a Dios; esto fue lo que los obligó a una guerra nefasta contra Dios y a alistarse en las filas del espíritu perverso”.

“Este pecado es lo que separa de la compañía de los ángeles y priva al alma de su nobleza; impone al alma desafortunada el yugo de su propia dominación. Se desgarra sus secuaces de los brazos de las virtudes y los expone como presa a las flechas de todos los vicios. Deja a uno ser humillado en la Iglesia, condenado en la corte, manchado en secreto, y deshonrado en público. Se roe la conciencia de la persona como un gusano y se quema su carne como el fuego”.

“El miserable arde con el fuego de la pasión, la inteligencia fría tiembla bajo el rencor de recelos, y el corazón del hombre desafortunado se siente abrumado por el caos infernal, sometiéndolo a un sinnúmero de dolores de conciencia ya que es torturado en el castigo”

“Sí, tan pronto como esta serpiente, la más venenosa, hunde sus colmillos en el alma desafortunada, se le priva de inmediato de sus sentidos y de la memoria, la inteligencia se embota y se olvida de Dios e incluso de sí mismo”.

“En efecto, este flagelo destruye los cimientos de la fe, debilita las fuerzas de la esperanza, disuelve los lazos de la caridad, aniquila toda justicia, socava la fortaleza, elimina la esperanza y embota el filo de la prudencia”.

“¿Y qué más puedo decir? Porque el pecado de la sodomía expulsa todas las fuerzas de la virtud del templo del corazón humano, y, como tirando de la puerta de sus goznes, permite la entrada de toda barbarie del vicio. En efecto, al que esta bestia atroz se ha tragado con su garganta ensangrentada se ve impedido, por el peso de sus cadenas, de practicar cualquier obra buena, y se precipita en los abismos de su mayor iniquidad”.

“Así, tan pronto como alguien ha caído en este abismo de extrema perdición, es desterrado de la patria celestial, separado del Cuerpo de Cristo, censurado por la autoridad de toda la Iglesia, condenado por el juicio de todos los Santos Padres, despreciado por los hombres en la tierra y reprendido por la sociedad de ciudadanos celestiales. Crea para sí mismo una tierra de hierro y un cielo de bronce”.

“Por un lado, cargado con el peso de su crimen, no puede levantarse; por otro lado, ya no puede ocultar su maldad en el refugio de la ignorancia. No puede ser feliz mientras viva, ni tener esperanza cuando muera, porque aquí y ahora se ve obligado a sufrir la ignominia de la burla de los hombres y, más tarde, el tormento de la condenación eterna”.

SAN BUENAVENTURA

(1221 – 1274)

san buenaaventura

En un sermón en la Iglesia de Santa María de Porciúncula, San Buenaventura, Doctor de la Iglesia, habló sobre los milagros que tuvieron lugar en el mismo momento del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo:

“El séptimo prodigio fue la matanza de todos los sodomitas para librar al mundo de este pecado contra la naturaleza y hacer la tierra más digna para Aquel que es la Pureza misma”.

Esta acción corresponde a la ira de Dios cuando destruyó Sodoma y Gomorra y proyecta una perspectiva seria para los países modernos que apoyan la homosexualidad.

Dijo el Santo:

“Todos los sodomitas, hombres y mujeres, murieron en toda la tierra, como dijo San Jerónimo al comentar el verso Lux orta est iustus [La luz nació para el justo] (Salmo 96, 11). Esto fue para dejar en claro que Jesucristo nació para reformar la naturaleza y promover la castidad”.

En el Diccionario de los inquisidores se incluye la sodomía entre los pecados que interesaban directamente a la Inquisición. De aquel diccionario se puede leer lo siguiente:

“El día del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo fue prefigurado, dicen San Agustín y San Jerónimo, por el fuego de Sodoma, pues todos los sodomitas del mundo fueron aniquilados aquella noche. El mismo San Jerónimo, comentando a Isaías (El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los habitantes de la tierra de sombras de muerte resplandeció una luz): La luz ha sido tan potente, que ha destruido a todos los que se entregaban a ese vicio. Es la obra de Cristo. La lleva a cabo para desarraigar su inmundicia de toda la faz de la tierra”.

SANTO TOMÁS DE AQUINO

(1225 – 1274)

Santo Tomas de Aquino

¿Qué dice el Doctor Angélico sobre el pecado de la sodomía?

Santo Tomás de Aquino lo considera indecible, porque cometer el pecado contra la naturaleza hace que el hombre se rebaje más profundo aún que su naturaleza animal.

Este es el tono severo que los Doctores de la Iglesia siempre tomaron con relación a tal vicio, hasta que el Concilio Vaticano II y su espíritu de permisión entraron en escena sobre la moral.

Veamos hoy sólo unos textos, pues en un próximo artículo nos extenderemos con mayor amplitud en la enseñanza del Santo Doctor.

En el Comentario a la Epístola de San Pablo a los Romanos, I, 26-28, Santo Tomas dice:

“Por haber trocado la verdad de Dios en mentira, los entregó Dios, no ciertamente empujándolos al mal, sino abandonándolos a pasiones ignominiosas, o sea, a pecados contra natura, que se llaman pasiones por cuanto con propiedad se dice pasión aquello por lo que algo es llevado fuera del orden de su propia naturaleza, como por ejemplo cuando se calienta el agua o cuando el hombre se enferma. De aquí que, por apartarse el hombre del orden natural por tales pecados, con razón se les llama pasiones. Las pasiones de los pecadores (Rm 7,5). Y se les llama pasiones ignominiosas, porque no son dignas de mencionarse según aquello de Efesios 5, 12: “Da vergüenza hasta el nombrar las cosas que ellos hacen en secreto”. En efecto, si los pecados de la carne comúnmente se censuran, porque por ellos se rebaja el hombre a lo que es bestial en él, con mucha mayor razón por el pecado contra natura, por el cual aun por debajo de la naturaleza bestial cae el hombre. Trocaré su gloria en ignominia (Os. 4, 7).

En la Suma Teológica ((II-II, q. 154), Santo Tomás explica que cuando se viola el orden de la naturaleza, se hace un daño a Dios, el Autor de la naturaleza; lo que hace que el homosexual peque aún más gravemente. Lo enseña de este modo:

“Así como el orden de la recta razón procede del hombre, así el orden natural procede de Dios. Por eso en los pecados contra la naturaleza, en los que se viola el orden natural, se comete una injuria contra Dios, ordenador de la naturaleza. De ahí que diga San Agustín en III Confess.: Los delitos contra la naturaleza son reprobables y punibles siempre y en todo lugar, como lo fueron los de los sodomitas. Aunque todos los hombres cometieran ese mal, seguiría pesando el mismo reato impuesto por la ley divina, que no hizo a los hombres para que obraran así, pues se viola la familiaridad que debemos tener con Dios, ya que se mancha, con la perversidad del placer, la naturaleza de la que Él es autor”.

“Existe una determinada especie de lujuria en la que hay una razón de torpeza que hace que el acto venéreo sea malo. Esto puede darse cuando se opone al mismo orden natural del acto venéreo apropiado a la especie humana, y entonces se llama vicio contra la naturaleza. Uno de sus modos es cuando se realiza el coito con el sexo no debido, sea de varón con varón o de mujer con mujer, como dice el Apóstol en Rom., 1, 26-27, y que se llama vicio sodomítico.

SANTA BRÍGIDA

(1303 – 1373)

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Uno de los aspectos más conocidos en la vida de Santa Brígida, es el de las múltiples visiones con que la favoreció el Señor, especialmente las que se refieren a los sufrimientos de la Pasión y a ciertos acontecimientos de su época.

Por orden del Concilio de Basilea, Juan de Torquemada, quien fue más tarde cardenal, examinó el libro de las revelaciones de la Santa y declaró que podía ser muy útil para la instrucción de los fieles; pero tal aprobación encontró muchos opositores. Por lo demás; la declaración de Torquemada significa únicamente que la doctrina del libro es ortodoxa y que las revelaciones no carecen de probabilidad histórica.

El Papa Benedicto XIV, entre otros, se refirió a las revelaciones de Santa Brígida en los siguientes términos: “Aunque muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que crearnos píamente en ellas.”

Santa Brígida, con gran sencillez de corazón, sometió siempre sus revelaciones a las autoridades eclesiásticas y, lejos de gloriarse por gozar de gracias tan extraordinarias, las aprovechó como una ocasión para manifestar su obediencia y crecer en amor y humildad. Si sus revelaciones la han hecho famosa, ello se debe en gran parte a su virtud heroica, consagrada por el juicio de la Iglesia.

El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492. Una de sus profecías anunció lo que ya conocemos por experiencia propia:

“Cuarenta años antes del año dos mil el demonio será dejado suelto por un tiempo para tentar a los hombres. Cuando todo parecerá perdido, Dios mismo, de improviso, pondrá fin a toda maldad. La señal de estos eventos será: cuando los sacerdotes habrán dejado el hábito santo y se vestirán como la gente común, las mujeres como los hombres y los hombres como las mujeres”.

SANTA CATALINA DE SIENA

(1347 – 1380)

sta catalina

La compleja realidad del siglo XIV y la agitación política, social y eclesial hacen difícil una valoración justa de la influencia determinante de Santa Catalina, tanto en lo concerniente al Papado, como a los conflictos políticos en los que intervino.

Su convicción, nacida de una fe profunda y de la experiencia de Dios, que quiere el bien y salvación de sus criaturas, le hizo denunciar con valentía y coraje la corrupción, la mentira y el fraude, allí donde se encontrara, sin importar demasiado si la verdad tenía que ser gritada a prelados, religiosos, laicos, nobles, condenados o al mismo Papa.

A nivel espiritual, es indudable su acierto, y es posible, con la historia como testigo, definir claramente su influjo positivo en pro de la santidad que imprimió en el alma de aquellos que, atraídos por su fama de santidad y sabiduría supieron acogerse a su maternidad espiritual o beneficiarse de su consejo y sabiduría. Igualmente ejerció un gran influjo en personas de gobierno, que, al margen de encomiendas oficiales, pedían su consejo.

En una de sus visiones, Nuestro Señor le dijo:

“Los homosexuales no sólo fallan en resistir la debilidad de la naturaleza humana caída…, sino que empeoran aún más cuando cometen el pecado maldito contra la naturaleza. Al igual que los ciegos y estúpidos, que, han atenuado la luz de su comprensión, no reconocen la enfermedad y la miseria en que se encuentran. Porque esto no sólo me causa náuseas, sino que también es repugnante para los demonios mismos, a quienes estas criaturas depravadas han elegido como sus señores.

Para mí este pecado contra la naturaleza es tan abominable que sólo por él fueron destruidas cinco ciudades en virtud del juicio de mi Divina Justicia, que ya no pudo soportar su iniquidad.

Es repugnante para los demonios, no porque el mal les desagrade o porque encuentran placer en el bien, sino más bien porque su naturaleza es angelical y huye al ver cometer un pecado tan repulsivo. Porque, aunque ciertamente es el diablo el que primero golpea al pecador con la flecha envenenada de la concupiscencia, sin embargo, cuando un hombre realmente lleva a cabo un acto tan pecaminoso, el diablo se va”.

SAN VICENTE FERRER

(1350-1414)

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El 3 de octubre de 1398, San Vicente Ferrer tuvo una visión, en la que se le aparecía Jesucristo acompañado de San Francisco y Santo Domingo de Guzmán, quienes le encargaban la misión de evangelizar el mundo antes de la llegada del Anticristo para la conversión y enmienda de los hombres.

San Vicente Ferrer fue considerado por sus contemporáneos el ángel del apocalipsis o predicador del final de los tiempos.

Fue el 22 de noviembre de 1399, día de Santa Cecilia, cuando San Vicente inició su predicación apostólica, que no abandonaría hasta su muerte. Durante 20 años se dedicó incansablemente a predicar por todas partes. Recorrió España, Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Italia e Inglaterra, predicando en plazas, caminos y campos. Fueron unos años de gran provecho. Sus predicaciones producían frutos superabundantes, y sus virtudes y milagros llenaban de admiración a las muchedumbres que le seguían y oían con religioso entusiasmo.

Una de sus profecías dice:

“Advertid que vendrá un tiempo de relajación religiosa y catástrofes como no lo ha habido ni habrá. En aquel tiempo las mujeres se vestirán como hombres y se portarán a su gusto, licenciosamente; y los hombres vestirán vilmente como las mujeres. Pero Dios lo purificará todo y regenerará todo y la tristeza se convertirá en gozo”.

SAN BERNARDINO DE SIENA

(1380 – 1444)

san bernardino de siena

San Bernardino de Siena, ilustre predicador franciscano del siglo XV, hizo el siguiente análisis psicológico del sodomita:

“Sufre una pérdida de la virilidad a causa de este vicio.

Ningún pecado tiene mayor poder sobre el alma que el de la maldita sodomía, que siempre fue detestada por todos los que vivían de acuerdo a la ley de Dios.

Tal pasión por las prácticas insostenibles raya en la locura. Este vicio perturba el intelecto, desequilibra un estado de alma elevado y generoso, arrasa pensamientos elevados hasta las bases, hace a los hombres pusilánimes e irascibles, obstinados y endurecidos, servilmente suaves e incapaces de todo.

Por otra parte, la voluntad, agitada por el insaciable impulso del placer, ya no sigue la razón, sino más bien el tumulto de las pasiones”.

También advirtió que quien practica el vicio de la sodomía va a sufrir más dolor en el infierno que cualquier otra persona.

SAN PÍO V

(1504 – 1572)

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Así como había ejercido el cargo de Gran Inquisidor, San Pío V se propuso restaurar la disciplina y moralidad de Roma encauzando la vida espiritual del mundo cristiano, y aun la terrenal también, y mediante la Bula In cœna Domini proclamó la supremacía de la Iglesia de Roma y de su cabeza visible sobre todos los poderes civiles y sobre quienes los ostentan.

La primera disposición importante de San Pío V relativa a la puesta por obra de los Decretos Tridentinos fue la publicación en 1566 del Catecismo Romano.

Entre sus primeras acciones reguló los hospicios, expulsó a las prostitutas de Roma y reafirmó la importancia de las ceremonias en general y de la liturgia de la misa en particular.

Incrementó el poder de la Inquisición e hizo que el Rito de la Misa se uniformara mediante la promulgación de la bula Quo primum tempore, de 1570, haciendo que la Misa llamada tridentina o gregoriana el único modelo para la Iglesia Romana.

Consideremos algunos pensamientos de San Pío V sobre este asunto en su Constitución Cum primum del 1° de abril de 1566.

En esta Constitución, el Inquisidor San Pío V llama al vicio contra la naturaleza una de las ofensas que más repugnan a Dios y levantan su ira. Advierte a los jueces contra la negligencia en el castigo de estos crímenes, y establece solemnemente que los clérigos deben ser entregados al brazo secular para el castigo de muerte:

“Decididos a acabar con todo lo que de alguna manera pueda ofender a la Divina Majestad, decidimos castigar, sobre todo y sin indulgencia, aquellas cosas que, por la autoridad de las Sagradas Escrituras o por los ejemplos más penosos, repugnan más a Dios que ningún otro y levantan su ira: es decir, negligencia en el culto divino, simonía ruinosa, crimen de blasfemia y vicio libidinoso execrable contra la naturaleza.

El horrible crimen de la sodomía, a causa del cual las ciudades corruptas y obscenas fueron destruidas por el fuego a través de la condenación divina, nos causa la pena más amarga y nos conmociona, lo que nos impulsa a reprimir ese crimen con el mayor celo posible.

Por tales faltas pueblos y naciones son flagelados por Dios quien, según su justa condena, envía catástrofes, guerras, hambrunas y pestilencias …

Que los jueces sepan que si, aun después de esta Constitución nuestra, son negligentes en castigar a estos crímenes, no sólo serán culpables de ellos en el juicio divino, sino que también incurrirán en nuestra indignación.

Si alguien comete ese nefasto crimen contra la naturaleza, que provocó que se desatará la ira divina contra los hijos de la iniquidad, será entregado al brazo secular para el castigo de muerte; y si es clérigo, estará sujeto al mismo castigo después de haber sido despojado de todos sus grados de dignidad eclesiástica.

Muy oportunamente el Quinto Concilio de Letrán [1512-1517] emitió este decreto: “Que cualquier miembro del clero atrapado en ese vicio contra la naturaleza, dado que la ira de Dios cae sobre los hijos de la perfidia, sea removido de la orden clerical o forzado hacer penitencia en un monasterio” (capítulo 4, X, V, 31).

Para que el contagio de una ofensa tan grave no avance con mayor audacia aprovechando la impunidad, que es la mayor incitación al pecado, y para castigar más severamente a los clérigos que son culpables de este nefasto crimen y que no están asustados por la muerte de sus almas, determinamos que deberán ser entregados a la severidad de la autoridad secular, que hace cumplir la ley civil.

Por lo tanto, deseando perseguir con mayor rigor de lo que hemos ejercido desde el comienzo de nuestro pontificado, establecemos que cualquier sacerdote o miembro del clero, ya sea secular o regular, que comete un crimen tan execrable, por la fuerza de la presente ley sea privado de cada privilegio clerical, de cada puesto, dignidad y beneficio eclesiástico, y habiendo sido degradado por un juez eclesiástico, que sea entregado inmediatamente a la autoridad secular para ser ejecutado, según lo ordena la ley como castigo apropiado para los laicos que tienen hundido en este abismo”.

SAN JUAN BOSCO

(1815 – 1888)

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Nuestra moderna mentalidad optimista a menudo nos impide ver la realidad tal como es. Nos han inducido a creer que todos son buenos.

Es una forma práctica de negar el pecado original.

Para ayudar a corregir este defecto, aquí está San Juan Bosco con una observación que hizo a partir de su larga experiencia en el trato con niños.

Nos enseña que las personas malas se sienten atraídas naturalmente por otras personas malvadas y tienden a unirse.

Esto puede ser útil para que los padres vigilen a sus hijos, pero también para que los contrarrevolucionarios disciernan a los revolucionarios cuando se encuentran y, naturalmente, comienzan a conspirar contra el bien.

San Juan Bosco nos advierte cuán rápido “lo malo atrae a lo malo”.

Su consejo sobre la vigilancia con respecto a la atracción natural del mal se puede aplicar tanto a los niños como a las niñas:

“Solo diré una cosa sobre los chicos malos, que puede parecer poco probable, pero que sucede exactamente de la manera que voy a describirlo.

Digamos que, entre los 500 alumnos de una escuela, hay uno que lleva una vida depravada. Un día llega un nuevo alumno que también está viciado. Ambos provienen de diferentes regiones y provincias, e incluso tienen diferentes nacionalidades. Están en diferentes clases y diferentes lugares; nunca se han visto y no se conocen.

Bueno, independientemente de todo lo dicho, el segundo día o tal vez unas horas después de su llegada, los verá a ambos juntos durante el recreo. Parece que un espíritu maléfico permite descubrir al otro afectado por el mismo vicio, como si un imán diabólico los hubiera atraído para entablar una amistad íntima. El dicho “los pájaros del mismo plumaje se juntan” es una manera fácil de detectar ovejas sarnosas antes de que se conviertan en lobos rapaces”.

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Si, como dicen San Jerónimo, San Agustín y San Buenaventura, el pecado de sodomía fue desterrado al momento del Nacimiento de Nuestro Señor, por ser Él la Pureza misma, y si en nuestra época se ha levantado tanto en pedestal esta inmundicia, esta depravación, esta impureza, ¿será acaso porque ella colabora para preparar la venida del Anticristo?…

Todas las piezas se van uniendo…, todo se está apresurando…

¡Señor, acorta los tiempos y ven pronto a reinar!