PADRE CERIANI: PARA OLVIDADIZOS, DISTRAÍDOS, INADVERTIDOS INCONSIDERADOS

Conservando los restos en la inhóspita trinchera

DOS SERMONES ANTIGUOS EN VIGENCIA

Como complemento de la homilía del día de ayer publico nuevamente otros dos que no han perdido actualidad, todo lo contario…

NOVENO DOMINGO DE PENTECOSTÉS DE 2009

JESÚS LLORA

Al llegar Jesús cerca de Jerusalén, mirando la ciudad, lloró sobre ella, y dijo: “¡Ah, si en este día conocieras también tú el mensaje de la paz! Mas ahora está oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que te circunvalarán tus enemigos, y te cercarán en derredor, y te estrecharán de todas partes; y te arrasarán con tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo en que has sido visitada”. Y habiendo entrado en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en él, diciéndoles: “Escrito está: ¡Mi casa es casa de oración, y vosotros la tenéis convertida en cueva de ladrones!”. Y enseñaba todos los días en el Templo.

Este Sermón tiene su historia: lo hice por primera vez en 1984; como lo di por perdido, lo redacté nuevamente en 1985; luego encontré la primera versión, ligeramente distinta a la segunda e incompleta. De las dos versiones hice una tercera, la cual, con algunas modificaciones y agregados fue publicada como artículo.

Por decisión propia, fue mi último texto en la Revista del Distrito de América del Sur de la antigua FSSPX, Iesus Christus, en 1998…

Finalmente, añadí dos pequeños complementos, debidos a las circunstancias conocidas.

Pienso que puede servir para ilustrar el momento que nos toca vivir. Tanto los que no lo conocen, como los que lo han escuchado o leído, pueden sacar algunas lecciones útiles.

Ver aquí

Comencemos.

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Cierto día, entre clamores de entusiasmo y vítores de gloria, cuando todos aclamaban a Jesús y nada parecía oponerse a su poder, un jovencito de unos quince años descubrió que el Señor lloraba.

Asombrado por la paradojal escena que presenciaba, no alcanzando a comprender el motivo de la tristeza de Jesús, que sólo él en su sencillez había detectado, preguntó dulcemente al Señor:

Jesús, Maestro, ¿por qué lloras mientras todos te aclaman como Rey?

Admirado de que alguien hubiese advertido su dolor, mientras enjugaba sus lágrimas y se daba un respiro, acariciando los desordenados rizos rubios del joven y ensayando una forzada sonrisa, Jesús le dijo:

Eres muy chico para entenderlo… No creo que valga la pena que intente explicártelo… De todos modos, tu interés y la ternura de tus palabras ya han suavizado en parte mi dolor…

El muchacho, mucho más maduro que lo aparentado por su baja estatura y la realidad de sus quince años, no satisfecho con la respuesta del Señor, exclamó:

¡No creas que no pueda comprenderte! Bien sabes que, por lo general, somos nosotros los que te comprendemos mejor. Es más, los mayores ni se han dado cuenta de que llorabas… He sido el único que reparó en tu llanto y descubrió que un misterio se encierra en tus lágrimas…

E insistió:

¡Explícame el misterio!

Nuestro Señor ponderó la exactitud de la respuesta y celebró la sensatez y profundidad de las palabras. Animado por ellas, y como buscando desahogo en aquella alma pura, aunque sin esperar ser comprendido totalmente, dijo al perspicaz jovencito:

A pesar de esta entrada triunfal en Jerusalén y del recibimiento como hijo de David que el pueblo me hace; no obstante el reconocimiento como Mesías que hoy se me tributa, de aquí a pocos días seré negado, traicionado, abandonado. Este pueblo ha sido engañado por sus dirigentes y, si bien en su inocencia me reconoce como Rey y Mesías, terminará dentro de poco por rechazarme.

El motivo de mi llanto, el dolor que embarga mi corazón y arranca lágrimas a mis ojos es la ceguera de los Jefes religiosos de nuestro pueblo. Ellos han pervertido nuestra religión y encaminan a las pobres ovejas hacia el precipicio. Mira lo que han hecho del Templo: parece una cueva de ladrones… Todo esto será terriblemente castigado. Esta sociedad marcha hacia la autodestrucción. La religión será arrebatada a este pueblo y de esta ciudad no quedará piedra sobre piedra. Por no haber querido recibir la visita de su Dios, se hará de él un pueblo pérfido…

El jovencito, que seguía con atención el discurso del Maestro, con ojos chispeantes, sin demasiada cara de asombro, con aire travieso y demostrando entender el tema, interrumpió al Señor y le dijo:

En verdad, mis maestros me han dicho que algo semejante a lo que dices está anunciado por los Profetas. Comprendo tu dolor; lo que significa el amor no correspondido, tanta solicitud, tanta dedicación, esa elección amorosa y que ahora sea tan mal pagada… Comprendo todo esto y te acompaño en tu pesar, pero, si me permites una reflexión, pienso que debe paliarse con el pensamiento del establecimiento del Reino de Dios que anuncias. La Nueva Alianza reemplazará a la Antigua y serás el fundador de un nuevo movimiento espiritual que perfeccionará la religión de Moisés. Con el tiempo, como Tú enseñas en las parábolas del grano de mostaza y de la levadura, llegará a ser una gran Institución e impregnará todas las actividades humanas… Toda la sociedad se verá influenciada por tu doctrina… Así como esta traición y su castigo están anunciados, del mismo modo los Profetas han visto el surgimiento de una nueva y fecunda religión. Ellos te han profetizado como el fundador de una sociedad perfecta, que debe reemplazar la imperfección de la Sinagoga.

El adolescente interrumpió su monólogo para contemplar el rostro radiante de Jesús y su mirada, brillante, perdida en los siglos venideros…

Tal vez Jesús pensaba en San León Magno, San Benito, San Agustín, San Gregorio Magno, San Gregorio VII, San Francisco, Santo Domingo, San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino.

Quizás el Señor contemplaba los monasterios benedictinos, las cruzadas, las catedrales góticas, los conventos de monjes mendicantes, las universidades medievales, los reyes católicos, las familias cristianas y todas las actividades humanas puestas al abrigo de las alas de la Iglesia y de la sombra de la Cruz.

El joven continuó sin estar seguro de que Jesús lo escuchaba:

Pienso que todo este dolor presente, el mismo llanto de hoy, son como el presagio del triunfo de mañana. Bien lo has dicho Tú mismo: «si el grano de trigo no muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto»… Era necesaria esta purificación para que lo imperfecto llegara a lo perfecto. Tiempo vendrá en que tu Iglesia, la que hoy comienza a gestarse, llegará al esplendor y dominará sobre la sociedad. La filosofía, las artes, la política, el derecho, las ciencias y la educación, toda la vida del hombre estará impregnada de tu doctrina y serás reconocido como único Soberano de esa sociedad…

Nuestro Señor, como volviendo en sí después de su viaje por el tiempo, estaba más y más admirado por la sabiduría, profundidad y cierto profetismo del muchacho. Sin embargo, dejó escapar un gesto de desaliento y la tristeza del principio volvió a ensombrecer su semblante…

Sorprendido nuevamente el muchacho, al mismo tiempo que detectaba otra vez lágrimas en los ojos de Jesús, preguntó sobre la causa de este repentino dolor.

Jesús, recuperando un poco la calma, le explicó:

Todo lo que acabas de decirme es bien cierto. Eso que tú llamas «influenciar todo con mi doctrina» será el fundamento de la Civilización Cristiana, de mi Realeza Social, del triunfo social y público de mi Evangelio, del Cristianismo. La filosofía evangélica gobernará los Estados. La energía propia de mi sabiduría, de mi divina virtud compenetrarán las leyes, las instituciones y las costumbres de los pueblos, impregnando todas las capas sociales y todas las manifestaciones de la vida de las Naciones… Todo eso me consuela y anima en estos momentos para continuar y llegar al término de mi misión, tal como Isaías lo ha profetizado. Bien valen la pena estos dolores de parto para gestar y dar a luz esa futura sociedad… Pero…

La voz de Señor se hizo entrecortada y no pudo continuar. Con mayor asombro aún, su interlocutor insistió sobre el motivo de la tristeza:

No alcanzo a comprender -le dijo- cómo, una vez más, entre gloria y triunfo, puede mezclarse la angustia y el llanto…

Respetando el dolor de Jesús lo interrogó con delicadeza:

¿Qué se esconde detrás de esta reiterada congoja? ¿Por qué esta tristeza cuando hablamos del esplendor de tu Iglesia y de la gloria de esa Civilización por Ella inspirada?

Jesús, seguro ya de hallar comprensión en el jovencito, le expresó el motivo de su quebranto:

Toda esa gloria irá, poco a poco, oscureciéndose. Esa sociedad, esa Civilización Cristiana, por una serie de golpes mortíferos, se irá destruyendo. El enemigo irá sembrando ideas y costumbres revolucionarias y, golpe tras golpe, una doctrina corrosiva irá reemplazando mi Evangelio y mi Moral de las diferentes partes de la sociedad y de las Instituciones hasta llegar a la misma apostasía. Se instalará así una sociedad con signo revolucionario, anticristiano…

Del mismo modo que será destruida Jerusalén dentro de pocos años, así será destruida la Civilización Cristiana. En la moderna sociedad que la reemplazará, Yo no seré el Soberano absoluto, mi Iglesia y su doctrina ya no serán consideradas como las únicas verdaderas, Dios será expulsado de su seno. Las inteligencias y las voluntades de los individuos, las familias y las naciones ya no se regirán por las leyes de la Iglesia por mí fundada. Todas las falsas religiones serán reconocidas. Ese magnífico edificio, que a lo largo de los siglos se irá construyendo, será, al igual que el Templo que tienen ante tu vista, completamente destruido. Ese campo fértil, en el cual será sembrada la semilla de mi Evangelio y que tan buenos frutos producirá, será devastado, asolado, y allí ya no crecerán sino cardos y espinas, los frutos de la nueva civilización, la sociedad del hombre, el humanismo…

Conteniendo el llanto, y con la mirada perdida en el tiempo, que proféticamente contemplaba, dijo al muchacho:

¿Comprendes mi dolor y mi llanto?…

El jovenzuelo respondió con seguridad:

¡Sí!, entiendo perfectamente. Podríamos decir que lo que hoy ven nuestros ojos no es más que una figura de lo que en realidad sucederá con la sociedad que tu doctrina edificará…

En este momento, el rostro del adolescente cobró una seriedad propia de un adulto sabio y prudente, y añadió:

Ciertamente, de no habérmelo predicho, no podría imaginar un desenlace tan funesto. Los Profetas nos han hablado de esto, pero, según tengo entendido, tu futura Iglesia no tendrá fin. A pesar de todo, pienso que no debes apenarte demasiado, puesto que, si bien tu enseñanza no tendrá ya preponderancia en las costumbres y en las ideas que dirijan la sociedad, sin embargo tu Iglesia, como enseñan los Profetas y Tú mismo prometiste a tus Apóstoles, será indefectible, se conservará contra todas las embestidas del enemigo hasta el fin de los tiempos…

Estas palabras del jovencito fueron como si una espada se hubiese clavado en el Corazón de Jesús. El muchacho, cuya intención había sido tranquilizar y alentar al Señor, se dio cuenta del efecto de sus palabras y, sin salir de su nuevo asombro, una vez más interrogó a Jesús sobre el motivo de este aún más sorpresivo dolor.

En efecto, no alcanzaba a comprender lo que sucedía. Entendió lo de la destrucción de Jerusalén; penetró el misterio de la destrucción de la Cristiandad; pero no se explicaba cómo la idea de una Iglesia indestructible, sobre la cual no podrán prevalecer las puertas del Infierno, pueda conciliarse con un dolor y tristeza tan grandes en el fundador de esa Institución tan gloriosa… Por eso, no sin temor y con gran dulzura y ternura, insistió:

Jesús, Maestro, dime, ¿acaso también algo terrible espera a tu Iglesia? ¿Es que todo esto también es figura de lo que ha de suceder con Ella?

Aquí Jesús no pudo contener el llanto…

Con mayor intención de consolarlo que de descubrir el misterio, el muchacho preguntó una vez más:

¿Acaso lloras por la Iglesia, tu Cuerpo Místico?

¡Sí! -respondió Jesús- Lloro por mi Iglesia, mi Esposa Inmaculada. En los últimos tiempos se desatará una crisis enorme y la fe de muchos se perderá en fábulas; se enfriará la caridad y, si esos días no fuesen abreviados, incluso los elegidos se perderían.

Llegará un tiempo en que falsos pastores conducirán el rebaño a la apostasía. Veo ante Mí a profanadores, traidores, mercenarios.

Lloro pues una última herejía invadirá mi Iglesia y la llevará, por una autodemolición, casi hasta la extinción. Las autoridades de mi Iglesia serán agentes de corrupción. Se desintegrará la doctrina; la moral será rebajada al nivel de los paganos más incultos. Todas las religiones serán puestas en un mismo nivel de igualdad. El culto del verdadero y único Dios, mi Padre, será reemplazado por el culto del hombre.

Quien haga las veces de mi Vicario propagará una religión mundial, la fraternidad universal de todos los hombres, sin dogmas, sin preceptos. Mis templos serán cuevas de ladrones peores que la que han establecido los fariseos y sanedritas en el Templo que contemplas. Lo más grave de todo es que miles y miles de almas se condenarán.

expulsa a los mercaderes

Los verdaderos pastores y las ovejas fieles serán perseguidos por esas autoridades y llegará el día en que al matarlos pensarán estar haciendo un servicio grato a mi Padre…

El jovencito creyó encontrar en las últimas palabras de Jesús una última posibilidad de alentarlo, y por eso le dijo:

Pero entonces, verdaderamente tu Iglesia será indefectible y, aunque más no sea en un pequeño número, tu doctrina y tu moral, toda tu enseñanza se conservará íntegra. Si comprendo bien lo que dices, en medio de una crisis espantosa, un reducido número de pastores y feligreses permanecerán fieles a los principios que trasmites y que con el tiempo edificarán lo que has llamado la Civilización Cristiana… En ellos se conservará la capacidad de la semilla de mostaza de llegar a ser árbol frondoso y la potencia de levadura para transformar toda la masa de la sociedad…

Jesús, cada vez más maravillado de la capacidad del muchacho y de su interés, receptividad y asimilación, avanzando nuevamente en el tiempo, le explicó:

En efecto, un pequeño rebañito, como he llamado a mis Apóstoles, permanecerá fiel en los últimos tiempos, en medio de la apostasía generalizada. Algunos obispos y sacerdotes irán agrupando a las ovejas dispersas y se formarán aquí y allá grupitos que conservarán la doctrina, la moral y los Sacramentos. Precisamente esos serán los perseguidos por las autoridades de mi Iglesia…

El joven, con gran cautela y como previendo otra causa de dolor para Jesús, se animó a preguntar:

Señor, ¿también en esos reducidos grupos de resistencia habrá quienes darán motivos de angustia, de tristeza y de llanto para Ti?

La respuesta se hizo esperar. Jesús se tomó su tiempo para respirar profundamente y con la voz cargada comenzó a contestar:

¡Sí!… También en los grupos y movimientos que se llamarán tradicionales habrá de parte de los sacerdotes y de los feligreses más de una ocasión en que, al igual que sobre Jerusalén tendré que derramar lágrimas…

Aquí Jesús fue interrumpido por las exclamaciones del pueblo:

¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Gloria al hijo de David! ¡Hosanna!…

La turba llegaba para proclamar Rey a Jesús…

¡Hijo! ¡Hijito!… Vamos, ya es hora de levantarse…

Luis —este era su nombre— se despertó sobresaltado por el llamado de su madre entremezclado con los vítores de gloria del pueblo entusiasmado…

¡Todo era un sueño!… Y Luis regresaba a la realidad de un nuevo día…

Mientras desayunaba, Luisito contó a su madre lo que había soñado. Luego de escucharlo, la buena señora, que no concurría con mucha frecuencia al Oratorio de la Inhóspita Trinchera como para detenerse a reflexionar sobre el sueño de su hijo —¡y qué sueño!—, le dijo:

Tranquilízate y no des tanto crédito a los sermones un poco exagerados del sacerdote, que siempre ve conjuras contra la Iglesia por todas partes. Escucha más bien lo que dice el Párroco de nuestra capilla del barrio. Él dice que la religión católica es una religión de amor y de comprensión; que todos los hombres son buenos y han de amarse; que el Papa que tenemos es el mejor de toda la historia de la Iglesia y que nunca se han hechos tantos esfuerzos para establecer la unidad entre todos los hombres. Los otros días dijo que la misma Santísima Virgen realiza apariciones que confirman el buen accionar del Papa, de los Obispos y de los Sacerdotes, e incluso desmienten lo que algunos exaltados pretenden hacerle decir en Fátima… Trabaja más bien en favor del hombre y de la paz, esfuérzate por construir la Civilización del Amor… Bueno, vamos, vamos, que llegarás tarde a la clase…

Luisito no se fue al colegio esa mañana demasiado convencido de que lo que había soñado no respondiese a la realidad histórica y, además, de que el futuro no le deparase aún mayores coincidencias. Es más, pensó que su madre no tenía razón al decir que su confesor era un exagerado… Las conversaciones de su padre con algunos amigos y con sacerdotes que visitaban su casa, a las cuales algunas veces tenía permitido asistir en silencio, confirmaban lo soñado.

Su sueño desmentía no sólo a su madre, sino también al Párroco modernista y a aquellos católicos conservadores que su padre y amigos llamaban “línea media”

Por eso, Luisito decidió estudiar mucho sobre el tema y prepararse para estar a la altura de las circunstancias cuando llegase el momento.

Además, para aliviar el dolor de Jesús, para acompañarlo en su llanto, tomó la resolución de consolarlo con su compañía, con su amor, con su oración, con su penitencia y con su fidelidad…

Se comprometió a rezar y hacer sacrificios por la Iglesia, por la Cristiandad, por las naciones cristianas, por las familias católicas, por los grupos de resistencia tradicionales.

Así concluye este episodio de la vida de Luis. Pero, ¿para cuántos de nuestros contemporáneos e incluso de entre nosotros, la triste realidad que vivimos no es más que un sueño?

¡Cuántas veces nosotros, al igual que la mamá de Luisito, no prestamos atención a la realidad, pensamos que todo lo que sucede a nuestro alrededor es una fantasía y nos inventamos una realidad fantasmagórica para evitar tomar resoluciones acordes con los hechos!

Mientras tanto, Jesús sigue llorando y se apresta a purificar el Templo…

¿No habrá llegado ya la hora de despertarnos y sacudir nuestra pereza? ¿No habrá llegado por lo menos el momento de consolar a Jesús y acompañarlo en su Getsemaní con nuestro amor, nuestra oración y nuestra penitencia?… De este modo recibiremos de Él la fortaleza necesaria para permanecer fieles…

NOVENO DOMINGO DE PENTECOSTÉS DE 2016

Ver aquí

La Epístola de este Domingo está tomada de la Iª Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios.

Sólo lo destacado en azul es lo que trae nuestro Misal; pero es muy útil meditar todo al pasaje del capítulo X, con el contexto de los versículos 1 al 22:

No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos debajo de la nube, y todos pasaron por el mar; y todos en orden a Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar; y todos comieron el mismo manjar espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual, puesto que bebían de una piedra espiritual que les iba siguiendo, y la piedra era Cristo. Con todo, la mayor parte de ellos no agradó a Dios, pues fueron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron como figuras para nosotros; a fin de que no codiciemos lo malo como ellos codiciaron. No seáis, pues, idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: “Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantaron para danzar.” No cometamos, pues, fornicación, como algunos de ellos la cometieron y cayeron en un solo día veintitrés mil. No tentemos, pues, al Señor, como algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. No murmuréis, pues, como algunos de ellos murmuraron y perecieron a manos del Exterminador. Todo esto les sucedió a ellos en figura, y fue escrito para amonestación de nosotros, para quienes ha venido el fin de las edades. Por tanto, el que cree estar en pie, cuide de no caer. No nos ha sobrevenido tentación que no sea humana; y Dios es fiel y no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que aun junto a la tentación preparará la salida, para que podáis sobrellevarla. Por lo cual, amados míos, huid de la idolatría. Os hablo como a prudentes; juzgad vosotros mismos de lo que os digo: El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Dado que uno es el pan, un cuerpo somos los muchos; pues todos participamos del único Pan. Mirad al Israel según la carne. ¿Acaso los que comen de las víctimas no entran en comunión con el altar? ¿Qué es, pues, lo que digo? ¿Que lo inmolado a los ídolos es algo? ¿O que el ídolo es algo? Al contrario, digo que lo que inmolan los gentiles, a los demonios lo inmolan, y no a Dios, y no quiero que vosotros entréis en comunión con los demonios. No podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O es que queremos provocar a celos al Señor? ¿Somos acaso más fuertes que Él?

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Si leemos toda la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, podemos apreciar que en este capítulo décimo el Apóstol sigue presentando razones para mover a los corintios a que sean muy cautos en la cuestión de lo ofrecido a los ídolos.

Y ahora los exhorta, poniéndoles delante el peligro de caer en la idolatría.

Con esa finalidad les dice que no se fíen demasiado de sí mismos; y tengan presente el caso de los israelitas en su salida de Egipto, regalados todos por Dios con extraordinarios favores, y, sin embargo, la mayor parte de ellos fue descalificada, sin lograr llegar hasta la meta…; aunque fueron seiscientos mil combatientes los que pasaron el Mar Rojo, sólo dos lograron entrar en la Tierra Prometida.

Este ejemplo era tanto más expresivo para los corintios, cuanto que la comunidad israelítica del desierto era considerada por las primitivas comunidades cristianas como la comunidad ideal.

Es así como se entienden mejor las aplicaciones que aquí hace San Pablo.

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Comienza haciendo notar las gracias extraordinarias con que Dios favoreció a los israelitas: todos estuvieron bajo la nube, todos pasaron el mar, todos fueron bautizados en Moisés, todos comieron el mismo pan y todos bebieron la misma bebida.

Las alusiones a determinados hechos históricos narrados en la Biblia son claras: la nube, el paso del mar Rojo, el maná, el agua que brotó de la roca.

Alude San Pablo al éxodo de los israelitas de Egipto bajo Moisés cuando pasaron el Mar Rojo, guiados por una nube que les daba sombra de día y los iluminaba de noche.

Sin embargo, es muy de notar el modo como San Pablo presenta esos hechos, proyectando sobre ellos la imagen de otros hechos cristianos (los Sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía), de los que aquéllos habían sido tipo o figura.

Estas cosas sucedieron como figuras para nosotros: es decir, así como los israelitas fueron bautizados en la nube y en el mar, y alimentados con un manjar espiritual, así también nosotros recibimos las aguas del Bautismo y el Pan del Cielo en la Sagrada Eucaristía.

Guiados por la nube, signo de la presencia y protección de Yahvé, y atravesando el mar, que los liberaba del dominio del faraón, los israelitas quedaron vinculados a Moisés, el caudillo elegido por Dios para mediador de la Alianza que pensaba establecer; lo mismo que, por el Bautismo, los cristianos quedamos, aunque en más alto grado, vinculados a Cristo, el Mediador de la Nueva Alianza.

En cuanto al maná y al agua que brota de la roca, los llama comida y bebida espiritual, no sólo en razón de su origen sobrenatural, sino también en cuanto a su carácter prefigurativo del pan y del vino eucarísticos.

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Todos bebieron la misma bebida espiritual

Hasta aquí, la parte hermosa de la medalla; mas viene en seguida el reverso…

El adjetivo todos se repite cinco veces para acentuar que, aunque todo Israel recibió aquellas bendiciones, sólo un pequeño número entró en la tierra prometida.

¡Gran contraste entre todos  y  la mayor parte de ellos no agradó a Dios…!

Fueron muchos los favores concedidos a los israelitas, pero la mayor parte de ellos pereció en el desierto, víctima de la cólera divina…

También aquí son claras las alusiones a determinados hechos históricos narrados en la Biblia: el desagrado divino castigándoles a morir en el desierto, la añoranza por las carnes y pescados de Egipto, las danzas del pueblo en torno al becerro de oro, la fornicación con las mujeres de Moab, las quejas contra el Señor de que no les dé otra comida que el maná, las murmuraciones contra Moisés y Aarón…

¡Pueblo sensual, de dura cerviz y fornicador!

Fornicar se usa generalmente en la Sagrada Escritura para señalar cuanta infidelidad se esconde en la idolatría. Aquí se refiere a la prevaricación con las moabitas.

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Presentada así la medalla por las dos caras, San Pablo saca la conclusión: Todo esto les sucedió a ellos en figura, y fue escrito para amonestación de nosotros, para quienes ha venido el fin de las edades.

El fin de las edades se inicia con la venida del Mesías, y en ella cobra realidad todo cuanto anteriormente Dios había preanunciado en figuras.

Que no se confíen, pues, demasiado los corintios; lo que sucedió a los israelitas, cayendo en la idolatría y fornicación, fácilmente puede sucederles a ellos, si no son cautos en la cuestión de lo inmolado a los ídolos.

¡Qué decir, de nosotros, que asistimos al fin del fin de las edades…!

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Para evitar toda especie de idolatría, el Apóstol da enseguida instrucciones sobre el misterio eucarístico y, descendiendo a la cuestión práctica, trata sobre la participación en banquetes sagrados.

Comienza con un aviso de carácter general, rogando a los corintios que se mantengan alejados de todo cuanto huela a idolatría, aviso que es consecuencia inmediata de lo que acaba de decirles sobre lo sucedido a los israelitas.

Luego, con exquisita delicadeza, les pide que ellos mismos sean jueces de lo que les va a decir.

Preparado así el terreno, propone ya el primer razonamiento, que es el siguiente: los fieles que participan de la Sagrada Eucaristía entran en comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, así como los que participan de los idolotitos, en los banquetes sacrificiales, entran en comunión con los demonios.

Como lo uno excluye lo otro, el que quiera estar unido a Cristo debe abstenerse de los banquetes sacrificiales; de lo contrario, provocaremos la ira del Señor, de la que no podremos escapar.

Este es el nudo y el nervio de la argumentación que propone San Pablo:

Por lo cual, amados míos, huid de la idolatría. Os hablo como a prudentes; juzgad vosotros mismos de lo que os digo: El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Mirad al Israel según la carne. ¿Acaso los que comen de las víctimas no entran en comunión con el altar? ¿Qué es, pues, lo que digo? Digo que lo que inmolan los gentiles, a los demonios lo inmolan, y no a Dios, y no quiero que vosotros entréis en comunión con los demonios. No podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O es que queremos provocar a celos al Señor?

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Algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes

Ahora bien, uno se pregunta: ¿cómo puede ser que, después de tales ejemplos y ante declaración tan fuerte como clara de San Pablo, después de gracias extraordinarias de 2000 años de enseñanza y de historia de la Santa Iglesia, tanto en la iglesia oficial, como en la Tradición en general, así como en la FSSPX en particular e incluso en la resistencia fláccida (en la medida que aún depende de la Neo-FSSPX), cómo puede ser, repito, se incurra en la fornicación espiritual, que no es otra cosa que idolatría y culto al demonio?

¿Usted piensa que exagero?

Debemos advertir que existe una relación entre los extraordinarios favores recibidos por los israelitas y las gracias extraordinarias recibidas en la Iglesia.

Gracias en el orden doctrinal, que implican a la iglesia oficial y a la Fraternidad: Misa y excomunión de la Tradición…

Gracias en el orden de la historia, que involucran a la Fraternidad y a la falsa Resistencia: palabras de Monseñor Lefebvre y persecución contra su persona y su obra…

Lo dicho para los corintios tiene todavía hoy actualidad…, y tal vez más que nunca… La crisis actual no es una crisis más, de la cual la sociedad y la Iglesia saldrán, como han salido de tantas otras… Asistimos a la crisis final…

Para comprobar que no hay exageración, consideremos algunos ejemplos solamente.

Respecto de la nueva misa bastarda montiniana:

Todos los conciliares conocían las enseñanzas de la Santa Iglesia respecto de la teología de la Santa Misa tal como fue formulada en la XXIIª Sesión del Concilio de Trento…; y sin embargo aceptaron la promulgación del Novus Ordo Missæ, que se aleja de manera impresionante, tanto en el conjunto como en el detalle, de aquella barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera menoscabar la integridad del Misterio.

Todos los tradicionales conocían tanto la doctrina católica tradicional como las desviaciones del Novus Ordo Missæ…; y sin embargo los sacerdotes de Campos, todos los institutos Ecclesia Dei y la misma FSSPX festejaron la promulgación del Motu proprio que afirma que la misa bastarda de Pablo VI y la Misa Tradicional son dos expresiones de la “lex orandi” de la Iglesia, que no inducen ninguna división de la “lex credendi” de la Iglesia, y que son, de hecho, dos usos del único rito romano.

Todos ellos festejaron (y festejan aún) ese documento, que sitúa la Misa legítima por debajo del nivel de la misa concubina, pues afirma que el Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la “lex orandi” de la Iglesia católica de rito latino, mientras que el Misal Romano promulgado por San Pío V debe considerarse como la expresión extraordinaria de la misma “lex orandi”.

Todos ellos conocían la teología de la Misa, resumida por las enseñanzas y condenas de Monseñor Marcel Lefebvre…; y sin embargo muchos siguen las desviaciones de uno de sus hijos en el episcopado que ha propuesto firmar una declaración que sostiene la “legitimidad de los sacramentos promulgados por Paulo VI y Juan Pablo II” y ha dicho que “Si Monseñor Lefebvre hubiese conocido la misa del NOM tal como se celebra en una abadía cercana a Florencia, no hubiese dado el paso que dio”.

Todos ellos conocían la teología de la Misa, resumida por las enseñanzas y condenas de Monseñor Marcel Lefebvre…; y sin embargo muchos siguen las desviaciones de uno de sus hijos en el episcopado que ha dicho que Todavía hay casos en que la nueva misa puede ser usada, y todavía es usada, para edificar la fe” y que “Hay casos en que incluso se puede asistir a la misa Novus Ordo con un efecto de edificar la propia fe en lugar de perderla”.

Todo esto les sucedió a ellos en figura, y fue escrito para amonestación de nosotros. Por lo cual, amados míos, huid de la idolatría… Lo que inmolan los gentiles, a los demonios lo inmolan, y no a Dios, y no quiero que vosotros entréis en comunión con los demonios. No podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios…

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Respecto de las excomuniones de 1988 y su levantamiento en 2009:

Todos los conciliares conocían las enseñanzas de la Santa Iglesia, cuerpo de doctrina que se puede resumir en una palabra: la Tradición…; y sin embargo condenaron a la Tradición, excomulgaron la Tradición en la persona de Monseñor Lefebvre.

Todos los miembros de la FSSPX conocían bien las palabras de Monseñor Lefebvre en su célebre sermón del eté chaud (verano caliente), 29 de junio de 1976: Mañana, tal vez, en los periódicos aparecerá nuestra condena, es muy posible, a causa de esta ordenación de hoy; probablemente seré castigado con una suspensión, estos jóvenes sacerdotes serán castigados con una irregularidad que, en principio, debería impedirles rezar la Santa Misa. Es posible. ¡Y bueno! Apelo a San Pío V (…) Y por lo tanto, esta censura, esta excomunión, estas censuras, si las hubiese, serán absolutamente inválidas…; y sin embargo aceptaron, casi unánimemente, el levantamiento de las excomuniones en enero de 2009.

Todos los miembros de la FSSPX conocían bien las palabras de Monseñor Lefebvre durante los interrogatorios del 11 y 12 de enero de 1979: Estimo que todas las medidas que se han tomado contra mí son ilegales, y que, por lo tanto, ni yo ni los seminaristas que ordeno caen bajo el golpe de las penas canónicas…; y sin embargo, en su inmensa mayoría, festejaron y agradecieron el levantamiento de las excomuniones en enero de 2009.

Todos los miembros de la FSSPX conocían bien las palabras de Monseñor Lefebvre en su histórico sermón de las consagraciones episcopales, del 30 de junio de 1988: Realizamos un acto que será tildado sin duda en los periódicos de cisma, excomunión, todo lo que quieran; mas nosotros estamos convencidos de que todas estas acusaciones de las que somos objeto, todas estas sanciones son nulas, absolutamente nulas. Por eso no hacemos ningún caso de ellas. De la misma forma que no hemos tenido en cuenta la suspensión a divinis…; y sin embargo, salvo honrosas excepciones, reconocieron la validez del decreto que, al mismo tiempo que levanta la excomunión a los cuatro Obispos traidores, sigue señalando como excomulgados a sus dos consagrantes.

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Respecto de la regularización canónica:

Todos los miembros de la FSSPX conocían las palabras de su Fundador: Somos suspendidos a divinis por la iglesia conciliar y para la iglesia conciliar, de la cual no queremos formar parte.  (…) Esta iglesia conciliar es una iglesia cismática, porque rompe con la Iglesia Católica de siempre. Tiene sus nuevos dogmas, su nuevo sacerdocio, sus instituciones nuevas, su nuevo culto, ya condenados por la Iglesia en muchos documentos oficiales y definitivos (…) Esta iglesia conciliar es cismática porque ha tomado por base de su puesta al día principios opuestos a los de la Iglesia Católica (…) La iglesia que afirma tales errores es cismática y herética. Esta iglesia conciliar, por tanto, no es católica…; y sin embargo ahora han aceptado sin contestación alguna de la Roma apóstata y anticristo el nombramiento de su Superior General como Juez de primera instancia, la jurisdicción ordinaria para las confesiones, la autorización para los sacramentos de la Extremaunción y del Sacerdocio… [agreguemos hoy la concesión de la jurisdicción ordinaria para los matrimonios].

Todos los miembros de la FSSPX, así como los de la Resistencia Fláccida, conocen la Carta de los Superiores del 6 de julio de 1988, que contiene duros conceptos, tales como: nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de iglesia conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad”; “no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable”; “No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles”; “los fieles tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista”…; y sin embargo han aceptado que sus jefes estén dispuestos a ir a Roma para recibir reconocimientos canónicos de los apóstatas anticristos.

Todos ellos han conocido los frutos amargos del Concilio después de 50 años; todos ellos se han escandalizado de la reconciliación de Dom Gérard (en 1988), de Campos (en 2002), de los Redentoristas (en 2008)…; y sin embargo siguen buscando y/o aceptando un reconocimiento canónico.

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Sobre algunos puntos en particular:

Todos han recibido la esclarecedora advertencia de Monseñor Lefebvre que debía guiarlos en medio de las tinieblas del fin de los tiempos: Roma ha perdido la fe, mis queridos amigos. Roma está en la apostasía…; y sin embargo han llegado a considerar como anormal su situación, y no la de la Roma anticristo que fornica con los reyes de la tierra; a punto tal que ahora dicen, con el Padre Schmidberger: parece que llegó el momento de una normalización de la Fraternidad.

No cometamos, pues, fornicación, como algunos de ellos la cometieron y cayeron en un solo día veintitrés mil…

Todos recitaron Rosarios y más Rosarios…; y sin embargo sus oraciones no han sido agradables a Nuestro Señor porque fueron utilizadas para cubrir su traición. Ya están castigados por las divisiones internas, el aflojamiento doctrinal, el liberalismo en las costumbres…

No tentemos, pues, al Señor, como algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes…

Todos han leído los Evangelios y los Padres de la Iglesia…; y sin embargo no han podido reconocer los signos del fin de los tiempos.

También todos leen en San Luis María Grignion de Montfort: Y si mi amable Jesús viene, en su gloria, por segunda vez a la tierra (como es cierto) para reinar en ella, no elegirá otro camino para su viaje que la divina María, por la cual tan segura y perfectamente ha venido por primera vez…; y sin embargo predican una restauración y esperan un triunfo de María anterior al Anticristo y a la Parusía de Nuestro Señor.

Todo esto les sucedió a ellos en figura, y fue escrito para amonestación de nosotros, para quienes ha venido el fin de las edades.

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¡Qué decir, de nosotros, que asistimos al fin del fin de las edades…!

Visto y considerado todo esto, prestemos gran atención a la advertencia que trae el Evangelio de este Domingo:

¡Ah si en este día conocieras también tú lo que sería para la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, y tus enemigos te circunvalarán con un vallado, y te cercarán en derredor y te estrecharán de todas partes; derribarán por tierra a ti, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo en que has sido visitada.