BROTA UNA “IGLESIA SANITARIA”

Parte del siguiente artículo pertenece a Atila Sinke Guimarães

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Francisco, teatral, pretende estar en pánico para cerrar iglesias y prohibir los sacramentos

El peligro de contaminación

La Historia de la Iglesia está llena de ejemplos de plagas en las que los prelados católicos y el clero fueron los primeros en exponerse al contagio para ayudar a aquellos cuyas vidas estaban en peligro y necesitaban los sacramentos.

Un caso paradigmático es el de San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milán, que en el siglo XVI expuso su vida diaria durante dos años visitando a los afectados por una plaga, incluidas las personas con lepra. Ni él, ni los sacerdotes y monjes que lo ayudaron en esa sublime tarea, se contagiaron. Sin embargo, muchos de los que huyeron a lugares “seguros” murieron como consecuencia de la peste…

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San Carlos Borromeo visitando a las víctimas de la plaga: no suspendió ni Misas ni Sacramentos

San Carlos Borromeo no suspendió Misas. En cambio, las multiplicó; y cuando las iglesias estaban demasiado llenas, decía Misas al aire libre. En aquellos barrios especialmente asediados por la plaga y sin iglesias, erigió pabellones donde el público se reuniría para asistir a las Misas que allí se rezaban.

Pero, para la falsa iglesia conciliar, esas reglas de caridad para los enfermos y para la salvación de sus almas no se aplican. Bergoglio, junto con sus prelados progresistas y el clero, huyó en masa y dejó a todos los católicos en Italia valerse por sí mismos, tanto física como espiritualmente, sin proporcionar ningún tipo de cuidado espiritual personal, ni ningún tipo de ayuda física para los enfermos. Las iglesias fueron cerradas y los “sacramentos” prohibidos. Los pocos sacerdotes que no cumplieron fueron castigados rigurosamente.

Todos los católicos fueron dispensados de su obligación dominical. Se les dijo a los fieles que se ayudaran con las “misas” por TV e Internet, contradiciendo las reglas previas específicas contra esta práctica.

Incluso la “confesión” y la “unción de los enfermos” fueron negadas a quienes las necesitaban. Bajo una fuerte presión, Francisco emitió a través de la Penitenciaría Apostólica dos decretos confusos sobre la contrición y la absolución general, dando la impresión de que cada católico podía confesar sus pecados directamente a Dios, en lugar de la “confesión” auricular y alentando a los obispos y sacerdotes a dar absoluciones generales.

Esta posición de la falsa iglesia conciliar habla por sí misma de su pérdida de fe y apostasía. También habla en voz alta de la cobardía de sus clérigos, que corrían como ratas para esconderse en sus agujeros.

A pesar de este fracaso moral y traición espiritual, la acción de la jerarquía progresista contribuyó poderosamente al pánico general. Italia encontró en el ejemplo del “Papa” y el “Episcopado” un modelo para imitar, y también entró en pánico a sus casas. Es decir, ante el brote de virus, influyeron en los laicos para que adoptaran las medidas de la Escuela Wuhan y no de la escuela del sentido común.

No debemos ignorar que España, el segundo país en entrar en pánico en este brote, también fue fuertemente influenciada por su “clero” para adoptar el mismo camino.

Entonces, en la implementación de las soluciones de la Escuela Wuhan para combatir el virus, el papel de la falsa Iglesia ha sido notable.

Paralelamente, permítanme enfatizar que el Vaticano ha sido durante años un admirador ferviente de la inmigración china a Italia, del gobierno comunista de China y de su manejo del brote de Covid.

La obligación de cumplir con las autoridades civiles

Desde que la Iglesia abandonó las Catacumbas (315), ella ha luchado implacablemente contra la interferencia de las autoridades temporales en su vida. El episodio de Canossa (1077), donde el emperador Enrique IV hizo penitencia ante el papa Gregorio VII para revertir su excomunión, marcó su victoria sobre el Imperio y su independencia total de la autoridad temporal, así como su superioridad sobre él. Esta independencia fue reafirmada brillantemente por Bonifacio VIII en su Bula Unam Sanctam (1302).

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El Emperador Enrique IV aparece ante San Gregorio VII como penitente y le pide al Papa que levante su excomunión

La Ilustración y la Revolución Francesa intentaron hacer que la Iglesia volviera a depender del Estado. Pero la Iglesia Católica no cedió. Pío IX fue bastante categórico cuando, en el Syllabus (1864), excomulgó a quienes defienden las siguientes proposiciones:

XLI. Corresponde a la potestad civil, aunque la ejercite un Señor infiel, la potestad indirecta negativa sobre las cosas sagradas; y de aquí no sólo el derecho que dicen del Exequatur, sino el derecho que llaman de apelación ab abusu.

XLII. En caso de colisión entre las leyes de una y otra potestad debe prevalecer el derecho civil.

XLIV. La autoridad civil puede inmiscuirse en las cosas que tocan a la Religión, costumbres y régimen espiritual; y así puede juzgar de las instrucciones que los Pastores de la Iglesia suelen dar para dirigir las conciencias, según lo pide su mismo cargo, y puede asimismo hacer reglamentos para la administración de los sacramentos, y sobre las disposiciones necesarias para recibirlos.

En resumen, la Iglesia Católica como la única Iglesia Verdadera fundada por Nuestro Señor y predicando la única Fe Verdadera merece ser tratada por el Estado como tal. Ella tiene el derecho de la verdad. Ella no puede ser colocada en el mismo nivel que otras religiones que predican falsas creencias.

Sin embargo, en 1965, Pablo VI visitó la ONU, y en su discurso elogió altamente esta organización temporal que pretende reemplazar los imperios del pasado. También se inclinó ante los principios de la Ilustración y defendió la fraternidad, la igualdad y la libertad, y más específicamente la libertad religiosa. Entre otras cosas él dijo:

“Lo que vosotros proclamáis aquí son los derechos y los deberes fundamentales del hombre, su dignidad y libertad y, ante todo, la libertad religiosa. Sentimos que sois los intérpretes de lo que la sabiduría humana tiene de más elevado, diríamos casi su carácter sagrado. Porque se trata, ante todo, de la vida del hombre y la vida humana es sagrada. Nadie puede osar atentar contra ella. Es en vuestra Asamblea donde el respeto de la vida, aun en lo que se refiere al gran problema de la natalidad, debe hallar su más alta expresión y su defensa más razonable. Vuestra tarea es hacer de modo que abunde el pan en la mesa de la humanidad y no auspiciar un control artificial de los nacimientos, que seria irracional, con miras a disminuir el número de convidados al banquete de la vida” (N° 12; ver aquí ).

Suena a ironía, ¿no?…

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Medalla y sellos que conmemoran la visita de Pablo VI a la ONU el 4 de octubre de 1965

Fue una negación de facto de casi 1.500 años de enseñanza y práctica constante de la Iglesia.

De ese triste precedente surgió un nuevo enfoque del Estado moderno. En lugar de exigir un trato especial del Estado, como siempre lo había hecho antes, la Iglesia Conciliar aceptó ser tratada en pie de igualdad con las religiones falsas bajo el paraguas de la libertad religiosa.

Pero nunca antes del brote de Covid-19 la falsa iglesia conciliar ha estado tan subordinada al Estado. Frente a Covid-19, renunció a todos los derechos y permitió al Estado Civil interferir y dictar todo en su vida: sí, cuándo y cómo pueden abrirse las iglesias y administrarse los sacramentos.

Por lo tanto, la afirmación de que la Iglesia tuvo que obedecer a las autoridades es una negación de la política milenaria anterior de la Iglesia Católica y es un extremo vergonzoso incluso de la nueva política progresista inaugurada por Pablo VI.

Por estas razones, las autoridades religiosas nunca deberían haber aceptado esta interferencia.

Más que cualquier otro episodio desde el Vaticano II, la falsa iglesia conciliar ha mostrado sus colores al público durante este brote de Covid: apostasía de la fe, desinterés en los sufrimientos espirituales y físicos del rebaño, y actuar como un agente virtual de la agenda comunista.

¡He aquí la Iglesia Sanitaria Progresista!

Veamos lo que ha comenzado a implementar esta iglesia sanitaria…

“Comuniones”

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“Confesiones”

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“Video confesiones”

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“Bautismos

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“Cenas Eucarísticas”

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“Cenas por Instagram”

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Y podríamos poner miles de ejemplos más, pero ya nos parece demasiado, no queremos escandalizar demasiado…

Aunque, sí… demos un pasito más…; pero ¡cuidado!, porque esto contagia en serio…:

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