JORGE DORE- Culpabilidad y victimización de las masas:

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La culpabilidad

Vivimos graves tiempos en que, insidiosa y sistemáticamente, nuestros corruptos políticos al servicio del progresivismo mundialista y a través de los habituales medios de desinformación masiva, intentan –a toda costa– convencernos de culpabilidad. Así buscan que seamos culpables de ser blancos, que seamos culpables de vivir y destruir la Tierra, que seamos culpables de respirar, que seamos culpables de comer carne, que seamos culpables de poseer bienes y ser exitosos, que seamos culpables de procrear, que seamos culpables de tener un sexo definido, que seamos culpables de nuestro pasado, que seamos culpables de sentirnos patriotas, que seamos culpables de tener fronteras, que seamos culpables de tener armas para defendernos, que seamos culpables de ser conservadores, que seamos culpables de ser cristianos, que seamos culpables de ser objetivos… en resumen, que seamos culpables de rechazar su agenda globalista y luciferina con la cual pretenden confinarnos en sus mazmorras físicas e ideológicas mientras ellos hacen todo lo contrario y los idiotas útiles los apoyan. 

La victimización

Es maquiavélica obra de la actual ingeniería social victimizar a ciertos grupos –minoritarios o no– para incitarlos a destruir los fundamentos cristianos de la sociedad y proclamar mundialmente el culto al hombre y a su naturaleza caída. Es así como poco a poco primeramente se justifican, seguidamente se legalizan y finalmente se glorifican todas las perversiones, aberraciones, vicios y crímenes cometidos por supuestas “víctimas” que hoy fungen de críticos, perseguidores y verdugos de sus opositores. La victimización solivianta grupos que, adversos a Cristo, a la Revelación divina, al dogma y a la verdad concurren en una satánica revolución contra Dios y sus fieles en pro de la creación de un utópico paraíso en la Tierra y la “total” liberación del hombre. Pero estos grupos victimizados –de triunfar su satánica revolución– tal cual se ha visto tantas veces en regímenes totalitarios, acabarán siendo, cuando menos, purgados por sus propios auspiciadores y condenados a sufrir la misma esclavitud del resto o –peor aún– borrados del tablero para siempre una vez que hayan prestado sus ruines servicios a sus amos.