
DICHOSOS
Dichosos los que fijan sus ojos en las cumbres
y se abren paso a fuerza de amor y de constancia,
que sufren en silencio sus más pesadas cruces
y viven como humildes y fieles luminarias.
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Dichosos los que guardan distancia con el mundo
y sin embargo llenan el mundo de esperanza,
que cuidan y preservan sus corazones puros
y en paz encuentran tiempo para crecer sus alas.
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Dichosos los que beben de la sabiduría
de siglos y atesoran costumbres milenarias
–sólido fundamento de esas fervientes vidas
que ocultan sus riquezas en celestiales arcas.
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Dichosos los que honran la fe de sus ancestros
sin cambiar una tilde, y al blandir sus espadas
cargan contra insidiosos y diabólicos credos
que infestan y corrompen las conciencias humanas.
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Dichosos los que tienen a Jesús por Mesías
y a su bendita Madre como auxilio del alma,
a la cruz por enseña, a su Dios por justicia
y a la Iglesia católica por Santa e Inmaculada.
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Dichosos, sí, dichosos, los que habiendo caído,
tras sacudir el polvo de sus heridas plantas
¡vuelven fortalecidos a batallar por Cristo
mientras la noche dure, hasta que rompa el alba!
