MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

Por la fe hicieron los Santos maravillas, sufrieron persecuciones, practicaron virtudes excelentes, y padecieron con heróica constancia todo género de adversidades. Y bien, ¿no tenemos nosotros la misma fe? ¿no profesamos La misma religión? Pues, ¿en qué consiste que seamos tan poco parecidos a ellos? ¿en qué consiste que imitemos tan poco sus ejemplos? Siguiendo un camino enteramente opuesto al que los Santos siguieron, ¿nos podemos racionalmente lisonjear de que llegaremos al mismo término? Una de dos, o los Santos hicieron demasiado, o nosotros no hacemos lo bastante para ser lo que ellos fueron. ¿Nos atreveremos a decir que los Santos hicieron demasiado para conseguir el cielo, para merecer la gloria, y para lograr la eterna felicidad que están gozando? Muy de otra manera discurrían ellos de lo que nosotros discurrimos; en la hora de la muerte, en aquel momento decisivo en que se miran las cosas como son, y en que de todas se hace el juicio que se debe, ninguno se arrepintió de haber hecho mucho, todos quisieran haber hecho mas, y no pocos temieron no haber hecho lo bastante.
Hoy nos encomendamos a:
SAN PERPETUO, OBISPO DE TOURS (C. 494 P.C.)

SAN PERPETUO sucedió a Eustoquio en la sede de Tours. Durante los treinta o mas años que gobernó la diócesis, luchó mucho por propagar la fe, imponer la disciplina y determinar los ayunos y fiestas en su territorio.
Entre otras cosas, decidió que se observara el ayuno un día por semana, probablemente el lunes, desde la fiesta de San Martín hasta la Navidad. San Gregorio de Tours, que escribió un siglo más tarde, dice que estas disposiciones se observaban todavía en su época.
San Perpetuo profesaba gran devoción a San Martín de Tours en cuyo honor construyó o ensanchó la basílica que lleva su nombre. Como la iglesia que San Bricio había construido sobre la tumba de San Martín resultaba demasiado pequeña para el número de peregrinos, San Perpetuo mandó trasladar las reliquias a la nueva basílica, cuya consagración tuvo lugar hacia el año 491.
La construcción había durado veintidós años. Se dice que el dolor que causaron al santo las invasiones de los godos y la propagación del arrianismo apresuraron su muerte. Unos quince años antes, había escrito su testamento; en caso de ser genuino, el documento sería de gran importancia. En él perdona el santo a todos sus deudores y concede la libertad a sus esclavos; deja a su iglesia su biblioteca y varias fincas, establece una fundación para las lámparas de la iglesia y la compra de vasos sagrados y señala a los pobres como herederos del resto de sus posesiones. El testamento empieza con estas palabras: «En el nombre de Jesucristo, Amén. Yo, Perpetuo, pecador, sacerdote de la Iglesia de Tours, no queriendo morir sin hacer testamento para evitar que los pobres queden defraudados . . .» Al fin del documento, el santo dirige estas palabras a sus herederos. «Vosotros, mis amadísimos hermanos, vosotros los pobres, los necesitados, los enfermos, las viudas y los huérfanos, vosotros que fuisteis mi alegría y mi corona, sois también mis herederos. Os dejo lodo lo que tengo, excepto las cosas que he indicado más arriba. Os dejo mis campos, pastizales, viñedos, casas, jardines, aguas, molinos, oro, plata y vestidos . . .» Perpetuo dejó a su hermana, Fidia Julia Perpetua, una crucecita de oro con algunas reliquias; a una iglesia, una píxide de plata para el Santísimo Sacramento. Por la manera como se expresa el santo acerca de la píxide, se puede suponer que en aquella época prevalecía la costumbre de reservar al Santísimo Sacramento en una caja en forma de nave, que se colgaba encima del altar.
VIDAS DE LOS SANTOS
CROISSET
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