CONSERVANDO LOS RESTOS
SUMA TEOLÓGICA
IIIa Parte
Cuestión 68
LOS QUE RECIBEN EL BAUTISMO I
Ahora nos corresponde hablar de los que han de recibir el bautismo. Esta cuestión plantea y exige respuesta a doce problemas:
1º. ¿Están obligados todos a recibir el bautismo?
2º. ¿Puede salvarse alguien sin el bautismo?
3º.¿Debe diferirse el bautismo?
4º. ¿Han de ser bautizados los pecadores?
5º. ¿Se les ha de imponer obras satisfactorias a los pecadores bautizados?
6º. ¿Se requiere para el bautismo la confesión de los pecados?
7º. ¿Se requiere la intención por parte del bautizado?
8º. ¿Se requiere la fe?
9º. ¿Han de ser bautizados los niños?
10º. ¿Han de ser bautizados los niños de los judíos contra la voluntad de sus padres?
11º. ¿Deben ser bautizados los que están en el útero materno?
12º. ¿Deben ser bautizados los exaltados y los dementes?
ARTÍCULO 1
¿Están obligados todos a recibir el bautismo?
Objeciones por las que parece que no todos están obligados a recibir el bautismo:
1ª. Cristo no ha estrechado la vía de la salvación a los hombres. Pero antes de la venida de Cristo los hombres podían salvarse sin el bautismo. Luego también después de la venida de Cristo.
2ª. El bautismo ha sido instituido principalmente como remedio del pecado original. Pero el que se bautizó, puesto que ya no tiene pecado original, no se ve cómo pueda transmitirlo a la prole. Luego los hijos de los bautizados no parece que hayan de ser bautizados.
3ª. El bautismo se da para que uno quede purificado del pecado mediante la gracia. Pero esto lo consiguen los que son santificados en el vientre materno sin el bautismo. Luego éstos no están obligados a recibir el bautismo.
Contra esto está que se dice en Jn., 3, 5: El que no renazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Y en el libro De ecclesiasticis dogmatibus se dice: Creemos que sólo para los bautizados hay un camino de salvación.
Respondo que los hombres están obligados a todo aquello sin lo cual no pueden conseguir la salvación.
Ahora bien, está claro que nadie puede conseguir la salvación más que por Cristo, por lo que el Apóstol en Rom., 5, 18 dice: Como por el delito de uno solo llegó la condenación a todos los hombres, así por la justicia de uno solo llega a todos los hombres la justificación de la vida.
Pero el bautismo se da precisamente para esto, para que el hombre regenerado por Cristo se incorpore a Él y se convierta en un miembro suyo; por lo que se dice en Gal., 3, 17: Los que habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Él.
Luego es claro que todos están obligados a recibir el bautismo y que sin él no hay salvación para los hombres.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Nunca pudieron salvarse los hombres, ni siquiera antes de Cristo, sin convertirse en miembros de Cristo, porque, como se dice en Act., 4, 12: No se nos ha dado otro nombre a los hombres por el que podamos salvarnos. Pero antes de la venida de Cristo, los hombres eran incorporados a Cristo por la fe en su futura venida, de cuya fe era signo la circuncisión, como dice el Apóstol en Rom., 4, 11. Y antes de que fuese instituida la circuncisión, los hombres se incorporaban a Cristo, según dice San Gregorio, por la fe, testimoniada por los antiguos padres en la oblación de sacrificios. Pero después de la venida de Cristo, también los hombres se incorporan a Cristo por la fe, según aquello de Ef., 3, 17: que Cristo habite por la fe en vuestros corazones. No obstante, para manifestar la fe en una cosa presente se emplea un signo diferente del que se empleaba para manifestarla como futura, como también son diversas las palabras para significar el presente, el pasado y el futuro. Por eso, aunque el sacramento tal del bautismo no fuera siempre necesario para la salvación, la fe, de la que el bautismo es sacramento, siempre fue necesaria.
2ª. Los que se bautizan son renovados por el bautismo según el espíritu, mientras que el cuerpo permanece sometido a la vetustez del pecado, según aquello de Rom., 8, 10: El cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia. Por donde San Agustín deduce que en el hombre no se bautiza todo lo que hay en él. Ahora bien, es claro que el hombre, en la generación carnal, no engendra según el espíritu, sino según la carne. Y, por eso, los hijos de los bautizados nacen con el pecado original. Por lo que necesitan ser bautizados.
3ª. Los que son santificados en el seno materno consiguen, ciertamente, la gracia purificadora del pecado original, pero no por eso reciben el carácter que les configura a Cristo. Y, por eso, si alguno fuese santificado en el vientre de su madre actualmente, debería ser bautizado para que, recibiendo el carácter, quede conformado a los demás miembros de Cristo.
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ARTÍCULO 2
¿Puede salvarse alguien sin el bautismo?
Objeciones por las que parece que sin el bautismo nadie se puede salvar:
1ª. El Señor dice en Jn., 3, 5: Quien no renazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Pero solamente se salvan los que entran en el reino de Dios. Luego nadie puede salvarse sin el bautismo, con el que uno es regenerado por el agua y el Espíritu Santo.
2ª. En el libro De ecclesiasticis dogmatibus se dice: Creemos que ningún catecúmeno ha conseguido la vida eterna, aunque haya muerto en estado de buenas obras, excepción hecha del martirio, donde llegan a plenitud todos los sacramentales del bautismo. Ahora bien, si algunos pudiesen salvarse sin el bautismo, éstos deberían ser los catecúmenos de buenas costumbres, los cuales parecen tener la fe que obra por la caridad (Gal., 5, 6). Luego parece que sin el bautismo nadie se puede salvar.
3ª. El sacramento del bautismo es necesario para la salvación. Ahora bien, necesario es aquello sin lo cual una cosa no puede existir, como se dice en V Metaphys. Luego parece que sin el bautismo nadie puede conseguir la salvación.
Contra esto está que San Agustín dice: Algunos recibieron y les aprovechó la santificación invisible sin los sacramentos visibles. Mas la santificación visible, que tiene lugar por el sacramento visible, puede recibirse sin la invisible, pero no aprovecha. Y, puesto que el sacramento del bautismo pertenece a la santificación visible, parece que sin el sacramento del bautismo es posible conseguir la salvación por la santificación invisible.
Respondo que a uno le puede faltar el sacramento del bautismo de dos maneras.
Una, de hecho y de propósito, como ocurre a los que ni están bautizados ni quieren bautizarse.
Esta actitud, en los que tienen uso de razón, supone desprecio del sacramento. Por eso, aquellos a quienes les falta el bautismo de esta manera, no pueden conseguir la salvación, porque ni sacramental ni intencionalmente se incorporan a Cristo, por quien únicamente viene la salvación.
Otra, a uno le puede faltar el sacramento del bautismo de hecho pero no de propósito, como es el caso de quien desea recibir el bautismo pero inopinadamente es sorprendido por la muerte antes de recibirlo.
Este puede conseguir la salvación sin el bautismo de hecho, por el deseo del bautismo, un deseo que procede de la fe que actúa por la caridad, por la que el hombre es santificado interiormente por Dios, cuyo poder no está limitado a los sacramentos.
Por eso dice San Ambrosio de Valentiniano, muerto cuando era todavía catecúmeno: Yo perdí al que había de regenerar, pero él no perdió la gracia que había solicitado.
Respuesta a las objeciones:
1ª. En I Re., 16, 7 se lee: Los hombres miran las apariencias, pero Dios penetra el corazón. Ahora bien, quien desea ser regenerado por el agua y el Espíritu Santo en el bautismo, está ya regenerado en el corazón, aunque no lo esté en el cuerpo; y en este sentido dice el Apóstol en Rom., 2, 29 que la verdadera circuncisión, la del corazón, es según el Espíritu, y no según la letra, cuya alabanza viene no de los hombres, sino de Dios.
2ª. Nadie puede entrar en la vida eterna si no está absuelto de toda culpa y del reato de la pena. Esta absolución general se consigue por el bautismo y por el martirio, por lo que se dice que en el martirio llegan a plenitud todos los sacramentales del bautismo, o sea, la total liberación de la culpa y de la pena. Luego si muere un catecúmeno con deseo del bautismo (de otra manera no moriría en estado de buenas obras, que no se pueden hacer sin la fe que actúa por la caridad) no entra seguidamente en la vida eterna, sino que sufrirá la pena de sus pecados pasados, aunque se salvará, pero como quien pasa a través del fuego, como se dice en I Cor., 3, 15.
3ª. Se dice que el sacramento del bautismo es necesario para la salvación porque el hombre no se puede salvar si no tiene al menos deseo de recibirlo, el cual cuenta para Dios como realizado.
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ARTÍCULO 3
¿Debe diferirse el bautismo?
Objeciones por las que parece que el bautismo debe diferirse:
1ª. Dice el Papa San León Magno: Dos épocas, Pascua y Pentecostés, han sido constituidas por el Romano Pontífice como tiempos legítimos de administrar el bautismo. Por tanto, os exhortamos a que no señaléis otros días para esta práctica. Luego parece que no se puede bautizar inmediatamente, sino que debe diferirse el bautismo hasta los días señalados.
2ª. En las Actas del Concilio Agatense se lee: Los judíos, cuya perfidia conduce frecuentemente al vómito, si quisieran convertirse a las leyes católicas, que permanezcan a las puertas de la Iglesia durante ocho meses entre los catecúmenos, si se ve que vienen de buena fe; solamente entonces reciban la grada del bautismo. Luego no se ha de bautizar a los hombres inmediatamente, sino que se ha de diferir su bautismo hasta un cierto tiempo.
3ª. En Is., 27, 9 se dice: Este es todo el fruto, que desaparezca el pecado. Pero parece que se quita mejor el pecado, o al menos disminuye, si se difiere el bautismo. En primer lugar, porque los que pecan después del bautismo pecan más gravemente, según aquello de Heb., 10, 29: ¿De cuánto mayor castigo pensáis que será digno quien despreció la sangre en que fue santificado, o sea, por el bautismo? En segundo lugar, porque el bautismo quita los pecados pretéritos, pero no los futuros. Por lo que cuanto más se difiera el bautismo, tantos más pecados quitará. Luego parece que el bautismo debe diferirse largo tiempo.
Contra esto está que se dice en Eclo., 5, 8: No tardes en convertirte al Señor, y no lo difieras de un día para otro. Pero la perfecta conversión a Dios es la de aquellos que son regenerados en Cristo por el bautismo. Luego no debe diferirse el bautismo de un día para otro.
Respondo que aquí es preciso distinguir si los bautizados son niños o adultos. Porque si son niños no debe diferirse el bautismo.
Primero, porque no se puede esperar de ellos una mayor instrucción o una conversión más plena.
Segundo, ya que a ellos no se les puede auxiliar con otro remedio más que con el sacramento del bautismo.
Los adultos, en cambio, pueden salvarse con el solo deseo del bautismo, como acabamos de decir. Y, por eso, a los adultos no se les debe conferir el sacramento del bautismo inmediatamente después de convertirse, sino que conviene diferirlo por un cierto tiempo.
En primer lugar, por cautela de la Iglesia, no sea que se vea defraudada confiriéndolo a los que lo piden fingidamente, según las palabras de I Jn., 4, 1: No os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios.
Ahora bien, se tiene una prueba de aquellos que piden el bautismo cuando se examinan por un cierto tiempo su fe y sus costumbres.
En segundo lugar, esta espera es necesaria para el bien de los mismos que se bautizan, porque tienen necesidad de un espacio de tiempo para ser bien instruidos en la fe, y para que se vayan ejercitando en la práctica de la vida cristiana.
En tercer lugar, esta dilación es necesaria para mover a una cierta veneración al sacramento, ya que son admitidos los hombres al bautismo en las solemnidades más importantes, o sea, en Pascua y Pentecostés, con lo que recibirán el sacramento con mayor devoción.
Esta dilación, no obstante, deberá omitirse en dos ocasiones.
Primera, cuando los bautizandos están perfectamente instruidos en la fe y preparados para recibir el bautismo: así fue el caso de Felipe, que bautizó seguidamente al eunuco, según se dice en Act., 8, 36 ss.; y el de Pedro, que bautizó a Cornelio y a los que estaban con él, como se dice en Act., 10, 47-48.
Segunda, por enfermedad o cualquier otro peligro de muerte, por lo que el Papa León I escribe: Aquellos que se encuentran en peligro de muerte por enfermedad, asedio, persecución y naufragio deben ser bautizados en cualquier tiempo.
No obstante, si a alguno le sorprende la muerte sin poder recibir el bautismo de urgencia, mientras espera el tiempo establecido por la Iglesia, se salva, aunque atravesando fuego, como se ha dicho antes.
Pero peca quien difiere el bautismo más tiempo del establecido por la Iglesia, a no ser en caso necesario y con la licencia de los prelados de la Iglesia.
Pero también este pecado puede perdonarse con los otros por una posterior contrición, que hace las veces del bautismo, como se dijo más arriba.
Respuesta a las objeciones:
1ª. El mandato del Papa San León acerca de dos tiempos para el bautismo ha de entenderse excepto el caso de peligro de muerte (que en los niños siempre es de temer), como se ha dicho en la respuesta.
2ª. Esa norma relativa a los judíos ha sido establecida por la Iglesia de modo cautelar para no dañar la fe de la gente sencilla, en caso de que ésta no estuviese plenamente convertida. Y, sin embargo, como allí mismo se añade, si durante el tiempo determinado incurriesen en algún peligro de enfermedad, deben ser bautizados.
3ª. El bautismo, por la gracia que confiere, no sólo quita los pecados pasados, sino que también impide que se cometan pecados en el futuro. Y esto es lo más importante: que los hombres no pequen. Y es, en realidad, secundario el que pequen más levemente o que sean perdonados sus pecados, según la advertencia de I Jn., 2, 1-2: Hijos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos un abogado ante el Padre: Jesucristo, el justo. Él es propiciación por nuestros pecados.
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ARTÍCULO 4
¿Han de ser bautizados los pecadores?
Objeciones por las que parece que los pecadores han de ser bautizados:
1ª. Se dice en Zac., 13, 1: Aquel día habrá una fuente abierta en favor de la casa de David y de los habitantes de Jerusalén para la purificación de los pecados y de la inmundicia. Y esto se refiere a la fuente bautismal. Por tanto, el sacramento del bautismo debe darse también a los pecadores.
2ª. El Señor dice en Mt., 9, 12: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Pero aquí los enfermos son los pecadores. Luego, puesto que el bautismo es la medicina de este médico espiritual, que es Cristo, parece que a los pecadores se les ha de dar el sacramento del bautismo.
3ª. No debe negarse ningún auxilio a los pecadores. Pero los pecadores bautizados encuentran una ayuda espiritual en el mismo carácter bautismal, que es una disposición para la gracia. Luego parece que se ha de dar el sacramento del bautismo a los pecadores.
Contra esto está que dice San Agustín: El que te creó sin ti, no te salvará sin ti. Pero el pecador, puesto que no tiene la voluntad bien dispuesta, no coopera con Dios. Luego inútilmente se le da el bautismo para la justificación.
Respondo que se puede decir que alguien es pecador en dos sentidos.
Primero, por la mancha y el reato de la culpa pasada. Y a estos pecadores se les ha de dar el bautismo, porque el bautismo ha sido instituido especialmente para eso, para que por él queden purificadas las inmundicias de los pecadores, según la expresión de Ef., 5, 26: Purificándola, o sea, a la Iglesia, en el baño del agua con la palabra de vida.
Segundo, se puede decir que alguien es pecador por su voluntad de pecar y por su propósito de persistir en el pecado. Y a éstos no se les ha de dar el bautismo.
En primer lugar, porque mediante el bautismo los hombres quedan incorporados a Cristo, conforme a las palabras de Gal., 3, 27: Los que habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. Y mientras que el hombre persiste en la voluntad de pecar, no puede estar unido a Cristo, como se dice en II Cor., 6, 14: ¿Qué consorcio hay entre la Justina y la iniquidad? Por lo que también San Agustín, en su libro De Poenitentia, dice que nadie que sea dueño de su propia voluntad puede comenzar una vida nueva si no se arrepiente de la vida pasada.
En segundo lugar, porque en las obras de Cristo y de la Iglesia nada debe ser inútil.
Ahora bien, algo es inútil cuando no consigue el fin para el que ha sido destinado.
Pero nadie que persista en la voluntad de pecar puede, al mismo tiempo, ser purificado del pecado, que es a lo que está destinado el bautismo, porque esto equivale a afirmar al mismo tiempo dos cosas contradictorias.
En tercer lugar, porque en los signos sacramentales no debe haber falsedad.
Ahora bien, es signo falso aquel al que no corresponde la cosa significada.
Pero el hecho de que una persona se presente para ser lavada en el bautismo significa que está dispuesta a la ablución interior, lo que no ocurre con quien tiene propósito de persistir en el pecado.
De donde se concluye que a estos pecadores no se les puede dar el sacramento del bautismo.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Este texto se refiere a los pecadores que tienen voluntad de apartarse del pecado.
2ª. El médico espiritual, o sea, Cristo, actúa de dos modos. Uno, interiormente y por sí mismo, y de este modo predispone la voluntad del hombre para que quiera el bien y odie el mal. Otro, a través de sus ministros, administrando externamente los sacramentos. Y de este modo actúa perfeccionando lo que se ha comenzado externamente. Por lo que el sacramento del bautismo no se ha de dar más que a quien manifiesta signos de conversión interior. De la misma manera que la medicina corporal tampoco se da al enfermo si en él no se perciben signos de vida.
3ª. El bautismo es el sacramento de la fe. Pero la fe informe no basta para la salvación ni es su fundamento, sino sólo la fe formada, es decir, la fe que actúa por la caridad, como dice San Agustín en su libro De Fide et Operibus. Por donde se deduce que el sacramento del bautismo no puede otorgar la salvación con voluntad de pecar, la cual excluye la fe formada. Además, no se ha de disponer una persona a la gracia, imprimiendo en ella el carácter bautismal, mientras permanece en ella la voluntad de pecar, porque, como dice San Juan Damasceno, Dios no fuerza a nadie a la virtud.
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ARTÍCULO 5
¿Se les ha de imponer obras satisfactorias a los pecadores bautizados?
Objeciones por las que parece que a los pecadores bautizados se les ha de imponer obras satisfactorias:
1ª. Es propio de la justicia divina castigar a cada cual por cada uno de sus pecados, de acuerdo con lo dicho en Eclo., 12, 14: Dios convocará a juicio a cada una de las cosas que se hacen. Pero a los pecadores se les imponen obras satisfactorias como pena por los pecados pasados. Luego parece que a los pecadores bautizados se les ha de imponer obras satisfactorias.
2ª. Con las obras satisfactorias los pecadores neo-convertidos se ejercitan en la virtud y se apartan de las ocasiones de pecar, porque satisfacer es destruir las causas de los pecados y dificultar la recaída en ellos. Pero esto es sumamente necesario a los recién bautizados. Luego parece que se les han de imponer a los bautizados obras satisfactorias.
3ª. Dar satisfacción a Dios no es menos obligatorio para el hombre que dar satisfacción al prójimo. Ahora bien, a los recién bautizados se les impone la satisfacción al prójimo, si en algo lesionaron sus derechos. Luego también se les ha de imponer la satisfacción a Dios con obras de penitencia.
Contra esto está que comentando la frase de Rom., 11, 29: Los dones y la vocación de Dios son irrevocables, dice San Ambrosio: La gracia de Dios en el bautismo no requiere gemidos ni llantos ni ninguna otra obra, sino solamente fe, y todo se condona gratuitamente.
Respondo que como dice el Apóstol en Rom., 6, 3-4: Todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados para participar en su muerte. Hemos sido sepultados con él por el bautismo para participar de su muerte. De tal manera que el hombre, por el bautismo, queda incorporado a la misma muerte de Cristo.
Ahora bien, es claro que la muerte de Cristo es suficientemente satisfactoria por los pecados, no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo, como se dice en I Jn., 2, 2.
Por lo que, a quien se bautiza, no hay que imponerle ninguna satisfacción por ninguno de los pecados que tenga, ya que esto constituiría una injuria a la pasión y muerte de Cristo, y como dar a entender que esta muerte no habría sido suficiente para satisfacer plenamente por los pecados de los que se bautizan.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Como dice San Agustín en su libro De Baptismo Parvulorum: El bautismo sirve para que los que se bautizan se incorporen a Cristo como miembros suyos. Por eso, la pasión de Cristo fue satisfactoria por los pecados de los que se bautizan, como el sufrimiento de un miembro puede satisfacer por el pecado de otro miembro. Por lo que en Is., 53, 4 se dice: Eran nuestras enfermedades las que él llevaba, y nuestros dolores los que soportaba.
2ª. Los recién bautizados tienen que ejercitarse en la virtud no por obras penales, sino por obras más fáciles, como si fuesen promovidos por una especie de leche de fácil digestión a cosas más perfectas, como dice la Glosa, comentando aquello del Salmo 130, 2: Como un niño destetado en el regazo de su madre. Por eso el Señor excusó del ayuno a sus discípulos cuando hacía poco que se habían convertido, como consta en Mt., 9, 14ss. Y esto es lo que se dice en I Pe., 2, 2: Como niños recién nacidos, apeteced la leche espiritual afín de que crezcáis con ella para la salvación.
3ª. Restituir lo que se ha quitado al prójimo y satisfacer por las injurias inferidas es abandonar el pecado, porque el hecho mismo de retener lo ajeno y no restituir al prójimo es ya pecado. Y por eso, se ha de imponer a los pecadores bautizados que satisfagan al prójimo, lo mismo que se les impone que dejen de pecar. Pero no se les ha de imponer ninguna pena para satisfacer por los pecados pasados.
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ARTÍCULO 6
¿Están obligados a confesar sus pecados los pecadores que se acercan al bautismo?
Objeciones por las que parece que los pecadores que se acercan al bautismo están obligados a confesar sus pecados:
1ª. Se dice en Mt., 3, 6 que muchos eran bautizados por Juan en el Jordán confesando sus pecados. Pero el bautismo de Cristo es más perfecto que el bautismo de Juan. Luego parece que con mayor motivo los que han de ser bautizados con el bautismo de Cristo tengan que confesar sus pecados.
2ª. En Prov,. 28, 13 se dice: El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se enmienda alcanzará misericordia. Pero algunos se bautizan precisamente para esto, para conseguir misericordia de sus pecados. Luego los bautizados tienen que confesar sus pecados.
3ª. La penitencia es un requisito para el bautismo, según el texto de Act., 2, 38: Haced penitencia y que cada uno de vosotros se haga bautizar. Pero la confesión es parte de la penitencia. Luego parece que antes de recibir el bautismo se requiere la confesión de los pecados.
Contra esto está que la confesión de los pecados debe hacerse con lágrimas, como dice San Agustín en su libro De Poenitentia: Cada una de esta clase de pecados debe ser considerada y llorada. Pero, como dice San Ambrosio, la gracia de Dios en el bautismo no requiere gemidos ni llantos. Luego a los bautizandos no se les ha de exigir la confesión de los pecados.
Respondo que hay una doble confesión de los pecados.
Una, interior, que se hace a Dios. Y esta confesión de los pecados se requiere antes del bautismo, de tal manera que el hombre, reconociendo sus propios pecados, se duela de ellos, porque no puede comenzar una nueva vida si no se arrepiente de la vida pasada, como dice San Agustín en su libro De Poenitentia.
La otra confesión de los pecados es exterior, y se hace al sacerdote. Pues bien, esta confesión no se requiere antes del bautismo.
En primer lugar, porque esta confesión, puesto que hace entrar en causa la persona del ministro, pertenece al sacramento de la penitencia, que no se requiere antes del bautismo, que es la puerta de los otros sacramentos.
En segundo lugar, porque la confesión exterior, que se hace al sacerdote, tiene por finalidad que el sacerdote absuelva al penitente de sus pecados y le someta a unas obras de satisfacción que no se han de imponer a los bautizados. Y tampoco los bautizados tienen necesidad de que sus pecados sean perdonados a través de las llaves de la Iglesia, porque el bautismo les perdona todos.
En tercer lugar, porque la misma confesión privada hecha a un hombre es penosa por la vergüenza que origina en el que se confiesa. Ahora bien, al bautizado no se le pone ninguna pena externa.
Y, por eso, no se requiere que los que se bautizan hagan confesión especial de sus pecados, sino que es suficiente la confesión general que tiene lugar, según el rito de la Iglesia, cuando renuncian a Satanás y a todas sus obras.
Y en este sentido dice una Glosa de Mt., 3, 6 que en el bautismo de Juan se da a los bautizados un ejemplo de confesión de los pecados y de promesa de un comportamiento mejor.
No obstante, si alguno de los bautizados, movido por devoción, quisiera hacer confesión de sus pecados, debe oírse esta confesión no para imponerle una satisfacción, sino para orientarle en la vida espiritual contra sus pecados habituales.
Respuesta a las objeciones:
1ª. El bautismo de Juan no perdonaba los pecados, sino que era un bautismo de penitencia, Mc., 1, 4. Por tanto, era conveniente que quienes se acercaban a recibirlo confesasen sus pecados para imponerles una penitencia adecuada. Pero el bautismo de Cristo no requiere penitencia externa, como dice San Ambrosio. Luego no son comparables los dos bautismos.
2ª. A los bautizados les basta la confesión interior, hecha a Dios, y la exterior general para ser orientados y recibir misericordia, y no se requiere que hagan confesión especial exterior, como se ha dicho.
3ª. La confesión es una parte de la penitencia sacramental, que no se requiere para el bautismo, como se ha dicho. Pero sí que se requiere la virtud de la penitencia interior.
Continuará…

