Meditaciones de un viejo peregrino
Tan grande es el odio actual y generalizado instituido contra Cristo –camino, verdad y vida–, que muchos prefieren andar su propia y equívoca senda de ecumenismo religioso y tolerancia al error; en vez de aceptarlo como Verdad, promueven la burda falsedad de corrupciones tales como el feminismo o la ideología de género y en vez de reconocerlo como Vida, celebran la exaltación de la cultura de la muerte con su espantosa secuela de abortos y eutanasias como un magno triunfo digno del hombre moderno. En resumen: le rinden culto al Diablo, Padre de la mentira. Mas quienes hoy presumen de negar la existencia del infierno, trágicamente se han vuelto sus más notorios y entusiastas candidatos.

