MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA
Hoy nos encomendamos a:
San Audomaro, obispo y confesor.
Los franceses le llaman san Omer. Nació a fines del siglo VI y fue hijo único de Friulfo y de Domitila, nobles y ricos esposos que vivían en un pueblo junto al lago de Suavia. Recibió una educación conforme a su ilustre nacimiento, y correspondió tan perfectamente a la solicitud de sus piadosos padres, que siendo aun muy niño, era un modelo de todas las virtudes.
Habiendo perdido a su madre , el joven Audomaro se retiró a la abadía de Luxeual a doce leguas de Besanzon, donde desprendido de todos los lazos del mundo, se ocupó tan solo de los negocios de su salvación. Logró también que su padre le siguiese a la soledad, y vendiendo ambos cuanto tenían, lo repartieron entre los pobres. Padre e hijo hicieron su profesión en aquel monasterio, y en breve Audomaro se hizo nottar entre todos por sus esclarecidas virtudes.
Al poco tiempo quedó vacante la silla episcopal de Tarvana ó Terrovana, ciudad de la Galia Bélgica, en cuyo país reinaba entonces la idolatría mas grosera. El rey Dagoberto, que quería civilizar aquellos pueblos, buscaba un hombre apostólico que fuese capaz de llevar a cabo feliz aquella empresa, y puso los ojos en Audomaro, que a pesar de una obstinada resistencia, tuvo al fin que ceder, y fue consagrado obispo, por los últimos meses del año 637.
El cielo bendijo desde luego sus trabajos episcopales, y en breve se vio transformado aquel país en viña fértil de Jesucristo: los templos paganos se convirtieron en basílicas augustas donde brillaban los signos de nuestra redención; desaparecieron los ídolos y su culto, y el corazón de aquellos diocesanos se llenó del mas puro y verdadero espíritu del cristianismo. Por todas partes levantó templos al Dios verdadero; mandó misioneros a los países mas apartados; erigió varios monasterios y algunos asilos de beneficencia, y dejó en todas partes útiles reglamentos que dan prueba de su talento y santidad. En su vejez se quedó ciego, y esto le proporcionó dedicarse casi enteramente la contemplación, sin dejar por esto de predicar con mucha frecuencia a sus ovejas los mandamientos de la ley divina.
Después de ocho años de ceguera, acató santamente su vida el día 9 de septiembre del año 670, después de un pontificado de treinta a cuarenta años. En su sepulcro dispensó el Señor muchos y grandes prodigios, que han atestiguado hasta en los siglos venideros la santidad de Audomaro.
Leyenda de oro
R. Dr. José Palau

