¡Hoy rompes, Jesús mis lazos!
En la Orden de María
podré hallar todos los bienes
de verdad.
Si abandono a mi familia
entrañable,
de tus celestes favores tú la sabrás colmar.
Y a mí el perdón me darás de los pobres pecadores…
En el Carmelo, Jesús,
debo vivir, pues tu amor
a este oasis me ha llamado.
Aquí te quiero seguir,
amarte, y pronto morir .
¡Aquí, mi Jesús, aquí!
En este día, Señor, colmas todos mis deseos.
En adelante podré, cerca de la Eucaristía ,
inmolarme noche y día, inmolarme silenciosa,
y esperar en paz y en calma tu llegada para el cielo.
Exponiéndome a los rayos de la hostia inmaculada,
en esta hoguera de amor pronto me iré consumiendo,
y te amaré, Jesús mío, como un serafín del cielo.
Cuando terminen, Señor,
mis días aquí en la tierra,
que será pronto, a la playa
eterna te seguiré.
¡En el cielo vivir siempre!
¡Amarte y nunca morir!
¡Para siempre! ¡Para siempre…!

