OFRECIMIENTO DEL SANTÍSIMO ROSARIO

SEGÚN EL USO

DE LA SAGRADA RELIGIÓN

DE NUESTRO PADRE

SANTO DOMINGO DE GUZMAN

Madrid, 1823

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ADVERTENCIA PRELIMINAR

Aunque pudiera tenerse por excusada cualquiera explicación que se hiciese del Santísimo Rosario, por ser una devoción tan general, tan conocida de todos los cristianos, que parece no puede caber ignorancia de lo que es en sí mismo el Rosario, la experiencia acredita que son muchos los que lo ignoran. Por eso es muy conveniente tocar, aun con toda brevedad, qué cosa sea el Rosario, quién fue su autor, cuáles han sido sus progresos, y cómo debe rezarse para conseguir sus admirables frutos.El Santo Rosario es una sagrada fórmula de orar a Dios en honor de María Santísima, en la cual rezando quince decenas de Ave Marías, interponiendo a cada uno de ellas un Padre Nuestro, se meditan quince principales misterios de la Redención del mundo.

De esta manera lo explican los Sumos Pontífices León X, Julio III, y San Pío V.

Por estas solas razones se conoce la excelencia del Santísimo Rosario sobre todas las demás devociones:

Primero, por las oraciones que comprende, que son el Padre Nuestro, que reconoce por autor a Jesucristo, y el Ave María, cuya primera parte la pronunció el Arcángel San Gabriel, a saber: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres: la segunda, que es, y bendito es el fruto de tu vientre, la dijo Santa Isabel llena del Espíritu Santo, y la tercera la compuso nuestra Madre la Iglesia; y así no puede haber más noble género de oraciones que las que reconocen tan nobles y divinos autores.

Lo segundo, porque siendo las meditaciones de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo las principales en que debe ocuparse todo cristiano, en el Rosario se encierra la mayor parte de estos misterios, y así excede a todas las demás consideraciones piadosas en que puede ejercitarse el alma.

Consta este Rosario de ciento cincuenta Ave Marías, a imitación del Salterio de David, que contiene ciento y cincuenta Salmos; y así en su principio no se llamó Rosario esta santa devoción, sino Salterio de la Virgen, por componerse del mismo número de salutaciones Angélicas, que aquel de Salmos, y meditarse en el de la Virgen con claridad los misterios que en el de David se anunciaron en profecía.

Se divide en tres partes: en la primera se contienen los misterios Gozosos, en la segunda los Dolorosos, y en la tercera los Gloriosos, comprendiendo de este modo cuanto nuestra Religión venera de más admirable en la vida de su Divino Redentor.

Quién haya sido el autor de tan celestial devoción, nadie puede dudarlo; pues es constante que fue el glorioso Padre Santo Domingo de Guzmán, fundador de la sagrada orden de Predicadores, el cual hallándose en Tolosa de Francia predicando contra la herejía de los Albigenses, como viese la dureza de sus corazones, movido de ardiente caridad, se retiró a una cueva a aplacar la ira de Dios con rigorosos ayunos y sangrientas disciplinas. Un día, entre otros, derramando abundantísimas lágrimas, y con fervorosas oraciones implorando la piedad de la Madre de misericordia, se le apareció esta Señora, diciéndole: “Hijo mío, querido Domingo, no te aflijas ni desmayes por ver la obstinación de esos pecadores; predícales mi Rosario, y en breve quedarán convertidos.” Así lo hizo, y desde aquel día fueron tantas y tales las conversiones, que se dejaba ver la singular protección de María Santísima para con sus devotos, y se vio cumplido lo que la misma Reina Soberana le dijo en otra ocasión con estas palabras: “Yo prometo a los devotos de mi Rosario que serán purificados con la sangre de mi Hijo, y en vida serán mudados de malos en buenos, y de buenos en mejores, y me tendrán siempre a su lado para patrocinarlos”. Desde este tiempo no solo el Patriarca predicaba y exhortaba continuamente a la devoción del Santísimo Rosario, fundando Cofradías en todas partes, sino que lo encargó a sus hijos los frailes Predicadores, dejándoles como mayorazgo esta santa institución.

Los Sumos Pontífices han atestiguado repetidas veces ser este Santo Patriarca el autor y fundador del Santísimo Rosario. Esto abiertamente aseguran León X, San Pío V, Gregorio XIII, Sixto V, Clemente X, Benedicto XIV. Baste por todos el oír a San Pío V en su Bula dada en Roma a 17 de Setiembre de 1569, que empieza: Consueverunt Romani Pontifices, en que dice lo siguiente: “Inspirado con la luz del Espíritu Santo, como piadosamente se cree, el Bienaventurado Santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores, en aquel tiempo en que la herejía de los Albigenses talaba miserablemente la Francia e Italia… buscando un modo de hacer oración fácil, accesible a todos, y en grande manera piadoso, inventó el Rosario o Salterio de la Virgen María, con el cual la misma Virgen es venerada con la salutación Angélica repetida ciento cincuenta veces, según el número de los Salmos de David, interpuesto un Padre nuestro a cada diez, con ciertas meditaciones que demuestran toda la vida de nuestro Redentor Jesucristo; y habiéndolo así inventado, lo extendió por todas las partes de la Santa Iglesia Romana; y divulgado por sus seguidores los frailes de dicha orden, comenzaron los fieles, encendidos con estas meditaciones, e inflamados con sus oraciones, a mudarse de repente en otros hombres, las tinieblas de las herejías a deshacerse, a descubrirse la luz de la católica Fe, y a fundarse Cofradías en diversos lugares según esta forma de orar por los religiosos de la misma orden, legítimamente deputados por sus superiores, y a escribirse Cofrades en ellas, etc. Últimamente convence esta verdad al ver que los Sumos Pontífices sólo conceden las Indulgencias a las Cofradías fundadas por los frailes Predicadores y a los que sean escritos en ellas.

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La muchedumbre de milagros con que Dios ha favorecido a los devotos del Santísimo Rosario por la intercesión de la Reina de los Ángeles, en conversiones prodigiosas de los más obstinados pecadores, en la salud de los enfermos desahuciados, librando de pestes los pueblos, dando victorias en las batallas, sosegando las ciudades alborotadas, librando de naufragios, asistiendo a la hora de la muerte a sus devotos; concediendo al fin cuanto éstos debidamente piden, ha movido a los fieles a abrazar esta celestial devoción, corriendo todos a alistarse en las Cofradías, pareciéndoles, y con razón, que siendo Cofrades del Rosario aseguraban en gran parte su salvación, y conseguían todos los beneficios espirituales y temporales. De aquí han nacido los rápidos progresos que ha hecho esta saludable devoción, viniendo como a porfía los Papas, Reyes, Emperadores, Príncipes, Eclesiásticos y Seglares, hombres y mujeres a alistarse en la Cofradía, y acudiendo al Santísimo Rosario para lograr del Cielo el socorro en sus necesidades.

A él acudió San Pío V, y por su medio logró aquella admirable victoria naval contra los turcos en los mares de Lepanto. Al Rosario debió Roma verse libre de la peste en tiempo de Urbano VIII, quien mandando se cantase públicamente por las calles, asistió él mismo a la procesión, diciendo: Vamos a unir nuestras oraciones con las de estos devotos de María para que no perezcamos. Los Reyes de España, singularmente San Fernando el III y don Fernando el IV, a la devoción del Santísimo Rosario atribuyeron sus victorias, y así pusieron la saludable ordenanza, que hasta estos tiempos ha seguido, de que todas las tropas de mar y tierra rezasen diariamente el Rosario de Nuestra Señora.

Esta costumbre se observaba en todas las Iglesias Parroquiales del Orbe cristiano, de suerte que no se tenía por Católico quien no le rezase. A todo esto han atendido los Sumos Pontífices para conceder tan liberalmente las Indulgencias a cuantos le rezaren. Así lo asegura el Sumo Pontífice Clemente VII en su Bula Etsi temporalium de 20 de Mayo de 1534, donde dice: “Considerando cuán saludable y provechosa haya sido a nuestra Religión Cristiana la institución del Santo Rosario, y cuántos bienes por él la hayan venido, y vengan cada día, por cuyo motivo así los Eclesiásticos, como los Seglares, los hombres y las mujeres han llegado a tanto fervor de devoción, que Dios y la Virgen María, a cuyo honor desde sus principios fue instituido, no solo les ha honrado con gracias, sino también ilustrado con milagros y portentos: » Por tanto, Nos, etc.” La misma razón alega el Papa Sixto V en su Breve Dum inefabilia de 30 de Enero de 1586, por estas palabras: “Teniendo atención a cuán provechoso haya sido a nuestra Religión el instituto del Santísimo Rosario o Salterio de la gloriosa Virgen María, Madre esclarecida de Dios, inventado por el bienaventurado Santo Domingo, fundador del orden de Predicadores, por inspiración, como se cree, del Espíritu Santo, y cuántos bienes por él hayan venido al mundo, y vengan cada día, etc.”

Deseando pues los Sumos Pontífices promover esta devoción, y favorecer en la tierra a los que la Reina Soberana distingue tanto desde el Cielo, parece que franquearon todo el tesoro de la Iglesia a los Cofrades del Santísimo Rosario; pues sin contar el que por solo rezar una parte de Rosario se ganan 120 o 197 años de Indulgencia, sin atender a más de 150 Indulgencias Plenarias que están concedidas en diferentes días del año, ¿quién no se admirará al considerar aquellas dos tan particulares del día de la Asunción de Nuestra Señora, y del día del Santísimo Rosario, que es el primer Domingo de Octubre? Pues cuantas veces se visite la capilla de Nuestra Señora del Rosario, otras tantas Indulgencias Plenarias se ganan, que son aquellas Indulgencias que se llaman de toties quoties. De suerte que sin moverse el hombre de la capilla, concluida la primera visita, que podrá ser de cinco Pater noster, y cinco Ave Marías, con solo inclinar la cabeza, y persignarse de nuevo, puede volver a hacer otra visita, y ganar de nuevo otra Indulgencia, sea para sí, sea para las almas del Purgatorio.

Y este es otro gran beneficio del Santísimo Rosario, pues no solo aprovecha a los vivos, sino también a los difuntos, habiendo concedido los Sumos Pontífices que todas las Indulgencias del Rosario se puedan aplicar por modo de sufragio por las almas del Purgatorio, como consta de la Bula de Inocencio XI de 31 de Julio de 1679, confirmada por la de Benedicto XIII de 22 de Setiembre de 1724.

Pero dirá alguno: ¿qué se requiere para ganar las Indulgencias del Santísimo Rosario? A esto se responde, que lo primero es el estar asentado su nombre en alguna de las Cofradías del Santísimo Rosario, que se hallan en los conventos de la orden de Predicadores, o las que por estos religiosos están fundadas en casi todos los pueblos. Esta circunstancia es tan precisa, como que sin ella no hay Indulgencia alguna. Lo segundo, que si fuesen Indulgencias concedidas en algún día particular, se han de practicar todas las diligencias que los Sumos Pontífices señalaron para su goce, y se advierten en los libros o sumarios de Indulgencias. Y si fuesen las concedidas por rezar el Rosario, sólo se ganarán rezándole como es debido.

En esto es mucho de llorar el descuido que se advierte en la mayor parte de los Cristianos. Se reza el Rosario más por costumbre que por devoción a la Reina de los Ángeles, de priesa y con atropellamiento; si le rezan muchos, antes de acabar los unos empiezan los otros, y casi nunca meditan los misterios, ni aun siquiera los anuncian al principio de la decena. De lo cual se sigue que lejos de agradar a María Santísima, la ofenden; y aunque rezan muchos Pater noster y Ave Marías, no rezan el Rosario.

El Rosario encierra necesariamente en sí la meditación de los misterios que comprende, y sólo a los que los meditan se conceden las Indulgencias. Verdad es que el Sumo Pontífice Benedicto XIII en su Bula Pretiosus de 8 de Mayo de 1727 para consuelo de las personas verdaderamente rudas y menos idóneas para meditar los divinos misterios que se comprenden en el Santísimo Rosario, concede que rezándole piadosa y devotamente ganen las Indulgencias concedidas únicamente a los que meditan los misterios; pero añade su Santidad, que es su voluntad que esas mismas personas rudas se acostumbren a meditar los sobredichos misterios. Y a la verdad, apenas se hallará una persona tan ruda, que no pueda aprender de memoria el nombre o título de los misterios, y anunciándole antes de rezar el Pater noster y las diez Ave Marías, dirija aquellas oraciones a María Santísima en memoria del gozo, o del dolor, o de la alegría que tuvo esta Señora en aquel misterio, y con esto cumple.

Debe además rezarse despacio, con devoción, y atendiendo a lo que se dice. Sin duda sería lo mejor el que se rezase con su ofrecimiento, ya por la devoción en que se enciende el alma al ofrecer a María Santísima aquellas salutaciones, ya porque se da una idea del misterio, y ya por las piadosas súplicas que allí se hacen.

También es conveniente el rezarle muchos juntos, porque la oración de muchos obliga más a Dios, y el fervor de uno suple la negligencia de otro. De esta manera lo rezaban los primeros Cofrades, y lograban cuanto pedían; y seguramente quien le rece con esta devoción, puede decir que tiene en sí una señal de que ha de salvarse, escudo en las batallas, defensa en los peligros, medicina en las enfermedades, acierto en los negocios, consuelo en los trabajos y socorro en todas sus necesidades.

Quiera Dios que los hombres se animen a emprender con todo fervor el rezo del Santísimo Rosario para tener propicia a la Reina de los Ángeles, que es la Madre de Misericordia, y el conducto de todas las gracias del Altísimo.

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Ave, María, gratia plena, Dominus tecum.

Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui Jesus.

Domine, labia mea aperies.

Et os meum annuntiabit laudem tuam

Deus, in adjutorium meum intende.

Domine, ad adjuvandum me festina.

Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto.

Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in sæcula sæculorum. Amen.


MISTERIOS GOZOSOS

DEL SANTÍSIMO ROSARIO

SE REZAN LUNES Y JUEVES

***

 

PRIMER MISTERIO

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De la Encarnación del Hijo de Dios

¡Oh Virgen María y Madre nuestra! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia del gozo que tuviste cuando saludada del Arcángel San Gabriel, el Padre Eterno te escogió por Hija, el Verbo Divino por Madre, y el Espíritu Santo por Esposa. Te suplicamos, Señora, por el inefable Misterio de la Encarnación de tu querido Hijo, nos alcances verdadera y profunda humildad, perfecto dolor de nuestros pecados, la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

SEGUNDO MISTERIO

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De la visitación de Nuestra Señora

¡Oh Virgen María y piadosa Reina nuestra! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia del gozo que tuviste cuando después de haber concebido a Dios, llena de amor y caridad, fuiste con toda prisa a la casa de tu prima Santa Isabel para comunicarle bienes celestiales y al Precursor gracia y santidad. Te suplicamos, Señora, nos alcances de tu querido Hijo una encendida caridad para amar a nuestros prójimos, y la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

TERCER MISTERIO

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Del nacimiento del Hijo de Dios

¡Oh Virgen María y Madre de toda pureza! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia del gozo singular que tuviste cuando pariste a tu amado Hijo, y envuelto en pobres pañales le reclinaste en un pesebre, quedando virgen después del parto purísimo. Te suplicamos, Señora, por el Nacimiento de tu Hijo Dios y Hombre, nos alcances un corazón limpio y puro, para que merezcamos nacer a sus ojos con vida de nuevo espíritu, y la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

 

CUARTO MISTERIO

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De la purificación de Nuestra Señora

¡Oh Virgen María, Madre de Dios y de los pecadores! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia del gozo que tu alma sintió cuando hecha trono de tu precioso Hijo le presentaste en el Templo para luz y remedio de los hombres. Te suplicamos, Señora, nos alcances que por tu intercesión se alumbren las tinieblas de nuestras conciencias, y la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

 

QUINTO MISTERIO

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Del Niño perdido y hallado en el Templo

¡Oh Virgen María y dulcísima Señora! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia del gozo que tuviste cuando después de haber buscado, como madre cuidadosa, a tu querido Hijo, le hallaste en el Templo disputando con los doctores, como Sabiduría eterna. Te suplicamos, Señora, por el gozo que tuviste de haberle hallado, nos alcances de su Majestad afecto fervoroso de buscarle cada día con más sinceridad y verdadero dolor de nuestros pecados, luz y acierto para hacer una confesión bien hecha de todos ellos, y la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

 


 

MISTERIOS DOLOROSOS

DEL SANTÍSIMO ROSARIO

SE REZAN MARTES Y VIERNES

***

 

PRIMER MISTERIO

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De la oración en el huerto

¡Oh Virgen María y madre afligida! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia del dolor que tu alma sintió en las angustias, tristezas y sudor de sangre que tu querido Hijo padeció en el Huerto. Te suplicamos, Señora, por la voluntad prontísima con que se ofreció por nosotros a la muerte, nos alcances espíritu de resignación en su Divina Voluntad, verdadero dolor de nuestros pecados, y la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

SEGUNDO MISTERIO

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De los azotes que el Hijo de Dios padeció atado a una columna

¡Oh Virgen María y prudentísima Señora! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia del dolor que sentiste en la desnudez, azotes y llagas de tu amado Hijo. Te suplicamos, Señora, por el dolor y desnudez que tuvo atado a la columna, le pidas nos desnude de nuestros malos afectos y suframos con paciencia los azotes que por nuestros pecados nos envía, y nos dé verdadero dolor de todos ellos, y la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

TERCER MISTERIO

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De la corona de espinas del Hijo de Dios

¡Oh Virgen María y misericordiosísima Señora! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia del dolor que tu alma sintió con la corona de espinas que pusieron a tu querido Hijo sobre su delicada cabeza. Te suplicamos, Señora, por aquellas lastimosas y penetrantes heridas, nos alcances verdadero dolor de nuestros pecados, y la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

 

CUARTO MISTERIO

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De la Cruz a cuestas

¡Oh Virgen María y dolorida Madre! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia del dolor que tuvo tu Corazón viendo la flaqueza y cansancio con que tu Hijo querido llevaba sobre sus hombros el madero santo de la Cruz. Te suplicamos, Señora, por su santísima inocencia, nos alcances espíritu de resignación, con el cual, por su amor, llevemos con paciencia la Cruz de nuestros trabajos, y consigamos la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

 

QUINTO MISTERIO

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De cómo el Hijo de Dios fue crucificado

¡Oh Virgen María, Madre de Dios, llena de penas y dolores! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia del excesivo dolor que tu alma tuvo viendo crucificado a tu Hijo, sus pies y manos clavadas, y abierto con una lanza aquel pecho amoroso. Te suplicamos, Señora, por el ejemplo grande de humildad que en la Cruz nos dio, nos alcances humildad profunda, con la cual nos alentemos a padecer por Él, y consigamos verdadero dolor de nuestros pecados, luz y acierto para hacer una confesión bien hecha de todos ellos, la quietud y sosiego de nuestras familias. Amen.

 


 

MISTERIOS GLORIOSOS

DEL SANTÍSIMO ROSARIO

SE REZAN MIÉRCOLES, SÁBADO Y DOMINGO

***

 

PRIMER MISTERIO

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De la gloriosa Resurrección del Hijo de Dios

¡Oh Virgen María, Reyna Gloriosa de los Cielos! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia de la alegría inefable que tuviste en la Resurrección gloriosa de tu querido Hijo, el cual, triunfante de la muerte, y acompañado de almas santas, te hizo la primera visita, convirtiendo en alegría las pasadas penas. Te suplicamos, Señora, nos alcances la alegría espiritual de la buena conciencia, y la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

 

SEGUNDO MISTERIO

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De la admirable Ascensión del Hijo de Dios

¡Oh Virgen María, Madre de piedad y misericordia! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia de la alegría que tuviste en la admirable Ascensión y solemnísima majestad con que subió al Cielo Jesucristo, tu Hijo querido y Señor nuestro, y fue recibido en él. Te suplicamos, Señora, por su gloria y universal poder, nos alcances una bien fundada esperanza de gozarle, y la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

 

TERCER MISTERIO

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De la venida del Espíritu Santo

¡Oh Virgen María y único consuelo de los afligidos! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia de la alegría espiritual que tuviste con las particularísimas riquezas y dones del Espíritu Santo, enviado para consuelo de la Iglesia. Te suplicamos, Señora Nuestra, por tu ardentísima caridad nos alcances del Espíritu Santo perfecto amor de Dios y del prójimo, verdadero dolor de nuestros pecados, y la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

CUARTO MISTERIO

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De la Asunción de Nuestra Señora

¡Oh Virgen María, Madre de los pecadores! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia de tu felicísimo tránsito y apacible muerte, después de la cual resucitaste gloriosa; y asistida de Ángeles, y acompañada de tu amado Hijo, entraste triunfante en el Cielo para alegrarle con tu presencia. Te suplicamos, Señora, favorezcas a tus siervos en la hora de la muerte, para que sea principio de una dichosa vida, y en esta nos alcances la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.

 

QUINTO MISTERIO

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De la coronación de Nuestra Señora

¡Oh Virgen María, Corona de Ángeles y de hombres! Te ofrecemos humildemente estas diez Ave Marías y un Pater Noster en reverencia de la inmensa gloria y supremo lugar que sobre todos los Serafines te dio la Trinidad Santísima, coronándote por Reina de todo lo criado. Te suplicamos, poderosa y liberal Señora, nos alcances tal desprecio de cuanto estima la tierra, que merezcamos verte con Dios en los Cielos, y consigamos verdadero dolor de nuestros pecados, luz y acierto para hacer una confesión bien hecha de todos ellos, la salud, paz y sosiego de nuestras familias. Amen.