Un canto a la apostasía
Jorge Doré
Es de elemental lógica cristiana deducir que no hay autoridad humana aprobada por Dios con la doble misión de rendirle falso culto y sembrar la apostasía entre su grey. De hecho, cuando los “revolucionarios” en el mundo angélico se rebelaron contra su Creador, fueron dados de baja entre las filas de aquellas otras creaturas que aún continúan gozando la gloria del Excelso. En lenguaje coloquial, los ángeles caídos tuvieron que “emigrar”.
Absurdo es pensar que el Espíritu Santo inspire a la elección de jerarcas religiosos en la tierra para que éstos ignoren la voluntad del Padre, injurien y se opongan a los mandatos del Hijo, corrompan la Iglesia fundada por El y exija que los fieles les sirvan debiendo, para ello, traicionar a Cristo. Sería tan necio como que alguien decidiera montar una empresa buscando enemigos como asesores y obreros.
¿Acaso no reprendió Cristo a Pedro cuando éste intentó disuadirlo de padecer, para sugerirle una alternativa personal al plan de Jesús? Nuestro Señor lo increpó duramente:
Pero él (Jesús) volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: “¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.” (Marcos 8:33)
Y es que, en el corazón de Pedro, el diablo había depositado una semilla que, al percibirla, Cristo pisoteó inmediatamente. Aquella mala semilla buscaba el abono de la voluntad de Pedro para germinar en una iglesia hecha a su propia imagen y semejanza de hombre, que conculcaba la ausencia de todo sacrificio. Era la confortable iglesia de los prodigios, de los milagros y del perpetuo asentamiento en la gloria en el monte Tabor; la inagotable multiplicación de panes y peces.
Más de un milenio después, rescatada por el diablo, esa misma semilla fue replantada bajo la cúpula de San Pedro, transformando la nueva iglesia conciliar en un gigantesco árbol de la ciencia del mal que ha crecido poderosas raíces. Bajo su sombría copa, la actual grey acampa y se nutre espiritualmente de miserables algarrobas con complaciente ignorancia: es las antípodas de la Casa del Padre, la historia del hijo pródigo, esta vez, renuente a la vuelta al hogar.
Dos iglesias católicas y el amor al mundo
Si Cristo dejó bien claro que fundaba una Iglesia, ¿cómo es posible que, en la actualidad, haya dos Iglesias católicas cuando el Credo infaliblemente, nos asegura la unicidad de la misma? Una de ellas es obviamente una impostura. Y si es una impostura, sus jerarcas tienen que ser impostores y obreros de Satanás y ser éste el sembrador de su semilla original. La posibilidad de dos iglesias católicas simultáneas, queda excluída, entre otras razones, por la siguiente lógica del propio Jesús:
Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. (mateo, 12:25)
¿Y qué percibimos en los antipapas conciliares?: la misma semilla de Pedro en sus manos y el mismo deseo de sembrar una nueva iglesia, –no la de Cristo–, sino otra que goza del beneplácito de un mundo que, en vez de sacrificios, ama recompensas y en vez de exhortaciones propone diálogos. Y si esta iglesia ansía el beneplácito del mundo, quiere decir que también cuenta con el beneplácito de los otros dos componentes de la funesta tríada de enemigos del alma, porque éstos nunca quieren quedarse atrás: el demonio y la carne.
¿No lo presenciamos cada día con mayor asiduidad? El triunfo de la carne y del demonio pujando por todas partes, cobrando vitalidad sobre la tierra, vivos y coleando como nunca. El culto a la lujuria infesta todos los medios de expresión humanos; y entretejida con ésta, –habilidad de sierpe–, se multiplican las manifestaciones diabólicas que hoy asoman su cabeza sin recato. Así lo confirmó Nuestra Sra. de Fátima a los pastorcitos:
“Más almas van al infierno por causa de los pecados de la carne que por cualquier otra razón”.
Sin embargo, ¿qué nos advierte claramente el discípulo amado de Nuestro Señor, quien conoció las interioridades de Su corazón tan íntimamente?:
No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. (1 Juan 2:15, 16)
Luego para cualquier cristiano, el buscar la comunión con el mundo, es certeza de su derrota espiritual.
Un canto a la apostasía
A pesar de la clara advertencia de no amar al mundo, la Pastoral de la Comunicación de la Arquidiócesis de Guadalajara, en México, ha producido un vídeo titulado Hombres de Dios, para celebrar la falsa canonización de los dos anticristos Juan XXIII y Juan Pablo II, al último de los cuales se elogia en la blasfema producción con las siguientes palabras contrarias a la predicción de Cristo:
Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. (Mateo 10:22),
(Enlace de la canción y fragmento de la misma a continuación): https://www.youtube.com/watch?v=Aq-bZmwXmq4
«A Juan Pablo Segundo
le quiere todo el mundo,
el papa peregrino
que al mundo transformó…»
Por lo que deducimos que estos supuestos vicarios de Cristo en la tierra gozaron de una insólita inmunidad, que ni siquiera al propio Ungido aplicó.
Mas por estar más cerca de Cristo, estos pastores deberían haber sido y ser todo lo contrario: duras piedras en el sucio zapato del mundo y un sólido bastión contra los enemigos de Jesús y de Su Iglesia. La señal de contradicción debería estar claramente estampada en sus frentes y en su mano derecha.
Sin embargo, estos antipapas han sido elogiados por comunistas, celebrados por masones y aplaudidos por judíos en más de una ocasión, amén de ser elogiados por muchísimas falsas religiones del orbe, hechos que no parecen despertar la más mínima sospecha entre los supuestos católicos. ¿Hemos perdido la razón? ¿Somos alérgicos a las señales de alerta que nos dan los Cielos? ¿Dónde quedó la cardinal exhortación de Nuestro Señor:
Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad. (Marcos, 13:37)?
Pero si todavía ni la previa advertencia de Cristo bastara, aquí va otro indicador que pudiera inquietar el párpado de algún perenne durmiente:
¡Ay de ustedes cuando todo el mundo los alabe, porque eso es lo que hacían los antepasados de esta gente con los falsos profetas! (Lucas, 6:26)
La letra de la diabólica cancioncita a Juan Pablo II (nada de inocente en ella, sólo la apariencia): “le quiere todo el mundo” ¿no es acaso una mundana alabanza?
Es difícil disipar la ignorancia de las nuevas generaciones crecidas después del Conciliábulo Vaticano II. Las espigas de trigo han retrocedido hasta su casi total extinción y el gigantesco campo de cizaña de la contraiglesia ondea al viento presumiendo de lo que no es.
Pero no. Los antipapas Juan XXIII y Juan Pablo II NO SON LOS ABORRECIDOS. Son amados y aplaudidos por el mundo y por una iglesia que se delata a sí misma como amante del mundo, con su inseparable dúo de demonio y carne a cuestas. Una iglesia sexualmente corrupta y profundamente demonizada que se elogia a sí misma, a sus obradores de iniquidad, presuntuosa de humildad y que es, en resumen, la obra maestra del mal en la tierra.
Los aborrecidos somos nosotros, –afortunadamente–, los habitantes de la inhóspita trinchera, cuyas ya roncas voces claman en el desierto. Pero no debe preocuparnos si andamos por buen camino puesto que no nos aplica esta sentenciosa advertencia:
Hijitos, ya es el último tiempo: y como vosotros habéis oído que el anticristo ha de venir, así también al presente han comenzado a ser muchos anticristos; por lo cual sabemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de nosotros, hubieran cierto permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. (1 Juan 2:18, 19)
Es a los suplantadores de la fe a quienes les calza esta sandalia espinosa porque sus jerarcas, falsarios de profesión, amados y aplaudidos por el mundo, encuentran en la tierra su nicho de gloria, su variopinto fan club global. Pero no el amor del Padre.
Lástima que la gloria mundana sea tan efímera y que estos insidiosos pastores arrastren en su caída a quienes, demasiado tarde, se lamentarán de haber despreciado las clarísimas advertencias del Cielo por aplaudir y obedecer a enemigos de Cristo “elevados” a espurios altares de perpetuas sombras.
