MONSEÑOR STRAUBINGER CALUMNIADO

Teníamos la ESPERANZA… etc., etc.
(VI)
Antes de entrar en el tema que me ocupa desde hace casi un mes, debo informar a los seguidores de nuestro sitio, y a los internautas en general, que el artículo del Profesor Carlos Nougué que dio origen a esta serie sigue replicándose en Internet, habiendo sido publicado hasta ahora en los siguientes sitios y ubicaciones:
SPES:
http://www.spessantotomas.com.br/2014/03/cuestiones-teologicas-n-xii-16-de-marzo.html
SYLLABUS:
http://syllabus-errorum.blogspot.com.ar/2014/03/cuestiones-teologicas-n-xii-spes.html
ESTUDOS TOMISTAS:
http://estudostomistas.blogspot.com.br/2014/03/cuestiones-teologicas-n-xii-16-de-marzo.html
LA SAGRADA BIBLIA:
http://juanstraubinger.blogspot.com.ar/2014/03/mons-juan-straubinger-un-verdadero.html
NON POSSUMUS;
http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/, que remitió al sitio mencionado anteriormente, con el que conserva enlace permanente.
APOSTOLADO EUCARÍSTICO:
http://wwwapostoladoeucaristico.blogspot.com.ar/2014/04/cuestiones-teologicas-n-12.html
Por lo demás, si en el buscador Google se escribe entre comillas el título del artículo en cuestión («Un verdadero católico: Monseñor Juan Straubinger»), aparecen sitios que hoy ya no lo contienen, pero que han hecho referencia al mismo y por eso se delata que alguna vez estuvo el enlace que hoy no figura; los sitios son:
TRADICIÓN Y PATRIA 1492:
http://tradicionypatria.blogspot.com.ar/, con enlace permanente al sitio Apostolado Eucarístico.
SOCIEDAD RELIGIOSA SAN LUIS REY DE FRANCIA:
http://capillavedia.blogspot.com.ar/, con enlace permanente al sitio La Sagrada Biblia.
APOSTOLADO CABALLERO DE LA INMACULADA:
http://caballerodelainmaculada.blogspot.com.ar/, con enlace permanente a los dos sitios inmediatos anteriores y al sitio Apostolado Eucarístico.
PALE IDEAS – TRADIÇÃO RESISTENTE:
http://farfalline.blogspot.com.ar/, con enlace permanente al sitio Apostolado Eucarístico.
RESISTÊNCIA CATÓLICA NO BRASIL:
http://campograndecatolica.blogspot.com.ar/, sitio ahora vacante, que desde el 10 de Abril del corriente Año del Señor concentra todas sus publicaciones en el blog inmediato anterior.
FIÉIS CATÓLICOS DA ARQUIDIOCESE DE RIBEIRÃO PRETO
http://catolicosribeirao.blogspot.com/, blog que sólo admite invitados, por lo que no se puede determinar el enlace por el cual publicaron o recomendaron el artículo del Profesor Carlos Nogué.
Ninguno de los sitios mencionados, emisores directos del artículo en cuestión, o remitentes por enlaces, se ha retractado hasta ahora de las palabras del Profesor Carlos Nougué que hicieron suyas diseminándolas en la red indiscriminadamente. Por lo tanto, las difamaciones y calumnias emitidas por el académico brasileño contra Monseñor Straubinger, siguen multiplicándose en Internet para vergüenza de este autor y de sus corifeos.
Además, reitero lo dicho en la primera entrega de esta serie, en cuanto al artículo que publicara el sitio SPES el 6 de Noviembre de 2013; vale la pena hacer un poco de historia sobre esto: El sitio Avec l’Immaculée publicó el 3 de Noviembre de 2013 un artículo sobre el Comentario Eleison Nº 328: http://aveclimmaculee.blogspot.com.ar/2013/11/le-commentaire-eleison-n-n328-une.html, que fue luego traducido y publicado en Radio Cristiandad, tres días después:
https://radiocristiandad.wordpress.com/2013/11/04/traduccion-del-articulo-de-avec-limmacule-sobre-el-eleison-328-resistencia-a-la-falsa-resistencia/#more-29021, censurando —en esa y en otras entradas— la falta de atención y diligencia de los sitios de la falsa resistencia, que no se dignaron traducirlo ni comentarlo, lo que luego sí hizo el sitio SPES, pero tergiversando el texto del sitio francés y sus conclusiones, tal como demostró nuestro amigo OSKO el mismo 6 de Noviembre:
https://radiocristiandad.wordpress.com/2013/11/06/osko-mientras-unos-enmudecen-otros-mienten/.
Ese mismo día 6 de Noviembre, tocado en su «dignidad», SPES sacó un breve artículo donde, luego de ciertas consideraciones que no es conveniente tratar aquí —porque me resultaría sumamente entretenido refutarlas, pero me llevaría un par de horas— dijo expresamente:
«Como no somos de la estirpe de los de la que se dice catolicísima Radio, y como por eso mismo no tenemos la virtud de encuadrarnos en su novísimo concepto de catolicidad, tampoco tenemos la disposición requerida para acompañar su ritmo de textos y audios polémicos y más textos y audios polémicos. Con el debido respeto, por lo tanto, no les responderemos, a no ser en el futuro, pero entonces ya en el plano verdaderamente doctrinal.»
«Con el debido respeto», pero faltándonos el respeto a nosotros y a todos sus lectores habituales y ocasionales, SPES eludió poco elegantemente, adulterándolo, el fondo de la cuestión del artículo de Avec l’Immaculée; sobre esta nada feliz andanza de SPES, el Padre Ceriani les respondió al día siguiente, 7 de Noviembre, demostrándoles todo lo doctrinal que surge del post del sitio francés:
https://radiocristiandad.wordpress.com/2013/11/07/padre-juan-carlos-ceriani-no-es-posible-desatar/.
Habiendo pasado un tiempo más que prudencial para que el Profesor Carlos Nougué y sus adláteres se prepararan doctrinalmente, y aunque han publicado unos cuantos artículos que tratan cuestiones doctrinales, TODAVÍA NO HAN RESPONDIDO SOBRE LA CUESTIÓN AQUÍ TRATADA; es decir, acerca de las imputaciones calumniosas e infamantes que se expusieran contra Monseñor Straubinger en el artículo referido. No han pronunciado una sola palabra, ya no en el orden doctrinal, sino ni siquiera en el ámbito prudencial, intentando al menos alguna disculpa, defensa o explicación de las barbaridades volcadas en el artículo del que se brinda el enlace en las primeras líneas de la presente entrega. Sigue planteada la cuestión y espero (supongo que no en vano) que quienes han caído en tremendas fallas den la cara y confirmen —con las debidas excusas a sus lectores y muy especialmente al gran traductor alemán— o desmientan lo que he comentado y comentaré.
No hace falta que esperen a que se termine esta serie; pueden ir comentando, respondiendo, criticando cuanto crean oportuno. No se demoren aquellos que nos llaman «iluminados»; si mis afirmaciones han incurrido o incurren en error, no permitan que mi falta de genuina energía me deje a oscuras. La primera obra de misericordia espiritual es enseñar al que no sabe, por lo que aguardo del Profesor Carlos Nougué y sus seguidores el cumplimiento de ese deber de caridad; eso sí, sin plagios ni tergiversaciones. Quedo a la espera; vamos a lo nuestro.
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Finalizo aquí el comentario del párrafo de la nota de Monseñor Straubinger al versículo 6 del capítulo XX del Apocalipsis, según la edición del Año del Señor 1948 de la Biblia platense y con relación a la misma publicación, pero de dos años antes, repitiendo por última vez el cuadro comparativo de ambos pasajes, para que se tenga presente al leer esta parte:
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NOTA 1946 2) Y reinarán con Él mil años: una respuesta dada en la «Revista Bíblica» dice a este respecto que las voces milenio y milenario se prestan a confusiones. Muchos aún creen que se aplican a los que esperaban el fin del mundo para el año mil, o sus proximidades, como el célebre Apringio de Beja en su Comentario al Apocalipsis (531-548), que decía fundarse en las 70 semanas de Daniel, iniciadas antes de Cristo, o como San Beato Liébana «que presagió que el mundo se acabaría en el año 800» (Vega). Todos los exégetas modernos están de acuerdo en que el periodo del encierro de Satanás no puede tomarse en sentido absoluto, porque al final es nuevamente soltado el diablo por un tiempo (versículos 3 y 7: cfr. 22, 5). También coinciden todos en que ese encierro de Satanás se producirá algún día. Donde las opiniones divergen, es en cuanto a sostener si ese reinado establecido por Cristo se manifestará entre su segunda venida y el juicio, o tan sólo después en el reino de la gloria, y si tal vez la Iglesia ha de identificarse con ese tiempo de paz imperturbable en que el diablo «no anda más engañando a las gentes» (v. 3). Muchos Padres antiguos, entre ellos Papías, San Justino, Tertuliano, San Hipólito, Lactancio, San Victorino, San Teófilo, etc., siguen la primera opinión, y San Ireneo, el cual invocaba a los «presbíteros» discípulos de San Juan, la defendía como una «verdad de fe tan cierta como la existencia de Dios y la resurrección de la carne» (Dom Leclerq: Dict. de Arch. et Lit.). Posteriormente varían los criterios, y San Agustín declaró que la abandonaba a causa del abuso que de ella hacían los milenaristas carnales. San Jerónimo escribe, con respecto a esas opiniones, que «aunque no las sigamos no podemos, sin embargo, condenarlas, porque muchos varones eclesiásticos y mártires así lo dijeron. Cada uno abunde, pues, en su sentido y resérvese todo para el juicio del Señor». |
NOTA 1948 b) Para información del lector, transcribimos el comentario que trae la gran edición de la Biblia aparecida recientemente en Paris bajo la dirección de Pirot-Clamer sobre este pasaje: «La interpretación literal: varios autores cristianos de los primeros siglos pensaron que Cristo reinaría mil años en Jerusalén (v. 9) antes del juicio final. El autor de la Epístola de Bernabé (15, 4-9) es un milenarista ferviente; para él, el milenio se inserta en una teoría completa de la duración del mundo, paralela a la duración de la semana genesiaca: 6.000 + 1.000 años. S. Papías es un milenarista ingenuo. S. Justino, más avisado empero, piensa que el milenarismo forma parte de la ortodoxia (Diálogo con Trifón 80-81). S. Ireneo lo mismo (Contra las herejías V, 28 3), al cual sigue Tertuliano (Contra Marción III, 24). En Roma, S. Hipólito se hace su campeón contra el sacerdote Caius, quien precisamente negaba la autenticidad joánea del Apocalipsis para abatir más fácilmente el milenarismo». Relata aquí Pirot la polémica contra unos milenaristas cismáticos en que el obispo Dionisio de Alejandría «forzó al jefe de la secta a confesarse vencido», y sigue: «Se cuenta también entre los partidarios más o menos netos del milenarismo a Apolinario de Laodicea, Lactancio, S. Victorino de Pettau, Sulpicio Severo, S. Ambrosio. Por su parte, S. Jerónimo, ordinariamente tan vivaz, muestra con esos hombres cierta indulgencia (Sobre Isaías, libro 18). S. Agustín, que dará la interpretación destinada a hacerse clásica, había antes profesado durante cierto tiempo la opinión que luego combatirá. Desde entonces el milenarismo cayó en el olvido, no sin dejar curiosas supervivencias, como las oraciones para obtener la gracia de la primera resurrección, consignadas en antiguos libros litúrgicos de Occidente (Dom Leclercq)». Más adelante cita Pirot el decreto de la SS. Congregación del S. Oficio, que transcribimos al principio, y continúa: «Algunos críticos católicos contemporáneos, por ejemplo Calmes, admiten también la interpretación literal del pasaje que estudiamos. El milenio sería inaugurado por una resurrección de los mártires solamente, en detrimento de los otros muertos. La interpretación espiritual: Esta exégesis —sigue diciendo Pirot— comúnmente admitida por los autores católicos, es la que S. Agustín ha dado ampliamente. Agustín hace comenzar este periodo en la Encarnación porque profesa la teoría de la recapitulación, mientras que, en la perspectiva de Juan, los mil años se insertan en un determinado lugar en la serie de los acontecimientos. Es la Iglesia militante, continúa Agustín, la que reina con Cristo hasta la consumación de los siglos; la primera resurrección debe entenderse espiritualmente del nacimiento a la vida de la gracia (Col. III, 1-2; Fil. III, 20; cf. Juan V, 25); los tronos del v. 4 son los de la jerarquía católica y es esa jerarquía misma, que tiene el poder de atar y desatar. Estaríamos tentados —concluye Pirot— de poner menos precisión en esa identificación. Sin duda tenemos allí una imagen destinada a hacer comprender la grandeza del cristiano: se sienta porque reina (Mat. XIX. 28; Luc. XXII, 30; I Cor. VI, 3; Ef. I, 20; II, 6; Apoc. I, 6; V, 9).» |
Luego de mencionar a San Agustín por primera vez, continúa Pirot:
«Desde entonces el milenarismo cayó en el olvido, no sin dejar curiosas supervivencias, como las oraciones para obtener la gracia de la primera resurrección, consignadas en antiguos libros litúrgicos de Occidente (Dom Leclercq).»
Es cierto; la gran autoridad de San Agustín arrastró tras de sí a todo el ámbito de los estudiosos católicos, y los debates sobre el milenarismo se amortiguaron o desaparecieron por largo tiempo, con algunos resurgimientos aislados como el que desarrolló el monje calabrés Joaquín de Fiore (1135-1202), otros exponentes medievales, ciertos movimientos menores entre los protestantes y pocos casos más de mucha menor relevancia.
Pero cuando escribían Henri Leclercq (primer cuarto del siglo XX), Louis Pirot y Monseñor Juan Straubinger (décadas de los ’40 y ’50 del siglo pasado), ya hacía mucho tiempo que la cuestión milenarista había vuelto a hacerse presente de modo intenso, particularmente por la tan comentada obra del jesuita chileno Manuel de Lacunza y Díaz.
De hecho, una cuestión importantísima que aconteció mucho antes (más de un siglo) de aparecer las obras de los tres escritores mencionados, el 15 de Enero del Año del Señor 1819, fue la inclusión en el Index del libro La Venida del Mesías en Gloria y Magestad, el texto de Lacunza que sacudió al pensamiento católico de aquella época, desde su primera edición en 1812 (Cádiz), ya fallecido su autor. La obra había sido precedida por un pequeño bosquejo de poco más de veinte páginas titulado Anónimo Milenario, que circuló por la América Hispana en 1786.
En cuanto a la inclusión en el Index, alguna vez he leído que fue luego levantada, pero no lo he podido comprobar adecuadamente, por las siguientes razones:
La última edición del Índice de Libros Prohibidos fue la promulgada durante el papado de Pío XII en 1948; pero el Índice no desapareció hasta el 8 de Febrero del Año del Señor 1966, en que Pablo VI lo suprimió.
Entre 1948 y 1966 el Index siguió en vigencia y tuvo movimientos; así, entre otras, en 1952 fueron incluidas en el Índice de Libros Prohibidos las obras de André Gide y de Alberto Moravia, y en 1963 las de Alejandro Dumas hijo. No he tenido acceso a mucha más información que esta, por lo que desconozco si en esos últimos dieciocho años en que estuvieron en vigor las censuras del Santo Oficio, la obra de Lacunza se removió de esos listados.
Queda sin embargo de pie el hecho de que Pirot no podía ignorar, en 1946 (fecha de la primera edición de la Biblia parisina) que el milenarismo había salido del olvido.
Además, ¡qué hermosas deben haber sido aquellas «oraciones para obtener la gracia de la primera resurrección», y qué esperanzadores imagino sus textos!, teniendo en cuenta el encomio de San Juan, en Apocalipsis XX, 6:
«¡Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección! Sobre éstos no tiene poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, con el cual reinarán los mil años.» (Apocalipsis XX, 6).
¡Vamos, Pirot, lea bien y con espíritu cristiano! ¡Estas oraciones no constituyen una «curiosa supervivencia»!; se trata de una práctica genuinamente piadosa y realmente devota, que es necesario restaurar, por lo menos entre los verdaderos católicos de hoy, que están expectantes por la inminencia de la apertura del Libro. Léase el capítulo X del Apocalipsis y las notas de Monseñor Straubinger.
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Sigue la nota con la alusión a la cita que hace Pirot del Decreto del Santo Oficio, y de inmediato reaparece su pluma:
«Algunos críticos católicos contemporáneos, por ejemplo Calmes, admiten también la interpretación literal del pasaje que estudiamos. El milenio sería inaugurado por una resurrección de los mártires solamente, en detrimento de los otros muertos.»
Estas dos referencias demuestran la contradicción de Pirot: Si el milenarismo permanecía en el olvido cuando comentó la Biblia parisina, no podría haberse promulgado dos años antes el Decreto del Santo Oficio, ni existirían «Algunos críticos católicos contemporáneos» que admitieran una interpretación literal del pasaje de los mil años. Me detengo en el hecho de que el exégeta francés sólo nombra a uno de esos críticos católicos de su época (Calmes), sin abundar nombrando otros especialistas, como lo hizo con los milenaristas de la antigüedad… copiando a Kirsch, como se vio.
La última locución del pasaje es otro signo de la hostilidad de los antimilenaristas contra este capítulo del Apocalipsis. ¿Acaso la Virgen Santísima transitó a la inmortalidad con anticipación a legiones de elegidos, en detrimento de los mártires, en perjuicio de los demás santos, para menoscabo de las ánimas del Purgatorio, para agravio de los aún viadores?
¿Cómo se osa decir que la hipotética resurrección anticipada de quienes —como lo veremos con más extensión poco más adelante— compartieron en grado eminente la Cruz de Nuestro Señor, pudiera constituir un estrago para los otros muertos, sean ya santos o estén en vías de serlo?
Los mártires, los demás santos y las almas del Purgatorio, gozan de la Gloria o están seguros de llegar a ella, en tanto que los viadores la tenemos en el alma como nuestra expectativa final y definitiva. ¿Qué clase de perjuicio puede sufrir un alma que ve a Dios Nuestro Señor —o que ansía verlo— cara a cara?
Pregúntele, Pirot, al último bienaventurado, a ese que tiene por delante de él a miríadas de ángeles y santos con mayor grado de gloria, si alguien puede afectarle el estado excelso en que se encuentra.
Pregúntele al alma que se salvó por los pelos, que cuelga aferrada por el meñique al borde inferior del Purgatorio, si el daño que sufre antes de llegar a la Gloria fue causado por los mártires o por sus propios pecados; y si alguien puede impedirle el alcanzar la visión beatífica, aunque resucite mil años antes que él.
Pregúntele al más miserable de los pecadores que intenta llegar a Dios, si en algo lo puede agraviar el hecho de que alguien resucite antes del momento en que Nuestro Padre del Cielo lo tiene dispuesto para él.
Así se menosprecia a quienes comentan e interpretan este Libro de la Biblia literalmente, como debe ser. Este asunto de la disyuntiva entre la interpretación literal y la alegórica, lo desarrollaré más adelante.
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A continuación Pirot resume la interpretación espiritual de San Agustín, insertando casi inadvertidamente una frase sobre San Juan Evangelista, contraponiéndola a la exégesis del Obispo de Hipona:
«… mientras que en la perspectiva de Juan, los mil años se insertan en un determinado lugar en la serie de los acontecimientos.»
Yo creo que Pirot no cayó en la cuenta de lo que ha dicho; si lo ha advertido, no ha abarcado su importancia; y si percibió su trascendencia, la dejó en el camino, ignorada.
La «perspectiva de Juan» ES LA PALABRA DE DIOS. San Juan ubica el Reino Milenario en un determinado lugar de los acontecimientos; sí, pero de los que desarrolla en este Libro, claro. Y es el Espíritu Santo quien dice que el Reino Milenario se sitúa entre la derrota del Anticristo (XIX, 20) y el Juicio Final (XX, 12-13); esta es LA PERSPECTIVA DE JUAN; LA PALABRA DE DIOS, como dije.
Vamos a ver si puedo ajustar más exactamente esta ubicación del Reino Milenario.
El versículo 4 define quiénes son los que han de reinar con Cristo mil años:
«… las almas de los que habían sido degollados a causa del testimonio de Jesús y a causa de la Palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, ni habían aceptado la marca en sus frentes ni en sus manos;… »
La expresión «degollados«, lógicamente es una sinécdoque que reúne a todos los que fueron trucidados por la fe, por el testimonio que dieron de Jesús, de la Palabra de Dios. Los mártires no sólo fueron degollados, como el Papa San Esteban I; sino también quemados, como San Lorenzo y San Policarpo; devorados por las fieras, como San Ignacio de Antioquía y tantos otros; ahogados, como el Papa San Clemente Romano; envenenados, como el Papa San Agapito I; decapitados, como San Juan Bautista y San Pablo; mutilados sus cuerpos y órganos, como Santa Águeda y Santa Lucía; desollados, como San Bartolomé; ahorcados, como los Mártires de Gorkum (Holanda, 1572); asaeteados, como los doscientos sesenta cristianos martirizados en Roma por orden de Claudio el Gótico, el 1º de Marzo de 269; apaleados, como San Sebastián; lapidados, como San Esteban protomártir; eviscerados, como San Erasmo y San Serapio; hervidos en aceite, como San Juan Evangelista; congelados, como los mártires de Sebaste; aserrados, como Isaías y San Simón apóstol; azotados, como San Sabino obispo; sumergidos en plomo hirviendo, como Santa Laura de Córdoba; empalados, como San Sancho de Albi; descuartizados, como San Hipólito; destrozados, como San Tarsicio, Santa Catalina de Alejandría y Santa Justa; despeñados, como San Ananías capitán y San Márculo obispo; aplastada su cabeza, como Santa Cristeta y sus hermanos, y San Quirico; crucificados, como San Pedro, San Andrés, Santo Dominguito del Val y otros santos niños; y otras muchas clases de tormentos y muertes.
La segunda especie de justos que menciona este versículo, son los que se negarán a seguir al Anticristo; por eso se los especifica como los que no adoraron a la bestia ni a su estatua, ni recibieron las marcas en manos y frente. La bestia que se hará adorar es la del mar (capítulo XIII, 11-15); la frente y las manos las marcará la bestia de la Tierra (XIII, 16-17).
Así, entonces, tenemos las dos congregaciones de justos que reinarán durante mil años:
– Los mártires de todos los tiempos.
– Los que resistirán al Anticristo.
Pero si se dividen de ese modo, tal como expresa el versículo, esto sólo puede explicarse por dos razones:
A) Los que resistirán al Anticristo y reinarán durante el Milenio no habrán muerto antes de comenzar ese Reino, porque de ese modo serían también mártires; pero no se los menciona junto a éstos.
B) Luego, si no han muerto, reinarán en vida, junto con los degollados.
Obsérvese otra distinción sutil que trae el versículo: De los degollados, San Juan ve las almas; de los que rechazaron las marcas, San Juan dice, simplemente, que los ve, sin especificar que sean sólo las almas. Esto confirma, a mi juicio, que no han muerto.
El versículo concluye diciendo:
«… y vivieron y reinaron con Cristo mil años.»
Ahora bien; ¿cómo puedo afirmar que este Reino Milenario se desarrolla terrenalmente?, como ya supuse en la Vª entrega? Porque al cabo de esos mil años, como dice el capítulo XX,
«7… Satanás será soltado de su prisión, y se irá a seducir a los pueblos que están en los cuatro ángulos de la Tierra (…) 9Subieron a la superficie de la Tierra y cercaron el campamento de los santos y la ciudad amada; mas del cielo bajó fuego [de parte de Dios] y los devoró.»
Los cuatro ángulos y la superficie denotan una Tierra material (Ezequiel, XXXIX, 1-6 y notas de Monseñor Straubinger) que luego será transformada en la Tierra nueva (Apocalipsis XXI, 1).
Por lo tanto, siendo un Reino en la Tierra —antes de su transformación— y tratándose de la Tierra que pasará (esta, donde hoy vivimos), ¿por qué los mártires harían campamento en ella, fuera del Cielo? Porque habrán resucitado («… vivieron y reinaron… «) y se unirán en el Reino Milenario con los que resistieron al Anticristo y sobrevivieron (también, de otra forma puramente natural, les corresponde el «… vivieron y reinaron… «). En estricto sentido, esto ocurrirá de este modo porque así lo tiene dispuesto Dios Nuestro Señor; seguramente para darle a la Tierra su sábado, como especularon los que supusieron la Semana Genesíaca para la Creación.
En conclusión creo que se puede afirmar que:
α) El Reino Milenario comenzará luego de derrotado el Anticristo, puesto que poblarán ese Reino los que resistieron sus marcas y no murieron.
β) El Reino Milenario se desarrollará en la Tierra, dado que en este versículo no consta que esos resistentes hayan muerto, por lo que siguen habitando el planeta; también porque la derrota del Anticristo sucede en la Tierra y al cabo de esos mil años Satanás volverá para seducir a alguna gente que habitará en la Tierra; y finalmente porque el fuego que devora a Gog y Magog, baja del Cielo; obviamente, a la Tierra.
γ) Ese Reino durará hasta la suelta del Demonio, según el versículo 7, y no más allá, porque de inmediato llega el Juicio Final (versículos 11-13).
δ) Ese Reino, valga la reiterada precisión, durará mil años, porque seis veces lo dice así el capítulo, y señala un comienzo que ocurre en la Tierra (la derrota del Anticristo) y un final que redunda en acontecimientos terrenos (la suelta de Satanás), separados por ese lapso.
ε) Aunque Gog y Magog, seducidos por Satanás, rodean la ciudad amada y el campamento de los santos (y los asedian; vienen para la guerra), no entran en ninguno de estos dos lugares, porque los devora el fuego que baja del Cielo.
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Se me podrá objetar —considerando la interpretación que supone la presencia de Nuestro Señor— que es imposible que estando personalmente el Redentor de ese modo en el Reino Milenario, algunos habitantes de la Tierra, representados y aglutinados en Gog y Magog, puedan pensar en combatir e intentar derrotar a Cristo y a sus santos.
En primer lugar consideremos que si, como dije en la entrega anterior, el mundo y la carne se aplacarán como tentaciones del hombre —por ser realidades impersonales que estarán sometidas a los santos y a Nuestro Señor— no ocurrirá lo mismo en su tiempo con Satanás, que —liberado por permisión divina— volverá a poner en juego su extremadísima e irreductible perversión e intentará nuevamente derrotar al Hijo de Dios, aunque perciba su realidad divina.
En segundo término recordemos la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, y cómo concluye:
«… Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se dejarán persuadir, ni aun cuando alguno resucite de entre los muertos.»
Si Satanás sale a seducir a algunas gentes, y éstas son seducidas, es porque se dejan seducir, por no escuchar a Moisés y a los profetas, y —desde luego— a Nuestro Señor. Y si hacen oídos sordos a la Verdad así manifestada, serán peores que los que no se dejan persuadir por un resucitado, porque no permitirán ser convencidos ni por el mismo Jesucristo. A mayor presencia de Nuestro Señor, más desenfreno de Satanás, y cuanto mayor sea este desencadenamiento de la maldad diabólica, más grande será el dejarse seducir de algunas gentes. ¿Acaso no fue el Pueblo Elegido, seducido por Satanás, el que crucificó a Cristo?
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Volvamos a Pirot, que continúa con la interpretación de San Agustín, incluyendo la exégesis sobre los tronos del versículo IV del capítulo XX y concluyendo esta parte final de la nota con el siguiente texto:
«Estaríamos tentados —concluye Pirot— de poner menos precisión en esa identificación. Sin duda tenemos allí una imagen destinada a hacer comprender la grandeza del cristiano: se sienta porque reina (Mat. XIX. 28; Luc. XXII, 30; I Cor. VI, 3; Ef. I, 20; II, 6; Apoc. I, 6; V, 9).»
¡Cáspita, se nos ha vuelto milenarista Pirot! En lugar de la interpretación que hace San Agustín de los tronos —que serían para el Obispo de Hipona las sedes jerárquicas de la Iglesia— se tienta Pirot, pone menos precisión en esa identificación, y dice que sin duda esto es una imagen (sinónimo de alegoría) de «… la grandeza del cristiano; se sienta porque reina.»
¿Y quién reina entre los cristianos si no los santos?; ¿quién ocupa los tronos más altos sino los que ofrendaron su vida en crudelísimos tormentos y muertes sangrientísimas, para mejor tratar de emular a Nuestro Señor Jesucristo?
Así, termina Pirot interpretando literalmente el versículo 4 del capítulo XX del Apocalipsis… aunque no puede con su genio y elude su mención precisa, remitiéndose a otros pasajes del mismo Libro.
Hay que mencionar, también, que el versículo del capítulo V que es concomitante con I, 6, no es el 9, sino el 10. Atribuyámoselo al copista.
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Seguimos con el análisis de la nota, ahora comparando los dos párrafos que se refieren a la censura magisterial:
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NOTA 1946 3) La Sagrada Congregación del Santo Oficio puso fin a muchas discusiones declarando recientemente que un reinado del Señor, en forma corporal o visible, no se puede enseñar con seguridad (tutto doceri non potest). |
NOTA 1948 3) La Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio cortó la discusión declarando, por decreto del 21 de julio de 1944, que la doctrina «que enseña que antes del juicio final, con resurrección anterior de muchos muertos o sin ella, nuestro Señor Jesucristo vendrá visiblemente a esta tierra a reinar, no se puede enseñar con seguridad (tuto doceri non posse)». |
Los diversos contenidos de la locución latina con que cierra cada párrafo, ya los analicé al final de la IIIª entrega de este trabajo.
Hay dos diferencias menores, pero que debo analizar para ser tan estricto como lo fui según expresé en el penúltimo párrafo de la Iª parte de este trabajo: En primer lugar, Monseñor Straubinger completa, en la segunda edición, el nombre de la congregación vaticana: «Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio». Me parece ver en esta variante una preocupación del exégeta alemán por ser más preciso con algunas cuestiones en esta segunda oportunidad; lo mismo en cuanto a la enmienda de «tuto doceri non posse».
También es más exacto cuando reemplaza el «recientemente», de 1946, por la fecha exacta del 21 de Julio de 1944, en la versión de 1948. En la primera ocasión parece que se refiere al documento eclesiástico por aproximación; pero no puedo suponer que alude al de 1941, en presencia de muchas referencias que expone el propio prólogo de Monseñor Straubinger a las ediciones modernas, ya elaborado —o completado— luego de Febrero de 1950, según la alusión a la «Revista Bíblica» que mencioné en la Iª entrega; más seguramente redactado o integrado en 1951, de acuerdo con el Imprimatur emitido en Mayo de ese Año del Señor.
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Veamos si puedo precisar un poco más la cuestión de las ediciones y sus fechas, particularmente en aras de la comparación de las diferencias mayores entre ambas notas. El traductor menciona las siguientes etapas de su notable trabajo, en el proemio de la Biblia platense:
Apartado I:
1) Su publicación de la Biblia Vulgata (segundo párrafo); aunque no menciona el año, declara que fue editada antes del IVº Congreso Eucarístico Nacional Argentino, celebrado del 12 al 15 de Octubre de 1944.
2) La 1ª traducción argentina de los Evangelios, aparecida en Septiembre de 1944 (cuarto párrafo).
3) La edición de los Hechos de los Apóstoles, de 1945, y de las Cartas de San Pablo, de 1947 (séptimo párrafo).
4) La traducción íntegra del Nuevo Testamento, de 1948 (octavo párrafo); aquí menciona por primera vez a la casa editora Desclée, de Brouwer y Cía.
5) La traducción del Antiguo Testamento según el texto hebreo, con especial referencia al Libro de los Salmos (décimo párrafo). Monseñor Straubinger no especifica la fecha de su edición, aunque es evidente que se trata del Año del Señor 1951, según el contenido de los últimos dos párrafos de este apartado:
«Llega ahora el momento de entregar al público esta flamante traducción del Antiguo Testamento. De este modo la nueva versión se presenta en cuatro tomos, a los que se agregará un quinto, conteniendo una Concordancia actualmente en preparación, y un sexto comprendiendo un Atlas Bíblico.»
«Tal es, en brevísimos rasgos, el origen y el desarrollo de esta traducción. Siete años de ímproba labor, llenadas todas las horas con persistente trabajo. Siete años son pocos si se considera la magnitud de la obra. Pero son muchos para quien tiene que realizarla.»
Así, queda en claro que el exégeta teutón habla en 1951, siete años después de su primera traducción argentina de los Evangelios; veamos otras referencias:
Apartado II:
El último párrafo, donde se lee:
«No fue posible comentar detalladamente todos los libros. Esto hubiese exigido algunos tomos más de los que el editor había proyectado. Por eso nos hemos concentrado especialmente sobre el Génesis, los Salmos, el Cantar de los Cantares y los Profetas, vale decir, sobre aquellos libros que oponen más problemas o son de especial importancia para la vida religiosa.»
Apartado III:
Los tres últimos párrafos:
«En un solo punto esta versión difiere esencialmente de las demás, y es en los libros deuterocanónicos, es decir, en aquellos libros que no están en la Biblia hebrea. Nácar-Colunga y Bóver-Cantera los traducen del texto griego actual, que no siempre es el mejor, mientras esta versión los presenta en la versión de la Vulgata, cosa que hemos indicado en la introducción respectiva de cada libro deuterocanónico.
«No poca dificultad ofrecen al traductor los nombres propios. Bóver-Cantera los transcribe en exacta fonética hebrea y con el acento que tienen en el hebreo, en tanto que Nácar-Colunga y otros se toman la libertad de adaptarlos a la Vulgata o a una ortografía moderna.
«Nosotros no hemos seguido estrictamente ninguno de estos dos sistemas. Hemos hecho una distinción entre los nombres propios muy conocidos, usados ya como los modernos, y los otros que no han sido asimilados. Los de la primera categoría van con la forma que recibieran en la Vulgata: por ejemplo, Eva, Abel, Sara, Rebeca, Elías, Eliseo. Los de la segunda, en cambio, llevan el acento hebreo, aunque en parte han sido asimilados a la Vulgata.»
Estas referencias posteriores al apartado I, sumadas a otras que ese sector contiene, son las que me permiten asegurar que estamos en presencia de un prólogo elaborado en 1951, destinado a una edición completa de la Biblia, lanzada con motivo de haberse traducido del hebreo el Antiguo Testamento.
La referencia al texto de la Antigua Alianza que detallé en el punto 5) del apartado I, así como los destacados de los párrafos transcriptos para los otros dos apartados, así lo respaldan:
a) «Llega ahora el momento de entregar al público esta flamante traducción del Antiguo Testamento… » Se trata, pues, de la primera parte de la Biblia, que ahora completa. No porque no la haya publicado antes (ya vimos que mencionó su edición de la Vulgata), sino porque es una nueva traducción, directamente de los textos hebreos.
b) Aclara, sobre esta edición que prologa, cosas relativas a los libros deuterocanónicos «… que no están en la Biblia hebrea«.
c) La dificultad que tiene el traductor con los nombres propios tienen que ver con la fonética y el acento del hebreo.
d) Todos los nombres que figuran en el último párrafo son del Antiguo Testamento; no hay ninguno del Nuevo.
e) Distingue, entre los nombres propios, los que conserva según la Vulgata, en una casi segura referencia elíptica a su edición de la Biblia de San Jerónimo, tal como lo mencionó al principio del prólogo.
De todo esto concluyo, ya sin lugar a dudas, que este prólogo fue escrito en 1951, para la edición completa de la Biblia, donde apareció por primera vez el Antiguo Testamento traducido directamente del hebreo por Monseñor Straubinger.
Bien, pero ¿dónde está el Apocalipsis, que en 1946 ya había sido publicado? Ni este Libro ni las Epístolas Universales (Santiago, San Pedro, San Juan y San Judas Tadeo) se enumeran en este prólogo del exégeta alemán. Voy a tratar de encontrar, con la mayor precisión posible, el año de la primera publicación del Libro de la Revelación, a partir de un dato poco exacto pero que da alguna aproximación: En la edición de 1946, la nota al versículo 6 aparece en la página 1565; en las ediciones contemporáneas figura en las páginas 383-384 del Nuevo Testamento, ya numerado desde el 1, sin conexión con la numeración del Antiguo Testamento, que —según vimos— concluía en la página 1288.
Si sumo 1288 (Antiguo Testamento) + 383 (Nuevo Testamento hasta la nota 6), me arroja 1671, que es el folio donde debería haber aparecido en 1946 la glosa en cuestión; pero la nota de ese año aparece en la página 1565, con lo cual hay un desfasaje de 106 fojas que faltarían.
Ahora bien: En las últimas ediciones (siglo XXI), las Epístolas Paulinas (que no estaban en la edición de 1946) ocupan las páginas 200 a 321, o sea 122 fojas. Si recordamos que el Evangelio según San Mateo comienza en las ediciones actuales —como dije en la Iª entrega— en la página 17, resto de 122 esas 16 páginas faltantes en los ejemplares contemporáneos, y llego exactamente al desfasaje visto: 106 fojas.
Cabe destacar que aunque la diferencia se ajusta en esa hipótesis con exactitud, la edición de 1946 y las actuales se diferencian porque en las últimas el Antiguo Testamento está traducido del hebreo, y Monseñor Straubinger parece haber hecho algunas modificaciones o mejoras en los comentarios, según el último párrafo del apartado II del prólogo, más arriba transcripto. Esto podría hacer variar el número de páginas utilizadas, y hay que tener en cuenta también que en las ediciones del siglo XXI faltan de 8 a 10 páginas antes del prólogo.
En consecuencia, esa exactitud en la recuperación del desfasaje puede alterarse en pequeña escala, lo cual no menoscaba la siguiente inferencia:
Como corolario de todo lo expuesto, volviendo a los párrafos séptimo y octavo del apartado I del proemio, y aplicando las cuestiones numéricas vistas, concluimos: En 1946 Monseñor Straubinger ya tenía traducido el Antiguo Testamento a partir de la Vulgata; y del Nuevo Testamento había traducido de los originales (no de la Vulgata) sólo los cuatro Evangelios, las Epístolas Universales y el Apocalipsis; no estaban las Cartas de San Pablo, que recién publicó en 1947, de ahí las páginas desplazadas. Congruentemente:
A) La extensión del Antiguo Testamento de 1946, traducido de la Vulgata, no difería en mucho de la extensión que muestra ahora, por lo que en ese año, publicado en conjunto con gran parte del Nuevo Testamento (excluidas las Epístolas Paulinas), llevó la nota al versículo 6 del capítulo XX del Apocalipsis, a la página 1565 de la edición.
B) Si recién en 1947 publicó las Epístolas de San Pablo por él traducidas, y no precisa nada sobre los demás libros no detallados hasta ahí, se sigue que las Epístolas Universales y el Apocalipsis fueron traducidos entre 1944 y 1946; es decir, luego de la primera publicación correspondiente al Nuevo Testamento (los cuatro Evangelios) y hasta el año en que vio la luz el ejemplar de 1946 que hemos reproducido parcialmente.
C) En 1948 Desclée, de Brouwer y Cía. publicó la traducción íntegra del Nuevo Testamento —esta vez con las Cartas de San Pablo inclusive— pero sin el Antiguo Testamento, por eso, comenzando la numeración en 1, la referida nota, en su nueva versión, quedó en las páginas 383-384.
D) Mientras salía esa edición, Monseñor Straubinger trabajaba en la traducción del Antiguo Testamento del hebreo; por eso dice en el 10º párrafo del apartado I del prólogo de 1951, refiriéndose a la edición de 1948:
«Quedaba concluida así, la primera parte de la obra emprendida. Maduraba entretanto la segunda, a saber, la traducción del Antiguo Testamento según el texto hebreo. Fueron primicias de este trabajo, los «Salmos«, publicados en 1949 por la misma casa editora Desclée, de Brouwer y Cía.»
E) En 1951, concluido el vuelco del texto hebreo de la Antigua Alianza al castellano, se publica la Biblia íntegra, pero no se renumeran las páginas del Nuevo Testamento —tal vez por una cuestión editorial, para urgir la publicación— con lo que la nueva nota sigue en las páginas 383-384.
Tenemos la explicación, pues, de la ubicación editorial de ambas notas, la de 1946 y la de 1948 hasta el presente; y la precisión, que anuncié al comienzo de este análisis, sobre la elaboración del actual prólogo de la Biblia platense por Monseñor Straubinger, en el Año del Señor 1951.
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Hasta la próxima entrega.
Luis Ricardo Manzano
Director Ejecutivo
Radio Cristiandad
