LA ENTRADA DE CRISTO EN JERUSALEN

Joaquín Lorenzo Villanueva
(1757-1837)
Magnífica es tu entrada,
Señor de tierra y cielo,
en la que reina fue de las naciones;
a lo sumo ensalzada
por niños y garzones,
al ver hoy un modelo
de la humildad con que bajaste al suelo.
Rey eres de los reyes,
sin principio es tu trono,
no es breve o mundanal tu señorío;
reino que va a tus greyes,
de hoy más es reino mío;
de tu cetro blasono,
pues contigo en tu gloria me corono.
Hosana al que naciera
de David, canta leda
Salén, y llega el eco al alto polo;
y responde la esfera,
y Febo en cuanto oyólo
desciende de su rueda
por ver do está sin ramos la arboleda.
La palma y el olivo
te rinden su hermosura,
deshaciéndose el bosque en tu alabanza;
da saltos el cautivo
con la cierta esperanza
de su pronta soltura,
viendo al que a rescatarle se apresura.
¡Oh Rey benigno y manso!
Tu gala es la pobreza;
tu fausto, el menosprecio del tesoro;
el afán, tu descanso;
tus placeres, el lloro;
la humildad, tu grandeza,
pues a la cruz tu pompa se endereza.
