Qui aures audiendi, audiat.
Tal vez M. Lefebvre, desde su lucero, desde su sol, desde su estrella peregrina, estará preguntándose: ¿Pero qué hice Dios mío?

Muchos Católicos creyentes, ahora me entero de que hay católicos no creyentes, pues hasta hoy pensaba que cuando un católico deja de creer, apostata y por ende no se puede ser católico y apóstata al unísono, pero en fin todo sirva para seguir ilustrando el título elegido, (al parecer) se están «muriendo de miedo», pues saben que la Iglesia (no se especifica cuál) ¿la oficial?, ¿la visible?, o dicho de otro modo: ¿La Católica… la conciliar?, es infalible en cuanto a las canonizaciones. Claro que al no especificar a que iglesia se refiere, esos «católicos creyentes» «muertos de pánico», tendrían que comenzar por hacerse esa pregunta: ¿Cuál Iglesia Monseñor?. Y al mismo tiempo preguntar: ¿la jurisdicción de la iglesia conciliar es elástica?, ¿se puede estirar o encoger a gusto del consumidor? Es decir: «ad captandum vulgos», la iglesia conciliar tiene jurisdicción para lo que interesa y no para lo que no interesa. Eso me recuerda, a cuando éramos niños, tras La Cruzada de Liberación Nacional Española, tiempos aquellos en que los amigos de la «libertad» y de «los derechos humanos» nos condenaron a los españoles a un bloqueo numantino, y claro tener un balón de fútbol era casi un lujazo; pues bien… había un muchacho que poseía el único balón del barrio y además era una tanto mayor que el resto y no precisamente el más listo, pero era él quien tenía la atribución de decidir quién jugaba, de qué jugaba y además se atribuía la «jurisdicción» de cambiar las reglas del fútbol a su antojo, y el que no las aceptaba, se veía obligado a ver a los demás dándole patadas al balón y todo el mundo tan contento… pues lo importante para los jovenzuelos era jugar.
Pero aquí se está hablando de otra cosa, se está hablando de cosas más serias que requieren un poquito más de rigor.
De manera que la iglesia en quien Monseñor reconoce su jurisdicción va a forzar a los fieles a creer que Roncalli y Wojtyla son santos y los fieles contraviniendo la jurisdicción que él recalca y de la que se hace eco, por esta vez los «católicos creyentes» no necesitan hacer caso a la tan jaleada y cacareada jurisdicción. Para ello se basa en unas declaraciones de M. Lefebvre, hechas en 1989, es decir… unas declaraciones de ya hace un cuarto de siglo. ¿Se ha preguntado Monseñor que no diría Hoy Monseñor Lefebvre?, si un año antes llegó a decir: «…..pero es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa no es papa. No quiero decirlo aún de una manera solemne y formal, pero parece, sí, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje, pública y formalmente».
Así mismo, en en una conferencia dada en Econe el 15 de Abril de 1986, sacó a relucir lo que dijo en el sermón de Pascua y que usted acaba de leer: ¿El papa es papa cuando es hereje? ¡Yo no sé, no zanjo!. Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos. Pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la cuestión. No sé, entonces ahora, ¿es urgente hablar de esto?…se puede no hablar, obviamente…podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes…«¿Es necesario hablar a los fieles? Muchos dicen: no, no habléis a los fieles, van a escandalizarse, eso va a ser terrible, eso va a ir lejos…Bien , les dije a los sacerdotes en París cuando los reuní, y luego a vosotros mismos ya les había hablado, les dije: pienso que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles. No digo que sea necesario hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimento a los fieles para asustarlos…no, pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión de fe. Es necesario que los fieles no pierdan la fe».
Claro que todo esto huele a más que podrido y que ya desde esa época se había creado un contubernio dentro de la Fraternidad y se hace patente la conspiración contra el mismo M. Lefebvre. «Ab uno disce omnes»: por uno solo se conoce a los demás, «para muestra basta un botón», «por la muestra se conoce el paño». Expresión de Virgilio (Eneida, II, 65) que se cita a propósito de cualquier rasgo distintivo que permite juzgar a cierta clase de individuos.
El 14 de Julio de 1987 llegó a decir:
«Lamentablemente debo decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía. Estas no son palabras en el aire, es la verdad: Roma está en la apostasía». (Conferencia en un retiro sacerdotal en Ecône, el 4 de Sept. de 1987). Exactamente lo que ya había profetizado Nuestra Señora de La Salette, no solo que la Iglesia sería eclipsada, sino que además Roma perdería la fe y sería la sede del Anticristo. Y en la en la misma conferencia dijo: «Pienso que podemos hablar de descristianización y que esas personas que ocupan Roma hoy son anticristos. No he dicho ante Cristos, he dicho Anticristos, como lo describe San Juan en su Primera Carta: «Ya el Anticristo hace estragos en nuestro tiempo».
Fideliter nº 66 de Nov-Dic. del a ño 1988 afirmó:
«Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial». «No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia visible;
Fideliter n° 70, Jul-Ag. de 1989:
«Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación a la Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica, que nosotros intentamos representar y seguir. (…) Pero, nosotros representamos de verdad la Iglesia Católica tal como era antes, puesto que seguimos eso que siempre ha hecho. Somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. Esto es lo que constituye la Iglesia visible».
Indudablemente, Si Mons. Lefebvre se hubiese atenido a la jurisdicción de la que usted se hace depender, usted Monseñor, hoy no sería ni sacerdote ni obispo. Por razones obvias.
Pero permítame decirle que estoy de acuerdo con usted en el último párrafo:
«El paso clave en este proceso es el desenganche de la mente de la realidad. Cuando el proceso es aplicado hoy en día a la Iglesia en forma de modernismo, los resultados son tan totalmente dispares a lo que ocurría antes que las nuevas realidades absolutamente requieren nuevos nombres: Neo-Iglesia, Neo-canonizaciones, Neo-santos, etc. Después de todo, ¿no están los Conciliaristas orgullosos de hacer todo de nuevo?»
Por supuesto que en su «et cetera» estarán incluidos: Neo-obipos, Neo-cardenales y Neo-papas. Que serían tan neos y tan falsos como la «iglesia» las «canonizaciones» y los «santos» a los que usted hace referencia. Tal vez M. Lefebvre, desde su lucero, desde su sol, desde su estrella peregrina, estará preguntándose: ¿Pero qué hice Dios mío?
Andrés Carballo.
