ANTE LA INSISTENCIA DE
MONSEÑOR WILLIAMSON
¡Una vez más!… Después de haber aplicado en su Billot II la Carta a la iglesia de Sardes a nuestra propia Edad, ahora Monseñor Williamson insiste con lo mismo en su Billot III, pero esta vez en referencia al Cuartel General de la FSSPX.
Lo concreto para él es que ¡estamos en Sardes!
Ahora bien, escribió Monseñor Williamson en Billot I (Comentario Eleison 336):
Por años he estado brindando una conferencia sobre las Siete Edades de la Iglesia, basada en el Comentario del libro del Apocalipsis por el Venerable Bartolomé Holzhauser. Sacerdote alemán de la primer mitad de los años 1600, él dijo que lo escribió bajo inspiración. La conferencia ha sido popular, especialmente porque encaja la locura de nuestra edad en un patrón armonioso de toda la historia de la Iglesia. De lo que no me había dado cuenta, sin embargo, es que la visión de Holzhauser es compartida por un famoso teólogo clásico, haciendo así más difícil despedir a Holzhauser por ser un mero visionario o «aparicionista».
Es en un Epílogo al primer volumen de su clásico Tratado de la Iglesia de Cristo que el Cardenal Louis Billot (1846-1931) traza con algún detalle la correspondencia afirmada por Holzhauser entre siete períodos principales de la historia de la Iglesia y las siete Cartas a las siete iglesias de Asia que componen los Capítulos II y III del libro del Apocalipsis. El Epílogo de Billot nunca menciona a Holzhauser, pero es difícil imaginarse que no haya conexión.
(…)
Claramente nos movemos hacia el futuro con la sexta iglesia, la de Filadelfia (Apoc. III, 7-13), significando «amor» (Fil-) de «hermandad» (-adelfia). El Cardenal Billot afirma que este nombre corresponde a un gran triunfo final de la Iglesia, marcado notablemente por la conversión de los Judíos como la profetizó San Pablo (Rom. XI, 12 ) y por su reconciliación con los Gentiles, hermanos por fin en Cristo (Ef. II, 14-16).
Pero la iglesia de Filadelfia es advertida que la tribulación está viniendo (Apoc. III, 10) la cual corresponde a la séptima y última Edad de la Iglesia, la de Laodicea (Apoc. III, 14-22) denominada por juicio (dike) de los pueblos (laon). Será la Edad de la última y más terrible prueba de la Iglesia, la persecución del Anticristo seguida por el Juicio General de todas las almas que hayan alguna vez vivido y, así, de todos los pueblos.
Pero, Barthelemy Holzhauser, en su Interpretación del Apocalipsis (3ª ed, París, 1872, Biblioteca Luis Vivès; vol. II, página 120), escribió:
A mediados del año de Cristo de 1855, en el siglo XIX, nacerá el Anticristo, y vivirá cincuenta cinco años y medio. Y es en los últimos tres años de su vida y durante los últimos seis meses, es decir, durante tres años y medio que él descargará la mayor furia contra el cristianismo, y que, de acuerdo con su falso profeta antipapa, exterminará la Iglesia, dispersará el rebaño de Cristo Jesús, vencerá y matará a todos los fieles por el poder que la habrá sido dado por cuarenta y dos meses sobre toda tribu, sobre todo pueblo, sobre toda lengua y sobre toda Nación, para hacer la guerra contra los Santos de Dios y para derrotarlos durante el tiempo que él se sentará en la plenitud de su reinado. Y así, en el año 1911, el hijo de perdición será matado en medio del quincuagésimo sexto año de su vida por el aliento, es decir por la palabra que saldrá de la boca de Jesús de Nazaret crucificado.
Por lo tanto:
No estamos en Sardes… ¡Estamos más allá de la Iglesia de Laodicea, del Anticristo y del Juicio General…!
Y entonces:
Sea a Holzhauser, sea al Cardenal Billot, sea a Monseñor Williamson, a alguno de los tres, como mínimo, le falló algo…
Que algo le falló a Holzhauser, es evidente, con excomunión incluso…
Que algo le falló al Cardenal Billot, no es mi propósito desmostarlo ahora.
Pero, que algo le falla a Monseñor Williamson es más que evidente. A pesar de comprobar la falla de Holzhauser, insiste…, e insiste…, e insiste… en machacar con lo mismo, aferrándose de donde pueda…; ahora de Billot…, pero sin renunciar a su aparicionismo, claro está…
Por lo tanto, del mismo modo que insisto en señalar su falla respecto del Motu proprio y del levantamiento de las excomuniones, insistiré también en destacar su desviación en la interpretación de los sucesos de los últimos tiempos.
Y que se entienda bien: para oponerme, desde el año 2000, a la campaña de reconquista y de restauración lanzada por el Cuartel General y los Cuarteles Particulares de la FSSPX no ha sido necesario basarme sobre falsas apariciones ni sobre dudosas interpretaciones de la Sagrada Escritura.
Padre Juan Carlos Ceriani
