LA AMBIGÜEDAD DEBE SER DETESTADA
Estoy cansado de discutir sobre las palabras
A partir del año 2000 se entabló en la FSSPX la cuestión de retomar contacto con la Roma ocupada por el modernismo; y en 2001 aparecen los famosos préalables, o prerrequisitos, o condiciones previas. Dios y algunos miembros de la Fraternidad (entre ellos Monseñor Williamson) son testigos de que, desde el principio, la cosa me pareció muy equívoca; pero mis aprehensiones no pasaron de comentarios privados.
Fue en julio de 2004 que decidí intervenir ante mis Superiores. En efecto, como puede comprobarse en mi Apelación de febrero de 2009, cuando Monseñor Bernard Fellay anunció en junio de 2004 que había pedido a Roma «oficialmente el retiro del Decreto de Declaración de las excomuniones» envié la misma carta a siete de mis Superiores (los cuatro Obispos, el Primer Asistente, el Ecónomo General y el Secretario General) para señalarles que ese pedido implicaba la aceptación de las excomuniones y de que, tarde o temprano, íbamos a terminar por aceptar lo inaceptable: el levantamiento de las mismas.
Monseñor Fellay y Monseñor Tissier de Mallarais se contentaron con responder que sólo se trataba de una «imprecisión de lenguaje».
¿Hubo respuesta de Monseñor Williamson? ¡Claro que sí!… Guiño a la derecha… Para después doblar a la izquierda…
El término de un intercambio epistolar, en una carta, del 2 de agosto de 2005, le escribí a Mons. Fellay:
«Considerando los antecedentes desde agosto de 2000, es muy probable que las autoridades de la Fraternidad terminen por aceptar de la Roma modernista una fórmula como «retirar la excomunión», o «levantar la excomunión», o «anular la excomunión».»
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Después de mi Apelación pública contra la aceptación del Decreto del 21 de enero de 2009, el lunes 9 de febrero, fui invitado por el Superior del Distrito de Francia a participar de una reunión de sacerdotes en el Seminario de Flavigny, para exponer mi oposición y para aprovechar la ocasión para entrevistarme en privado con Monseñor Fellay y con él mismo.
La conferencia de Monseñor Fellay del lunes 16 de febrero reservaba dos sorpresas.
Primera sorpresa
El primer sobresalto se produjo cuando Monseñor Fellay expresó con toda simplicidad: «Estoy cansado de discutir sobre las palabras».
Algunos días más tarde, en carta del 24 de febrero, yo destaco la molestia del Superior General y le expreso:
«Compruebo que la confusión no ha sido creada ni por Roma, ni por los sacerdotes de la Fraternidad, ni por los fieles, sino por el Superior General y los Superiores de Distritos.
En efecto, Roma siempre ha utilizado el mismo lenguaje, erróneo, pero claro y preciso.
La Fraternidad, al contrario, a lo largo de los últimos ocho años, ha caído en la equivocidad en los términos, la cual ha engendrado confusión en los espíritus de los sacerdotes y de los fieles.
La consecuencia de esta equivocidad en los términos y de esta confusión en los espíritus es la ambigüedad y la imprecisión en los comunicados oficiales y en los artículos aparecidos en la prensa».
Vengamos a las pruebas:
I) Roma siempre ha utilizado el mismo lenguaje, erróneo, pero claro y preciso:
Carta del cardenal Castrillón Hoyos, 7 de mayo de 2001:
«Las dos condiciones que presenta para el retorno se consideraron atentamente: el permiso otorgado a todos los sacerdotes de poder celebrar libremente la misa de San Pío V y el levantamiento de la excomunión que pesa sobre ustedes. La Iglesia, como Madre, quería favorecer su vuelta a la plena comunión y, con este fin, el Vaticano tomó la iniciativa de este nuevo proceso. Como se lo dije varias veces, de viva voz y por escrito, el Papa tiene los brazos abiertos para acogerles».
Sermón de Mons. Fellay en Flavigny, 2 de febrero de 2006:
«Después de estos largos debates el Cardenal dijo: ״Constato que todo lo que expone no les pone fuera de la Iglesia, por lo tanto están en la Iglesia״. Y siguió diciendo: ״Les pido escribir al Papa para pedirle que retire las excomuniones״«.
Otro texto de Monseñor Fellay:
«El 15 de noviembre, me entrevisto con el cardenal Castrillón en sus apartamentos. Lo acompañaban dos secretarios. El Padre Nély se me unió. El debate duró alrededor de dos horas y media y fue seguido de una comida, como es su práctica, alrededor de la misma duración (…) A raíz de este largo debate, el cardenal declaró: ״Todos estos puntos que describen no hacen que estén fuera de la Iglesia, por lo tanto están bien en la Iglesia. Lo invito a que escriba una carta al Soberano Pontífice en la cual pida el levantamiento de las excomuniones. No es necesario de manifestar un sentimiento de culpabilidad, pero un acto de humildad sería bienvenido״».
Decreto del 21 de enero de 2009:
«Por medio de la carta del 15 de diciembre de 2008 enviada a Su Eminencia el Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, Mons. Bernard Fellay, en su nombre y en el de los otros Obispos consagrados el 30 de junio de 1988, volvía a solicitar el levantamiento de la excomunión latae sententiae formalmente declarada por Decreto del Prefecto de esta misma Sagrada Congregación para los Obispos con fecha del 1º de julio de 1988 (…) Conforme a las facultades que me han sido expresamente concedidas por el Santo Padre, Benedicto XVI, en virtud del presente Decreto, remito a los Obispos Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta la censura de excomunión latae sententiae declarada por esta Congregación el 1º de julio de 1988 y declaro privado de efectos jurídicos a partir del día de hoy el Decreto entonces publicado.»
Nota de la Secretaría de Estado del 4 de febrero de 2009:
«La gravísima pena de la excomunión latae sententiae, en la que dichos obispos habían incurrido el 30 de junio de 1988, declarada después formalmente el 1 de julio del mismo año, era una consecuencia de su ordenación ilegítima por parte de monseñor Marcel Lefebvre.
El levantamiento de la excomunión ha liberado a los cuatro obispos de una pena canónica gravísima, pero no ha cambiado la situación jurídica de la Fraternidad San Pío X, que por el momento no goza de reconocimiento alguno en la Iglesia católica. Tampoco los cuatro obispos, aunque liberados de la excomunión, tienen una función canónica en la Iglesia y no ejercen lícitamente un ministerio en ella.»
II) la Fraternidad, por el contrario, a lo largo de los últimos ocho años cayó en la equivocidad en los términos, que generó una gran confusión en el espíritu de los sacerdotes y de los fieles.
Texto oficial de Monseñor Fellay:
«Pero antes de entrar realmente en debate, pedimos al Vaticano dos preliminares: se trataba de dar a los sacerdotes del mundo entero la posibilidad de celebrar la misa tridentina, declarando que esta misa no se derogó nunca y que es legítima. Pedimos que se retire el decreto de excomunión«.
Conferencia de Mons. Fellay, Kansas City, 5 de marzo de 2002:
«El 13 de enero, organicé una reunión de los cuatro obispos de la Fraternidad. (…) Se nos había engañado tanto antes que necesitábamos algo que nos probase claramente que Roma quería de verdad la Tradición (…) En segundo lugar, habiéndose arreglado el Vaticano para marginalizarnos con esta excomunión que da miedo a la gente, pedíamos que retractara el decreto de excomunión«.
Carta a los Amigos y Benefactores N° 62:
«Pedíamos en consecuencia y en preliminar un gesto concreto por parte de las autoridades romanas: el reconocimiento de no derogación del rito tridentino y la anulación del decreto de excomunión. El cardenal Castrillón nos comunicó (…) en cuanto al levantamiento de la excomunión, se nos promete en el acuerdo»
Carta de Mons. Fellay al cardenal Castrillón Hoyos, 6 de junio de 2004:
«No vemos cómo podíamos llegar a un reconocimiento sin pasar por una serie de etapas. Entre estas etapas, la primera nos parece ser el retiro del decreto de excomunión. La excomunión que afectaba a los ortodoxos pudo levantarse sin que éstos de ningún modo hayan cambiado su actitud hacia la Santa Sede; ¿no sería posible hacer una cosa similar respecto a nosotros, quienes nunca nos hemos separado y siempre hemos reconocido la autoridad del Soberano Pontífice, tal como la definió el concilio Vaticano I?».
Carta a los Amigos y Benefactores N° 66:
«Recientemente pedimos oficialmente el retiro del decreto de excomunión como un primer paso concreto por parte de Roma. Eso cambiaría el clima y podríamos ver mejor cómo se desarrollan las cosas».
Conferencia de Mons. Fellay. Nouvelles de Chrétienté Nº 97, de enero-febrero de 2006:
«Lo habíamos propuesto desde el principio, no sé si se acuerdan, desde el principio en 2000. Habíamos dicho a Roma: Antes de discutir, antes de ir más lejos, es necesario preliminares. Estos preliminares, habíamos dado dos: era la libertad de la misa, la libertad para todos los sacerdotes, ya lo tenemos nosotros, no es para nosotros. Y, puesto que se utiliza siempre esta excomunión como un espantajo para dar miedo a la gente, que se retire este espantajo»
Sermón de Mons. Fellay en Flavigny 2 de febrero de 2006:
«Después de estos largos debates el Cardenal dijo: ״Constato que todo lo que exponen no les pone fuera de la Iglesia, por lo tanto están en la Iglesia״. Y siguió diciendo: ״Le pido escribir al Papa para pedirle que retire las excomuniones״. Desde entonces, permanecimos allí, ya que obviamente no vamos a pedir que se retire algo que no reconocemos. Siempre nos hemos negado a reconocer la validez de estas excomuniones, no podemos pues pedir que se retire algo que no existe. Y antes incluso de realizar este acto, pedimos por supuesto el retiro del decreto de excomunión, su anulación; pero decir «anular» ya quiere decir que se reconoce algo. Lo habíamos pedido desde el principio; era uno de los preliminares que habíamos puesto. Y, por primera vez, Roma parece tomar este camino que les había propuesto en el año 2000″.
Entrevista a Mons. Fellay. Nouvelles de Chrétienté Nº 102, de noviembre-diciembre de 2006:
«Y por lo que se refiere a la excomunión, desde hace alrededor un año, Roma parece ya no ver obstáculos —según uno u otro comentario y según lo que se nos dice— Roma no tiene ya de verdad objeción para retirar esta excomunión».
Como ejemplos de confusión en los fieles, basta con considerar las intenciones inválidas que se publicaron como válidas en el sitio La Puerta Latina:
* «El levantamiento efectivo de las excomuniones»
* «Para este retiro de la excomunión»
* «Revenir sobre esta excomunión»
* «Que la excomunión que pesa sobre la Fraternidad San Pío X sea levantada»
* «El levantamiento de las sanciones»
* «Para la reunión en la comunión de todos estos hermanos que nos son tan cercanos»
* «Por el levantamiento de la excomunión de Monseñor Lefebvre»
* «Que levanten la excomunión»
* «Soy católico normal, y por eso ruego mucho por la reconciliación entre la Iglesia y la organización Pío X. Tal reconciliación sería un enriquecimiento enorme para la Iglesia Universal».
* El Seminario de La Reja: «Rosarios ofrecidos por los Sacerdotes, Seminaristas, Hermanos, Hermanas, y fieles del Seminario Nuestra Señora Corredentora por la intención pedida por Mons. Fellay en Lourdes: el retiro del decreto (¿de excomunión?) que pesa sobre Mons. Lefebvre, Mons. de Castro Mayer y los cuatro obispos de la Fraternidad».
El paréntesis es del original… y bien original, por cierto…
* El sitio oficial del Distrito de Sudamérica publicó: LA INTENCIÓN DE ESTA CAMPAÑA LANZADA POR MONSEÑOR FELLAY ES: «QUE POR LA INTERCESIÓN DE NUESTRA SEÑORA SEA DEROGADO EL DECRETO DE EXCOMUNIÓN DEL AÑO 1988″.
¿Conocerá el Superior del Distrito lo que significa «derogar»? Por el intercambio de cartas con la señora Mabel Colominas de Peñalva, parece que no…
La consecuencia de esta equivocidad en los términos y de esta confusión en los espíritus es la ambigüedad y la imprecisión en los comunicados oficiales y en los artículos aparecidos en la prensa:
Carta a los fieles, 24 de enero de 2009:
«Como lo anuncio en el comunicado adjunto, ״la excomunión de los obispos consagrados por S. Exc. Mons. Marcel Lefebvre el 30 de junio de 1988, que había sido declarada por la Congregación para los Obispos por un decreto del 1 de julio de 1988 y que siempre impugnamos, fue retirada por otro decreto de la misma Congregación con fecha del 21 de enero de 2009, por mandato del papa Benito XVI״. Era la intención de oración que les había confiado en Lourdes, el día de la fiesta de Cristo Rey 2008.»
Entrevista a Mons. Fellay. El Tiempo, 26 de enero de 2009 (publicada en La Puerta Latina):
«No temo nada. Puede haber una voz discordante aquí o allí. Pero el celo que los fieles pusieron para rezar los Rosarios para pedir el levantamiento de las excomuniones dice largo sobre nuestra unión; 1.700.000 Rosarios se dijeron en dos meses y medio».
Entrevista a Mons. Fellay. Mundo y Vida, 31 de enero de 2009 (publicado en La Puerta Latina):
«Me esperaba este levantamiento de la excomunión desde 2005, desde la primera carta de solicitud de levantamiento de la excomunión que había dirigido a pedido de Roma misma. Porque queda claro que Roma no pedía esta carta para negarse a levantar la excomunión (…) Lo asigno en primer lugar Virgen. He aquí la señal manifiesta, con una respuesta casi inmediata. Acababa exactamente de decidir ir a Roma para llevar el resultado del ramillete de Rosarios que habíamos lanzado en Lourdes con esta intención explícita, cuando recibo una llamada de Roma que me invitaba a pasar».
Segunda sorpresa
El segundo desconcierto fue provocado cuando Monseñor Fellay manifestó que «Algunos, para facilitar las cosas, hacen una identificación entre la Iglesia Oficial y la Iglesia Modernista. Pero es un error, porque hablamos de una realidad concreta».
Cuando llegaron las preguntas, simplemente hice referencia a una conferencia y a una entrevista de Monseñor Lefebvre, leyendo algunos pasajes, que presento más abajo.
Además, en la carta del 24 de febrero, pregunto si esta «realidad concreta» es «la iglesia visible» de Dom Gérard.
Y digo que no quisiera que comience una nueva confusión sobre las palabras que conduzca al Superior General al cansancio por una nueva discusión; porque, en efecto: Roma ha siempre utilizado un lenguaje claro y preciso. Monseñor Marcel Lefebvre y las autoridades de la Fraternidad, también.
Hoy, por el contrario, el Superior General expresa una idea insólita y desconcertante, desconocida en el lenguaje de nuestro Fundador; él debe utilizar fórmulas claras y precisas para evitar una nueva confusión, esta vez respecto a la identificación entre la «iglesia oficial» y la «iglesia modernista» o «iglesia conciliar»; él no puede cambiar la naturaleza de nuestro combate; si no quiere cumplir esta misión, él debe renunciar.
Respecto a la identificación entre
«Iglesia Oficial» e «Iglesia Modernista» o «Iglesia Conciliar»
Monseñor Fellay dijo en Flavigny, el lunes 16 de febrero: «Algunos, para facilitar las cosas, hacen una identificación entre la Iglesia Oficial y la Iglesia Modernista. Pero es un error, porque hablamos de una realidad concreta».
Yo me pregunto si esta «realidad concreta» es la «Iglesia visible» de Dom Gérard. Ahora bien:
I) Roma siempre ha utilizado un lenguaje claro y preciso:
Discurso de Pablo VI al Consistorio del 24 de mayo de 1976:
«Por una parte, están los que, bajo pretexto de una mayor fidelidad a la Iglesia y al Magisterio, rechazan sistemáticamente las enseñanzas del propio Concilio, su aplicación y las reformas que derivan, su aplicación gradual aplicada por la sede apostólica y las conferencias episcopales, bajo nuestra autoridad, querida por Cristo (…) De hecho, estas personas se colocan fuera de la obediencia al sucesor de Pedro y de la comunión con él, y en consecuencia fuera de la Iglesia.»
Carta de Mons. Benelli a Mons. Lefebvre, 25 de junio de 1976:
«El santo Padre me encarga hoy mismo que confirme la medida que se le intimó en su nombre, de mandato speciali: usted debe abstenerse actualmente de conferir toda ordenación. No tome como pretexto el desasosiego de los seminaristas: es precisamente la ocasión para ellos de explicarles, así como a sus familias, que no puede ordenarlos para el servicio de la Iglesia contra la voluntad del Pastor supremo de la Iglesia. No hay nada de desesperante en su caso: si tienen buena voluntad y se preparan seriamente para un Ministerio sacerdotal en la fidelidad verdadera a la Iglesia conciliar, nos encargaremos de encontrar a continuación la mejor solución para ellos; pero que comiencen en primer lugar, ellos también, por este acto de obediencia a la Iglesia. »
Constitución Apostólica de Juan-Pablo II Sacræ Disciplinæ Leges, del 25 de enero de 1983:
«Este instrumento que es el Código corresponde plenamente a la naturaleza de la Iglesia, especialmente como la describe el magisterio del Concilio Vaticano II en general, y en particular en su enseñanza eclesiológica. En un cierto sentido, hasta se podría ver en este Código un gran esfuerzo para traducir al lenguaje canónico esta doctrina de la eclesiología conciliar (…) Se desprende que lo que constituye la «novedad» esencial del Concilio Vaticano II, en la continuidad con la tradición legislativa de la Iglesia, sobre todo por lo que se refiere a la eclesiología, constituye también la «novedad» del nuevo Código.»
II) Monseñor Marcel Lefebvre y las autoridades de la Fraternidad siempre han utilizado un lenguaje claro y preciso:
Declaración del 21 de noviembre de 1974:
«Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma a la Roma católica, guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esta fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.
Nos negamos por el contrario, y siempre nos hemos negado, a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el concilio Vaticano II y después del concilio en todas las reformas resultantes».
Carta a los Amigos y Benefactores N° 9, octubre de 1975:
«El acontecimiento más importante es seguramente esa carta firmada por el Santo Padre que, bajo una nueva forma, reanuda los argumentos o más bien las afirmaciones de la carta de los cardenales. La recibí el 10 de julio último. Me pide un acto público de sumisión ״al concilio, a las reformas postconciliares y a las orientaciones que comprometen al propio Papa״.
(…) El problema de Ecône, es el de millares y millones de conciencias cristianas rasgadas, divididas, trastornadas desde hace diez años por este dilema martirizante: u obedecer a riesgo de perder la fe, o desobedecer y guardar su fe intacta; u obedecer y colaborar en la destrucción de la Iglesia, o desobedecer y trabajar en la conservación y la continuación de la Iglesia; o aceptar la Iglesia reformada y liberal, o mantener la pertenencia a la Iglesia Católica.
Es porque Ecône está en el centro de este problema crucial, que raramente se planteó a las conciencias católicas con esta amplitud y con esta gravedad, que se vuelven tanto las miradas hacia esta casa que eligió con determinación la opción de pertenencia a la Iglesia de siempre y rechaza la pertenencia a la Iglesia reformada y liberal.
Y hete aquí que la Iglesia, por sus representantes oficiales, se pronuncia contra esta opción de Ecône, condenando así públicamente la formación tradicional del sacerdote, en nombre del Concilio Vaticano II, en nombre de las reformas postconciliares y en nombre de las orientaciones postconciliares que comprometen al Papa.
¿Cómo explicar esta oposición a la Tradición en nombre del Concilio y su aplicación? ¿Se puede razonablemente y se debe oponerse realmente a un Concilio y a sus reformas? ¿Se puede, por lo demás, y se debe oponerse a las órdenes de la jerarquía que obligan seguir el Concilio y todas las orientaciones postconciliares oficiales?
(…) Se equivocan excesivamente, pues, los que hablan de una «mala interpretación» del Concilio, como si el Concilio en sí mismo fuera perfecto y no podría ser interpretado según las reformas y orientaciones.
Las reformas y orientaciones oficiales postconciliares manifiestan con más evidencia que cualquier escrito la interpretación oficial y querida del Concilio.
Ahora bien, aquí no tenemos que extendernos, los hechos hablan por sí mismos y son elocuentes, desgraciadamente, bien tristemente.
¿Qué permanece intacto de la Iglesia preconciliar? ¿Dónde no pasó la autodemolición?: Catequesis, Seminarios, Congregaciones religiosas, Liturgia de la Misa y de los sacramentos, Constitución de la Iglesia, Concepción del Sacerdocio…»
Sermón de Mons. Lefebvre. 29 de junio de 1976:
«He aquí lo que me dijeron los enviados oficiales del Vaticano.
Nosotros no somos de esta religión. Pertenecemos a la religión católica, no somos de esta religión universal, como la llaman hoy. Ya no es la religión católica.
No pertenecemos es esta religión liberal, modernista, que tiene su culto, sus sacerdotes, su fe, sus catecismos, su biblia, su biblia ecuménica. No los aceptamos».
Nota preliminar de Mons. Lefebvre. 12 de julio de 1976:
«De este modo, parece imposible abordar el problema de fondo, que es el acuerdo de la Iglesia conciliar, como la llama Mons. Benelli en su última carta, y la Iglesia Católica. Que no se equivoquen, no se trata de un desacuerdo entre Mons. Lefebvre y el Papa Pablo VI. Se trata de la incompatibilidad radical entre la Iglesia Católica y la Iglesia conciliar, representando la misa de Pablo VI el símbolo y el programa de la Iglesia conciliar».
Reflexiones de Mons. Lefebvre sobre la suspensión a divinis. 29 de julio de 1976:
«¡Qué de más claro! En adelante es a la Iglesia conciliar que es necesario obedecer y ser fiel, y no a la Iglesia Católica. Es todo nuestro problema precisamente. Somos «suspendidos a divinis» por la Iglesia conciliar y para la Iglesia conciliar, de la cual no queremos formar parte. Esta Iglesia conciliar es una Iglesia cismática, porque rompe con la Iglesia Católica de siempre. Tiene sus nuevos dogmas, su nuevo sacerdocio, sus nuevas instituciones, su nuevo culto, ya condenados por la Iglesia en muchos documentos oficiales y definitivos (…) Por eso los fundadores de la Iglesia conciliar hacen tanto hincapié en la obediencia a la Iglesia de hoy, haciendo abstracción de la Iglesia de ayer, como si ésta no existiese ya (…) Esta Iglesia conciliar es cismática porque tomó como base de su actualización los principios opuestos a los de la Iglesia Católica (…) La Iglesia que afirma semejantes errores es a la vez cismática y herética. Esta Iglesia conciliar no es, pues, católica. En la medida en que el papa, los obispos, sacerdotes o fieles adhieren a esta nueva Iglesia, se separan de la Iglesia Católica. La Iglesia de hoy sólo es la verdadera Iglesia en la medida en que sigue y hace cuerpo con la Iglesia de ayer y de siempre. La norma de la fe católica es la Tradición (…) El pedido de Mons. Benelli es, pues, luminoso: sumisión a la Iglesia conciliar, a la Iglesia de Vaticano II, a la Iglesia cismática. Nosotros proseguimos en la Iglesia Católica».
Declaración de Mons. Lefebvre, el 4 de agosto de 1976:
«Este concilio representa, tanto a los ojos de las autoridades romanas como a los nuestros, una nueva Iglesia, que llaman por otra parte la Iglesia conciliar (…) Entran en el cisma todos los que cooperan a la aplicación de esta convulsión, aceptan y adhieren a esta nueva Iglesia conciliar (como la designa Mons. Benelli en la carta que me envía en nombre del Papa, el 25 de junio último)».
Prólogo del libro Acuso al Concilio. Mons. Lefebvre, París, 27 de agosto de 1976:
«Se piden y se imponen todas las reformas y orientaciones oficiales de Roma en nombre del Concilio. Ahora bien estas reformas y orientaciones son de tendencia francamente protestantes y liberales. Es a partir del Concilio que la Iglesia, o al menos los eclesiásticos ocupando los puestos clave, tomaron una orientación claramente opuesta a la Tradición, al Magisterio oficial de la Iglesia.
Pretenden pasar por la Iglesia viva y maestros de la verdad, libres de imponer a los clérigos y a los fieles nuevos dogmas: el progreso, la evolución, el cambio, y una obediencia ciega e incondicional.
Volvieron la espalda a la verdadera Iglesia de siempre, le han dado nuevas instituciones, un nuevo sacerdocio, un nuevo culto, una nueva enseñanza siempre en la búsqueda, y esto en nombre del Concilio.
Es fácil pensar que cualquiera que se oponga al Concilio, su nuevo evangelio, será considerado como fuera de la comunión de la Iglesia. Se les puede preguntar ¿de qué Iglesia? Responderán de la Iglesia conciliar.
(…) Este descubrimiento obliga a preguntarse: ¿cuál ha sido en toda esta obra el papel del Papa? ¿Su responsabilidad? En verdad, ella parece tremenda, a pesar del deseo de absolverlo de esta terrible traición a la Iglesia.»
Carta de Mons. Lefebvre al cardenal Ratzinger, 24 de mayo de 1988:
«Eminencia, me parece necesario precisarle lo que le escribía el 6 de mayo. Reflexionando, nos resulta claro que el objetivo de los coloquios y de la reconciliación es integrarnos en la Iglesia Conciliar, la única Iglesia a la cual hacía usted alusión en las conversaciones».
Conferencia de Prensa, 15 de junio de 1988:
«El Cardenal Ratzinger lo repitió varias veces: «Monseñor sólo hay una Iglesia, no puede haber una Iglesia paralela». Le dije: «Eminencia, no somos nosotros quienes hacemos una Iglesia paralela, puesto que seguimos la Iglesia de siempre; son ustedes quienes hicieron la Iglesia paralela habiendo inventado la Iglesia del Concilio, la que el cardenal Benelli llamó la Iglesia conciliar; son ustedes quienes inventaron una iglesia nueva, quienes se hicieron nuevos catecismos, nuevos sacramentos, una nueva misa, nueva liturgia, esto no viene de nosotros. Nosotros, seguimos lo que se hizo antes. No somos nosotros quienes hacemos una nueva iglesia«.
¿Por qué esta interrupción de los coloquios? 19 de junio de 1988:
«Y cuando pensamos en la historia de las relaciones de Roma con los Tradicionalistas desde 1965 hasta nuestros días, nos vemos obligados a constatar que es una persecución sin respiro y cruel para obligarnos a la sumisión al Concilio (…) La Roma actual conciliar y modernista no podrá nunca tolerar la existencia de un vigoroso ramo de la Iglesia Católica que la condena por su vitalidad».
Homilía del 30 de junio de 1988:
«¿Cuál es esta verdad para ellos, si no la verdad del Concilio Vaticano II, si no la verdad de esta Iglesia conciliar? Por lo tanto, queda claro que para el Vaticano, la única verdad que existe hoy, es la verdad conciliar. Es el espíritu del Concilio. Es el espíritu de Asís. He aquí la verdad de hoy. Y esto no lo queremos por nada del mundo».
Carta abierta al cardenal Gantin:
«Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.»
Ecclesia Dei afflicta. Mons. Bernard Tissier de Mallerais:
«Concluyamos: La ruptura esencial es bien de naturaleza doctrinal. Pero no es un cisma de Mons. Lefebvre con la Iglesia. Es la ruptura (por no decir el cisma, ya que no tenemos la autoridad para pronunciarlo), la ruptura de la Iglesia de Vaticano II y de la Roma ocupada, con la verdadera tradición viva. La declaración de excomunión del Arzobispo fiel, de su colega en el episcopado y de sus cuatro hijos es la declaración oficial por Roma de esta última ruptura: es la Roma ocupada la que declara su propia ruptura con la tradición (por no decir su propio cisma y su propia excomunión). Para nosotros, no declaramos nada, si no que permanecemos en comunión con todos los papas de la Iglesia Católica que precedieron esta «Iglesia conciliar» que aflige y mancha el rostro de la Esposa inmaculada de Jesucristo».
Conferencia de Mons. Lefebvre, el 9 de septiembre de 1988:
«Ustedes continúan y representan de verdad la Iglesia, la Iglesia Católica. Creo que es necesario convencerse de esto: ustedes representan de verdad la Iglesia Católica. No que no haya Iglesia fuera nosotros; no se trata de eso. Pero este último tiempo, se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en la Iglesia visible. Pienso que se comete allí un error muy, muy grave.
¿Dónde es la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica.
Les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la Iglesia oficial (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, lo que somos?
Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial.
(…) Todo eso pone de manifiesto que somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible. Si hay aún una visibilidad de la Iglesia hoy, es gracias ustedes. Estas señales no se encuentran ya en los otros.
(…) Por supuesto, se podrá objetársenos: «¿Es necesario, obligatoriamente, salir de la Iglesia visible para no perder el alma, salir de la sociedad de los fieles unidos al Papa?»
No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia.
En cuanto a decir «salir de la Iglesia Visible», es equivocarse asimilando Iglesia oficial a la Iglesia visible.
Nosotros pertenecemos bien a la Iglesia visible, a la sociedad de fieles bajo la autoridad del Papa, ya que no rechazamos la autoridad del Papa, sino lo que él hace. Reconocemos bien al Papa su autoridad, pero cuando se sirve de ella para hacer lo contrario de aquello para lo cual se le ha dado, está claro que no se puede seguirlo.
¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial? En cierta medida, ¡sí!, obviamente.
Es necesario, pues, salir de este medio de los obispos, si no se quiere perder el alma.
Pero eso no basta, ya que es en Roma donde se instala la herejía. Si los obispos son herejes (incluso sin tomar este término en el sentido y con las consecuencias canónicas), no es sin la influencia de Roma.
(…) Esta es la razón por la que no podemos vincularnos con Roma.
Suceda lo que suceda, debemos seguir como lo hemos hecho, y el Buen Dios nos muestra que siguiendo esta vía, cumplimos con nuestro deber.
No negamos la Iglesia Romana. No negamos su existencia, pero no podemos seguir sus directivas. No podemos seguir los principios del Concilio. No podemos vincularnos.
Me di cuenta de esta voluntad de Roma de imponernos sus ideas y su manera de ver. El cardenal Ratzinger me decía siempre: «Pero Monseñor, sólo hay una Iglesia, no es necesario hacer una Iglesia paralela».
¿Cuál es esta Iglesia para él? La Iglesia conciliar, queda claro.
Cuando nos dijo explícitamente: «Obviamente, si se les concede este protocolo, algunos privilegios, deberán aceptar también lo que hacemos; y por lo tanto, en la iglesia Saint-Nicolas-du-Chardonnet será necesario decir una nueva misa también todos los domingos»…
Ustedes ven que quería traernos a la Iglesia conciliar. No es posible, ya que queda claro que quieren imponernos estas novedades para terminar con la Tradición.
No conceden nada por aprecio de la liturgia tradicional, sino simplemente para engañar a aquellos a quienes lo dan y para disminuir nuestra resistencia; insertar una cuña en el bloque tradicional para destruirlo.
Es su política, su táctica consciente. No se equivocan, y ustedes conocen las presiones que ejercen».
Entrevista de Mons. Lefebvre un año después de las consagraciones:
«Son cosas que son fáciles de decir. Ponerse dentro de la Iglesia, ¿qué es lo que eso quiere decir? Y en primer lugar, ¿de qué Iglesia se habla? Si es de la Iglesia conciliar, sería necesario que nosotros, quienes luchamos contra ella durante veinte años porque queremos la Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esta Iglesia conciliar para supuestamente volverla católica. ¡Es una ilusión total!
No son los súbditos los que hacen a los superiores, sino los superiores los que hacen a los súbditos.
En toda esta Curia romana, entre todos los obispos del mundo, que son progresistas, yo habría sido ahogado completamente. No habría podido hacer nada, ni proteger a los fieles y a los seminaristas.
(…) Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación a la Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica que nosotros intentamos representar y seguir.
No digo que seamos la Iglesia Católica. Nunca lo he dicho. Nadie puede acusarme de haber querido tomarme por un papa.
Pero, nosotros representamos de verdad la Iglesia Católica tal como era antes, puesto que seguimos eso que siempre ha hecho.
Somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. Es eso lo que constituye la Iglesia visible.
(…) Que se nos comprenda bien, no estamos en contra del Papa como representante de todos los valores de la Sede Apostólica, que son inmutables, de la sede de Pedro; pero estamos contra el Papa que es un modernista, que no cree en su infalibilidad, que hace ecumenismo.
Obviamente estamos en contra de la Iglesia conciliar, que es prácticamente cismática, incluso si no lo aceptan. En la práctica es una Iglesia virtualmente excomulgada, porque es una Iglesia modernista.
Son ellos quienes nos excomulgan, mientras que nosotros queremos seguir siendo católicos. Queremos permanecer con el Papa católico y con la Iglesia Católica. He aquí la diferencia.
Pienso, pues, que no hay que tener ninguna vacilación ni ningún escrúpulo respecto de las consagraciones episcopales. No somos ni cismáticos, ni excomulgados; no estamos en contra del Papa. No estamos en contra de la Iglesia Católica. No hacemos una Iglesia paralela. Todo eso es absurdo.
Somos lo que siempre hemos sido: católicos que continúan. Es todo. No hay que buscar mediodía a las catorce. ¡No constituimos una «pequeña Iglesia»!»
Prólogo al libro Itinerario Espiritual, 29 de enero de 1990:
«No hay que tener miedo de afirmar que las autoridades romanas actuales, desde Juan XXIII y Pablo VI, se hicieron las colaboradoras activas de la francmasonería judía internacional y del socialismo mundial.
Jean Pablo II es ante todo un político filocomunista al servicio de un comunismo mundial con color religioso. Ataca abiertamente a todos los Gobiernos anticomunistas, y no aporta por sus viajes ningún renuevo católico.
Estas autoridades romanas conciliares no pueden, pues, sino oponerse feroz y violentamente a toda reafirmación del Magisterio tradicional.
Los errores del Concilio y sus reformas permanecen la norma oficial consagrada por la profesión de fe del Cardenal Ratzinger de marzo de 1989.
(…) Escucho decir: «¡Usted exagera! Hay cada vez más buenos obispos que rezan, que tienen la fe, que son edificantes…»
Aunque fuesen santos, en cuanto admiten la falsa libertad religiosa (por lo tanto el Estado laico), el falso ecumenismo (por lo tanto la admisión de varias vías de salvación), la reforma litúrgica (por lo tanto la negación práctica del sacrificio de la Misa), los nuevos catecismos con todos sus errores y herejías, contribuyen oficialmente a la revolución en la Iglesia y a su destrucción.
El Papa actual y estos obispos ya no transmiten Nuestro Señor Jesucristo sino una religiosidad sentimental, superficial, carismática donde no pasa ya la verdadera gracia del Espíritu Santo en su conjunto.
Esta nueva religión no es la religión católica; es estéril, incapaz de santificar la sociedad y la familia…»
Prólogo de Mons. Lefebvre al N° 1 de la Documentación sobre la Revolución en la Iglesia, Ecône, 4 de marzo de 1991:
«El Padre Giulio Tam, miembro de la FSSPX, de origen italiano, y que recibe diariamente L’Osservatore Romano, Diario Oficial de la Curia Romana, creyó bien para la información de sus colegas, recoger los pasajes más significativos de los discursos del Papa y de las autoridades Romanas sobre los temas más actuales.
Esta reagrupación lanza una luz tan clara sobre la Revolución doctrinal inaugurada oficialmente en la Iglesia, en el Concilio, y seguida hasta nuestros días, que no puede impedirse de pensar en la «Sede de Iniquidad» predicha por León XIII, o en la pérdida de la Fe de Roma predicha por Nuestra Señora de la Salette.
La difusión y la adhesión de las autoridades Romanas a los errores masónicos condenados muchas veces por sus antecesores es un gran misterio de iniquidad que arruina en sus fundamentos la Fe católica.
Esta dura y dolorosa realidad nos obliga en conciencia a organizar por nosotros mismos la defensa y la protección de nuestra Fe Católica.
El hecho de sentarse sobre las sedes de la autoridad no es ya, ¡desgraciadamente!, una garantía de la ortodoxia de la fe de los que las ocupan.
El propio Papa difunde en adelante sin parar los principios de una falsa religión que tiene por resultado una apostasía general.»
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La actual ambigüedad de Monseñor Fellay y de los Superiores Mayores de la Neo FSSPX viene de lejos.
Proporciono tan sólo algunos ejemplos:
DICI, del 25 de marzo 2006:
«Se trata de permitir a la Tradición recuperar el derecho de ciudadanía en la Iglesia.»
Capítulo General, de julio de 2006:
«En el diálogo que tuvo lugar con Roma en los últimos años, la Fraternidad ha podido comprobar el fundamento y la necesidad de los dos prerrequisitos que ella reclama, que proporcionarían un gran beneficio a la Iglesia, restituyendo a ella una parte de sus derechos a su propia Tradición.»
Nouvelles de Chrétienté, mayo-junio de 2008:
«Sería una etapa intermedia en la que la Fraternidad no estaría ni excomulgada, ni canónicamente reconocida. Esto abriría una gran puerta a la Tradición para toda la Iglesia.»
Carta a los Amigos y Benefactores 73, octubre de 2008:
«Estas dos medidas no eran reclamadas para lograr directamente un beneficio propio, sino más bien para volver a dar un espíritu tradicional dentro del Cuerpo Místico y así, indirectamente, ayudar a una sana aproximación entre la Fraternidad y Roma.»
Reunión en el Seminario de Flavigny, 16 de febrero de 2009:
«Algunos, para facilitar las cosas, hacen una identificación entre la Iglesia Oficial y la Iglesia Modernista. Pero es un error, porque hablamos de una realidad concreta.»
Comunicado, de marzo de 2009:
«La Iglesia atraviesa, en efecto, una gran crisis que sólo podrá ser resuelta con un retorno integral a la pureza de la fe.»
Les Nouvelles calédoniennes, del 27 de diciembre de 2010:
«Sí, siempre hemos sostenido que no queremos hacer bando aparte. Sostenemos que somos católicos y que lo seguimos siendo. Deseamos que Roma nos reconozca como verdaderos obispos. Por otra parte, ya no usan más la palabra cismático contra nosotros. Por lo tanto, si no se es cismático, ni hereje, es porque se es sacramente católicos. Por otra parte, el Papa dijo que hay solamente un problema de orden canónico. Es suficiente un acto de Roma para decir que se ha terminado y nosotros reentramos en la Iglesia. Esto vendrá. Soy muy optimista.»
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Según estas declaraciones de Monseñor Fellay, todo indica que la verdadera Iglesia, la fundada por Nuestro Señor Jesucristo, tiene su Sede en Roma, pero no es completa, puesto que carece de la rama tradicional (¡?).
Por esa razón, es coherente, aunque absurdo, que pidan:
El retorno de la Tradición en la Iglesia
El retorno a la Tradición en la Iglesia
Que el Papa restaure la santa Tradición en la Iglesia
Por esa misma razón, incluso si se pide «El retorno de Roma a la Tradición», no queda claro qué se pide mientras no se especifique que se trata de la Roma apóstata y anticristo.
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Mucha confusión…, mucha equivocidad… Todo esto no puede venir de Dios, que es la VERDAD.
Mi conjetura expresada en la carta del 2 de agosto de 2005 se cumplió: «Considerando los antecedentes desde agosto de 2000, es muy probable que las autoridades de la Fraternidad terminen por aceptar de la Roma modernista una fórmula como «retirar la excomunión», o «levantar la excomunión», o «anular la excomunión».»
Mi conjetura manifestada en la carta del 24 de febrero 2009 también se cumplió: «El Superior General expresa una idea insólita y desconcertante, desconocida en el lenguaje de nuestro Fundador; él debe utilizar fórmulas claras y precisas para evitar una nueva confusión, esta vez respecto a la identificación entre la «iglesia oficial» y la «iglesia modernista» o «iglesia conciliar»; él no puede cambiar la naturaleza de nuestro combate».
No sé si se cumplirá mi deseo de aquél entonces: «Si el Superior General no quiere cumplir esta misión, él debe renunciar».
Incluso, ya no es éste mi deseo… Mejor que siga hasta el 2018… E incluso que lo reelijan por doce años más… Así podrá gozar de la restauración prometida por Monseñor Williamson y restablecer todo lo que ambos quieran…
Por eso, y por todo el resto, venga de Monseñor Fellay, venga de Monseñor Williamson, venga del Padre Bouchacourt:
Estoy cansado de discutir sobre las palabras…
Pero como LA AMBIGÜEDAD DEBE SER DETESTADA… Seguiré señalándola.
