OSKO: CASA TOMADA

Y el mundo les odiará
Y el mundo les odiará

CASA TOMADA

La Tradición. Un concepto que, es de esperar, la inmensa mayoría de los católicos que se sienten parte de la Resistencia tienen perfectamente claro en cuanto a su significado, sus alcances y su sentido e impronta. La Tradición o la defensa de la misma. Se ha tratado siempre de un movimiento de reacción. Una reacción es aquello que ocurre cuando algo se trastoca. Cuando dentro de un organismo ocurren cosas que contradicen la esencia, el ser y la razón de ser de dicha organización, es entonces cuando los elementos aún sanos reaccionan.

La reacción que denominamos TRADICIÓN se produce como consecuencia de aquello que ocurrió en la Iglesia. Es decir, y para ser breves, como consecuencia de que ciertos movimientos intra eclesiales habían sufrido las condenas de los Papas, el Modernismo, es un movimiento en el cual encuentran refugio y cabida una Pléyade de impulsores de ideas heterodoxas y heréticas, sacerdotes, teólogos, religiosos etc etc, y que sosteniéndose entre todos ellos y dándose a si mismos una suerte de coherencia, conspiró y se organizó creciendo sistemáticamente durante el desarrollo de todo el siglo XX, hasta llegar al Concilio Vaticano II.

En el mencionado Concilio (un conciliábulo, en realidad), los modernistas habrán de explotar al máximo sus posibilidades y desencadenarán todo su potencial, imponiendo a través de los distintos Esquemas de trabajo de los Padres Conciliares sus tesis, sus premisas, sus ideas contaminadas del Espíritu de la Revolución; todo ello no hubiera sido posible sin un «Papa» cómplice. Tuvieron además el auxilio inestimable de la prensa mundial. Prensa que está en manos de los enemigos de la Iglesia de Cristo desde mucho tiempo atrás.

asedioTodos los poderes del mundo ya ganados desde hacía mucho tiempo para la causa de la Revolución aplaudieron de pie lo que en su momento fue llamado «La Revolución en la Iglesia».

En el CVII nace entonces lo que se denomina con el nombre de «Iglesia Conciliar». A partir de allí hay una nueva teología, una nueva manera de entender la Iglesia, nuevos Ritos, Nueva Misa, y también un Nuevo Sacerdocio. Una secta en suma. Una secta gigantesca, poderosa y omnipresente.

Las estructuras de poder que formaban parte del patrimonio de la Iglesia fueron ocupadas. Roma, la Ciudad Eterna, la Sede de Pedro, fue ocupada y de ella fue expulsada la Iglesia Católica. Me pregunto si se comprende bien este punto. La Iglesia Católica no fue ocupada. Fueron ocupados sus edificios y estructuras administrativas y organizativas. Pero no la Iglesia Católica.

Creer que todavía hoy la Iglesia que se dice Católica y tiene por Papa a Bergoglio es la Iglesia de Jesucristo, viene a ser lo mismo que lo que vamos a narrar en la siguiente analogía.

Imagine que usted, amigo lector, un buen día se encuentra en su casa, con toda su familia cenando apaciblemente y de repente 10 desconocidos irrumpen en la misma, amenazan a usted y a los suyos, los obligan a retirarse de su propiedad y desde ese momento toman posesión de la misma.

Seguidamente, usted acude a las autoridades, reclama, pero… le informan que la cuestión no es tan sencilla. Que hay que demostrar que usted es el dueño verdadero de la casa que reclama para sí. Pues bien; la cuestión se da a largas por esos vericuetos judiciales que tan bien conocen todos aquellos que han sido víctimas de algún ocupa.

Para colmo de males, usted se entera que los Ocupas tienen su mismo apellido. Usted es Gutiérrez y el líder de los ocupas también se llama Gutiérrez.

Por otra parte, sus amigos, sus familiares (los suyos, amigo lector) visitan lo que era su hogar… y, para sorpresa suya, se sientan amablemente a conversar y tomar café con los ahora ocupantes de su casa, y cuando usted les recrimina por ello, sus parientes le dicen «Pero, hombre, sigue siendo tu hogar» «Ellos son tu familia, también»….

Y usted dice entonces, con una mezcla de asombro e indignación: «NO. Es mi casa, pero ya no es mi HOGAR… me han despojado. Ellos NO SON MI FAMILIA. Ellos OCUPAN mi casa, pero NO SON DE LOS MIOS.»

Las imágenes que estamos utilizando, por supuesto, no se aplican exactamente a la situación actual. Sin embargo no son muy distantes de la misma y no tienen nada de absurdo. En efecto; se trata de una cosa muy similar a lo que ha acontecido y está aconteciendo con nosotros. Nos han desalojado de nuestra casa. Ellos ocupan nuestra casa. Se llaman o hace llamar del mismo modo que nosotros: CATÓLICOS. Pero EL HOGAR… eso NO LO TIENEN. El hogar se ha ido con nosotros adonde sea que nosotros vayamos.

El HOGAR es LA FE.

Ahora bien; ellos, «los ocupas», son reconocidos por el mundo entero como los verdaderos dueños de lo nuestro; ellos, «los ocupas», son tenidos por los legítimos dueños del poder sobre todo lo que es nuestro patrimonio. Por lo tanto, para todo el mundo ellos son LA IGLESIA, y son Gutiérrez, también, es decir, se hace llamar CATÓLICOS.

Contra eso hemos reaccionado. Es decir, LA TRADICIÓN es una reacción indignada contra esa ocupación. Una usurpación que, por supuesto en el caso real de que estamos hablando, va mucho más lejos que la simple ocupación de edificios, parroquias, capillas, catedrales, etc etc.

Sencillamente ELLOS, «los ocupas», se han metido adentro y nos han echado afuera. Nos hemos tenido que ir en realidad… porque es ridículo pensar que pudiéramos compartir con «los ocupas» todo aquello que nos pertenece; que nos sigue perteneciendo por derecho.

Y bien. Por eso es que la TRADICIÓN es una reacción. Pero es una reacción difícil. Una reacción que lleva las de perder. Puesto que «los ocupas» gozan de un cierto prestigio y de la complicidad de otros poderes. Como si aquellos que ocupasen nuestra casa, fuesen amigos del comisario, del intendente, del diputado tal o cual y, para colmo, también amigos del dueño del periódico local… todos los cuales además, lo condenasen públicamente al verdadero dueño de la casa, por su intransigencia, por su falta de caridad para con «los ocupas», por su intolerancia por no querer compartir y por negarse a aceptar los hechos que son aceptados por la mayoría.

En eso estamos. Con las distancias que hay entre las imágenes que hemos elegido para esta analogía y la realidad REAL que nos toca vivir.

Pero vamos más allá aún. Comparemos ahora nuestras imágenes con las actitudes de Monseñor Fellay.

Monseñor Fellay, le pide a «los ocupas» que nos reciban en nuestra propia casa y que reconozcan que nosotros también somos «Gutiérrez».

Podemos todavía ir un poco más allá. Comparemos nuestras imágenes con las actitudes y palabras de Monseñor Williamson.

Monseñor Williamson, nos dice, entre otras cosas, que Ellos, «los ocupas», son tan «Gutiérrez» como nosotros, y que por lo tanto son la autoridad y que en lo que hace a autorizaciones, es a «los ocupas» a quien les compete darlas.

Lo significativo del caso es que a «los ocupas» se les ha agradecido de distintas maneras (cartas, Te Deum, campanadas, notas en los medios, conferencias, etc.) por gestos (nefastos gestos en realidad) que han tenido para con la Tradición.

Más o menos como si al «ocupa» de nuestra casa le enviáramos una carta de agradecimiento porque «generosamente» nos permitió llevarnos con nosotros la caja que contiene las cenizas de la abuela. O porque en una muestra de amistad nos invitó un buen día a compartir un asado en el parque de nuestra casa, y a usar nuestra pileta los días de calor… con la única condición de que, antes de irnos, dejemos todo bien ordenado y limpio.

Algo muy similar (nuevamente lo decimos, salvando las distancias) es lo que está ocurriendo aquí.

De manera que La Tradición es una reacción contra todo eso.

¿Y qué viene a ser la RESISTENCIA?

La RESISTENCIA es la continuidad de la TRADICIÓN.

Al corromperse el mayor baluarte de la TRADICIÓN, a partir del momento en que nos dimos cuenta de que Mons. Fellay estaba en tratos espurios con «los ocupas», y que algo había cambiado dentro de la FSSPX, debimos alejarnos de ella. Si se lo ve desde una perspectiva similar a la analogía que hicimos de la casa ocupada, podemos decir que los Liberales han ocupado el reducto de la FSSPX del mismo modo en que los Modernistas ocuparon las estructuras de la Iglesia.

Las imágenes de la analogía que hemos hecho vamos a cambiarlas ahora, y lo vamos a hacer utilizando otra analogía.

El Modernismo es un virus. Un virus que ha penetrado en casi todas las almas produciendo una inexorable caída de millones de ellas. Es un virus tremendamente contagioso. La enfermedad que trasmite el virus del Modernismo es la Revolución.

El NON SERVIAN, que ya había contagiado mucho antes a las naciones. Sin dudas que cuando hablamos de Revolución, lo hacemos de esa fuerza misteriosa, Misterio de Iniquidad, que prepara el advenimiento del Anticristo…, si es que todavía ese advenimiento no se ha producido.

¿Podría existir acaso alguien tan tonto como para creer que es posible negociar con un virus, en este caso el virus modernista, para pactar, digamos, un límite a los alcances de la enfermedad REVOLUCIONARIA?

Sí. Existe alguien así. En realidad existen muchos que son tan tontos. Tan tontos parecen ser que insisten con aquello de «Ser reconocidos por los romanos, para DESDE ADENTRO revertir la enfermedad» O sea… convertir al virus. Por eso es que pensamos que, o son muy tontos o ya venían contagiados desde mucho tiempo atrás y que, tal y como hicieron los modernistas después de ser condenados por San Pío X, trabajaron lenta y discretamente desde dentro de la FSSPX hasta que llegara el momento oportuno para consumar su obra destructiva.

Y aquí estamos ahora. En la RESISTENCIA. ¿Y qué es la RESISTENCIA?

En la Resistencia hay de todo. Antiguos sedevacantistas con posiciones distintas en derredor de esa cuestión de la sede vacante, u ocupada, o materialmente ocupada pero formalmente vacía.

Otros son fieles desencantados de la FSSPX; muchos de ellos fieles de la primera hora que conocieron al Arzobispo y se aferran a la memoria y las palabras de Mons. Lefebvre.

Otros provienen de la Iglesia Conciliar de la que se alejan hartos, finalmente, de tanta payasada y falta de la Verdadera Fe; estos van llegando a los tumbos y como pueden a la TRADICIÓN y por ende a la Resistencia luego de haber pasado por un sinnúmero de etapas en continua búsqueda.

Esta descripción no es exhaustiva como puede verse.

La Resistencia es variopinta. No es algo homogéneo como pretenden algunos, muy especialmente los que se han puesto bajo el liderazgo de Monseñor Williamson.

No se puede excluir de la Resistencia a aquellos que desde muchos años antes RESISTEN contra viento y marea al virus modernista y a la enfermedad revolucionaria. Algunos blogs de la Resistencia, colocan en sus sitios una leyenda que dice «BLOG ANTISEDEVACANTISTA»… lo cual nos parece una verdadera sinrazón.

Nos preguntamos, ¿cuál es el sentido de insistir con ese tipo de exclusiones? Aquí hay algo que no cierra y que de algún modo permite entrever cuál es el espíritu de cierta parte de la Resistencia. Es una parte que se RESISTE todavía a comprender aquello que decíamos de la CASA TOMADA. Aunque no lo diga, aunque ni siquiera lo mencione, esa parte de la Resistencia, que EXCLUYE a otras partes de la Resistencia y se afana por darse un cierto target monopólico de la Resistencia, abriga en su seno esperanzas que no son propias de un verdadero Resistente.

Pretenderse ÚNICOS referentes de la Resistencia, cuando han demostrado inclusive cierta permeabilidad ante argumentos lábiles como los de Mons. Williamson respecto de la «autoridad de los conciliares», y que no termina de fijar una posición concreta y firme frente a la OCUPACIÓN por parte de los modernistas de las estructuras que no les pertenecen, es un intento que conlleva un aspecto sectario inequívoco.

Si sectores sedevacantistas sostienen posiciones que creemos son equivocadas, no nos parece para nada correcto tacharlos de herejes. Lo mismo puede y debe decirse si, por caso, algún sedevacantista o sector asimilado a esa posición hace lo mismo. Un completo error y una falta de sentido común.

Todo aquel que resiste, por algo lo hace. Hay algo que le dice que debe resistir al virus modernista para salvarse de la enfermedad revolucionaria. Quien esto hace o intenta, es mi hermano, más allá de tal o cual error circunstancial o constante que pudiera deslizarse en la lucha. Quien resiste merece respeto. Es un combatiente. Un hermano en la línea de fuego. Entre escaramuzas y tiroteos, descansamos juntos; tal vez nos sentemos a fumar juntos. Si él fuma tabaco rubio y yo prefiero el tabaco negro, no vamos a andar peleándonos por ello.

No es poca cosa llevar a cabo una lucha contra todos los poderes del mundo. Hay una inteligencia angélica detrás de esos poderes que procura perdernos a todos. Toda vez que escandalizamos a uno de esos pequeños que muchas veces con sus solas fuerzas intenta resistir, con actitudes que contienen ese tipo de condenas, (los ANTI), estamos contribuyendo aún más con la crisis. Esto no significa dejar de lado las controversias ni tampoco que dejemos de defender aquello de lo cual estamos convencidos. Solamente significa nuestra oposición contraria a esa costumbre de condenar tajantemente a aquellos que resisten desde otras trincheras de la RESISTENCIA, cuando no se tiene ninguna autoridad para hacerlo.

Toda vez que se los excluye, que se les niega el derecho de pertenencia a la Resistencia, se comete una falta grave contra la caridad.

Ese NINGUNEO de quienes se pretenden únicos paladines de la RESISTENCIA, además de impropio y mendaz, denota una clara intención: Darle a la RESISTENCIA unas características que son propias de hombres como Monseñor Williamson; una Resistencia que espera una Restauración, en términos que no son claros.

Del mismo modo que Mons. Fellay alimenta sus esperanzas de Restauración intentando ser reconocido por la Iglesia Conciliar, hay una parte de la Resistencia que alimenta sus esperanzas de Restauración intentando sostener aquello de que en la Iglesia Conciliar todavía subsiste la Autoridad, de la cual proviene TODA JURISDICCIÓN. Esto es, al menos lo que sostiene Monseñor Williamson. Lo ha afirmado más de una vez y nunca (que sepamos) se ha retractado de ello.

Es entonces por estas razones que tanto Mons. FELLAY como Mons. WILLIAMSON nos recuerdan a los familiares y amigos del pobre Gutiérrez, el de la CASA TOMADA.