POLLOS ADULTERADOS
Hace unos cuarenta años que se viene presentando (por parte de honestos defensores de la salud), una advertencia sobre cierta «Pollera» que adultera su producto, su mercadería; más concretamente Su Género específico, relacionado con su perfil y su producción.
Comenzó ésta Pollera con adulterar el «género» de su oficio, para lograr supuestos cuantiosos beneficios; claro que, en muchos casos, huyendo del control de quienes velaban por la transparencia genuina del mismo; pues las costas de semejante fraude van desde multas siderales (ya que está en juego la salud) hasta la prisión o juicio y ejecución de otros bienes.
La adulteración comenzó con la mezcla en las bandejas de pollos por presas, pechugas, patas y muslos, incluidos los rabos, tanto de pollos como de gallinas. Esto se hacía tres veces a la semana, siendo solamente auténticos los de los otros cuatro días.
Este modo de operar le trajo un aumento considerable en las ventas; claro que a costa de trampas, huir de las autoridades escondiéndose tras el mostrador, y muchas veces hasta burlándose de ellas; engañar a sus pobres clientes y vecinos, como de hecho ocurrió.
Pero esto no alcanzó. Ya con una mente inescrupulosa, amplió el engaño, (ante la ausencia de control que iba disminuyendo), para aumentar la «supuesta» ganancia. Hizo lo mismo seis días de la semana, de lunes a sábados, pasando así de tres a seis. De los siete días, sólo uno, el domingo, (fundamental para el turismo y ganar más clientes), ofrece su auténtico producto, los otros seis: Adulterado.
Su deshonestidad, que busca su propio beneficio (aparente, ya que, como se verá, este modo fraudulento y tramposo de obrar, no pasó inadvertido ya que le costó a más de un vecino, fuertes dolores de cabeza y descomposturas), le llevó a modificar justamente el género de su mercancía.
No conforme con ello, ya cebada, pasando inadvertido por muchos, o por casi todos, decidió, con el mismo fin, inyectar agua en el interior de los pollos, aumentando su peso y volumen, y rebosar las milanesas con aserrín, reemplazando así el pan rallado; hecho que le favoreció (momentáneamente), ya que crecía cada día más su (aparente) caudal.
No pasó mucho tiempo hasta que el hijo de un hombre, mandado a comprar por su padre, lo advirtiera y lo denunciara ante éste, quien comprobó la hibridez de los pollos; sin peso específico, sin color, sin sabor, sin forma, duros (ya que muchos no eran pollos sino gallinas), y un mal olor; y las milanesas con gusto asqueroso, duras, secas y un «poco quemadas».
El de este hombre fue el primer juicio desatado en su contra. Y no tardó en decir: ¿Pero esta no era pollera? También empezaban a exclamar muchos. ¡Estos ya no son pollos! ¿Cómo la pollera, ya no es pollera?
Esta vio reducidas sus ganancias por no respetar el género auténtico de su empresa, abierta a satisfacer un genuino deseo de comer VERDADEROS pollos y no ¡híbridos o gallinas!
Y por el fraude de la pollera, a algunos hombres ya no les interesaban más los Pollos o pollitos de esta estafadora pollera; ni los muslos, ni las pechugas y ni siquiera sus patas y rabos que otrora sugerían algunas peleas o disputas. Otros dejaron, definitivamente, de comer pollo…
Se comenzó a despreciar a la falluta pollera que, adulterando su producto y traicionando su género, solamente lograba perder los clientes, que de otro modo, no le hubieran generado una gran fortuna, pero sí el respeto, la admiración y la confianza; una ganancia que supera ampliamente la especulación rastrera por conservar y respetar el principio de identidad de lo que «ES». O sea del «SER» de las cosas.
Vaya un verso alusivo «Al ser de las cosas»:
Se desvanece el hombre en un devenir constante de ambiciones,
Olvidando la esencia del Ser de las cosas,
De esas cosas que sirven para el Ser, y no el Ser para las cosas,
De ese Ser que merece ser servido por el hombre,
Y no hacer que el Ser le sirva al hombre por las cosas.
Servir al Rey o al Ser de toda cosa,
Es servir más allá de la materia,
Se engrandece el hombre y su espíritu se eleva,
A contemplar al Ser, Su perfección, sus cosas…
A través del Ser se mira cada cosa,
Y está justo el valor y su medida,
La grandeza el espíritu que anima,
A dejar que el mundo pase… que pasen las cosas…
Los hombres, percibiendo el fraude, (si es que la idiotez humana no ha llegado al punto de confundir aserrín con pan rallado), decepcionados, se irán tras otras polleras, que sabrán bien distinguir un POLLO de una GALLINA, y para engordarlos, un buen alimento y no el agua que se desliza por los dedos…
Ya no es la venta de pollos auténticos, que la pollera garantizaba defendiendo y cuidando su Género; es la venta fraudulenta de la pollera con mezclas ofrecidas en bandejas de pollos y gallinas, las cuales le acarrearon los cambios fatales en su género empresarial.
Ya no se sabe si en la pollería se venden pollos o gallinas, agua o carne; veneno o remedio. Lo que sí perciben algunos (no muchos desgraciadamente) es el escandaloso fraude y traición que la pollera le hace a sus clientes, vecinos, autoridades, amigos; y lo que es peor, a la fidelidad, el respeto y el orgullo de su género u oficio, que es lo que ella representa, o es lo que representa su Ser…
La pollera o las polleras que adulteran su producto deberían, antes de recibirse de «POLLERAS», comprometiendo su noble oficio, hacer un master de honestidad, caridad, autenticidad, fidelidad; rechazar la estafa, la hipocresía y el interés, que las llevan, poco a poco, a olvidar que su verdadero tesoro o ganancia, es ser honestas y auténticas POLLERAS.
Esta pobre mujer fue condenada a no sé cuántos años de prisión a causa de las denuncias de las autoridades, clientes, vecinos y ¡hasta amigos!, y por su misma conciencia, dado el daño que les había ocasionado.
La caratula decía: 1°) Robo por estafa, agravado por pertinacia; 2°) Intento de asesinato en primer grado, agravado por pertinacia. 3°) Huir de las autoridades, agravado por pertinacia. 4°) Adulteración provocada de género, agravado por pertinacia. 5°) Intento de asesinato a menores, agravado por pertinacia. Etc. etc, etc…
Gracias a Dios, sus «Treinta monedas», no la llevaron a ahorcarse, sino a disculparse con gran arrepentimiento hacia sus víctimas y asumiendo las costas de los juicios.
Cumplida su condena, se fue a otro país, con la firme convicción de su mal obrar anterior y abrió otra pollería, que hoy goza del prestigio y buena fama por el tamaño, sabor y color de los mejores pollos de la región, sus habitantes le son fieles ya que confían en la honestidad y transparencia de ésta, hoy arrepentida, «Auténtica Pollera» que, por salvar su género, salvó su perfil, su producción y su empresa.
La fidelidad es una gran Virtud, ejercitémosla en grado heroico y en relación a cualquier actividad a la que llamamos, acertadamente, «Humana», por insignificante que parezca. Justamente en éstos tiempos en los que se han perdido, subestimado y denigrado -tras el subjetivismo- tantos Valores que hacen del Ser de las Cosas, el verdadero tesoro del hombre, creado a imagen y semejanza de esos mismos VALORES ETERNOS, fundidos en Aquél al que llamamos Dios.
La guerra semántica ha triturado de tal manera los cerebros (Hiroshima cerebral) que ha dividido, por decir así, los conceptos en pequeñas partículas atómicas (ideologías) lanzadas al cuerpo social a través de un resorte disparador lingüístico destruyendo su orden, haciendo de los actos humanos un vaciado y viciado paradigma existencial, totalmente desligado de su Ser ontológico y metafísico que le daban sentido.
De ahí tanta banalidad y trivialidad en el lenguaje, sin medir, ni mediar las consecuencias trascendentes de cada palabra pronunciada, ya que las mismas, llevan consecuentemente al acto, éste relacionado con el quehacer cotidiano del hombre: Sus Obras.
No es de extrañar entonces, después de un acertado bombardeo lingüístico (Nagasaki gutural), para lograr perversos fines, que sin escrúpulos, la POLLERA, como tantos, ADULTERE SU SER.
Moraleja:
Dejémonos guiar por la RECTA LUZ DE LA RAZON, sin perder de vista su «Verticalidad». Pues, RECTO se opone a TORCIDO, LUZ a TINIEBLAS y RAZON a BESTIAS.
Si no nos guía la RECTA LUZ de la RAZON, andaremos TORCIDOS, EN TINIEBLAS Y COMO BESTIAS, mostrándonos los dientes en una horizontalidad que no deja escapatoria alguna.
