
CIUDAD DEL VATICANO: Un encuentro cordial, de treinta minutos, durante el cual el presidente Shimon Peres invitó al Papa Francisco a visitar Jerusalén: «No le espero solamente yo –dijo–, sino todo el pueblo de Israel». Cuando comenzó la audiencia, después del apretón de manos, Peres pidió a Bergoglio que «Rece por todos nosotros».
Al despedirse, en cambio, el presidente garantizó sus oraciones para el Pontífice: «Mañana iré a Asís y rezaré por usted».
Después, Peres se reunió con el Secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, y con el “ministro” del exterior del Vaticano, Dominique Mamberti.
Durante la entrevista cordial, informa un comunicado de la Santa Sede, «se afrontó la situación política y social del Medio Oriente, en donde perduran no pocas realidades conflictivas», por lo que ambos desearon que se retome con rapidez la negociación «entre israelíes y palestinos, para que, con decisiones valientes y con la disponibilidad de ambas partes, se pueda alcanzar un acuerdo que respete las legítimas aspiraciones de los dos Pueblos y contribuir, de esta manera, con resolución para lograr la paz y la estabilidad en la región». También hubo una reflexión particular, indica la nota, sobre la «importante cuestión de la ciudad de Jerusalén».
«Se manifestó una particular preocupación por el conflicto que aflige Siria», por lo que tanto el presidente de Israel como el Papa expresaron su deseo de «una solución pacífica, que subraye la lógica de la reconciliación y del diálogo». Además hubo alusiones a las relaciones entre el estado de Israel y la Santa Sede y entre las «autoridades estatales y las comunidades católicas locales». Para concluir, ambas partes apreciaron «los notables progresos que ha hecho la Comisión bilateral de trabajo, comprometida en la elaboración de un acuerdo sobre cuestiones de interés común, para el que se espera –explicó el Vaticano– una rápida conclusión».
Con respecto al trabajo de la comisión, un proceso largo y delicado, Peres intervino en una entrevista con el periódico italiano “Corriere della Sera”, al cual explicó que «hemos “aplanado” el 99% de las cuestiones». Durante la audiencia con el Papa, el presidente israelí habría garantizado la voluntad de concluir las negociaciones con resultados positivos para ambas partes, incluso la cuestión espinosa sobre el Cenáculo, que pertenecía a la Custodia franciscana de la Tierra Santa. Israel podría conceder a los cristianos el permiso para volver a celebrar misa en el lugar en el que, según la tradición, Jesús habría celebrado la Última Cena.
Según lo que se ha ido revelando al respecto, la solución en la que estaban trabajando desde hace años las delegaciones israelí y vaticana incluía el hecho de que la propiedad de la sala del Cenáculo, las dos salitas adyacentes y la escalera para acceder pasara a la Custodia de la Tierra Santa. Israel habría mantenido la propiedad del convento construido por los franciscanos y del área de la Tumba del Rey David, que se encuentra debajo del Cenáculo. Pero, por lo que parece, podría no ser la solución final, tan deseada por el Vaticano. Por lo que se puede deducir de las palabras de Peres, Israel concedería una «autoridad especial» al Pontífice sobre el Cenáculo, abriendo la posibilidad para volver a celebrar en ese mismo espacio la liturgia cristiana. De esta manera, la propiedad en sí misma de uno de los lugares santos más importantes no sería restituida a los cristianos.
El Papa regaló a Peres unas medallas, mientras el presidente israelí le llevó una copia de la Biblia de Jerusalén, famosa traducción de la Ecole Biblique de Jerusalem de los dominicos, en inglés y en hebreo. «Le deseo prosperidad en todo lo que haga y allí a donde vaya, con profundo aprecio, Shimon Peres», es la dedicatoria que escribió de su puño el presidente en el volumen. El portavoz del Vaticano, el jesuita Lombardi, indicó que la invitación de Peres fue recibida con alegría por parte del Papa Francisco, porque los Pontífices viajan siempre con mucha alegría a la Tierra Santa, pero también añadió que no hay ninguna fecha precisa para eventuales viajes. Bergoglio ya había sido invitado a Jerusalén por parte del Patriarca latino Fouad Twal. En cambio, el Patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomeo I, había aludido a la posibilidad de conmemorar juntos, a 50 años, el histórico abrazo entre Pablo VI y Atenágoras en Jerusalén.
ANDREA TORNIELLI
