CARTA DE LECTORES: COMENTARIOS A LA EDITORIAL DE ANTONIO CAPONNETTO

Muy estimado Sr. Director:

Habiendo leído atentamente los conceptos desgranados en la editorial publicada con motivo de la elevación al papado del card. Bergoglio, deseo expresar la desazón que me ha producido, no sólo por la estima que el autor de dicha editorial me merece y el reconocimiento de su valía -tanto en el orden personal como en el ámbito de su desempeño científico- , sino por el hecho de que sus palabras son un exponente del análisis parcializado que, muchos aún, continúan realizando.

Quizá por el imposible desconocimiento de quien ha actuado en nuestro medio como sacerdote, y luego como Arzobispo y Cardenal de Buenos Aires, es que muchísimos católicos se preguntan, angustiados, qué es lo que está sucediendo.

Sinceramente, pienso que no es coherente plantearse esta pregunta ciñéndose a este caso puntual, si de verdad tenemos una conciencia católica fiel o, al menos, deseamos tenerla.

Tomando pie, entonces, de algunos párrafos de la editorial, planteo a todos las siguientes preguntas:

«sirvan de inocultables pruebas a posteriori las adhesiones a su pontificado llegadas en estos mismos días desde los cabezales del Modernismo, desde las altas y siniestras logias hebreas, como la B’Nai Brith, o desde el templo mayor de la masonería argentina. Documento único en su género este último, en el que la sede local de la Sinagoga de Satanás, con la firma del Gran Maestre Ángel Jorge Clavero, y fechando lo dicho el 13 de marzo, por primera vez se congratula con el nombramiento de un Obispo de Roma. Que rabinos, cabalistas y masones estén de parabienes, y hasta compitan en prontitud por hacer llegar sus adhesiones al nuevo Pontífice, es un aval indeseable que debería preocupar a todo bautizado fiel. Tampoco es una señal tranquilizadora que ministros del culto israelita llamen «mi Rabino» al Papa Francisco, mientras reconocidos representantes del progresismo religioso más radicalizado -como Küng o Boff- ofrezcan su beneplácito en forma ostensible.» –

Me causa gran perplejidad el ver que estos conceptos han sido expuestos sólo con referencia al actual Francisco, cuando idénticos parabienes, salutaciones de las grandes Logias y avales del progresismo radicalizado han recaído en las personas de Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, siendo estos últimos los afianzadores incuestionables de las heréticas doctrinas del CVII, honrando públicamente a Hans Urs Von Balthasar, Karl Rahner y demás inspiradores de dicho Concilio, llegando incluso a avalar la presentación de un Telihard de Chardin como «patrono de la Nueva Evangelización»… ¿Será que la «forma mentis» del modernismo y la gnosis cabalista no están presenten en éstos y sí aparece, como por generación espontánea, en el triste porteño que acaba de ser «instalado» en Roma?

«no habremos dejado de ser católicos por recordar la profecía joánica, y obrar en consecuencia, resistiendo al mal desde el pequeño rebaño. Como no dejó de ser católico el Padre Julio Meinvielle cuando, en su obra La Iglesia y el Mundo Moderno, retrató los pasos de la Revolución Anticristiana dentro de la Iglesia, anunciando su penetración en las obras y el pensamiento, hasta provocar una verdadera dislocación interior.» –

¿Pero es que recién con este Bergoglio-Francisco puede un católico reconocer la puesta en práctica de dicha Revolución Anticristiana y comprobar – oh, estupor – la «verdadera dislocación interior»? El derribamiento de los «Bastiones» de la Iglesia Católica, como tan bien lo calificara el emérito BXVI haciéndose eco del autor del concepto, Von Bathasar (1952), con la entronización de los principios de la Revolución Francesa : libertades de religión, de conciencia, de enseñanza, de prensa,etc.; igualdad y fraternidad hacia adentro de la Iglesia con la destrucción del Papado, religándolo a la situación de «primus inter pares», conciliarismo, y hacia afuera de la Iglesia con el ecumenismo de molde masónico y la teoría de las «ramas cristianas», ¿no ha podido verse claramente ANTES de Bergoglio-Francisco? Muy poderoso debe ser este porteño para que RECIÉN AHORA aparezcan interrogantes angustiosos…

«confiamos en que la Divina Providencia resguarde a la Cátedra de la Unidad.» –

Cátedra de la Unidad. ¿De qué «Unidad» está hablando? Si hay un abismo entre lo enseñado antes del luctuoso CVII, y lo que el mismo CVII y sus Papas conciliares han impuesto después a los pobres fieles desde hace 50 años… De ninguna manera es posible hablar de «Cátedra de la Unidad» cuando se han pisoteado, literalmente, enseñanzas ex-cathedra y disposiciones que los verdaderos Vicarios del Señor habían resguardado con su «Suprema Autoridad Apostólica» : sólo por mencionar algunas, esperando que los muy versados lectores agreguen todo lo que a mí me falta, el Concilio de Trento, «Auctorem Fidei» donde se ve claro que todo el CVII ha sido como un revival de lo ya condenado allí, «Syllabus» , «Mortalium Animos» «Satis Cognitum» ,»Humani Generis» , y esa «Carta del Santo Oficio a los Obispos de Inglaterra» del 16 de septiembre de 1864 acerca de la teoría de las ramas cristianas que tanto empeño han puesto en borrar , especialmente BXVI, a lo que ahora se aboca el actual Francisco, según lo expuesto en la reunión del día de la fecha con las «religiones» presentes en la ceremonia del comienzo de su «Pontificado»…

«si fuera la hora de la luz, que nos dejemos envolver por ella, olvidándonos de las tenebrosidades del pasado. Si en cambio éstas persistieran, que no desertemos de la luz, como diría Thibon. No estamos llamando a la rebeldía ni a la desobediencia, ni a dar por nula la autoridad pontificia, sino al recto discernimiento.»-

Insisto, ¿recién ahora se pide que «no desertemos de la luz»? ¿Es a partir de ahora cuando habría que hacer un «recto discernimiento»?

Sinceramente, estas palabras que expresan el pensar de muchos de los católicos, argentinos y no argentinos, intelectuales, sobre todo, que debieran ser faros de verdadera luz en estas tinieblas que el Señor ha permitido cayeran sobre nosotros, estas palabras – lamento constatar- no hacen más que contribuir a la persistencia del engaño. Quienes debieran haber dado la voz de alarma al ver que los pastores callaban, han venido a ser cómplices. Tremenda paradoja.

«Cesará la hostia y el sacrificio; y estará en el Templo la abominación de la desolación, y durará la desolación hasta la consumación y el fin.» (Dn 9,27)

¿Habrá que esperar a ver no sé qué otra cosa malvada, más portentosa que las ya sucedidas? Dadas las calamidades producidas a partir de la revolución litúrgica obligada por Pablo VI, no es imprudencia pensar que el cese del Sacrificio ya se produjo, y durará hasta el fin.

Dichosos aquéllos que han sabido ver y hacerse cargo de lo contemplado, manteniéndose al margen de la apostasía general, preservando la Misa y los Sacramentos tal como lo mandó la Iglesia, especialmente el Orden Sagrado y la consagración de Obispos…

Ellos sí son el «pequeño rebaño», y a ellos se sumarán los rectos de corazón cuando, al fin, tomen conciencia de lo sucedido. Los tiempos de la Gracia y la propia inteligencia no son los mismos para todos.

Termino con estas palabras extraidas del mismo texto del Prof. Caponnetto:

«no cerremos los ojos los hombres porque la realidad sea dura de contemplar. Negarse a una lectura parusíaca de lo que acaba de suceder, por temor a quedar como un orate de exégesis privadas, puede conllevar el riesgo de negar la existencia misma de los Últimos Tiempos, y de los sucesos especiales que los caracterizarían.»

Pidiendo para todos la fidelidad a las gracias de Luz que, con toda seguridad, el Padre de las Misericordias está intentando derramar en sus hijos fieles, lo saluda en el Señor y Ntra. Madre Santísima

Una católica