CARTA DE LECTORES: VICTOR M. GUTIERREZ: Ni con traidores, ni con cobardes, ni con indocumentados.

Non possumus convenire nec fallacibus nec socordibus nec inscientibus.
Spes nostra est adventus secundus Christi Regis.

La pregunta que nos estamos haciendo muchos tradicionalistas, no desde hace poco tiempo, es si Monseñor Lefebvre se equivocó o lo malaconsejaron. Yo particularmente, atendiendo a los actuales dirigentes de la F$$PX, que en su mayoría fueron los consejeros que tuvo Monseñor, no dudo ni por asomo que fue muy pero que muy mal aconsejado. No cabe duda, o se equivocó con sus asistentes o estos supieron llevar muy bien el «agua a su molino»

¿Os imagináis, estimados lectores, que el Gran Arzobispo hubiese tenido la duda de que alguno de esos cuatro obispos que él consagró con ilusión, con la esperanza de que al menos quedase un reducto católico capaz de atender a los fieles en sus necesidades espirituales, hubiesen caído en la tentación de terminar rendidos ante la Roma de la «beatificación» de JP2 o de las apóstatas reuniones de Asís? Jamás lo pensó porque murió convencido de que lo dejaba todo atado y bien atado, creyendo que aquellos iban a transmitir lo mismo que recibieron. Monseñor Lefebvre pudo atarlo todo, lo que no pudo atar fue la traición, porque la traición se escapa de todas las ataduras.

El fue capaz de dar un paso varonil, gigantesco, valiente, decidido, enérgico… en suma: el de un obispo a la altura de los grandes Santos de la Iglesia, de un S. Pablo, de un S. Atanasio, de un S. Pío X…..¿Veis a alguno de los cuatro tomando la contundente decisión que tomó Monseñor? Ni en sueños ¿verdad?

Las cosas inimaginables que a veces nos juega el destino, porque nosotros, hasta antes del maldito acercamiento al conciliarismo, tampoco tuvimos la clarividencia ni siquiera de imaginárnoslo.

Pero..ah amigos, el contubernio jugó su papel con imaginación, había que dar tiempo al tiempo, había que aburguesar primero a una parte importante de los sacerdotes, había que ir preparando a los fieles con ñoños sermones, haciendo caso omiso a lo que nos jugábamos a cara o cruz… a vida o muerte. No se podía hablar muy fuerte, porque eso dañaba los oídos de no sé quien, sí los oídos de los «escándalos de fariseo», los de aquellos que se escandalizan al oír la verdad y la denuncia caballeresca y valiente, pero al mismo tiempo aconsejaban e incluso prohibían que se censurasen las actitudes reprochables de Ratzinger, había que callar, hacer oídos sordos, ¡Es que Ratzinger, a pesar de tener una cabecita modernista, su corazoncito sigue manteniendo una «catolicidad» a prueba de bombas!.

Éstas son las actitudes y el pensamiento de los que dicen seguir siendo discípulos de Monseñor. Sin ir más lejos se lo oí decir hace bien poco a un obispo que hizo el ridículo en Brasil, al que al parecer tiene una tendencia fácil a la representación teatral (¿será su vocación frustrada?) y en el cual, paradógicamente, todavía confiáis.

¿Habéis oído decir o leído algo de Monseñor Lefebvre donde haga esa afirmación tan cómica del Cardenal Ratzinger?

Mentiríais si lo afirmaseis. Como también mentís con las aseveraciones que hacéis del P. Ceriani, al cual no le llegáis ni a las suelas de sus zapatos, ni por formación teológica, ni por su exquisita erudición exegética, dogmática, apologética, patrística y filosófica, ni por la lealtad a la obra recibida y heredada, ni por valentía, ni por naaada….

Es por ello, que los que aún creemos en la obra de Monseñor Lefebvre y los que estamos seguros de que vivimos en tiempos irremediablemente apocalípticos, por más que os hagáis los ciegos, sordos y mudos, no podemos convenir ni con los traidores ni con los cobardes ni con los indocumentados. Nuestra esperanza es la segunda venida de Cristo Rey.

Víctor M. Gutiérrez.