GRIPE A Y COMUNIÓN EN LA MANO

Las fotos hablan por sí mismas…

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VISTO EN: SURGE, PROPERA

20 comentarios sobre “GRIPE A Y COMUNIÓN EN LA MANO

  1. ¡Pero si en la Misa Tridentina, que es el ÚNICO y VERDADERO Sacrificio, la comunión no es en la mano! ¿Por qué preocuparse de que en la celebración conmemorativa de índole protestantoide creada por el hereje Montini (mal llamada Misa de Paulo Vi o Novus Ordo Missae) se dé un pedazo de pan en la mano, cuando la Sagrada Forma no está allí?

    Cordialmente.-

    Tom.-

    1. Esta es una posición muy «cordial» y muy propia de un cristiano católico de tradición… felicitaciones que vas bien

  2. Tiene razón Tom cuando dice que el Divino Cuerpo de Jesucristo no se encuentra en ese pedazo de pan. Pero el Rito Latino de la Santa Misa no es el único válido para la Consagración de las Especies Sacramentales y que se lleve a cabo el Milagro de la Transubstanciación.

    Sin embargo, para millones de personas que no conocen la situación de la iglesia posconciliar y creen que Jesucristo se encuentra en esas hostias debería ser una afrenta al «recibir» a su señor de esa manera.

    Esto es una prueba de que en realidad ni ellos lo creen.

    En Cristo

  3. Cuando hablan de la tradicionde comulgar en la boca ¿a qué tradicion se está refiriendo? Supongo que a la tradicion que comienza en el siglo IX y no a la más antigua, la de Cristo…
    La comunion en la mano no es una novedad. Ya la practicaban los Apóstoles, los primeros discípulos y, casi por mil años, todos los cristianos. Era el modo común y normal de recibir la Eucaristía. En las Iglesias occidentales permaneció por lo menos hasta el siglo IX; en Oriente lo practican aún en nuestros días.
    Los Concilios regionales empezaron a establecer esta práctica como normativa. Así en París en el año 829 y en Rouen, en el 878, hasta que este modo de hacerlo fue la norma común para recibir la Eucaristía por parte de los fieles.
    Veamos ahora algunos testimonios de los Santos Padres a los que no podemos acusar de «modernistas»:
    En las Catequesis mistagógicas de san Cirilo, obispo de Jerusalén (313-386), que describe la comunión de los adultos bautizados en la noche de Pascua, quienes participan por primera vez de la Eucaristía:

    «Cuando te acerques, no lo hagas con las manos extendidas, o los dedos separados, sino haz de tu mano izquierda un trono para la derecha, que ha de recibir al Rey, y luego con la palma de la mano, forma un recipiente, recibe el Cuerpo del Señor y di «Amén». En seguida santifica con todo cuidado tus ojos con el contacto del Sagrado Cuerpo y súmelo, pero ten cuidado de que no se te caiga nada: porque lo que tú pudieras perder es como si perdieras uno de tus miembros. Si te dieran unas limaduras de oro, ¿no las tomarías con el máximo cuidado, prestando atención a que no se te cayese ni se te perdiese nada? Y ¿no debes cuidar con mucho mayor esmero que no se te caiga ni una miga de lo que es más valioso que el oro y las piedras preciosas?»… (5, 21 ss.).

    Una descripción análoga a la de san Cirilo nos trae Teodoro de Mopsuestia (ca 352-ca. 426):

    «Cada uno de nosotros se acerca, con los ojos bajos y las dos manos extendidas. Con las manos extendidas se reconoce la grandeza de este don que está por recibir. Con la derecha extendida se recibe el Pan que es dado; pero debajo de la derecha pone la izquierda, revelando de este modo un gran respeto» (Homilía XVI)
    Estos textos revelan siempre un gran respeto por la comunión.

    La hostia consagrada no era puesta sobre la lengua; era difícil hacerlo así, dado que en aquel período, tanto en Oriente como en Occidente, se utilizaban para la Eucaristía los panes fermentados que los fieles habían traído para las ofrendas.

    En relación a esta forma ritual nació el uso de lavarse las manos antes de participar en la Eucaristía. Esto se hacía en casa, o en las fuentes a la entrada de las iglesias. Las manos limpias, para recibir a Cristo, debían ser signo de un corazón puro y de un alma limpia de pecados. Y, como escribió en el siglo IV Juan Crisóstomo, no tiene sentido purificar con cuidado las manos que puedan tocar al Señor, si se deja manchada el alma que recibirá totalmente el Cuerpo del Señor. El que comulga debe tener las manos lavadas y el corazón purificado. (Cf. Homilía 3, 4 in Ef)
    Al fin de cuentas, los que creen que mas defienden la tradición, menos en cuenta tienen a los orígenes, y consideran tradición a lo que en la Iglesia se realizó desde el siglo IX.
    No pretendo discutir, sino animar a los que creen que saben algo, a que documenten un poco más sus afirmaciones, para no confundir a los simples fieles.
    Si alguien es capaz de refutar con documentacion esta práctica de los primeros siglos de la Iglesia de dar la comunion en la mano, estoy dispuesto a escuchar.
    Dios los bendiga.

    1. amigo error garrafal… en la ultima cena los apóstoles no recibieron la eucaristía en sus manos… Se los dio…. y su lo hibieran tocado seri permitido ya que en esa ultima cena el Señor los consagro obispos…. Si Jesus hubiera permitido la eucaristia en la mano.. la primera en hacerlo hubiera sido Maria… gracia que ella no recibioo… En ninguna aparicin Mariana Maria da la comunion sino algun arcangelll…..

  4. ¿a que se refieren cuando dicen que defienden a la tradicion? ¿a qué tradicion se está refiriendo? Supongo que a la tradicion que comienza en el siglo IX y no a la más antigua, la de Cristo…
    La comunion en la mano no es una novedad. Ya era practicada por los los Apóstoles, los primeros discípulos y, casi por mil años, todos los cristianos. Era el modo común y normal de recibir la Eucaristía. En las Iglesias occidentales permaneció por lo menos hasta el siglo IX; en Oriente lo practican aún en nuestros días.
    Los Concilios regionales empezaron a establecer esta práctica como normativa. Así en París en el año 829 y en Rouen, en el 878, hasta que este modo de hacerlo fue la norma común para recibir la Eucaristía por parte de los fieles.
    Veamos ahora algunos testimonios de los Santos Padres a los que no podemos acusar de «modernistas»:
    En las Catequesis mistagógicas de san Cirilo, obispo de Jerusalén (313-386), que describe la comunión de los adultos bautizados en la noche de Pascua, quienes participan por primera vez de la Eucaristía:

    «Cuando te acerques, no lo hagas con las manos extendidas, o los dedos separados, sino haz de tu mano izquierda un trono para la derecha, que ha de recibir al Rey, y luego con la palma de la mano, forma un recipiente, recibe el Cuerpo del Señor y di «Amén». En seguida santifica con todo cuidado tus ojos con el contacto del Sagrado Cuerpo y súmelo, pero ten cuidado de que no se te caiga nada: porque lo que tú pudieras perder es como si perdieras uno de tus miembros. Si te dieran unas limaduras de oro, ¿no las tomarías con el máximo cuidado, prestando atención a que no se te cayese ni se te perdiese nada? Y ¿no debes cuidar con mucho mayor esmero que no se te caiga ni una miga de lo que es más valioso que el oro y las piedras preciosas?»… (5, 21 ss.).

    Una descripción análoga a la de san Cirilo nos trae Teodoro de Mopsuestia (ca 352-ca. 426):

    «Cada uno de nosotros se acerca, con los ojos bajos y las dos manos extendidas. Con las manos extendidas se reconoce la grandeza de este don que está por recibir. Con la derecha extendida se recibe el Pan que es dado; pero debajo de la derecha pone la izquierda, revelando de este modo un gran respeto» (Homilía XVI)
    Estos textos revelan siempre un gran respeto por la comunión.

    La hostia consagrada no era puesta sobre la lengua; era difícil hacerlo así, dado que en aquel período, tanto en Oriente como en Occidente, se utilizaban para la Eucaristía los panes fermentados que los fieles habían traído para las ofrendas.

    En relación a esta forma ritual nació el uso de lavarse las manos antes de participar en la Eucaristía. Esto se hacía en casa, o en las fuentes a la entrada de las iglesias. Las manos limpias, para recibir a Cristo, debían ser signo de un corazón puro y de un alma limpia de pecados. Y, como escribió en el siglo IV Juan Crisóstomo, no tiene sentido purificar con cuidado las manos que puedan tocar al Señor, si se deja manchada el alma que recibirá totalmente el Cuerpo del Señor. El que comulga debe tener las manos lavadas y el corazón purificado. (Cf. Homilía 3, 4 in Ef)
    Al fin de cuentas, los que creen que mas defienden la tradición, menos en cuenta tienen a los orígenes, y consideran tradición a lo que en la Iglesia se realizó desde el siglo IX.
    No pretendo discutir, sino animar a los que creen que saben algo, a que documenten un poco más sus afirmaciones, para no confundir a los simples fieles.
    Si alguien es capaz de refutar con documentacion esta práctica de los primeros siglos de la Iglesia de dar la comunion en la mano, estoy dispuesto a escuchar.
    Dios los bendiga.

  5. Realmente en esta foto lo que queda en el guante es el SACRATISIMO CUERPO, SANGRE, ALMA Y DIVINIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.
    ¿Cómo puede ser que LA SANTA IGLESIA NO HAGA CASO DE LO QUE PIDIERON TODOS LOS SANTOS PAPAS HASTA BENEDICTO XVI?
    Esta COMUNIÓN EN LA MANO ES UN PLAN QUE FUE CASI OBLIGADO A LA SANTA IGLESIA.
    En este país Argentina solo se permitió comulgar en la MANO en el año 1994.
    Por lo tanto si nosotros LOS LAICOS NO SE LOS RECORDAMOS A nuestros SACERDOTES para ellos es más cómodo.
    Sin querer juzgar a nadie , según la MADRE TERESA DE CALCUTA EL PEOR PECADO DEL SIGLO XX ES LA COMUNION EN LA MANO.
    Que Dios los BENDIGA
    Matilde

  6. No soy lefebrista, no creo solo en rito tridentino, no lo descalifico y con gusto participaría de el, solo que no lo considero el unico, es mas creo que los lefebristas estan equivocados y en una falta muy grande frente a la autoridad del Vicario de Cristo en la tierra, no es ese el punto en este momento, aunque ruego a Dios que pronto respeten a la Autoridad Apostolica. Con respecto a la comunion en la mano no la acepto ni la voy a aceptar, se que cuando un sacerdote preside la Santa Misa es la autoridad y debo respetar pero me siento tan mal por la falta de Fe de los pastores de nuestra milenaria Iglesia, Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida El no puede jamás contagiar enfermedad alguna en todo caso puede sanar de nuestras enfermedades físicas, psíquicas y espirituales.
    Por favor pidamos con Santa María que esta falta de Fe transmitida desde el altar sea corregida en el Nombre de Jesús y por el Poder del Santo Espiritu de Dios!
    Oremos por la unidad de la Unica Iglesia dejada por Cristo en la tierra!

  7. Me temo, dixitom, que los textos que citas son inválidos, pues se trata de interpolaciones.

    Concilio de Rouen, año 650:

    “No se coloque la Eucaristía en las manos de ningún laico o laica, sino únicamente en su boca“.

    San Gregorio Magno (590-604) relata también un milagro que se produjo al poner la comunión en la lengua de un fiel que iba a comulgar.

    El Papa San León Magno (440-461),en sus comentarios al sexto capítulo de San Juan, habla de la Comunión en la boca como del uso corriente.

    El Sagrado Concilio de Trento declara que es una Tradición Apostólica la costumbre de que sólo el sacerdote que celebra la Misa se dé la Comunión a sí mismo (con sus propias manos) y que los fieles la reciban de él.

  8. Ni los Angeles tienen tan grande don de Tocar el Santo Cuerpo cuanto más los laicos estan privados de hacerlo. y Por los que piensan que saben de Historia parace haberseles olvidado el Memoriale Domine pedido por el Papa Pablo VI se encuentra en el Enchiridium Vaticanum tomo III y si solo ponen Memoriale Domine en Internet lo van a encontrar

  9. Dixitom ¿Podrías decirme en qué documento te basas para decir que los apóstoles daban la comunión en la mano? Los documentos que hablan de la comunión en la mano no son de los apóstoles que yo sepa sino posteriores. Según algunas revelaciones privadas (las cuales uno puede creer en ellas o no) los apóstoles recibieron la comunión diréctamente de Jesucristo y eso que podrían en principio recibirla en las manos pues eran ovispos. (Disculpen las posibles faltas de ortografía pues generalmente tengo muchas).

  10. Doy plena libertad de que me escriban a mi correo o por este mismo medio y me den razón, por favor, sobre esta y otras citas bíblicas:

    «El que los escucha a ustedes me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió.” (Lc 10, 13-16)

    Y en base a esta cita, por favor explíquenme: debo escuchar a quien ¿a Marcel Lefebvre o a Juan XII, a Pablo VI y al Concilio Ecuménico Vaticano II?.

    A quien ¿a la Iglesia convocada en su jerarquía que representa a la totalidad de la Iglesia Católica o a un grupo minoritario de protestantes liderados por Lefebvre?

    Perdonen es que se me parece mucho a Luthero y sus seguidores… causaron un cisma y de paso se dividieron como las amebas, pues dentro de los que se hacen llamar «tradicionalistas» hay de las mas variadas posiciones: unos rechazan la validez del Concilio y otros no; unos no reconocen a los papas posteriores al Concilio (los «sedevacantistas»), mientras otros si los reconocen.

    En fin, muy pero que muy parecido a los protestantes de Luthero… estos son los de Lefebvre.

    Cual es la razón por la que se rechaza a un concilio ecuménico tan alegremente. Razones también tenía Luthero, y muy validas.

    Que el Señor que está en mi y en ti TAN REAL como en la Eucaristía nos bendiga, nos colme de paz y de amor los unos por los otros.

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