Monseñor Williamson,
Comentario Eleison Nº 102,
20 de Junio de 2009
Sagrado Corazón
Ayer fue la fiesta del Sagrado Corazón. Antes de que me convirtiera al catolicismo, la mera expresión “Sagrado Corazón de Jesús” me hubiera coagulado la sangre, ya que esas palabras sonaban demasiado dulces y pegajosas. Esta impresión habría sido confirmada por una serie de figuras que representan el Sagrado Corazón, ¡que son tan tiernas que uno se sorprende de no encontrar, en lugar de la imagen en la pared, un charco pictórico al pie del muro!
Sin embargo, cuando uno envejece, puede esperar un crecimiento propio un poco más prudente, aunque no exento de tristeza. Poco después de entrar en la Iglesia Católica, el Señor Dios puso en mis manos un maravilloso libro sobre el Sagrado Corazón —se podría decir escrito por el Sagrado Corazón— “El Camino del Amor Divino”, por la Hermana Josefa Menéndez (1890-1923). Ella fue una joven monja española, que profesó oculta, lejos de toda publicidad, en un convento de las Hermanas del Sagrado Corazón en Poitiers, Francia, y que durante los tres últimos años de su corta vida actuó como mensajera del Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de hacernos llegar uno más de los mensajes urgentes del amor de Dios a las almas de la modernidad, cada vez más en peligro todas ellas de quedar lejos de Él.
“¡Yo soy Dios (página 377 de la primera edición en inglés), pero un Dios de amor! Soy un Padre, pero un Padre lleno de compasión, y nunca severo. Mi Corazón es infinitamente Santo, así como infinitamente Sabio, y conoce los males y la fragilidad humana; por eso mi Corazón se inclina a los pobres pecadores con infinita Misericordia”. Este libro me dio a entender que así como la especial revelación del Sagrado Corazón se había iniciado en el siglo XVII, cada vez más endurecido por el racionalismo y jansenismo, así esa revelación se volvió —a medida que el mundo se tornaba cada vez más y más frío— progresivamente más cálida, ¡hasta que las imágenes, se podría decir, casi se derretían, cayendo de las paredes! Como si Nuestro Señor nos estuviera diciendo que no importa si entendemos Su Justicia o si apreciamos las bellas artes, siempre y cuando entendamos Su verdadera Misericordia.
“Amo a quienes después de su primera caída vienen a Mí a pedir perdón… los amo aún más cuando piden perdón por su segundo pecado, y si esto volviera a suceder, no digo un millón de veces, sino hasta un millón de millones de veces, todavía los amo y perdono, y voy a lavar en Mi Sangre su último pecado tan plenamente como el primero. Nunca me cansan los pecadores arrepentidos, ni dejo de aguardar su regreso; y cuanto mayor es su aflicción, mayor es Mi acogida… Esto es lo que quiero que todos sepan. Enseñaré a los pecadores que la Misericordia de Mi Corazón es inagotable… ¡Es tan fácil confiar completamente en Mi Corazón!”
Es sumamente fácil confiar en Su Corazón. Pero los hombres modernos miramos hacia otro lado, y hasta nos enorgullecemos de ello. Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros. Kyrie eleison.

Gracias monseñor Williamson por tan bellas y piadosas palabras, que se encuentran a años luz de las de Felón, cuya única preocupación es imponernos, con la ayuda del Gran Sannedrín, el mito del Holocuento, piedra fundamental para equiparar sacrílegamente el presunto sacrificio del pueblo judío con el de N.S. Jesucristo.
Dios se apiade del alma de estos blasfemos perdularios y recompense el valiente testimonio de monseñor Williamson, quien por su defensa de la Verdad sufre feroces persecuciones por parte de los modernos sucesores de Caifás.