Continuamos develando si las opiniones de Mons. Williamson fueron desgraciadas e inoportunas… O si por el contrario representan una tradicional defensa de la Verdad del Único y Verdadero HOLOCAUSTO, el de Nuestro Amado Redentor.
Por Alberto Buela

En filosofía el abordaje de un tema o asunto tiene que realizarse desde una primera aproximación filológica, esta es la enseñanza que nos han dejado filósofos contemporáneos como Zubiri, Heidegger o Wagner de Reyna. Pues esta primera y elemental razón hace que podamos barruntar a priori el sentido último del tema. Es ésta, una de las paradojas de la actividad filosófica que así como la natación donde se aprende a nadar nadando, de la misma manera se aprende a filosofar filosofando. Y la zambullida filosófica nos la facilita el sentido último o primero, según se interprete, de los términos del tema a estudiar que, en general, nos revelan el aspecto prístino del asunto.
En este caso podemos afirmar que la palabra holocausto proviene del griego holós, que significa todo o completamente y del término kausis, que significa acción de quemar, de modo tal que el sentido etimológico primario de holocausto es la acción por la cual se quema todo aquello que se somete. Así para los griegos un holocausto era un gran incendio que arrasaba con todo un bosque. Los antiguos israelitas cambiaron el sentido y lo limitaron a «un sacrificio en que se quemaba toda la víctima».
La caracterización de holocausto como sacrificio está vinculada a la historia bíblica de Abraham e Isaac cuando en el libro del Génesis se cuenta: «Y Dios puso a Abraham a prueba y le dijo: toma a tu hijo, tu hijo único, al que amas, Isaac; ve con él al país de Morija, y allí ofrécelo en holocausto sobre una de las piedras que te diré» 1
Y la historia sigue que Abraham se levantó temprano ensilló su burro y llevó a Isaac mientras «cortaba leña para el holocausto» al tercer día de marcha dejó su burro y a sus dos ayudantes y marchó al lugar del sacrificio «tomó también la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac» 2 cuando iba a degollar a éste un ángel de Dios lo detuvo y de repente vio un carnero enredado en un zarzal y «lo ofreció en holocausto en vez de su hijo» 3.
Vemos como el término holocausto se repite en un breve relato al menos cuatro o cinco veces lo cual hace indudable su sentido de sacrificio con acción del fuego.
Esto explica el por qué de que las organizaciones judías (B´nai Brit, Consejo judío mundial, Gran Sanedrín, Rabinato de Israel, etc.) exijan la exclusividad del término holocausto para designar solo el genocidio nazi contra los judíos y critican la aplicación de la misma palabra para otros grupos de víctimas como los gitanos, los católicos, los prisioneros de guerra, los opositores políticos, o por extensión los genocidios de Armenia, Ruanda, Biafra, Camboya o Darfur.
Es que en un primer sentido teológico, el holocausto se entiende como la culminación de una larga historia de persecución y antisemitismo que sufrieron los judíos desde el martirio y muerte de Jesús, el Mesías por ellos no reconocido. El holocausto vendría así a acallar el horrible retumbo de dos mil años del: «crucifícale, crucifícale» 4, el grito de los sacerdotes judíos con que pidieron a Pilatos la muerte de Cristo. Y este odio a Cristo se proyectó luego al cristianismo que es, en la interpretación judía clásica, la principal fuerza motora, el principal responsable del antisemitismo que condujo al holocausto. Es por ello que nunca serán, a sus ojos, suficientes los perdones a granel solicitados por los sucesivos papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, siempre exigirán más, nunca estarán conformes, jamás satisfechos.
Debemos en estos días, a propósito de las inoportunas declaraciones de monseñor Williamson, al excelente y objetivo historiador valenciano Vicente Blanquer el develamiento del segundo sentido teológico del concepto de holocausto.5
«Las críticas contra monseñor Williamson olvidan que son los judíos los que irrumpen en el plano teológico al hablar de Holocausto (con mayúscula) y no lo hacen en forma inocente sino mesiánica, para dar a la segunda Guerra Mundial, el papel de momento concluyente de las profecías del canto del Siervo Sufriente de Yaveh -Is. 53- y sostener que los judíos y no Jesucristo son el Cordero de Dios del que habla Isaías».
Y es el capítulo 53 de Isaías uno de los más viscerales dentro de la polémica teológica entre judíos y cristianos (en la medida en que aún hoy quede algún teólogo católico strictu sensu), cosa que desconocemos. Allí en el canto IV se afirma: «Despreciado, rehecho de los hombres, varón de los dolores, maltratado y humillado como cordera que va al matadero por lo que no le hicimos ningún caso. Pero él mismo tomó sobre sí nuestras dolencias aunque nosotros lo reputamos como un leproso». Los teólogos cristianos ven en este capítulo una referencia directa a Jesús el Cristo, esto es, el Mesías esperado por el pueblo de Israel desde el fondo de la historia, y una premonición de su sacrificio y crucifixión, mientras que los teólogos judíos sostienen que estos sufrimientos pueden ser entendidos perfectamente como una referencia al Holocausto.
Así el rabino Isajar Moshé Teijtel en su libro Alegre madre de hijos sostuvo que fue la reticencia de los judíos en aceptar al sionismo la que condujo a Auschwitz. Dios estaba dándole a Israel la gran oportunidad de recuperar su tierra ancestral para construir allí el hogar de los judíos perseguidos pero estos continuaron con su pecaminosa pasividad y les sobrevino por ello el castigo.
Vemos así claramente como la teología judía del holocausto termina por justificar la existencia del sionismo y consecuentemente del Estado de Israel.
No obstante esto, existe, aunque minoritariamente, una corriente teológica judía contraria a esta teología del holocausto como la del rabino Ioel Teitelboim (1888-1979), jefe de la secta jasídica de Satmer, quien afirma en su libro Vaioel Moshe que el gran pecado de los judíos habría sido «la idolatría» del sionismo. Su fundamento es que el pueblo judío debería mantenerse privado de todo poder físico y entregarse a la guía de Dios, aun cuando esto le signifique persecuciones y matanzas. No deberíamos resistir la judeofobia puesto que el exilio es un castigo divino al pueblo de Israel, que podrá resolverse sólo cuando llegue el Mesías y lo disponga. Así lo explica uno de sus voceros más bulliciosos: «La verdadera actitud judía es la de la sumisión al decreto divino que concierne a nuestro exilio entre las naciones del mundo. Nos ha enviado al exilio a causa de nuestras injusticias unos contra otros y de nuestra infidelidad hacia El. La injusticia de las naciones en contra de nosotros, es nuestro castigo». Esta misma actitud se aprecia en el reciente y valiente libro de Fabian Spollansky La mafia judía en la Argentina(2008) donde su autor les reclama a sionistas confesos como Eduardo Elsztain, el mayor terrateniente de Argentina, a su socio Marcelo Mindlin y al rabino Tzvi Grümblatt a quienes cuestiona diciendo: ¿Rebe, es de judíos hacerse millonarios en tan poco tiempo y hacerse dueños de la Argentina? Y ¿Rebe, es de judíos poner plata en todas las patas de las campañas políticas para estar bien con todos? .Desde nuestra ética varias veces milenaria no vamos a silenciar este abuso que nos hiere y nos humilla». 6
Esta intención de querer igualar con el sacrificio de Jesucristo los sufrimientos del pueblo de Israel a manos de los nazis y entenderla como un Holocausto y no como un genocidio es específicamente anticristiana. Con razón afirma el citado Blanquer: «Y con la teología del Holocausto el pueblo judío se está forjando un nuevo becerro de oro. Se ha cansado de esperar y se ha escogido a sí mismo como ídolo. Lo cual pone de manifiesto que, lejos de ser custodios de la promesa, la han perdido, no porque alguien se las haya arrebatado, sino porque el pueblo judío ha renunciado consciente y voluntariamente a ella. Cayendo en el mismo pecado que el demonio en su pretensión de hacerse adorar. Y ese es el fondo de la cuestión».
Es por ello que los grandes teólogos católicos en la época que los hubo, Juan Maldonado; Sören Kierkegaard, Luís Billot, en nuestro país Julio Meinvielle, no han dejado de remarcar siempre que el mesianismo hebreo es un mesianismo carnal. Y que como tal siempre ha exigido de Dios muestras palpables y evidentes. Y la infinita distancia que han puesto entre ellos y su dios Jehová «con temor y temblor se acercó Abraham al Señor», ha hecho que vivan «al otro», al cristiano como amenaza. Sin darse cuenta que: «Ellos son los signos vivientes, quiéranlo o no, que nos recuerdan la Pasión del Salvador» según enseña San Bernardo de Claraval.
Por todo ello y muchas y profundas razones más, este es solo un artículo breve de divulgación, es que debe hablarse de genocidio nazi sobre los judíos y no de holocausto. Incluso parece ser que ha ganado popularidad la palabra hebrea Shoáh que significa catástrofe y el Estado de Israel ha declarado el 12 de abril como su día, a pesar que su presidente Simón Péres en su última visita a Turquía sostuvo sin avergonzarse que el único genocidio es el del pueblo judío, dejando para los otros incluso mayores en número, como el caso de los ucranianos, el carácter de asesinatos masivos.
Además, y esto no es de menor valor teológico, la matanza de judíos por los nazis debe de entenderse como genocidio y no como Holocausto, para dejarles a ellos abierta la capacidad de conversión, pues la idea de Holocausto clausura esta posibilidad.
Ese esfuerzo extraordinario y maravilloso de los judíos conversos. Que en general son hombres muy bien dotados. De hecho la conversión es un don, pues el converso la pide al Señor. Si nos detenemos mínimamente en los conversos que han hecho filosofía en el siglo XX (Husserl, Edith Stein, Simone Weil, Bergson, cito al pasar) vemos que son hombres de una enjundia fuera de lo común y que ha sido su profunda y raigal metanoia aquella que les brindó, en definitiva, la posibilidad a su mejor realización filosófica. Es la conversión aquella que les permitió agotar su plenitud de ser, pues ellos rompieron la distancia infinita que los separaba del dios de «temor y temblor de Abraham» que es lo Absolutamente Otro, para entenderlo como «formando parte», participando del Dios misericordioso, el Dios vivo de la gracia, que comprende acabadamente la naturaleza humana. Admiramos y respetamos sobremanera esa capacidad de conversión, de metanoia, que han tenido estos grandes hombres en el orden filosófico. Metanoia que los llevó luego a sus más grandes realizaciones. Así como deploramos esa actitud vergonzante de sedicentes teólogos católicos que abandonado el hablar de verdad con ellos abandonan «el bien de los judíos», por el bienestar y la plaisenterie junto a ellos. Así recogen y llevan todas sus tesis (la de los judíos) en un amasijo de teología cristiana inaudito e incomprensible. En este sentido la última actitud de la jerarquía de la Iglesia con relación a este tema es de una liviandad (termino muy suave) teológica que impresiona, para mal, tanto a judíos como a cristianos.
Es lamentable que no haya un solo teólogo de nota o significativo que no levante estas dos importantísimas distinciones teológicas, que acabamos de hacer en este artículo, y que por el contrario la inmensa mayoría se sume, se someta y adopte las tesis judías sobre el sentido del holocausto como tesis católicas y lo peor es que las hayan salido a defender como verdades de fe. Un despropósito teológico absoluto.
1 Génesis, 22, 2
2 Génesis, 22, 6
3 Génesis, 22, 13
4 Evangelio de San Juan, 19, 6
5 Blanquer, Vicente: A propósito de las polémicas declaraciones de monseñor Willamson, Bitácora Digital, agencia de Internet febrero 2009
6 Sepollansky, Fabián: La mafia judía en la Argentina, Buenos Aires, Ed. anibalgoransky.com, 2008

“Ave Maria Purissima”
-Sine Labe Originali Concepta-
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Sr. Director, Caros hermanos, en la ünica fe verdadrera, saludos en los sagrados corazones de Nuestro Señor JesuCristo y la Santisima Virgen Maria.
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Como ha sido ampliamente explicado, etimologicamente la acepcion «Holocausto», viene del griego, que significa «todo abrazado» con una intención de denotar el llegar a ese abrazamiento, como «quemado» efectivamente el término quemado, indica la abrasión, sin embargo, un raspor por ejemplo, tambien denota abrasión, no seria de mucha trascendencia, la etimologia, de no ser por que Nuestro amado REDENTOR en su PASION, al «CONSUMATUM EST» estaba COMPLETAMENTE ABRAZADO, sin fuego.
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En este orden de ideas, desde el antigüo testamento, se señalan a los sacrificios agradables por expiasion y propisiacion, al DIOS ETERNO, los que los sacerdotes ofrecian, con el termino «Holocaustos» Ese solo hecho, nos es indicativo, de la verdadera utilizacion, y al ser proferidos en PLURAL, HOLOCAUSTOS, indican que NO es el «HOLOCAUSTO» sino figuras del sumo sacrificio, para ser ofrecido por el Sumo SACERDOTE, al SUMO DIOS, el VERDADERO HOLOCAUSTO.
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Es pués menester tener presente, de que el solo hecho de llamarle de ese modo, ya es blasfemo.
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También se distigue en el particular, que Cualesquier Verdad, pertenece por estar contenida, a la SUMA VERDAD «YO SOY EL CAMINO LA VERDAD Y LA VIDA», Empero, en el particular, no se habla de la apología de una verdad menor, sino de la defensa de UNA VERDAD TRASCENDENTAL para misma SANTA RELIGIÖN, toda vez que el interés SIONISTA, es Inventarse un HOLOCUENTO, como se demuestra en blogs anteriores, desde el inicio mismo del siglo XX, para la posible coherencia con su Mesihaj económico, por lo que ahora tenemos una defensa de una UNA VERDAD TRASCENDENTAL, contra incluso una Blasfemia, y si a esto sumamos, que para el efecto Cabalistico, del hijos del DIABLO, se requieren especificamente una cantidad como 6 millones, resulta no solo necesario para un Obispo Catolico, sino para cuaesquier Cristiano, la defensa de la gran mentira, el mal uso, y la falseada cantidad, en el interes, SIONISTA antiCristiano, que impera.
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Quiera DIOS, que ahora concientemente el Obispo Británico, No se conforme con denunciar desde las ramas la imposibilidad racional de acordar con Roma, y continuar con la verdad, en virtud de que fue obviamente sin saber las consecuencias que sus declaraciones tendrian.
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SEA PARA GLORIA DE DIOS
Es evidente que los que quieren imponer una religion universal contraria
a CRISTO quieren
suplantar el único holocausto redentor de N. S. Jesucristo,
por un nuevo, blasfemo e inventado «holocausto», el del
«sacrificio» de «seis millones» (curiosa cifra, que equivale a toda la población
judía que se estimaba, simbólicamente, que habitaba en Europa antes de 1939)
para redimir a la «humanidad» con la democracia, los derechos humanos, etc, la
masónica religión en la que el nuevo mesias (el pueblo judio) se inmola para la salvación de
la humanidad. Eso nos llevaría a la idolatría, es decir, a adorar a toda una nación, pueblo, o
comunidad.
Eso… aparte de que de ser, antes del Concilio, el «pueblo deicida», pasa a ser el pueblo redentor y víctima… Con lo cual somos TODOS LOS GENTILES quenes pasamos a ser
los verdugos, asesinos y culpables escatológicos…
La nota de Buela llega a una conclusión totalmente errónea y disparatada: «la matanza de judíos por los nazis debe de entenderse como genocidio y no como Holocausto».
No es, Buela, una nueva apreciación semántica lo que define la mentira mas grande de todos lo tiempos sino que todo es falso: no existió un plan sistemático de eliminación física de judíos, no existieron las cámaras de gas, no se utilizó el ziklon B como elemento para consumar el delito, los hornos crematorios cumplían la misma función que hoy tienen en los cementerios argentinos, no existieron las industrias conexas: extracción de piezas dentales de oro, corte de cabello, inspección de anos y vaginas para detectar objetos valiosos, fabricación de jabón con los restos, etc., etc.
No existió genocidio como falsa y absurdamente sostiene Buela: hubo judíos muertos de muerte natural, otros por los bombardeos aliados, otros por las epidemias de tifus que azotaron Europa por esa época y otros de hambre y desnutrición (lo mismo que la población alemana) por el estado caótico en que había quedado Alemania, destruida por el bombardeo implacable sobre la población civil, las vías de transporte y la red fabril.
También hubo otros judíos, un pequeño número, que fueron ejecutados por haber infringido las normas de un tiempo de guerra y haber cometido delitos (En mucha menor parte que los prisioneros alemanes en campos aliados).
El número de muertos que da monseñor Williamson, es el real y obedece a dichas causas.
Jamás habló monseñor Williamson de que hubiera un genocidio como alucina Buela. Buela no entiende la propaganda de guerra judía, no entiende el holocuento, como tampoco entiende a monseñor Williamson.
En el fondo Buela es muy parecido a Simón Wisenthal o León Poliakov, su diferencia son las palabras no los hechos.
Traddutore tradditore, es lo que hace Buela cuando quiere explicarnos que dijo monseñor Williamson, prelado de lenguaje claro, conciso y preciso, que no necesita tener glosadores de la calaña buelística.
Siempre Buela comienza bien, coloca la luz de giro en dirección a la Tradición y después termina girando para la izquierda, para un montonerismo larvado que nunca pudo superar.
Su delirado genocidio es parte de ello. Su íntimo amigo Julio Piumato en cambio prefiere el término Holocausto. Pero los dos repiten la misma y universal mentira. La realidad es que no existieron ambos. Ni Holocausto ni Genocidio.
La preferencia de Buela por el término genocidio se explica. Lo ha utilizado miles de veces siguiendo al marxismo para denostar a soldados y policías argentinos que combatieron a la subversión marxista. Para Buela existió también un genocidio en la Argentina y las víctimas fueron sus queridos terroristas montoneros y erpianos.
Es también de filosofía, como enseña Balmes en el Criterio, que debe de compararse el sentido filológico con el sentido lato, pues, puede que éste sea al final el predominante y no aquel por lo que toda discusión habrá que centrarla en lo que se entiende y no en lo que se quiso dar a entender. Así, el término fanático que en sentido filológico expresa el seguidor del templo, en sentido actual es el que sigue el error del templo, es decir, todo aquel que sigue una religión falsa, ya que, la religión católica, la única verdadera, no tiene fanáticos seguidores sino fieles devotos.
Creo que esto aporta más formalismo que contenido a lo ya expuesto en el artículo, pero la filosofía es así.
@
Los alemanes consiguieron que el mundo no les exija pagar- pagaron una infima cantidad – por los millones de muertos y daños materiales que causaron con las dos guerras denominadas “mundiales”. Dios se los hará pagar con creces. ¿ Como consiguieron su propósito ? Desviando la atención hacia el “holocausto nazi” o “genocidio nazi”, siempre omitiendo la palabra “alemán”, que es la que define la situación, dada la condición en extremo pagana de esa nación. Los alemanes están mas interesados que los judíos en esta discusión sin sentido.
Lorenzo
Suscribo totalmente la apreciación que azul hace de Buela. Pero no estoy de acuerdo de defender al Nazismo y al Facismo, que tienen en distintos grados el veneno de los prisipios y la practica revolucionaria al igual que el liberalismo y el comunismo, aunque estos son mucho peor que aquellos y mas homicidas y anticristianos.
Vil Chovsky:
Tu odio a Alemania es en realidad el odio que tienes a Occidente y su cultura. Te sabes sapo de otro pozo y eres un resentido envidioso.
Temerariamente, en forma dolosa, falseas la historia. No te la voy a aclarar porque es perder el tiempo malamente con tipos de tu calaña.
Como eres antioccidental también eres anticristiano porque aquella cultura está empapada de esta santa religión. Así que no finjas piedad católica, que no la tienes.
Lorenzo Vilches,
¿Podrías fundamentar tus aseveraciones en autores serios? ¿O lo que dices son sólo ocurrencias tuyas?
Tengo más de 30 años leyendo al respecto, consultando fuentes serias (es decir, aquellas en que es evidente el deseo de alcanzar la verdad, y no el deseo de agradar a un sistema, aquellas que lo mismo analizan opiniones y argumentos de un lado y de otro), y nunca he encontrado algún estudio que secunde tu opinión.
Alemania es una nación pagana, basta vivir en ella corto tiempo y comprenderlo. En la superficie es luterana. Los ´simbolos supuestamente arios, son paganos también, como la cruz gamada. Luego, la fuente misma es la historia escrita por cualquiera, si se sabe observar.En este corto espacio es imposible entrar en detalles. Como anécdota interesante es bueno leer «Luchamos y perdimos» o acaso «Vive Peligrosamente» del SS Otto Skorzeny. Allí se ve la garra escondida tras el famoso «Anchluss». Pero sobre todo, lo más esclarecedor son los mismos discursos de Adolf Hitler, por otro lado, una víctima más de sus poderosos amos.El problema no comienza con el espacio vital, sino con el ego bárbaro.No quiero aburrir. Es cuestión de pensar en lo que digo y deducir.Es muy largo el tema.
Lorenzo Vilches
ME PARECE PERFECTA LA RESPUESTA DE AZUL A VILCHOSKI,
No cabe duda que, como bien advierte Azul, ese tal Vilches es en realidad Vilchovsky. Sus expresiones antialemanas muestran su intereses para que Alemania le siga pagando (como si ya no lo hizo bastante)a Israel.
Sobre la cuestión alemana… basta considerar que en 1939-1945 hubo una COALICION de 80 paises «aliados» (incluso Andorra y algunos hispanoamericanos le declaró la guerra) contra un pais territorialmente como España.. y quizas 70 millones de habitantes (incluida Austria).
¿Cuál es el nexo común que hace posible alianxzas tan globalizadoras…? (Ahora no se consigue tantos socios… contra Irak… por ejemplo) Evidentemente, un «pueblo» que ya en 1933 decretó el boycót y la guerra económica a germania… El Daily Mail tituló en 1933:
Judea declara la guerra a Germania… En cuanto a que han «pagado poco»… No hay nación más esquilmada desde 1918… En 1945 vencieron la «plutocracia» (incluido el bolchevismo devenido en capitalismo de Estado y «democracias populares»). Tanto con la primera como en la segunda guerra munddial la subversion internacional anticristiana, masónica y antioccidental ganó batallas decisivas… que nos ha llevado al borde de la catástrofe:
Estas son las cifras de hoy: 6700 millones de habitantes… de los cuales sólo el 5% son de
etnias y culturas cristianas y europeas…(aparte y además hay Mil y pico millones de católicos…. bastante desorientados, dispersos). Por último, Alemania ha sido humillada hasta tal punto que hoy es uno de los únicos paises que se odia a sí misma… hasta el punto de que celebra como triunfo la derrota y desmembramiento territorial… En Francia todavia hay monumentos a la «Resistencia» que hablan de la «barbarie alemana»… Y en cuanto a la teoría del «paganismo»·…mucho habria que hablar pues también hubo una Alemania católica y evangélica… Lo que hoy hay, tras 60 años de «democracia» y «comunismo» y ateismo es
una sociedad invadida por millones de gentes musulmanas, asiáticas en gran parte, que
se comportan casi como si fueran dueñas del pais… El plan Morgentau se está cumpliendo en toda Europa a base de imponer políticas antinatalistas y abortivas… También a Argengtina
le ha correspondido ser nación «castigada» por el Sistema… quizás por conservar tradiciones católicas y haberse enfrentado aunque tímidamente al poder de los vencedores en la WWII… que no fueron realmente los angloamericanos… sino el lobby quer se aloja en ellos… Sólo hay que ver cómo hoy Gran Bretaña está cassi peor que Alemania en su
indefensón de su propia identidad. Quizas un libro interesante para conocer otra versión de la WWII es «Derrota Mundial» del mejicano/mexicano Salvador E. Borrego (católico)
No sé quien es peor, si Lorenzo Vilches o Alberto Buela.
Vilches es un simple ignorante y pusilánime, que ha digerido muy bien la propaganda aliada-sionista, y que nunca se ha molestado en llevar a cabo una búsqueda de la versión del vencido, pues realmente resulta difícil encontrar documentación (el Revisionismo está perseguido con saña). Además pasa por alto el genocidio aliado, quienes con bombas atómica y no atómicas quemaron vivos a muchos millones de civiles alemanes y no alemanes.
Pero lo de Buela es mucho peor que lo de Vilches, porque éste conoce los hechos y con sutileza inocula su veneno.
En fin, hay que asumir que el mal, la mentira, la cobardía, «el misterio de iniquidad» domina el mundo, y que es más fácil acomodarse a la filosofía imperante que actuar contra-corriente en defensa de la verdad.
Muy buenos los comentarios de Azul. Y también los de Patriotazo y similares.
Excelente también el comentario de Hernesto.
En mi modesta opinión, para entender desde un punto de vista católico la historia del Siglo XX, recomiendo encarecidamente el resto de las obras de Salvador Borrego, en especial «La Cruz y la Espada», «¿A dónde nos quieren llevar?», «Acción gradual», «Pueblos cautivos», «Economía destructora», «Infiltración Mundial» y «Globalización».
Y como bien dice el amigo Alberto al despedirse: ¡Sea para Gloria de Dios!