TEXTOS AMBIGUOS SI LOS HAY…
Teólogos afirman que «crisis» en la Iglesia es por miedo a las reformas del Vaticano II.
A su vez, admiten «la pérdida de credibilidad de la institución eclesial», reclaman «una urgente reforma del entorno papal» y denuncian la «incapacidad para escuchar» de la jerarquía, que a veces asume posturas «lindantes con la derecha autoritaria».
Alrededor de 300 teólogos y responsables de comunidades de base suscribieron un documento titulado «Ante la crisis eclesial», en el que constatan la «pérdida de credibilidad de la institución eclesial», cuya «causa principal es la infidelidad al Vaticano II y el miedo ante las reformas que exigía a la Iglesia».
A su vez, reclaman «la urgente reforma del entorno papal», denuncian la «incapacidad para escuchar» de la jerarquía y la «doble actitud de mano tendida hacia posturas lindantes con la extrema derecha autoritaria (aunque sean infieles al evangelio e incluso ateas), y de golpes inmisericordes contra todas las posturas afines a la libertad evangélica».
Éste es el contenido íntegro del documento:
Somos conscientes de que este escrito es un procedimiento extraordinario, pero nos parece que también es extraordinaria la causa que lo motiva: la pérdida de credibilidad de la institución católica que, en buena parte, es justificada y que los medios de comunicación han convertido ya en oficial, está alcanzando cotas preocupantes. Este descrédito puede servir de excusa a muchos que no quieren creer, pero es también causa de dolor y desconcierto para muchos creyentes. A ellos nos dirigimos principalmente.
1.- La Iglesia fue definida desde antiguo como santa y pecadora, «casta prostituta». Crisis graves no han faltado nunca en su historia, y la actual puede dolernos pero no sorprendernos. Toda crisis es siempre una oportunidad de crecimiento, si sabemos en estos momentos «no avergonzarnos del Evangelio» y amar a nuestra madre. Sabiendo que el amor a una madre enferma no consiste en negar o disimular su enfermedad sino en sufrir con ella y por ella. Si deseamos una Iglesia mejor no es para militar en el club de los mejores, sino porque el evangelio de Dios en Jesucristo se la merece.
2.- No hay aquí espacio para largos análisis, pero parece claro que la causa principal de la crisis es la infidelidad al Vaticano II y el miedo ante las reformas que exigía a la Iglesia. Ya durante el Concilio se hicieron durísimas críticas a la curia romana. Más tarde Pablo VI intentó poner en marcha una reforma de esa curia, que ésta misma bloqueó. Es muy fácil después convertir a un papa concreto en cabeza de turco de los fallos de la Curia. Por eso preferimos expresar desde aquí nuestra solidaridad con Benedicto XVI, a nivel personal y a pesar de las diferencias que puedan existir a niveles ideológicos: porque sabemos que los papas no son más que pobres hombres como todos nosotros, que no deben ser divinizados. Y que si algún error grave se cometió en todos los pontificados anteriores fue precisamente el dejar bloqueada esa urgente reforma del entorno papal.
3.- Una de las consecuencias de ese bloqueo es el injusto poder de la curia romana sobre el colegio episcopal, que deriva en una serie de nombramientos de obispos al margen de las iglesias locales, y que busca no los pastores que cada iglesia necesita, sino peones fieles que defiendan los intereses del poder central y no los del pueblo de Dios.
Ello tiene dos consecuencias cada vez más perceptibles: una es la doble actitud de mano tendida hacia posturas lindantes con la extrema derecha autoritaria (aunque sean infieles al evangelio e incluso ateas), y de golpes inmisericordes contra todas las posturas afines a la libertad evangélica, a la fraternidad cristiana y a la igualdad entre todos los hijos e hijas de Dios, tan clamorosamente negada hoy. Otra consecuencia es la incapacidad para escuchar, que hace que la institución esté cometiendo ridículos mayores que los del caso Galileo (pues éste, aunque tenía razón en su intuición sobre el movimiento de los astros, no la tenía en sus argumentos; mientras que hoy la ciencia parece suministrar datos que la Curia prefiere desconocer: por ejemplo en problemas referentes al inicio y al fin de la vida). La proclamada síntesis entre fe y razón se ve así puesta en entredicho.
4.- Pero más allá de los diagnósticos, quisiéramos ayudar a actitudes de fe animosa y paciente para estas horas negras del catolicismo romano. Dios es más grande que la institución eclesial, y la alegría que brota del Evangelio capacita hasta para cargar con esos pesos muertos. No vamos a romper con la Iglesia, ni aunque hayamos de soportar las iras de parte de su jerarquía.
Pero tememos la lección que nos dejó la historia: las dos veces en que el clamor por una reforma de la Iglesia fue universal y desoído por Roma, están relacionadas con las dos grandes rupturas del cristianismo: la de Focio y la de Lutero. Ello no significa que la ruptura fuese legítima: sólo queremos decir que no pueden tensarse las cuerdas demasiado. Tampoco vamos a romper, porque la Iglesia a la que amamos es mucho más que la curia romana: sabemos bien que apenas hay infiernos en esta tierra donde no destaque la presencia callada de misioneros, o de cristianos que dan al mundo el verdadero rostro de la Iglesia.
5.- Durante gran parte de su historia, la Iglesia fue una plataforma de palabra libre. Hoy nadie creerá que un santo tan amable como Antonio de Padua pudiera predicar públicamente que mientras Cristo había dicho «apacienta mis ovejas», los obispos de su época se dedicaban a ordeñarlas o trasquilarlas. Ni que el místico san Bernardo escribiera al papa que no parecía sucesor de Pedro sino de Constantino, para seguir peguntando: «¿hacían eso san Pedro o San Pablo? Pero ya ves cómo se pone a hervir el celo de los eclesiásticos para defender su dignidad». Y terminar diciendo: «se indignan contra mí y me mandan cerrar la boca diciendo que un monje no tiene por qué juzgar a los obispos. Más preferiría cerrar los ojos para no ver lo que veo»… Precisamente comentando este tipo de palabras, escribía en 1962 el papa actual (en un artículo titulado «libertad de espíritu y obediencia»): «¿es señal de que han mejorado los tiempos si los teólogos de hoy no se atreven a hablar de esa forma? ¿O es una señal de que ha disminuido el amor, que se ha vuelto apático y ya no se atreve a correr el riesgo del dolor por la amada y para ella?»
Así quisiéramos hablar: no nos sentimos superiores, pues conocemos bien, en nosotros mismos, cuál es la hondura del pecado humano. La Escritura, hablando de los grandes profetas, enseña que su destino no es el protagonismo sino la incomprensión; y ante eso nos obligan las palabras del apóstol Pablo: «si nos ultrajan bendeciremos, si nos persiguen aguantaremos, si nos difaman rogaremos». Pero nos sentimos llamados a gritar porque también hay allí una imprecación impresionante que tememos tenga aplicación a nuestro momento actual: «¡por vuestra causa es blasfemado el nombre de Dios entre las gentes!»
«Fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe» sabemos que podemos superar estos momentos duros sin perder la paciencia ni el buen humor ni el amor hacia todos, incluidos aquellos cuyo gobierno pastoral nos sentimos obligados a criticar. Este es el testimonio que quisiéramos dar con estas líneas.
Fuente: RD

Y los firmantes son neomarxistas de la teologia de la liberacion.
No hay tal ambiguedad, hay Historia. La Historia de la vieja Iglesia que es ahora por muchos conocida y repudiada.
No me equivoco al decir que la gran mayoría del pueblo de Cristo acepta con algarabía los cambios realizados por el CV II, la antigua tracidión de Reyes, Papas Reyes y Cruzados son vistas ante los ojos nuevos como parte del pasado, casi casi como una lengua muerta.
No se cambia a Cristo, se cambian los agregados (a veces ridículos) que con los 2000 años de existencia pulularon a gusto de cada uno.
Es tanto el miedo de la minoría al CV II que hasta prefieren separarse de la Iglesia que convivir con él.
Si lo reconocen bienvenido sea, más vale tarde que nunca.
siempre quieren buscarles explicaciones extrañas a todo
«Ave Maria Purissima»
-Sine Labe Originali Concepta-
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Sr. Director, Caros hermanos, en la ünica fe verdadrera, saludos en los sagrados corazones de Nuestro Señor JesuCristo y la Santisima Virgen Maria.
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Desde la «Humanae Salutis» de Juan XXIII, no se distingue, mas que comunismo, liberalismo, humanismo en todo el Concilio, con la interpretabilidad subjetiva, y cabalgante, que mantiene la situacion actual, sin embargo, es menester preciso, distinguir, que la Divina Institución, de la Inmaculada Esposa de Nuestro Señor JesuCristo, es la parte Santa, a la que aluden los textos citados por la ambigüa carta de mérito, la corrupetela humana, es un cosa perfectamente entendible, en donde no lo es, es cuando se trata de buscar pervertir, la escencia misma de un ente, y dejando parámetros específicos para tal efecto, como sucedió, en el particular, segun lo previno el ültimo Papa Santo, (La suma de todas las herejías).
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SEA PARA GLORIA DE DIOS
En buena parte, toda esta marea herética es obra de nuestros hermanos masones, que esperaban que el Concilio V. II. declarara expresamente lo que estos teologos (y varios obispos y cardenales)dicen en el documento.
Quedaron desencantados cuando culminó el CVII, porque esperaban triunfar inmediatamente, pero ahora lo están consiguiendo. Solo les llevó un poco más de tiempo.
El concilio les hizo un guiño, y acá estamos.
desvirtuo un poco:
http://www.clarin.com/diario/2009/04/21/um/m-01902642.htm
Argentina presento el pedido al fin. Para los que hablaron al pedo durante meses. Cerremos la boca, aprendamos.
Evidentemente estos personajes que pretendian una especie de amalgama marxisto – cristiana (una absurda union de opuestos) ahora sangran por la herida. Uno de sus mas grandes exponentes es el falso obispo Lugo, para muestra basta un boton.
Coincido con Kunta Kinte.No se donde parará este dislate teológico, hasta el pseudo holocausto es dogma, válgame Dios.
Alberto González, da la impresión de que intentas decir cosas importantes, pero se te entiende muy poco o al menos así nos pasa a los duros de mollera.
Sigo insistiendo, que la jerarquía y los curas han defeccionado o se callan, que para el caso es lo mismo.
Ergo, se nos plantea el problema de vivir estos tiempos parusíacos o no,sin pastores o con muy pocos.Porque la validez del sacerdocio está dada por su adhesión incondicional a Cristo, no a lo que el obispo de turno le imponga.
¿Cómo se hace ?
No lo se.
Solo rezo a la Virgen y al Sagrado Corazón de Jesús, para que nos iluminen a los que
queremos pertenecer a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.La Santa Iglesia que termina con PÍO XII.
Gerardo
Estos teólogos son una especie de homeópatas de la Iglesia, quieren inocularles mas mal para curar el mal.
Habría que prohibir la seudoTeología. Hoy cualquier menesteroso intelectual se autodenomina teólogo.
«Ave Maria Purissima»
-Sine Labe originali Concepta-
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Sr. Director, Caros hermanos en la única y verdadera Fe, saludos en los sagrados corazonez de Nuestro Señor JesuCristo, y la Santisima Virgen Maria.+
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GERARDO:
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No se exactamente a que te refieras, sin embargo, te puedo adelantar, que la bula «burla pontificia» Humanae Salutis, fue la emitida por Juan XXIII, para concocar al Herético Vatidillo II.
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SEA PARA GLORIA DE DIOS