RAFAEL GAMBRA CIUDAD: SI QUIERES LA PAZ…

EL PACIFISMO Y LAS GUERRAS

Alcázar, 15 de marzo 1987

La juventud española se ve hoy intensamente trabajada por multitud de grupos, sectas, movimientos de carácter pacifista y antimilitarista. Los ecologistas, los no violentos, los verdes, el partido «humanista» de Silo, los sectas hinduistas, los «niños de Dios», los testigos de Jehová, los objetores de conciencia, Amnesty International.

Incluso de la Iglesia progresista brotan apóstoles del pacifismo y una actitud de colocar «la paz» por encima de la propia identidad religiosa, a más de la lucha contra los juguetes bélicos…

Todos estos grupos y muchos más actúan no sólo en la impunidad más absoluta, sino fomentados por los altos poderes del Estado y de la Iglesia. La Autonomía de Madrid, por ejemplo, hace propaganda de un gabinete jurídico que ha organizado para orientar a los jóvenes en la objeción de conciencia y darles facilidades.

Frente a todo esto, el Ejército, como es sabido, no se defiende: es la democracia. Disminuido, marginado, acosado, hace a veces el efecto de que se resigna a la condición de «estamento a extinguir». Por supuesto, ya no se ve un uniforme por la calle, ni en actos sociales…

Por más que parezca paradójico, la verdad es que la difusión de este pacifismo y el desarme moral que conlleva son unas de las principales causas u orígenes de las guerras.

En primer lugar, cuando el mundo se halla dividido en dos grandes bloques enfrentados, más de carácter ideológico que nacional, constituye un arma de extraordinario valor para uno de ellos el expandir en el otro un espíritu abandonista, hostil a cualquier género de lucha. Máxime sabiendo que no se puede dar una campaña simétrica en sus territorios por cuanto tienen bien aseguradas sus fronteras físicas y morales. Ninguna campaña puede ser más útil para la Unión Soviética que esta de pacifismo a ultranza que realiza a través de los infinitos «brazos largos» del KGB. ¡Qué mejor objetivo que lograr que el ejército de Occidente arroje las armas en caso de guerra (o simplemente que exista ese peligro)!

En segundo lugar, el desarme de un país y la difusión del pacifismo en su juventud hacen de él una tentación constante para sus vecinos y también para las grandes potencias. Es como dejar grandes sumas a merced de sirvientes o empleados dando la impresión de abandono y desorden. Aquí se crea la tentación y el pecado, allá un motivo de guerra.

Esto sucede hoy en algún país que nos es muy caro, donde se pone en tentación ¡hasta a los moros!

Hay que volver, por ley de vida, a las sentencias de la vieja sabiduría: ¡Guárdate y Dios te guardará! Si vis pacem, para bellum…, si quieres la paz, prepara la guerra.