EL DALAI LAMA EN NAVARRA Y EN EL TEMPLO DE DIOS
El Dalai Lama visitó Pamplona el 4 de junio de 1990 invitado por el Gobierno autónomo de Navarra. En la iglesia de San Miguel, de Pamplona se veía una pantalla con la paloma de la paz, un pebetero ecuménico (terreno neutral —ni Cristo, ni Buda); en el mismo lugar había permanecido encendido el Cirio Pascual, símbolo de Cristo Resucitado.
La noticia nos llega en toda su hiriente actualidad: el Dalai Lama, jefe espiritual del Budismo, ha llegado a Navarra invitado por la Universidad Pública de Pamplona.
El Budismo es, de todas las religiones falsas del paganismo, la más antitética del Cristianismo. En rigor es una pseudo-religión atea, porque no cree en un Dios trascendente y distinto del mundo, sino que adora a la Naturaleza como suprema y divina unidad a la que todo y todos retornaremos tras sucesivas reencarnaciones. Se trata de un panteísmo cósmico.
No sólo la fe en Dios le es ajena, sino también todo espíritu de caridad. Lo más llamativo en países budistas no es ver a las gentes agonizando o muriendo de hambre o enfermedad por las calles, sino la completa indiferencia de los que pasan a su lado: para ellos aquello es sólo un tránsito o una liberación hacia el Uno y Todo.
Llevar a Navarra —y recibir allí con honores— al Dalai Lama es ya un insulto hacia la Fe y la historia de una región que durante siglos ha entregado miles de sus hijos como misioneros —empezando por San Francisco Javier— de la expansión de la Verdadera Fe contra las religiones falsas, especialmente el Budismo. Que la iniciativa haya partido de esa Universidad Pública no es de extrañar, ya que nació para hacer la guerra a la Universidad de Navarra, católica y privada.
Más escandaloso es que la Diputación Foral abra sus puertas al huésped para una recepción solemne. No cabe, sin embargo, olvidar que su actual presidente es un ex cura socialista.
Pero lo verdaderamente aberrante y sacrílego es que, además, se le abren las puertas de un templo católico —el de San Miguel para mayor burla— a fin de que celebre allí una liturgia ecumenista. Esto es un atentado directo contra el primer Artículo de la Fe (creo en un sólo Dios todopoderoso creador del Cielo y de la Tierra) y contra el primer Mandamiento de la Ley de Dios (amarás a Dios sobre todas las cosas y a Él sólo adorarás). Recordemos aquellas palabras terminantes del Apóstol San Pablo: «Confirmados en la fe que os he enseñado, estad sobre aviso para que nadie os seduzca por medio de una filosofía falaz y con vanas sutilezas fundadas en doctrinas de los hombres, conforme a las máximas del mundo, y no conforme con la doctrina de Jesucristo» (Colosenses, 2).
En el templo de San Miguel, guardián angélico de la Fe, hemos visto a monseñor Cirarda, arzobispo de la diócesis, encendiendo velas con el líder tibetano, y a éste hablando de su único tema que es la paz, no la que da Dios con su gracia sino la que da el Mundo por el diálogo. Monseñor Cirarda, el mismo que hoy se encarniza con un canónigo tradicionalista de su presbiterio porque ha tenido la osadía de reprocharle el que impunemente consienta en toda la diócesis el abuso de las absoluciones colectivas y su apoyo al separatismo, entre otras tropelías.
Después se ha llevado al Dalai Lama al monasterio benedictino de San Salvador de Leyre a que profane la cuna del Reino de Navarra y la tumba de sus católicos reyes.
San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Contra las insidias e
iniquidades del enemigo,
sé fortaleza.

