CONTROVERSIA ENTRE AUTORIDADES
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DE SUMA ACTUALIDAD
Respetados lectores:
No busquéis el signatario de este escrito, no lo hallaréis. A justo juicio, sin embargo, no estáis ante un anónimo, porque, como bien lo indica el título, encontraréis un cotejo de textos discrepantes, pertenecientes a diversas autoridades, de disímil jerarquía y valor. Ellas tienen la responsabilidad de los conceptos expresados.
No hallaréis tampoco argumentos de razón, una pauta de lectura, o una simple orientación por medio de destacados o subrayados. A cada uno corresponde leer, reflexionar y extraer las conclusiones.
Al predicamento de Monseñor Alfonso de Galarreta se contrapone el prestigio de otras autoridades, lo cual marca la controversia.
De Monseñor de Galarreta se cita su sermón del domingo 15 de marzo de 2009 en el Seminario María Corredentora. Las referencias de los otros textos van indicadas en sus correspondientes lugares.

1. – El levantamiento de las excomuniones
A) Nulas de hecho y de derecho.
a) Sermón de Monseñor De Galarreta:
“Sobre las supuestas excomuniones, sobre el Decreto del levantamiento de las supuestas excomuniones, nuestra posición ha sido siempre muy clara, antes, durante y después de este Decreto. Siempre hemos afirmado y siempre hemos mantenido que esas censuras eran absolutamente nulas, de hecho y de derecho”.
b) Decreto de la Congregación para los Obispos, 21 de enero de 2009:
“Por medio de la carta del 15 de diciembre de 2008 enviada a Su Eminencia el Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, Mons. Bernard Fellay, en su nombre y en el de los otros Obispos consagrados el 30 de junio de 1988, volvía a solicitar el levantamiento de la excomunión latae sententiae formalmente declarada por Decreto del Prefecto de esta misma Sagrada Congregación para los Obispos con fecha del 1º de julio de 1988”.
c) Nota de la Secretaría de Estado, 4 de febrero de 2009:
“Como ya ha sido publicado con precedencia, el Decreto de la Congregación para los Obispos, dado el 21 de enero de 2009, ha sido un acto con el que el Santo Padre salía benignamente al encuentro de las reiteradas peticiones por parte del Superior General de la Fraternidad San Pío X. Su Santidad ha querido quitar un impedimento que perjudicaba la apertura de una puerta al diálogo. Ahora espera que la misma disponibilidad sea expresada por los cuatro obispos en total adhesión a la doctrina y a la disciplina de la Iglesia. La gravísima pena de la excomunión latae sententiae, en la que dichos obispos habían incurrido el 30 de junio de 1988, declarada después formalmente el 1º de julio del mismo año, era una consecuencia de su ordenación ilegítima por parte de monseñor Marcel Lefebvre.”
d) Carta de Monseñor Fellay a los fieles, 24 de enero de 2009:
“Como lo anuncio en el comunicado adjunto, «La excomunión de los obispos consagrados por su Excelencia Mons. Marcel Lefebvre el 30 de junio de 1988, que había sido declarada por la Congregación para los Obispos por un decreto del 1º de julio de 1988 y que nosotros siempre hemos rechazado, ha sido retirada por otro decreto de la misma Congregación con fecha del 21 de enero de 2009, por mandato del papa Benedicto XVI.» Era la intención de oración que os había confiado en Lourdes, el día de la fiesta de Cristo Rey de 2008.”
e) Reportaje a Monseñor Fellay, Le Temps, 26 enero de 2009:
“No temo nada. Puede que haya una voz discordante aquí o allí. Pero el celo que los fieles pusieron para rezar los rosarios para pedir el levantamiento de las excomuniones dice bastante sobre nuestra unión.”
f) Reportaje a Monseñor Fellay, Monde et Vie, 31 de enero de 2009:
“Esperaba el levantamiento de la excomunión desde 2005, desde la primera carta de solicitud del levantamiento de la excomunión que había dirigido a petición de la propia Roma. Porque queda claro que Roma no pedía esta carta para negarse a levantar la excomunión”.
g) Carta de agradecimiento al Papa de los obispos de la Hermandad San Pío X, 29 de enero de 2009:
“Santo padre, es por medio de la acción de gracias que nosotros deseamos expresar a Vuestra Santidad nuestro profundo reconocimiento por el acto de Su paternal bondad y de Su coraje apostólico por el cual Ella ha hecho inoperante la medida que nos afectó hace ya veinte años en seguida de nuestra consagración episcopal.”
h) “De un Preliminar al Otro”, editorial del Padre de Cacqueray, Superior del Distrito de Francia, 1º de enero de 2009:
“En cuanto a las consagraciones del 30 de junio de 1988, se encontraron, ipso facto, sancionadas por la excomunión prevista en el nuevo Código de derecho canónico. Ahora bien la Hermandad se niega con todo a pedir ״un levantamiento de las sanciones״. Pretende obtener ״el retiro del decreto de las excomuniones״; y no escapa a nadie que los términos que empleó para traducir su pedido han sido elegidos intencionalmente (…) Si se tratase realmente del retiro del decreto —y no de un levantamiento de las excomuniones— sería entonces el principio de la reparación de la injusticia inaudita conocida, y podríamos alegrarnos (…) Si, en cambio, se tratase de un ״levantamiento de las excomuniones״, las cosas serían de muy otra manera. No correspondería a nuestro segundo preliminar y no lavaría de ninguna manera a nuestros obispos de los malos pleitos que se les hizo. Dejando creer que las penas pronunciadas no eran nulas y que incluso se merecían, ¿no resultaría, en cierto sentido al menos, un nuevo mal más profundo? Roma entonces habría retirado, con una apariencia compasiva, sanciones que se encontrarían, por el mismo acto, confirmadas como válidas, e incluso impuestas legítimamente.”
B) La Tradición condenada.
a) Sermón de Monseñor De Galarreta:
“Pero, sin embargo, es evidente que, a los ojos del común de la gente, sí estábamos excomulgados; a los ojos de la opinión pública, a los ojos del resto de la Iglesia, a quienes no llegan nuestras explicaciones por nuestros argumentos, estábamos condenados. Y, sobre todo, estaba condenada la Tradición, la verdadera fe católica”.
b) Conferencia de Monseñor Lefebvre; Asegurar la perpetuación del sacerdocio. Seminario de Zaitzkofen, febrero de 1987:
“Es por haber ordenado sacerdotes que he sido castigado, ilegal e injustamente, con una suspensión. ¡Con mayor razón si consagrara obispos! En el nuevo derecho canónico, la excomunión es prevista, y seguramente no es una casualidad. Eso no se hizo sin pensar en nosotros (…) Eso no me da miedo, ya que Roma nos trata ya prácticamente como si estuviésemos excomulgados. ¿Qué más se puede hacer contra nosotros? Suponiendo que sea excomulgado, que todos seamos excomulgados, ¿qué mal suplementario vendría a añadirse a esto que sufrimos ya ahora? (…) Una excomunión no nos produciría nada más, sobre todo si se quiere considerar bien de dónde ella vendría. Excomulgados por liberales, por modernistas, sería más bien una marca de ortodoxia. Eso probaría que permanecemos en la buena línea. Excomulgados porque no pensamos como ellos. ¡Claro que sí!, no pensamos como ellos. ¡Es verdad!”
c) Conferencia de Monseñor Lefebvre. Ecône, 9 de junio de 1988:
“Nos encontraremos como estábamos en 1976 en el momento de la condena, en el momento de la suspensión. Puede ser que algunos van a abandonarnos… el miedo de Roma. Es extraordinario; eso existe siempre, este miedo de estar en dificultad con Roma. Como si Roma fuese todavía la Roma normal. Pero, en fin: ¿por quién somos condenados? y ¿por qué? Es necesario ver. ¡Somos condenados por gente que no tiene ya la fe católica! Asís es la negación pública de la fe católica ¡Pública! Eso no es posible. Es inimaginable, ¿verdad? Entonces, no es Roma, no es la verdadera Roma. Entonces es necesario volver siempre de nuevo a la declaración del 21 de noviembre de 1974. Es de verdad nuestra carta. Creo que podría haberla firmado durante todos estos años, yo la firmaría aun ahora. Es la misma cosa, estamos exactamente en las mismas disposiciones, no se cambió ni una iota, y es eso lo que defendemos y lo que queremos defender absolutamente, contra esta Roma modernista.”
d) Reflexiones de Monseñor Lefebvre. Flavigny, diciembre de1988:
“Por supuesto, están los que se ponen como enfermos de sólo pensar que hay que oponerse a Roma: No están de acuerdo. Es que no vieron verdaderamente el problema de la invasión liberal de Roma. Los que vacilan, quizás, sólo tienen una fe sentimental. No tienen el sentido doctrinal del magisterio de la Iglesia de siempre, de la Tradición, de la fe católica.
Dicen: “No estamos completamente de acuerdo, pero no se puede separarse del Papa. Preferimos estar en unión, al menos legal, canónica, regular, con las autoridades eclesiásticas. No podemos seguir estando así indefinidamente separados de las autoridades romanas y de los obispos. No es posible. Pero, ya van a ver, vamos a conservar la Tradición. Vamos a hacer esfuerzos. Haremos esto, haremos aquello. No vamos a dejarnos engañar”.
Todos los que nos dejaron y han dicho eso, todos claudicaron. No podían soportar separarse demasiado de las autoridades eclesiásticas.
Pero que se comprenda bien, dichas autoridades quieren imponernos progresivamente el abandono de la Tradición.
Aunque hiciereis esfuerzos para conservar la Tradición, las autoridades eclesiásticas os dirán: ¡el Concilio! ¡el Concilio! ¡Es el gran Pentecostés! Es necesario que os sometáis. Podemos daros la autorización de guardar un poco la Tradición, pero es necesario admitir el Concilio en su integridad. (…) Pero, es colocarse en una situación de contradicción, ya que es de los principios del Concilio que nació la guerra contra la Tradición. Un día, se les hará abandonar la poca Tradición que les conceden hoy. Momentáneamente es necesario aceptar la imposible conciliación entre el mantenimiento de la Tradición y la aplicación del Concilio. Es una situación que no es viable.”

2.- El estigma de las excomuniones
a) Sermón de Monseñor De Galarreta:
“Por eso nos alegramos del Decreto. Ya sabemos que pensar es distinguir; es propio de la inteligencia distinguir los aspectos distintos de las cosas. Nos alegramos y agradecimos, porque lo cortés no quita la valiente; el respeto y la caridad son una obligación de todo buen cristiano. Nos alegramos y agradecimos ese Decreto, precisamente en cuanto nos quita ese estigma, en cuanto quita esa condenación de lo que representamos, que es la verdadera Tradición católica, la verdadera fe católica”.
b) Carta abierta de los Superiores de la Hermandad San Pío X al Cardenal Gantin, Prefecto de la Congregación de los Obispos. Ecône, 6 de julio de 1988:
“ (…) Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no seria más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.
Creemos en un solo Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y seremos siempre fieles a su única Esposa, la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.”
c) Conferencia de Monseñor Lefebvre. Ecône, 9 de septiembre de 1988:
“Ustedes continúan y representan de verdad la Iglesia, la Iglesia Católica. Creo que es necesario convencerse de esto: ustedes representan de verdad la Iglesia Católica. No que no haya Iglesia fuera nosotros; no se trata de eso. Pero este último tiempo, se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en la Iglesia visible. Pienso que se comete allí un error muy, muy grave. ¿Dónde es la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica.
Les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la Iglesia oficial (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, lo que somos? Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial. Si hay aún una visibilidad de la Iglesia hoy, es gracias ustedes. Estas señales no se encuentran ya en los otros. Es totalmente falso considerarnos como si no formáramos parte de la Iglesia visible. Es increíble.
Es la Iglesia oficial la que nos rechaza; pero no somos nosotros quienes rechazamos la Iglesia, bien lejos de eso. Al contrario, siempre estamos unidos a la Iglesia Romana e incluso al Papa por supuesto, al sucesor de Pedro. Pienso que es necesario que tengamos esta convicción para no caer en los errores que se está extendiéndose ahora. Por supuesto, se podrá objetársenos: ¿“Es necesario, obligatoriamente, salir de la Iglesia visible para no perder el alma, salir de la sociedad de los fieles unidos al Papa”? No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia.
En cuanto a decir “salir de la Iglesia Visible”, es equivocarse asimilando Iglesia oficial a la Iglesia visible. Nosotros pertenecemos bien a la Iglesia visible, a la sociedad de fieles bajo la autoridad del Papa, ya que no rechazamos la autoridad del Papa, sino lo que él hace. Reconocemos bien al Papa a su autoridad, pero cuando se sirve de ella para hacer lo contrario de aquello para lo cual se le ha dado, está claro que no se puede seguirlo.
¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial? En cierta medida, ¡sí!, obviamente.
Todo el libro del Sr. Madiran “La Herejía del Siglo XX” es la historia de la herejía de los obispos. Es necesario, pues, salir de este medio de los obispos, si no se quiere perder el alma. Pero eso no basta, ya que es en Roma donde se instala la herejía. Si los obispos son herejes (incluso sin tomar este término en el sentido y con las consecuencias canónicas), no es sin la influencia de Roma.
Si nos alejamos de esta gente, es absolutamente de la misma manera que con las personas que tienen el SIDA. No se tiene deseo de atraparlo. Ahora bien, tienen el SIDA espiritual, enfermedades contagiosas. Si se quiere guardar la salud, es necesario no ir con ellos. Suceda lo que suceda, debemos seguir como lo hemos hecho, y el Buen Dios nos muestra que siguiendo esta vía, cumplimos con nuestro deber.
No negamos la Iglesia Romana. No negamos su existencia, pero no podemos seguir sus directivas. No podemos seguir los principios del Concilio. No podemos vincularnos.
Me di cuenta de esta voluntad de Roma de imponernos sus ideas y su manera de ver. El cardenal Ratzinger me decía siempre: “Pero Monseñor, sólo hay una Iglesia, no es necesario hacer una Iglesia paralela”. ¿Cuál es esta Iglesia para él? La Iglesia conciliar, queda claro.”
d) Reportaje a Monseñor Lefebvre un año después de las consagraciones episcopales:
Fideliter: Algunos dicen: sí pero Monseñor tendría que haber aceptado un acuerdo con Roma, porque una vez que la Hermandad hubiese sido reconocida y las sanciones levantadas, habría podido actuar de una manera más eficaz dentro de la Iglesia, mientras que ahora se colocó afuera.
Monseñor: “Son cosas que son fáciles de decir. Ponerse dentro de la Iglesia, ¿qué es lo que quiere decir eso? Y en primer lugar, ¿de qué Iglesia se habla? Si es de la Iglesia conciliar, sería necesario que nosotros, quienes luchamos contra ella durante veinte años porque queremos la Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esta Iglesia conciliar para supuestamente volverla católica.
¡Es una ilusión total!”
Fideliter: ¿No teme que a la larga y cuándo el Buen Dios lo haya llamado a El, poco a poco la separación se acentúe y que se tenga un poco la impresión de una Iglesia paralela respecto de lo que algunos llaman la “Iglesia visible”?
Monseñor: “Esta historia de Iglesia visible de Dom Gérard y del Sr. Madiran es infantil. Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación a la Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica que nosotros intentamos representar y seguir. No digo que seamos la Iglesia Católica. Nunca lo he dicho. Nadie puede acusarme de haber querido tomarme por un papa. Pero, nosotros representamos de verdad la Iglesia Católica tal como era antes, puesto que seguimos eso que siempre ha hecho. Somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. Es eso lo que constituye la Iglesia visible. El Sr. Madiran añade: y la infalibilidad. Pero, la infalibilidad… En lo que representa la tradición de los papas, la tradición de la infalibilidad, estamos de acuerdo con el Papa. Estamos unidos a él en cuanto continúa la sucesión de San Pedro y debido a las promesas de la infalibilidad que se le hicieron.
Somos nosotros quienes se unen a su infalibilidad. Pero él, incluso si bajo algunos aspectos se puede decir que la representa, formalmente se opone, porque no quiere más la infalibilidad. No cree y no realiza actos señalados por la marca de la infalibilidad… Somos nosotros quienes estamos con la infalibilidad, no la Iglesia conciliar. Ella está en contra de la infalibilidad, es absolutamente cierto.
El cardenal Ratzinger está en contra de la infalibilidad, el Papa está en contra de la infalibilidad debido a su formación filosófica.
Que se nos comprenda bien, no estamos en contra del Papa como representante de todos los valores de la Sede Apostólica, que son inmutables, de la sede de Pedro; pero estamos contra el Papa que es un modernista, que no cree en su infalibilidad, que hace ecumenismo. Obviamente estamos en contra de la Iglesia conciliar, que es prácticamente cismática, incluso si no lo aceptan. En la práctica es una Iglesia virtualmente excomulgada, porque es una Iglesia modernista. Son ellos quienes nos excomulgan, mientras que nosotros queremos seguir siendo católicos. Queremos permanecer con el Papa católico y con la Iglesia Católica. He aquí la diferencia.
Pienso, pues, que no hay que tener ninguna vacilación ni ningún escrúpulo respecto de las consagraciones episcopales. No somos ni cismáticos, ni excomulgados; no estamos en contra del Papa. No estamos en contra de la Iglesia Católica. No hacemos una Iglesia paralela. Todo eso es absurdo.
Somos lo que siempre hemos sido: católicos que continúan. Es todo. No hay que buscar mediodía a las catorce. ¡No constituimos una “pequeña Iglesia”!”
e) Comentarios del Padre Schmidberger, Superior General de la Hermandad San Pío X, a la Declaración de Dom Gérard:
Dom Gérard: “Es perjudicial que la Tradición misma de la Iglesia sea relegada fuera de su perímetro oficial visible. Eso es contrario al honor de la Esposa de Cristo. La visibilidad de la Iglesia es uno de sus caracteres esenciales.”
Comentario: “¿No estaría, al contrario, en el plan de la Providencia que la Tradición católica de la Iglesia no sea reinstalada en el pluralismo “de la Iglesia conciliar”, mientras esta última manche el honor de la Iglesia católica y ofusque tanto su unidad como su visibilidad? “Cristo sufrió fuera de las puertas de Jerusalén”, nos dice San Pablo, y añade: “Por lo tanto, para ir a él, salgamos fuera del campo, llevando su oprobio”.” (Heb. 13, 12-13).
Dom Gérard: “Es lamentable que los únicos Benedictinos que sean descartados… sean precisamente los que guardan su tradición litúrgica.”
Comentario: “Es al contrario una marca de honor para el Barroux ser rechazado por los otros Benedictinos por haber seguido siendo fiel íntegramente a la Misa de siempre, y haberse convertido, por este motivo, en un espléndido signo de contradicción.”
f) Conferencia de Monseñor Lefebvre. Ecône, 9 de octubre de 1988:
“Vamos a rezar por todos los que, actualmente, vacilan o que son tentados en la situación actual. Para nosotros, no hay problema, nos encontramos siempre en el marco de la Hermandad, en el marco de la Iglesia de siempre, en la fidelidad a la Iglesia de siempre. Están, ciertamente, aquellos que como, por ejemplo, los monjes del Barroux, sufren mucho por tener que tomar una decisión. Pienso también en las esas personas que se encuentran en las parroquias, que vacilan. (…) Entonces, una serie de personas se preguntan por lo que deben hacer, si deben dejar la parroquia, ir, resistir, intentar cambiar el sacerdote… En fin, eso plantea muchos problemas. (…) Entonces, si tenéis la ocasión de corresponder o tener contactos con personas que están en esta situación, no tengáis miedo de hacerles tomar decisiones valientes, enérgicas. Es necesario presentarse como fiel a la Iglesia de siempre
(…) Para nosotros no hay vacilaciones. Habréis leído, ciertamente, el artículo de Sí Sí No No que muestra muy bien que no es de hoy que tenemos que hacer estas elecciones, no es desde las consagraciones. ¡Es desde el Concilio! Este artículo, “ni cismáticos, ni excomulgados”, resume absolutamente toda nuestra posición desde el principio, y eso justifica nuestra posición desde el principio…, incluidas las consagraciones, dando el porqué de las consagraciones y solucionando las dificultades que se pueden tener respecto a ese tema. Es admirable, encuentro que es de verdad un artículo extraordinario.
(…) Cuando al principio dice “católicos divididos”, es verdad (…) es totalmente exacto. Es verdad, fue necesario elegir, fue necesario elegir entre la Fe de siempre…
(…) Entonces, para nosotros, eso no nos plantea un problema porque nos encontramos en un marco que nos permite precisamente hacer esto; pero, entonces, sabéis, para todos los estos pobres fieles, sacudidos de derecha, sacudidos de izquierda; tenéis a los que están en la ansiedad; es de verdad grave.
(…) Es une pena pensar que todos estos monjes, y esas monjas, que entraron al Barroux o en las Benedictinas, entraron precisamente porque hicieron esta elección. No fueron a los monasterios modernistas, pero ahora se someten a la Iglesia conciliar, se someten a las doctrinas modernistas. Hicieron adrede la elección del Barroux para permanecer en la Tradición, para seguir en la Fe de siempre, y ahora se los pone bajo la autoridad de la Iglesia conciliar.
(…) Entonces nos alegramos cuando vemos artículos tan claros que, de verdad, pueden abrir los ojos de los fieles y darles el valor de resistir, de continuar.
(…) Es lo mismo con la declaración que hizo el Padre Tomás de Aquino. De verdad su declaración es muy clara: “No seguimos a Monseñor de Castro Mayer o a Monseñor Lefebvre como jefes de fila, seguimos a la Iglesia Católica; pero, actualmente, estos dos confesores de la Fe son los únicos obispos en levantarse contra la autodemolición de la Iglesia; no nos es posible separarnos de ellos, así como en el siglo IV, en el tiempo del arrianismo, era una señal de ortodoxia estar en comunión con Atanasio.”
(…) Esto es muy exacto, es aún una elección, muestra la elección, da razón de la elección, el motivo de la elección que hace.
(…) Y bien, es así, es muy grave. Porque la intención de estas autoridades es destruir la Tradición. Queda claro, es destruir la Tradición. No es necesario más, ¿verdad?
(…) Entonces, rogad por toda la gente que tenga que tomar una decisión, para que sean firmes y para que permanezcan en la Fe.”

3.- Un obstáculo para acercarse a la Tradición
a) Sermón de Monseñor De Galarreta:
“Y en segundo lugar, es evidente que esa medida quita un obstáculo mayor en muchas almas para que puedan acercarse a nosotros y para que puedan acercarse a la Tradición. Y es lo que está pasando.
Después del Motu proprio y, aún más, especialmente después de ese Decreto, hay muchísima gente que se está acercando a la Tradición, y muchos sacerdotes que entes tenían miedo y ahora vienen a aprender la Misa, por ejemplo, en nuestros Prioratos”.
b) Decreto de la Congregación para los Obispos, 21 de enero de 2009:
“Deseando que este paso sea seguido sin tardanza de la plena comunión con la Iglesia de toda la Fraternidad San Pío X, en testimonio de una verdadera fidelidad y de un verdadero reconocimiento del Magisterio y de la autoridad del Papa a través de la prueba de la unidad visible.”
c) Nota de la Secretaría de Estado, 4 de febrero de 2009:
“El levantamiento de la excomunión ha liberado a los cuatro obispos de una pena canónica gravísima, pero no ha cambiado la situación jurídica de la Fraternidad San Pío X, que por el momento no goza de reconocimiento alguno en la Iglesia católica. Tampoco los cuatro obispos, aunque liberados de la excomunión, tienen una función canónica en la Iglesia y no ejercen lícitamente un ministerio en ella.”
d) Carta de Benedicto XVI a los Obispos, 10 de marzo de 2009:
“Hasta que la Fraternidad non tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia. Por tanto, es preciso distinguir entre el plano disciplinar, que concierne a las personas en cuanto tales, y el plano doctrinal, en el que entran en juego el ministerio y la institución. Para precisarlo una vez más: hasta que las cuestiones relativas a la doctrina no se aclaren, la Fraternidad no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros, no obstante hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia.
(…) ¿Puede ser totalmente desacertado el comprometerse en la disolución de las rigideces y restricciones, para dar espacio a lo que haya de positivo y recuperable para el conjunto? Yo mismo he visto en los años posteriores a 1988 cómo, mediante el regreso de comunidades separadas anteriormente de Roma, ha cambiado su clima interior; cómo el regreso a la gran y amplia Iglesia común ha hecho superar posiciones unilaterales y ablandado rigideces, de modo que luego han surgido fuerzas positivas para el conjunto.”
e) Recomendaciones de Mons. Lefebvre antes de las consagraciones a los cuatro sacerdotes concernidos:
“Se termina esto. No más negociaciones. Cuanto más reflexionamos, más nos damos cuenta de que las intenciones de Roma no son buenas. Quieren someterlo todo al Concilio, dejándonos, al mismo tiempo, un poco de Tradición. Pero no se trata aquí de pequeñas cosas.
En Roma, permanecen lo que son. No podemos ponernos en las manos de esta gente. No queremos dejarnos comer. Es una ilusión de Dom Gérard pensar que un acuerdo nos daría un inmenso apostolado. Sí, pero en un marco ambiguo, que nos descompondría. Nos dicen: “Tendrán aún más vocaciones si están con Roma.” Pero estas vocaciones, si decimos cualquier cosa contra Roma, se opondrían y apestarían nuestros seminarios. Y los obispos les dirían: “¡Entonces, venid con nosotros!”
Suavemente, la mezcla se haría. Roma quiere hacernos cambiar. Hay una cantidad de consecuencias detrás de eso: desean llevar nuestras obras hacia el espíritu conciliar. Si hubiésemos aceptado, habríamos muerto. No habríamos durado un año. Habría sido necesario vivir en contacto con los conciliares, mientras que actualmente, estamos juntos. Si hubiésemos dicho que sí, eso habría sido la división dentro de la Hermandad; todo se habría dividido.
Nos dicen que nuevas vocaciones vendrían si estuviésemos con Roma. Pero estas vocaciones no soportarían ninguna distancia respecto de Roma, ninguna crítica: sería la división. Actualmente, las vocaciones se seleccionan por ellas mismas. Esta es la razón por la cual salvamos la Hermandad y la Tradición, alejándonos nosotros prudentemente.
Hicimos una prueba leal; nos preguntamos si hubiésemos podido continuar con este ensayo, protegiéndonos al mismo tiempo; eso resultó imposible. En Roma no cambiaron, si no para peor. Tienen el SIDA espiritual. No tienen ya la gracia, no tienen más sistema de defensa. No creo que pueda decirse que Roma no perdió la fe.”
f) Comentarios del Padre Schmidberger, Superior General de la Hermandad San Pío X, a la Declaración de Dom Gérard:
Dom Gérard: “Recibir el levantamiento de la suspensión a divinis de nuestros sacerdotes atañe a un punto de vista misionero: que el máximo de fieles (y de jóvenes: alumnos de secundaria, scauts, seminaristas) puedan asistir a nuestras misas sin ser molestados por sus capellanes o su obispo.”
Comentario: “Si estos sacerdotes del Barroux se consideran válidamente suspendidos, vivieron desde hace quince años en el pecado mortal. Si piensan solamente que su supuesta “suspensión” daña a su irradiación apostólica, se equivocan: la Cruz es más fértil que la facilidad. Además habrían debido preferir a la irradiación misionera del Barroux, que es su bien propio, la irradiación de la Tradición en su cohesión indispensable: esto era el bien común de la Tradición. ¡Primacía del bien común!”
g) Carta abierta de Dom Lorenzo a los Padres de Campos. Niteroi, 30 octobre de 2001:
“ (…) Pienso que no se pueden negar las siguientes evidencias:
─ Las nuevas personas que se unirán a vosotros no tendrán el deseo de convertirse a la verdadera Tradición. Vendrán a vosotros porque los obstáculos jurídicos se han retirado y no por razones de fe. Serán muy simpáticas, pero no buscarán la verdad entera, esta fina punta de la doctrina que lleva las almas al martirio.
─ El hecho de estar al interior de la Roma modernista –esto está probado- causa una contaminación clara por los principios directores del Vaticano II, insuflados a dosis homeopáticas hasta que el fruto caiga, como cayó la Fraternidad San Pedro.
(…) En 1988 dije a Dom Gérard lo que a vosotros repito hoy: millares de fieles esperan, impacientes, que los confirméis en la fe católica, en el combate que exige de nosotros la divina Providencia, sin dejarse ir al cansancio, a la debilidad, al canto de las sirenas de una legalidad tramposa.
Lo que nuestro-Señor exige es el martirio gota a gota, y la clara y límpida profesión de fe católica, sin pacto con los modernistas del Vaticano.
El papa, sí; la legalidad jurídica, sí. Sin embargo, sobre todo, responder a la clara llamada de Dios para el combate de la fe.
El día en que el papa se convierta de verdad, eso aparecerá más claramente que la luz solar.
Obviamente, no es besando el Corán ni yendo a rogar en una mezquita, que nos muestra esta conversión.”
h) Motu proprio Summorum pontificum y Carta anexa a los Obispos:
“El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la «Lex orandi» de la Iglesia católica de rito latino.
El Misal Romano promulgado por San Pío V y reeditado por el bienaventurado Juan XXIII debe considerarse como la expresión extraordinaria de la misma «Lex orandi» y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo.
Estas dos expresiones de la «lex orandi» de la Iglesia no inducen ninguna división de la «lex credendi» de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano.
Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgada por el bienaventurado Juan XXIII en 1962, y nunca abrogada, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia.”
“Obviamente para vivir la plena comunión los sacerdotes de las Comunidades que siguen el uso antiguo no pueden, en principio, excluir la celebración según los libros nuevos. En efecto, no sería coherente con el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del mismo.”

4.- Las discusiones doctrinales
a) Sermón de Monseñor De Galarreta:
“ (…)Y ese primer aspecto allana el camino para que podamos discutir sobre doctrina, sobre fe, con esta Roma (…) Es evidente, para quien reflexiona un poco, que esta Roma actual no podrá hacer esa rehabilitación si antes no entiende que obramos movidos del bien común de la Iglesia y del estado de necesidad. Y para eso tiene que reconocer que hay un problema grave de apostasía de la fe, pero en ellos mismos. Es imposible pretender esa rehabilitación actualmente, cuando precisamente lo que queremos es hablar para hacerles ver, con la gracia de Dios, de que andan lejos del buen camino de la fe (…) Esta es también nuestra posición, posición prácticamente unánime de la Fraternidad, estamos dispuestos a una confrontación doctrinal con Roma. Estamos dispuestos a ir a dar testimonio de la verdadera fe allí donde debemos y allí donde realmente se puede resolver esta crisis de la Iglesia, que es en Roma”.
b) Reportaje a Monseñor Lefebvre, septiembre de 1988:
Fideliter: En su última carta al Santo Padre declaraba esperar tiempos más propicios para la vuelta de Roma a la Tradición. ¿Qué piensa de una posible reanudación de las conversaciones con Roma?
Monseñor: “No tenemos la misma manera de concebir la reconciliación. El cardenal Ratzinger lo ve en el sentido de reducirnos, traernos al Vaticano II. Nosotros la vemos como una vuelta de Roma a la Tradición. No nos entendemos. Es un diálogo de sordos.
No puedo hablar mucho del futuro, porque el mío está detrás mí. Pero si vivo un poco todavía, y suponiendo que, de aquí a un determinado tiempo, Roma haga una llamada, que quiera volvernos a ver, reanudar las conversaciones, en ese momento sería yo quien impondría las condiciones.
No aceptaré ya estar en la situación en la cual nos encontramos durante los coloquios. Se terminó esto.
Plantearía la cuestión a nivel doctrinal: “¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los Papas que los precedieron? ¿Están de acuerdo Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de Léon XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están en plena comunión con estos papas y con sus afirmaciones? ¿Aceptan aún el Juramento Antimodernista? ¿Están a favor del Reino Social de Nuestro Señor Jesucristo?
Si no aceptan la doctrina de sus antecesores, es inútil hablar. Mientras no hayan aceptado reformar el Concilio, considerando la doctrina de estos Papas que los precedieron, no hay diálogo posible. Es inútil. Las posiciones quedarían así más claras.
No es una pequeña cosa la que se nos opone.”
c) Conferencia del Padre Franz Schmidberger, Superior general de la Hermandad sacerdotal San Pío X. Seminario Santo Cura de Ars, abril de 1989:
“Quisiera ahora decir a los que vuelven los ojos hacia Roma con la esperanza de un acuerdo para la Hermandad San Pío X, que ninguna señal permite esperarlo. (…) Mientras reine este espíritu liberal, no es posible esperar ningún cambio, por lo tanto ningún acuerdo, porque nuestros desacuerdos no son ni humanos, ni políticos, sino doctrinales. De este modo, cuando se examinan las cosas de cerca, uno se da cuenta que hay allí una banda de liberales, de modernistas, que se conocen todos y que tomaron el poder. Si se lee el libro del cardenal Ratzinger Fe cristiana ayer y hoy (Mame, 1969), se descubre un concepto de la fe completamente no católico. Es incluso simplemente herético. No duda, tampoco, en calificar a Teilhard de Chardin de gran pensador de nuestro tiempo.
En sus escritos, el cardenal Wojtyla, menciona al joven teólogo alemán José Ratzinger como lleno de esperanza para el futuro. Cita a también Teilhard de Chardin. (…) Se comprueba de este modo que un grupo de intelectuales liberales y modernistas, que rompieron con la Tradición de la Iglesia para establecer su filosofía, su teología, ahora tomaron el Gobierno de la Iglesia y ocupan los puestos importantes. No es un exceso de imaginación por parte de tradicionalistas; es algo totalmente exacto: la Iglesia está ocupada por esta gente. Una vez llegado al papado, el cardenal Wojtyla llamó a Roma a ese joven teólogo, lleno de esperanza: el cardenal José Ratzinger, para ser el guardián de la fe.”
d) Reportaje a Monseñor Lefebvre, diciembre de 1990:
Fideliter: ¿Qué puede decir a aquellos de entre los fieles que esperan siempre en la posibilidad de un acuerdo con Roma?
Monseñor: “Nuestros verdaderos fieles, los que comprendieron el problema y que precisamente nos ayudaron a continuar la línea recta y firme de la Tradición y de la fe, temían las gestiones que hice en Roma. Me dijeron que era peligroso y que perdía mi tiempo.
Sí, por supuesto, he esperado hasta los últimos minutos que en Roma se diera prueba de un poco de lealtad. No se puede acusarme no haber hecho lo máximo.
Por eso ahora, a los que vienen a decirme: es necesario entenderse con Roma, creo poder afirmar que fui incluso más lejos de lo que habría debido ir.”
