Las angustias de Jesús
¡Oh, Cristo, Cristo, Cristo, no concluyen
ni Tu amarga pasión ni Tus tormentos!
¡Después de veintiún siglos de calvario
¡Te siguen hostigando y persiguiendo!
Todavía hay millones de Pilatos
que se lavan las manos con Tu suerte
y ejércitos de Judas que descargan
sus besos traicioneros en Tu frente.
No cesan los flagelos en la carne
de Tu místico cuerpo maltratado
ni deja el enemigo impenitente
de acosar fieramente a Tu rebaño.
¿Cuándo vendrás de nuevo, Señor mío,
para barrer del orbe a esta plaga
que no descansará hasta que consiga
ver Tu cruz abolida y pisoteada?
¡Oh, Cristo, Cristo, Cristo, no concluyen
ni Tu amarga pasión ni los desprecios
a Tu iglesia acosada por el odio
milenario y tenaz de Tus adversos!
¿Cuándo será la hora, cuándo, cuándo,
en que alcemos la vista a las alturas
y te veamos descender del cielo
como un relámpago en la noche oscura?
¡Ven, Señor, ¡cuanto antes! No nos dejes
porque la luz se extingue y el mal gana
batalla tras batalla, impunemente,
arrastrando con él cuerpos y almas.
Abrevia el tiempo de la parusía
que nos augura nuevo cielo y tierra
y la mística paz que nos aguarda
en las moradas de Tu gloria eterna.