Tradición Dios de mis padres, Dios de mis abuelos, fecundo rayo de esperanza mía, refugio en mis momentos de agonía y fuente de mis místicos consuelos. Tú pones coto a todos mis desvelos, me concedes la paz y la alegría y al margen del cansancio y la apatía me instas a elevarme hacia los cielos. Faro de luz de la escabrosa historia de un mundo que sin Tí se cae de bruces sobre su propio estiércol y despojos. Al precio de Tu sangre es que la gloria se alcanza cuando amamos nuestras cruces y a Ti elevamos nuestros fieles ojos.

