Dignísima Madre de Dios, que estando de pie junto a la Cruz de Jesús, Vuestro Unigénito Hijo, le visteis penar, agonizar y morir, quedando sola y desamparada, sin más alivio que amarguras y sin más compañía que tormentos, quiere mi alma participar de vuestras penas y aflicciones, acompañándote toda mi vida en tan acerbo dolor.
Por eso, en este tiempo de Pasión del Cuerpo Místico de Cristo, es mi deseo y mi determinación deliberada entregarme todo a Ti, para sufrir todas las injurias, todo vituperio y toda pobreza que estimes deba padecer, para que me concedas la gracia de mantenerme siempre en la Fe, viviendo en esa Soledad y Desamparo que vivisteis en el Calvario.
Finalmente Te pido, ¡Oh Madre del Verdadero Amor!, que hagas de mí un alma según vuestra Voluntad y según vuestro Corazón, con renuncia de mí mismo y con desprecio de este mundo, suplicándote, por medio de todos los sacrificios y aflicciones de esta hora, el pronto Reinado de tu Corazón Inmaculado, condición inmediata y necesaria del definitivo Reinado de Nuestro Señor Jesucristo. Amén