
Así sea Que sea mi oración breve y profunda. Que sea mi intención limpia y sincera. Que esté mi corazón firme y dispuesto a buscarte, Señor, sin reticencia. Que sea mi razón un noble faro capaz de iluminar otras conciencias y que se abra mi espíritu a tu gracia como incipiente flor en primavera. Que abrazado a tus pies, no me derrumbe cuando mi barca enfrente la tormenta. Que jamás me conquiste la desidia ni llegue a seducirme la tibieza. Que ni mi sal se vuelva desabrida ni mi antorcha fluctúe en las tinieblas. Que el afecto hacia el prójimo me torne manantial de bondad y de indulgencias. Que mi docilidad a tus mandatos sea en mi vida fervorosa regla y que siempre retorne agradecido cada vez que me sanes de mi lepra. Que mi anhelo por ti jamás se extinga. Que mi amor por tu cruz y por tu Iglesia sea como bandera desplegada en reconocimiento a tu grandeza. Eso pido, Señor, humildemente. Y que a la hora de sacar tus cuentas me sumes a las filas de tus hijos que habrán de compartir tu gloria eterna.
