Petición Señor, dame entereza para sufrir la angustia de ver como prosperan los designios del mal, ya que ando por la vida con la mirada mustia y el ardor de una herida recubierta de sal. Pues llueven andanadas de odio y de desprecio contra tu Santo Nombre; y el bien y la virtud son blancos implacables de la ira del necio que, desdichadamente, se ha vuelto multitud. Me duele esta crecida de instintos primordiales y pueblos despojados de su sana razón que hoy buscan en paganas creencias e infernales y ponzoñosos credos su propia redención. Son tantas la inmundicia, el vicio y la bajeza que agrietan los cimientos de nuestra sociedad que el bien es una mínima isla de pureza en medio de un océano de inhóspita impiedad. No pido tu consuelo sino la urgente gracia de no perder de vista el rastro de tu cruz para evitar la ruta que lleva a la desgracia, –epílogo de aquellos que detestan la luz–. Y mientras la fachada de un mundo que perece se torna cada día más negra y más hostil, más la ira maldiciente de aquél que te aborrece, intenta hacer pedazos tu mínimo redil. Yo sé que al mal presente le llegará su hora de súbita derrota, de trágico final, cuando al debido tiempo regreses sin demora para arrojar al fuego las páginas del mal. Por eso te suplico, Señor, humildemente, que salvaguardes mi alma frente al demoledor ataque perpetrado, impía e injustamente, contra el divino y puro legado de tu amor.

