SAN AGUSTIN- SIGNIFICADO MÍSTICO DE LA CRUZ

LOS DOS MADEROS:

En los dos maderos, San Agustín, ve reflejadas las diferentes virtudes y cualidades espirituales que el cristiano debe tener.

TRAVESAÑO HORIZONTAL:

De este modo san Agustín comenta que en el travesaño horizontal de la cruz, en donde estuvieron clavadas las manos de Cristo, el creyente debe aprender que durante esta vida está llamado a realizar buenas obras con sus manos. Así como Cristo durante su vida llevó a cabo muchas buenas obras, y después esas manos quedaron clavadas cruelmente en el madero horizontal de la cruz, del mismo modo el creyente debe hacer obras buenas mientras viva.

EL MADERO VERTICAL, SAN AGUSTÍN LO DIVIDE IMAGINARIAMENTE EN TRES PARTES.

l MADERO VERTICAL CENTRAL:

De este modo la parte central del travesaño vertical, donde estuvo suspendida la mayor parte del cuerpo de Cristo, representa para san Agustín la perseverancia, el extendernos a lo largo de esta vida hacia Dios. No solo ser cristianos por un momento, sino a lo largo de toda la vida, sabiendo que esto es un don que es preciso pedir a Dios.

ll MADERO VERTICAL, PARTE SUPERIOR:

Una segunda parte de este madero vertical es la parte superior de dicho travesaño. Es donde estaba puesto el cartel de la acusación contra Cristo. Esta parte de la cruz representa para san Agustín la invitación a mirar hacia las cosas de arriba, hacia los bienes del cielo y no quedarse solo en las cosas de la tierra.

lll MADERO VERTICAL, PARTE BAJA:

La tercera parte del travesaño vertical es aquella que está clavada profundamente en la tierra. La cruz de Cristo estaba hondamente metida en la tierra, para que la cruz no se cayera. Para san Agustín esta parte de la cruz representa los profundos designios de Dios, que son desconocidos e invisibles, como también invisible era esta parte de la cruz.

Sonetos de la Pasión

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?


Lope de Vega