PADRE JUAN CARLOS CERIANI: CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

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CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

El año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato Procurador de Judea, y Herodes Tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo Tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconítides, y Lisanias Tetrarca de Abilene, hallándose Sumos Sacerdotes Anás y Caifás, el Señor hizo entender su palabra a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y vino por toda la ribera del Jordán, predicando un bautismo de penitencia, para remisión de los pecados, como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas. Todo valle será terraplenado, todo monte y cerro rebajado; y los caminos torcidos serán enderezados, y los escabrosos allanados; y verán todos los hombres la salud de Dios.

La Liturgia de los Domingos Tercero y Cuarto del Adviento nos presenta la destacada personalidad de San Juan-Bautista.

El otro San Juan, el Evangelista, nos dice que los enviados de los sacerdotes le preguntaron: ¿Quién eres, pues?, para que demos respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?

San Juan Bautista respondió: Soy la voz del que clama en el desierto…

Y San Lucas sitúa bien la misión desempeñada por el Precursor en el curso histórico de su tiempo: El año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato Procurador de Judea, y Herodes Tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo Tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconítides, y Lisanias Tetrarca de Abilene, hallándose Sumos Sacerdotes Anás y Caifás…

Y en este contexto histórico, declara el contenido de la predicación del Bautista: Fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto.

Vox clamantis in deserto….

¡Qué grande y espléndida es la persona de San Juan Bautista! : Hubo un hombre enviado por Dios. Éste vino para dar testimonio; para dar testimonio de la luz, para que todos crean por él.

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De la misma manera, podemos situar a otros grandes predicadores del catolicismo, ubicarlos en la marcha de la historia y hacer resultar su importancia, tanto para su tiempo como para su posteridad: San Justino, San Ireneo, San Agustín, San Gregorio Magno, San León I, San Gregorio VII, San Bernardo, San Francisco, Santo Domingo, etc.

Cada uno de estos Santos predicó el Evangelio, anunció a Nuestro Señor Jesucristo en su tiempo, en su contexto histórico.

Nosotros también, debemos predicar a Nuestro Señor, dar testimonio de la Luz; y debemos hacerlo en referencia al tiempo en el cual vivimos, al contexto histórico donde la Divina Providencia nos ha colocado para dar testimonio.

Y debemos reconocer que dar testimonio no implica lo mismo para San Juan Bautista (en los orígenes del cristianismo), que para San Bernardo o Santo Tomás (en la Edad Media)…, que para nosotros hoy…, en el siglo de la apostasía…

Pero, ¡qué grande y espléndida es también esta misión para nosotros!, a pesar de las diferencias…

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Y debemos reflexionar sobre el motivo por el cual el Evangelista hace la enumeración de todos esos personajes, príncipes, pontífices, hombres políticos, hombres religiosos… ¿Por qué pasar revista de los Tiberio César, Poncio Pilato, Herodes, Filipo, Lisanias, Anás, Caifás?

Tiberio César, ese Emperador fue un monstruo, que no soñaba sino en orgías y asesinatos.

Poncio Pilato, es el prototipo del estadista despreciado por siempre por su bajeza.

Herodes, adúltero, con la esposa de su propio hermano Filipo, es aquél que hizo asesinar al Precursor y se burló de Nuestro Señor, y cuyo padre mató a los Santos Inocentes.

Anás y Caifás, el sacerdocio divino representado por estos dos miserables, que un día contribuirían activamente en la condenación y muerte del Hijo de Dios.

Tiberio César, Poncio Pilato, Herodes, Anás, Caifás, ¿puede ser mayor la ruina de la conciencia humana?

Por lo tanto, no se trata de una simple localización en el tiempo, si no que es para probar, por el triste estado político y religioso de la nación judía —el cual los Profetas predijeron con toda claridad—, que el tiempo de la Venida del Mesías había llegado.

En efecto, el cetro, es decir la autoridad soberana, había desaparecido de Judea; el gobierno del país había pasado entero a las manos de los extranjeros; Judea era en realidad una provincia romana, administrada entonces por Poncio Pilato en nombre de Tiberio, sucesor inmediato de Augusto.

Los tetrarcas, o pequeños reyes de la cuarta parte de un país, aquí nombrados, no eran reyes más que de nombre; su autoridad era muy limitada y dependía absolutamente del buen placer del emperador de Roma.

El tiempo del Mesías había, pues, llegado.

El Evangelista hace mención de Anás y su yerno Caifás, que había obtenido por dinero ejercer el cargo de gran sacerdote.

San Lucas quiere pues mostrar en qué deshonra e ignominia había caído el sacerdocio; y anunciar, por ello, que la Antigua Ley iba a dar paso a la Nueva, y que el verdadero gran Sacerdote, según el orden de Melquisedec, iba a ser consagrado y ungido por su propia Sangre, como estaba anunciado.

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A nosotros, el contexto histórico donde la Divina Providencia nos colocó nos obliga a predicar en medio de la relajación política y religiosa más escandalosa y más turbulenta que conocieron la sociedad civil y la Iglesia.

¡Sí!, es necesario decirlo, nos encontramos ante la mayor revolución religiosa…; debemos enfrentar la autodestrucción de la Iglesia, acompañada del mayor hundimiento político y social de la historia del mundo…

¿Es necesario precisar los nombres? Aquí los tenéis:

En primer lugar, los testigos fieles: Fuit homo missus a Deo… Hubo un hombre enviado por Dios:

Monseñor Lefebvre, Monseñor de Castro Mayer; Monseñor Ducaut Bourget; el Padre Le Lay; el Padre Sánchez Abelenda… Testigos de la luz… Por nombrar sólo algunos… Cada cual puede, y debe, poner los ejemplos que ha conocido en su país y que les han ayudado a conservar la fe.

Éstos vinieron para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por ellos.

Hay hombres que se han consagrado al servicio de la verdad, del bien, de la belleza, sea en la sociedad civil, sea en el santuario, cuyas empresas aparentemente fracasaron.

Cada uno puede citar estadistas, políticos, prelados, sacerdotes, cuya vida consistió toda entera en combatir las ideas reinantes, sin éxito aparente, pero cuyos proyectos tienen asegurado el triunfo por anticipado.

Su existencia de lucha fue una derrota permanente, una ruina absoluta de sus esperanzas, incluso las más legítimas.

Con todo, nadie ha triunfado tanto como estos hombres siempre vencidos; nadie ha tenido un éxito tan verdadero como estos campeones siempre execrados; nadie rindió tantos servicios a la causa de la verdadera civilización y de la Fe como estos permanentes derrotados… pero eternos vencedores…

Su consagración, aparentemente estéril, es el peso que a la larga hará inclinar la balanza del lado de la justicia oprimida, de la verdad calumniada y de la inocencia perseguida…

Gracias a estos hombres, el cristianismo triunfó de la persecución pagana, de la violencia de los poderes civiles, de la herejía y de la apostasía de una parte de sus hijos.

Así triunfará aún, no lo pongamos en duda, de los errores actuales en la crisis más terrible que haya tenido que atravesar.

Los sacrificios ofrecidos para la santa causa de la Tradición, aunque aparentemente estériles, suben siempre más arriba delante del trono de Dios.

Y los que fueron considerados como destinados a una derrota eterna, se encontrarán ser los vencedores de la incredulidad y los verdaderos salvadores de la Civilización Cristiana.

Y viene al caso citar la emotiva conclusión del magnífico panegírico de San Emiliano pronunciado por el Cardenal Pie en noviembre de 1859:

Y como otra vez, tras un horrible desastre, se vio al senado de Roma y todas las instituciones del Estado avanzarse al encuentro del cónsul vencido, y felicitarlo por no haber desesperado de la República; del mismo modo el senado de los Cielos, todos los coros de los Ángeles, todos los órdenes de los bienaventurados, vendrán delante de los generosos atletas que habrán sostenido el combate hasta el final, esperando contra la esperanza misma: Contra spem in spem.

Y entonces, este ideal imposible que todos los elegidos de todos los siglos habían proseguido obstinadamente, se volverá por fin una realidad.

En su segunda y última Venida, el Hijo entregará el Reino de este mundo a Dios su Padre; el poder del mal se habrá evacuado para siempre en el fondo de los abismos; todo el que no haya querido asimilarse, incorporarse a Dios por Jesucristo, por la fe, por el amor, por la observancia de la ley, será relegado en la cloaca de los desperdicios eternos.

Y Dios vivirá, y reinará plena y eternamente, no solamente en la unidad de su naturaleza y la sociedad de las Tres Personas divinas, sino también en la plenitud del Cuerpo Místico de su Hijo encarnado, y en la consumación de sus Santos.

Entonces, oh Emiliano, te volveremos a ver, a ti y a tu magnánima falange; y, después de haber trabajado como vosotros aquí abajo en la medida de nuestras fuerzas por la glorificación del Nombre de Dios sobre la tierra, por la venida del Reino de Dios sobre la tierra, por la realización de la Voluntad de Dios sobre la tierra, eternamente liberados del mal, diremos con vosotros el eterno Amén.

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Hemos considerado los testigos fieles, veamos ahora la degradación moral de Occidente:

Del año tercero del imperio de Kennedy al tercero de Trump, pasando por nueve intermedios, ya demócratas, ya republicanos…

Luego de los sangrientos gobiernos rusos, tras la maniobra de Gorby… y las actuales artimañas de Putin…

Siendo procurador de las Gallias De Gaulle o Macron, sin olvidar a Pompidou, Giscard d’Estaing, Mitterrand, Chirac, Sarkozy y Hollande.

Con la herética Reina Madre en Britannia, teniendo como procuradores a Churchill o la Thatcher…

Juan Carlos tetrarca de Hispania…, sucedido por Felipe.

Encabezando la tetrarquía de Cuba Fidel, con sus procuradores Chávez y Maduro en Venezuela, el líder cocalero en Bolivia, Lula en Brasil y Lugo en Paraguay…

Teniendo los ingleses y sus primos yankees como asalariados en la tetrarquía de Chile a Allende o la Bachelet… y en Uruguay a Tabaré Vázquez o el Pepe Mujica…

Siendo en Argentina procuradores mercenarios, civiles o militares, cuya lista inexhausta e incompleta incluye nombres que van de Perón a Fernández, pasando por Cámpora, Menem y Kirchner; de Frondisi a de la Rúa, pasando por Illia; de Aramburu a Viola con todos sus intermedios, sin olvidar a Rodríguez Saá, Duhalde, Macri, Alsogaray, Rodríguez, Martínez de Hoz, Cavalo, Trócoli, Corach, Caputo, Balsa, Beliz, Angeloz, Reuteman y Palito…

Que sean de derecha liberal o de izquierda socialista, los gobiernos democráticos o de facto se ven obligados a ceder ante los dueños del oro y a rendir honor a los principios revolucionarios, causa de la ruina de la Cristiandad y de la civilización.

Lo que mejor sabe hacer el Occidente, otrora cristiano, son las huelgas, las manifestaciones pacifistas u otras (innombrables aquí), las vacaciones, los ocios sensuales, la sociedad de consumo y de descomposición…

El Occidente decadente se imagina que eso durará siempre, y nadie le informa que debe renunciar a la democracia o prepararse para morir ahogado en su propio estiércol…

La Iglesia, por su parte, vio primero a sus intelectuales, luego a sus dignatarios y, por fin a las masas de fieles dejarse implicar y deslizar al compás de la corriente apóstata… Fue la apertura al mundo, la reconciliación ecuménica, la puesta al gusto del día de los dogmas, de las costumbres e instituciones…

Siendo, pues, Pontífices conciliares Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Decimejorge…

Extraordinario cambio, que se termina por las proclamaciones del culto del hombrede la autodestrucción… de la apostasía silenciosa… de la barca que hace agua por todas partes…

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Como nos da a entender el Evangelio, en tiempos de San Juan Bautista el mundo era un verdadero desierto, tanto desde el punto de vista político como desde el punto de vista religioso.

Y para definir bien quién era él y cuál era su misión, San Juan se apropia un pasaje muy conocido del profeta Isaías: ego vox clamantis in deserto, soy la voz del que clama en el desierto…

¡Que grande, espléndida, entusiasmante fue esa misión…! Testigo de la luz…

Como si declarase: Os dije que no soy el Cristo; soy la voz de su precursor, es decir, el heraldo predicho por el Profeta, encargado de anunciar su llegada y disponer los corazones para recibirlo bien.

Este texto de Isaías se aplica literalmente a la salida del pueblo judío del cautiverio de Babilonia y su regreso a Jerusalén. Pero, profética y simbólicamente, significa la salida de todo el género humano de la esclavitud del pecado y del demonio por la Venida del Mesías.

En este sentido, San Juan era el heraldo encargado de anunciar su llegada; la voz destinada a gritar para sacudir el entorpecimiento de los judíos, para excitarlos a hacer penitencia, a prepararse para oír pronto la voz del propio Salvador, y a aprovechar bien el gran beneficio de la Redención.

San Juan era una simple, pobre y potente voz. Los fariseos, los saduceos y los herodianos lo despreciaron: un gritón más…, un fanático de la corriente mesiánica, un fundamentalista, un integrista… No podía vencer ni a Pilato ni a Herodes, políticamente nada, cero, un nadie

Nosotros también, en la época en que vivimos, en el desierto político y religioso del mundo ultramoderno, debemos ser vox clamantis in deserto…, la voz del que clama en el desierto…

¡Qué grande, espléndida, entusiasmante esta misión…! Estamos en las tinieblas del mundo postmoderno para servir de testigos a la Luz…

Debemos decir al mundo apóstata: Soy la voz, el heraldo encargado de anunciar la Venida de Jesucristo; preparad sus caminos y disponed los corazones para recibirlo bien. Soy la voz destinada a clamar, sacudir el entorpecimiento de las mentes, excitar a la penitencia, a la oración, a la vigilia… Orad, vigilad y haced penitencia…

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Ciertamente, la diferencia es evidente entre un mundo idólatra, como el de la antigüedad, y un mundo cristiano como el de la Edad Media…

Y más aún, la diferencia es enorme entre una sociedad pagana y una sociedad apóstata, como esta que se construye desde hace siete siglos…

Existe una diferencia entre nuestro siglo y los siglos de Cristiandad: debemos oponernos, según nuestro estado y nuestra misión, a instituciones y costumbres cuyo principio animador ya no es cristiano, cuyo espíritu es verdaderamente el de la apostasía, como nos lo hace recordar la Epístola de ayer, del Sábado de Cuatro Témporas:

Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. ¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el misterio de iniquidad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida.

Esta situación actual, los grandes hombres de la Edad Media, si bien la conocían por las Profecías, no podían tenerla en cuenta; no existía en su tiempo, es particular de nuestro tiempo.

Sin embargo, la doctrina de los doctores medievales, en sí misma, no debe cambiarse; se trata solamente de aplicarla a las perspectivas actuales.

Su enseñanza se formuló mientras se mantenía un orden cristiano. Debemos penetrarnos de esta enseñanza, y de hacerla nuestra en una situación bien diferente, puesto que debemos intentar mantener, en nuestro puesto y según nuestro estado, un orden temporal que se ajuste a la ley de Cristo.

Desde la Revolución, la Iglesia se ve atacada por todas partes…

Violentada por fuera por las fuerzas políticas de las logias…

Traicionada al interior, tanto por las autoridades modernistas que ocuparon los puestos de mando, como por aquellos mismos que estaban llamados a defenderla, manteniendo lo que habían recibido, sin entrar en componendas con los apóstatas de la Roma anticristo…

La Iglesia del tiempo de la apostasía es Una, Santa, Católica, Apostólica; y María Inmaculada la sostiene para que se mantenga audaz.

Cuando viene el tiempo malo, hay que seguir siendo fiel a la Virgen Inmaculada, a la doctrina definida, a los Sacramentos y a la Misa de siempre… sin indultos y sin insultos…

Sed fieles, permaneced en paz, tened confianza y una santa alegría de vuestra misión…

Allí donde está el error, el odio, la división, la corrupción de lo mejor… y sobre todo…, sobre todo…, sobre todo la ruptura con la Tradición, la asimilación con el modernismo… sabed que allí está el enemigo…

Sed fieles, permaneced en paz, tened confianza y una santa alegría de vuestra misión…

¡Sed voces que claman en el desierto…!

¡Sed testigos de la luz…!

¡Sabed que el enemigo está allí…!

Pero sabed también que Nuestro Señor, Nuestro Salvador, ¡está a las puertas…!

Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas. Todo valle será terraplenado, todo monte y cerro rebajado; y los caminos torcidos serán enderezados, y los escabrosos allanados; y verán todos los hombres la salud de Dios…