EXIGENCIAS DE LA REVOLUCIÓN CONTRANATURA

ASEDIO DEL ENEMIGO

PROHÍBEN A UN PADRE OPONERSE AL “CAMBIO DE SEXO” DE SU HIJO DE 7 AÑOS

Un jurado de Dallas, en Texas, se ha pronunciado contra Jeffrey Younger, el padre que está intentando proteger a su hijo de 7 años, James, de la castración química inherente a la “transición” al género femenino.

Eso significa que la madre de James, Anne Georgulas, podrá seguir adelante con su intención de convertirlo en “Luna”, ahora con el respaldo de las autoridades para empezar a tratarle con bloqueadores de la pubertad y, más adelante, con tratamientos hormonales que deberá mantener toda su vida si eligiera seguir ese camino.

Más humillante aún, es probable que el veredicto también signifique que Younger quedará obligado a “afirmar” a James como “Luna” e incluso asistir a clases de “concienciación” transexual.

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Ya no basta con tolerar; hay que afirmar.

Por una mayoría de 11 a 1, el jurado decidió que la actual custodia compartida que mantienen Younger y Georgulas sobre sus hijos gemelos pase a ser exclusiva de la madre. Por supuesto, Younger seguirá pagando.

Younger y Georgulas fueron a los tribunales, precisamente, por una disputa sobre la custodia de James y su gemelo, Jude. Younger alega que su exmujer está convirtiendo a su hijo en chica contra la voluntad del interesado.

Un niño de 7 años no puede ser transexual; ni siquiera tiene atracción sexual, que es algo que se desarrolla con esa pubertad que la química le va a negar.

Atacar la realidad de nuestra misma naturaleza es mil veces más terrible y tendrá consecuencias mucho peores que mentir sobre economía o política.

Un niño de 7 años no decide en casi nada; no vota, no paga impuestos, no puede conducir; la ley no le reconoce capacidad para decidir nada con algún peso en su vida, con lo que la idea de que pueda decidir cuál es su sexo es sencillamente ridícula.

Ridícula, sí, pero con consecuencias inmediatas potencialmente devastadoras.

Los bloqueadores de la pubertad plantean serias dudas a muchas agencias reguladoras y a no pocos médicos, debido a los efectos secundarios todavía no bien conocidos.

Si a eso unimos los tratamientos hormonales y, posiblemente, las operaciones de “asignación de sexo”, las consecuencias son irreversibles.

Según la Clínica Mayo, puntera a nivel internacional, los posibles efectos secundarios de la terapia hormonal de feminización serían: trombosis, embolia pulmonar, altos triglicéridos, cálculos renales, aumento de peso, reducción de la libido, disfunción eréctil, infertilidad, hiperpotasemia o hipercalemnia, hipertensión, diabetes de tipo 2, enfermedades cardiovasculares, exceso de prolactina en sangre, entre otras.

Georgulas solicitaba al tribunal que se prohibiera a su exmarido llamar “James” a su hijo común, aunque ese sea su nombre legal, y que cuando estuviese con James evitara estar con personas que no “afirmen” a James como niña.

Antes de iniciarse el caso, Georgulas ya tenía plena autoridad sobre las decisiones con respecto a los niños, y aunque debía informar de ellas a Jeff, este no podía opinar de su conveniencia o no.

Georgulas presentó al jurado documentos firmados por “expertos” que confirmaban un diagnóstico de disforia de género —que, en niños en edades previas a la pubertad desaparece espontáneamente en un 80%-90% de los casos— y recomendaban iniciar el consumo de bloqueadores de la pubertad.

Por su parte, a Younger le preocupa que Georgulas esté imponiendo a su hijo una vida miserable, pues los individuos identificados como “transgénero”, aun cuando se les anime en sus autoconcepciones contradictorias con la realidad cromosómica, sufren graves problemas psicológicos, tienen una menor esperanza de vida y más probabilidades de cometer suicidio.