
Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos,
se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno
pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia,
o el número de su nombre. (Apocalipsis 13:16-17)
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Señor, ahora que el paso del mal sobre la tierra
deja un hedor de inmundas y abyectas perversiones,
ahora que muchedumbres de torvos corazones
se ensañan contra el justo y hacen a Dios la guerra,
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ahora que el hedonismo del réprobo endiosado
veta tu cruz y eleva su puño contra el cielo,
ahora que deberíamos estar todos de duelo
al verte nuevamente solo y vilipendiado,
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ahora que el mundo prueba tu divina paciencia
con su adhesión a vicios y a pecados mortales
y trocando tu gracia por instintos carnales
rechaza toda chispa de luz en la conciencia,
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ahora que, denigrados lo sacro y las virtudes,
se alientan execrables y carnales pasiones
tras las que peregrinan, en viles procesiones,
letárgicas, cobardes y ciegas multitudes;
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ahora que el adversario pretende derrocarte
borrando de un zarpazo tus indelebles huellas
en una férrea pugna contra lumbre y estrellas,
y cada vez son menos los dispuestos a amarte,
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ahora que los que arguyen tener no tienen nada
más que un cinismo inmenso, un vacuo nihilismo,
un suicida deseo por el perpetuo abismo
y un desdén por la fiera y eternal llamarada,
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ahora que, ya arrojada por borda la cordura
y abiertas las esclusas a morbosas pasiones,
vivimos batallando con las contradicciones
que agravan al enfermo en vez de dale cura,
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ahora que el mundo abraza de nuevo el paganismo
y aflora en todas partes una obsesión tribal,
que frente a los chamanes, a Moloc y a Baal
se inclina una parodia de espurio cristianismo,
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ahora que bajo cascos de una caballería
de influjos infernales lucha el hombre de bien
contra los forjadores de un distópico edén
cuyos cimientos se alzan sobre la apostasía,
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ahora que, zarandeado como espigas de trigo
se encuentra tu rebaño por el león rugiente,
¡Jesús, quiero pedirte que mi mano y mi frente
nunca admitan el sello del astuto enemigo!
