CONTEMPLATIVOS EN ACCIÓN

¡Señor, misericordia! Misericordia imploro
por mis muchas caídas, por mis grandes delitos,
por mis pequeñas faltas que laceran tu carne,
por mis graves ofensas que te llenan de espinos,
por esos abandonos como clavos punzantes
que me hacen olvidarme de que fui redimido
al altísimo precio de tu preciosa sangre.
¡Misericordia ruego por haber sido tibio!
¡Misericordia, Padre! En esta hora nefasta
en que Caín y Judas se alían contra Cristo,
me niego a que mi nombre se sume a las traiciones
del sanedrín que hoy tienes por pérfido enemigo.
Misericordia Padre, por mis malas acciones,
misericordia Padre, por mis pasos perdidos
en escabrosas sendas donde solo deambulan
los que viven de espaldas al mandato divino.
¡Misericordia! Dame la gracia imprescindible
para poder librarme de humanos espejismos,
de falsas y mundanas utopías que invitan
el alma a la garganta del tenebroso abismo.
Misericordia Padre, por mi sal desabrida,
por mi cruz mal llevada, por mis brazos caídos
y la autocomplacencia que me ha hecho ignorarte
para solo llenarme de ansiedad y vacío.
Cae la noche en la Tierra y las sombras avanzan
ominosas y adversas contra la cruz de Tu Hijo
que nos abrió las puertas del cielo en el Calvario
dándonos testimonio de su amor infinito.
¡Misericordia Padre! Acógeme en tus brazos
y lávame en la sangre del Cordero Divino
¡pues sé que nunca deja –¡jamás!– de conmoverte
el arrepentimiento de un corazón contrito!
