RESPUESTA DE LA SEMANA

EN HONOR A LA VERDAD

59340c7698ef7c4bcf4fac13bb311d38

¿Pertenecen al sacerdote la instrucción catequética y el exorcizar?

Fundamento Teológico

Santo Tomás

SUMA TEOLÓGICA

III Parte

Cuestión 71

ARTÍCULO 4

Objeciones por las que parece que no pertenece al sacerdote la instrucción catequética y el exorcizar:

1ª. A los ministros incumbe, como dice Dionisio, ocuparse de los inmundos. Ahora bien, los catecúmenos, que reciben instrucción catequética, y los energúmenos, sometidos a la purificación del exorcismo, son considerados como inmundos, como el mismo Dionisio dice. Luego la instrucción catequética y el exorcizar no es oficio de los sacerdotes, sino más bien de los ministros.

2ª. A los catecúmenos se les instruye en la fe a través de la Sagrada Escritura, que en la Iglesia la proclaman los ministros; así como los lectores leen en la Iglesia el Antiguo Testamento, así también los diáconos y subdiáconos leen el Nuevo. Y así se ve cómo es propio de los ministros la instrucción catequética. Y, de modo semejante, el exorcizar parece que es propio también de los ministros. Porque dice en una Epístola San Isidoro: El exorcista debe saber de memoria las fórmulas de los exorcismos, y debe imponer las manos sobre los energúmenos y catecúmenos en el momento del rito. Luego no es oficio del sacerdote la instrucción catequética y el exorcizar.

3ª. Instrucción catequética es lo mismo que enseñar, y enseñar es lo mismo que perfeccionar. Pero esto último, como dice Dionisio, es oficio de los obispos. Luego no es oficio del sacerdote.

Contra esto está lo que dice el papa Nicolás I: Los sacerdotes de cada Iglesia pueden dar la instrucción catequética a los bautizados. E, igualmente, San Gregorio: ¿Qué hacen los sacerdotes sino expulsar a los demonios cuando, en virtud del exorcismo, imponen la mano sobre los creyentes?

Respondo que el ministro, como indica su mismo nombre, se compara al sacerdote como el agente secundario e instrumental al agente principal.

Ahora bien, el agente secundario no actúa sin la actuación del principal. Y cuanto más importante es la operación, tanto más importantes instrumentos necesita el agente principal.

Pero la operación del sacerdote es más importante en la confección del sacramento que en la preparación del mismo.

Por eso los ministros supremos, llamados diáconos, cooperan con el sacerdote en la administración de los sacramentos. Porque dice San Isidoro que al diácono pertenece asistir a los sacerdotes y servir en todo lo que se hace en los sacramentos de Cristo, como son el bautismo, la confirmación, la patena y el cáliz.

En cambio, los ministros inferiores cooperan con el sacerdote en las cosas preparatorias para los sacramentos, como los lectores en la instrucción catequética, y los exorcistas en el exorcismo.

Respuesta a las objeciones:

1ª. Acerca de los inmundos los ministros tienen una ocupación ministerial y como instrumental, pero la del sacerdote es principal.

2ª. Los lectores y los exorcistas tienen el oficio de instruir y de exorcizar, no como agentes principales, sino como ministros de los sacerdotes en esas tareas.

3ª. La instrucción tiene muchas etapas. Una, la instrucción de conversión a la fe. Dionisio la atribuye al obispo, aunque la puede desempeñar cualquier predicador o cualquier fiel. La segunda tiene por objeto los rudimentos de la fe y el modo de comportarse en la recepción de los sacramentos. Esta incumbe secundariamente a los ministros, y principalmente a los sacerdotes. La tercera enseña a vivir cristianamente. Y ésta incumbe a los padrinos. La cuarta es una instrucción acerca de los grandes misterios de la fe y de la perfección de la vida cristiana. Y ésta incumbe, en virtud de su oficio, a los obispos.

De un total de 61: respuestas
56 contestaron SI  
5 contestaron NO 
0 contestaron OTRO

Según esta estadística la mayoría contestó CORRECTAMENTE.

Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.