ESPECIALES DE RADIO CRISTIANDAD
EL PADRE MANUEL DE LACUNZA Y DÍAZ
Trigésimo séptima entrega

“El error que no es resistido es aprobado y la verdad que no es defendida es oprimida”
(Félix III, Papa)
VENIDA DEL MESÍAS
EN GLORIA Y MAJESTAD
PARTE SEGUNDA
Que comprende la observación de algunos fenómenos particulares sobre la Profecía de Daniel, y venida del Anticristo.
FENÓMENO VIII
APOCALIPSIS – CAPÍTULO XII
LA SEÑAL GRANDE, O LA MUJER VESTIDA DEL SOL (VII de VIII)
Continuación…
Artículo VI
Versículo 10-12
Y oí una grande voz en el cielo, que decía: Ahora se ha cumplido la salud, y la virtud, y el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo, porque es ya derribado el acusador de nuestros hermanos, que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio, y no amaron sus vidas hasta la muerte. Por lo cual regocijaos cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de la tierra, y de la mar, porque descendió el diablo a vosotros con grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo!
Vencido el dragón en la batalla, arrojado a la tierra con todos sus ángeles, y privado para siempre del acceso que tenía a Dios, se oye luego en el cielo una gran voz, como de aclamación y júbilo universal, que dice: ahora sí que está hecha, o concluida la salud (modo de hablar, difícil de trasladar bien de una lengua a otra).
Ya están vencidos, como si dijera, los mayores impedimentos que había, para que se manifieste la virtud, y el reino de nuestro Dios, y la potestad de Cristo, porque ha sido arrojado para siempre del tribunal del justo Juez, el perpetuo acusador de nuestros hermanos, que los acusaba día y noche en la presencia del Señor; ellos lo han vencido finalmente por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio.
Estas voces de júbilo universal, que se oyen en el cielo inmediatamente después de la victoria de San Miguel, denotan y prueban, lo primero, el grande y ardientísimo deseo que tienen los habitadores del cielo, ángeles y santos, no obstante la gloria de que gozan, de que llegue y se manifieste plenamente el reino de Dios y la potestad de Cristo.
Denotan y prueban, lo segundo, el acceso libre que tiene el dragón y sus ángeles al tribunal de Dios para acusar a los hombres y pedir contra ellos, especialmente cuando son culpados: el acusador de nuestros hermanos, que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.
Denotan y prueban, lo tercero, que el reino de Dios y la potestad de Cristo no pueden manifestarse, o no se manifestarán mientras no se verifique la conversión de Israel, tan anunciada y prometida en las Escrituras. Así, les dijo el Señor en cierta ocasión: No me veréis hasta que digáis con verdad: bendito el que viene en el nombre del Señor (Mateo XXIII, 39); y todo lo demás que ya está escrito y anunciado en salmo CXVII, de donde son estas palabras.
Por eso, convertido Israel, y arrojado del tribunal de Dios el acusador, que ya no tiene de qué acusar, se alegra todo el cielo diciendo: Ahora se ha cumplido la salud, y la virtud, y el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo, porque es ya derribado el acusador de nuestros hermanos…
Convertidos, pues, éstos en aquellos tiempos de que hablamos, desarmarán en esto a su acusador, lo vencerán, y pondrán la victoria en manos de San Miguel, el cual sin este subsidio no pudiera vencer, ni pensar en dar la batalla; mas no lo vencerán, prosigue el texto, sino por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio.
Es decir, que la sangre misma del Cordero, que ellos derramaron, y que con tanta imprudencia se echaron sobre sí, y sobre toda su posteridad, clamando a grandes voces: Sea crucificado… Sea crucificado… Sobre nosotros y sobre nuestros hijos sea su sangre; esta sangre preciosa que hasta ahora ha clamado y clama contra ellos, como clamaba la del justo e inocente Abel contra su impío y cruelísimo hermano, que la derramó sin otra causa, sino porque sus obras eran malas, y las de su hermano buenas; esta sangre, digo, de infinito valor, clamará en aquellos tiempos, no contra ellos, sino a su favor; intercederá por ellos; los reconciliará con Dios; y los lavará enteramente de todos sus iniquidades antiguas y nuevas: y ellos le han vencido por la sangre del Cordero.
A esta sangre preciosa deberá atribuirse aquella victoria; mas para que esta sangre les pueda aprovechar, les será necesario poner alguna cosa de su parte, como es necesario a todo cristiano; pues no todo ha de ser a costa del buen Jesús. Les será necesaria la palabra del testimonio del mismo Jesús, o del mismo Cordero, es a saber, declararse públicamente por Él, confesarlo delante de Dios y de los hombres, por su verdadero Mesías, hijo de David, hijo de Dios; y defender su fe, y confirmar este testimonio con su vida y sangre sin temor alguno.
Lo cual, aunque en todo tiempo es necesario a todo fiel cristiano, mas en aquel tiempo y circunstancias será necesario con especialidad, pues como se colige claramente de las palabras que se siguen, la persecución de la mujer, de que hablamos en el artículo II, no quedará solamente en palabras, o en amenazas y temores, sino que pasará hasta el derramamiento de no poca sangre: y no amaron sus vidas hasta la muerte. Y las primicias para Dios, y para el Cordero, de que se habla en el capítulo XIV, son buena prueba de que no faltarán en aquellos tiempos Faraones, o Herodes, que sacrificarán a sus pasiones la sangre de los inocentes.
Este gran suceso de la conversión de Israel y de la batalla de San Miguel, debe ser sin duda de grandes consecuencias, y producir alguna grande y extraña novedad. Las voces que se oyen en el cielo, luego después de la batalla, muestran clarísimamente que van luego a seguirse cosas muy grandes, y de sumo gozo para los habitantes del cielo; por lo cual regocijaos, cielos, los que moráis en ellos; aunque por otra parte van también a seguirse por breve tiempo otras cosas no menos grandes, mas de sumo trabajo y tributación para los habitadores de la tierra.
Así, concluyen con las mismas voces diciendo: ¡Ay de la tierra, y de la mar!, porque descendió el diablo a vosotros con grande ira, sabiendo, que tiene poco tiempo. Las cosas que deben luego seguirse en la tierra, por la ira grande con que baja el dragón después de vencido, se notan brevísimamente en lo que resta de este capítulo; y después más en particular y más por extenso en los siete capítulos siguientes.
Continuará…
