EN LAS HORAS MAS OSCURAS

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En estos días hemos tenido la desgracia de escuchar y leer a Bergoglio en sus dichos y “plegarias” por nuestros hermanos de Nicaragua y Venezuela, llamándoles a la concordia y, en cierta manera, a doblegarse frente a sus autoritarios mandatarios.

Obviamente él ya ha demostrado en muchas ocasiones su simpatía con el comunismo y con sus representantes.

Claro que, cuando se lo interpela por esto, el responde que la “Santa Sede no busca interferir en los asuntos de estado”; y esto cae de “maduro”, ya que no va a interferir con algo con lo que simpatiza, descabellado, ¿no?

Especialmente cuando sobran los ejemplos de Montini y Wojtyła interfiriendo maliciosamente en los asuntos de España, Chile, Filipinas, Paraguay…

Ya no es novedad que aquél que para muchos pasa por ser la cabeza visible de la Iglesia demuestre está simpatía por el demonio, pero todo lo contrario para con los tradi-locos, cómo nos llaman los papistas.

Me referiré sólo a esto como disparador para expresar lo que hoy quiero decir.

Triste situación viven estos hermanos; hermanos desamparados, abandonados, que se encuentran bajo estos gobiernos tan tiranos.

Muchos dirán que están pagando con sangre lo que ellos mismos han propiciado; no hablaré de esto, no es lo que busco; simplemente hoy deseo poner voz a aquellos que están mudos, aquellos que lloran amargamente y rezan pidiendo el auxilio del Cielo, que es su única esperanza; esos que se han dado cuenta, a fuerzas de lágrimas, lo monstruoso que puede ser el hombre que no tiene a Dios en su vida.

El Señor en estos años me ha dado el regalo más grande, que es la amistad con gente a la que me siento unida por ese lazo inquebrantable de la fe, del amor a María, del amor a Nuestro Señor y a su Sagrado Corazón; ese lazo de amistad que no necesita rostros, pero que aumenta con la caridad y la esperanza del Cielo de dar un día Gloria a quien tanto nos da cada día; incluso la Cruz, que es la que nos eleva, no la que nos aplasta.

Algunos de estos amigos viven allí, en esos países que están siendo tan golpeados por el flagelo del comunismo.

Hoy pongo voz a su dolor, pongo realidad a lo que el mundo deja pasar como fantasía, hoy me pongo en el frente para mirarlos, mirarlos con los ojos del alma. Nuestro hermanos están viviendo una situación terrible, conviviendo con el asesinato más cruel e injusto, de niños, de jóvenes inocentes, de hombres y mujeres que desean pelear por su Patria, que tan tristemente ven cada vez más abatida y más desolada; conviven con el desarraigo, tener que abandonar su tierra por temor, por extrema necesidad, por mantener su vida a salvo; conviven con el temor constante, con la angustia…

Por mis amigos que sufren hace ya tiempo, es que hoy no puedo dejar de decir que aquí estamos, que no damos vuelta la vista, que los acompañamos con nuestras oraciones, que no dejen de confiar en la Providencia, que no se sientan solos porque más que nunca en las tristezas es cuando más cerca estamos de Nuestro Amado Señor, más nos unimos a su Pasión; y que sabemos que sólo Él puede librarnos de nuestros enemigos, sólo Él es nuestra esperanza, sólo Él nuestro refugio.

Encerrémonos en su Corazón; celda más hermosa y más segura no habrá jamás; allí, depositemos nuestro dolor, nuestra tristeza, nuestra soledad; y seguramente nos veremos reconfortados encontrando nuestra Verdadera Patria…

Y en cuanto a Bergoglio, sabemos que no hay nada más terrible que la muerte del alma; pero no podemos quedarnos como él diciendo… que no se puede involucrar en la vida de un país, cuando en ese país ya no hay casi vida… Habla…, habla…, olvidando que por la boca muere el pez.

Jorge Mario Bergoglio, conviértete antes de que sea demasiado tarde…

Ven Señor Jesús